10 sorpresas inesperadas para las que más vale ir preparado en China

10 sorpresas inesperadas para las que más vale ir preparado en China

China es un país de contrastes. Lo es a nivel nacional, con diferencias que saltan a la vista entre las diversas provincias que forman el país, y lo es todavía más cuando comparamos su cultura y sus costumbres con las nuestras. La industria turística del gigante asiático está enfocada al turismo interior. A pesar de que cada vez más extranjeros se atreven a descubrir el país, los chinos todavía no se han acostumbrado a recibir visitantes de fuera, con lo cual el choque cultural ocurre a dos bandas.

Aquí tenéis una lista de sorpresas para las que más vale ir preparado (o por lo menos, concienciado):

1. No esperéis encontraros nunca solos

China tiene más de mil millones de habitantes. El turismo doméstico, predominante en el país, está en auge. Por lo tanto, no debería sorprenderos que cualquier lugar con el mínimo de interés cultural o turístico esté abarrotado.

Los chinos suelen viajar en grupos organizados y son muy ruidosos. Se aglutinan alrededor de cualquier monumento de interés y no hay quién los despegue de allí. Detrás de la mística de cualquier foto mágica tomada en China está un viajero prevenido que se ha levantado MUY temprano o alguien que ha esperado que la zona se despejara momentáneamente para tomar una instantánea improbable en condiciones normales.

Consejo: viajad armados de paciencia y evitad visitar en períodos de fiestas nacionales (primera semana de octubre y primera semana de mayo). Las mejores horas para visitar monumentos y atracciones turísticas son muy temprano por la mañana o al atardecer (los chinos suelen cenar sobre las 19h). En el caso de la Gran Muralla, optad por visitar zonas menos concurridas, como Mutianyu.

2. No esperéis encontrar rollitos de primavera ni arroz tres delicias en cada esquina

La comida china que tenemos en España es representativa tan solo de una pequeña región al suroeste del país. En cualquier otro lugar no encontraréis ni fideos tres delicias, ni salsa agridulce ni pollo al limón. El concepto de «picante» tiene una escala diferente en China. Lo que para ellos es poco, para nosotros es nivel escupir fuego. Acostumbraos también a usar los palillos. Si no habéis usado nunca antes, a base de tres días que se rían de vuestras dudosas habilidades, aprenderéis y es mucho más fácil de lo que parece.

Consejo: llevad siempre escrito 不辣 (bú là, no picante) en un papel o en el móvil. Si sois realmente unos negados con los palillos, os conviene llevar un tenedor de casa (en los restaurantes de más categoría tienen, pero no en los locales más auténticos). No vais a necesitar cuchillo porque todo viene troceado y, además, tener un cuchillo en la mesa no es de recibo en China.

3. No esperéis pasar desapercibidos

Para sentiros famosos de la noche a la mañana, no hace falta salir en Tele5. En China un occidental se convierte en super star sin quererlo ni beberlo. Como ya hemos mencionado antes, los chinos no están todavía acostumbrados a recibir turistas extranjeros.

Notaréis que todas las miradas van hacia vosotros. El primer día en Pekín, una mamá giró el cochecito de su hijo y nos señaló efusivamente para que pudiera observarnos como si fuéramos los primeros y últimos caucásicos que iba a ver en su vida. Les encantan en particular los rubios, los ojos claros, la piel muy blanca y los hombres con barba. A Joan hasta le tiraron del vello de las piernas por pura curiosidad en el metro de Pekín.

Y os sacarán un millón de fotos. Haciendo como quién no quiere la cosa o de forma descarada. Algunos incluso os pedirán si queréis sacaros una foto con ellos. Esta fue la más graciosa que nos tomamos nosotros con un grupo de scouts en Pingyao. La foto en sí demuestra la ilusión loca que les hacía a los niños sacarse una foto con gente rara como nosotros. Encima luego, se sacaron una individual cada uno, como si fuéramos Mickey y Minnie Mouse en Disneyland.

Consejo: tomároslo con filosofía. A veces lo de las fotos puede llegar a ser cansino, pero poneros bordes no os servirá de nada a la práctica. Y si les hace ilusión, ¿por qué no?

4. No pretendáis hablar chino sin saber chino

El chino es un idioma extremadamente complicado para nosotros. Se trata de un idioma tonal, es decir, que más allá de la pronunciación, la entonación es esencial para hacerse entender. Una misma sílaba significará cosas totalmente distintas según el tono.

Muchas guías os pondrán la transcripción del chino a pinyin (chino escrito en alfabeto latino) y con los acentos podéis ver si la sílaba tiene un tono ascendente, descendente, neutro o ascendente-descendente. Aún así, por muy inspirados que os sintáis, dar en el clavo con los tonos es cuestión de ser expertos o adivinar de chiripa. Os ganaréis seguro unas risas, pero no os entenderán.

Consejo: llevadlo todo escrito en caracteres chinos: direcciones, indicaciones simples y alguna que otra frase útil. Nosotros nos hicimos un picto-diccionario de dibujos y palabras básicas (medios de transporte, ingredientes…) para salir del paso y nos vino muy bien en más de una ocasión.

5. No esperéis que os entiendan en inglés

Muy relacionado con la anterior, hay más bien pocos chinos que se defiendan en inglés. Entre los niños y los jóvenes universitarios empieza a ser más común, con lo que quizás en una generación el panorama lingüístico habrá cambiado por completo. Por ahora, los chinos no conocen otra lengua más que la suya propia como norma general.

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Consejo: descargaos el pack inglés-chino del traductor de Google para traducciones instantáneas fuera de línea.

6. No esperéis que os dejen cruzar la calle

Ni que los semáforos signifiquen algo. Los chinos conducen alocados, y cuánto más al norte, peor. Los carriles y las señales están ahí porque quedan bonitas, pero no les hacen ni caso. Los motoristas no acaban de decidir si conducen por la calzada, por el carril bici o por la acera. Y tú, mientras, estás esperando en una esquina eternamente a que el tráfico ralentice un poco para pasar cuál kamikaze entre los coches.

Consejo: no os despistéis y cruzad siempre con los cinco sentidos puestos en la carretera.

7. No esperéis que respeten vuestro espacio personal

Los chinos tienen tradicionalmente otro concepto del espacio personal. Especialmente a la hora de hacer cola, se os pegarán detrás  al lado. Y a menos que os guste que os den toquecitos de abanico en la espalda, no es muy agradable.

Consejo: aprended artes marciales y técnicas de comando para que no se os cuelen en la fila.

8. No esperéis que haya papel de váter en el… ¿váter?

Muy, muy a tener en cuenta: los lavabos en China para nada se parecen a los nuestros. El váter más común es el turco o, directamente, un hoyo en el suelo. Que los lavabos tengan puerta es un plus en muchos lugares.

Lo más probable es que en vuestro hotel tengan baños a la occidental, pero aún así no escaparéis de tener que ir al baño en la calle, bien en los hutongs de Pekín, en algún parque o en las estaciones de cualquier rincón de China. La parte positiva: por lo general, están limpios, aunque inevitablemente viviréis experiencias escatológicas en algún caso.

¿El papel de váter? Tecnología punta que todavía no ha llegado a los baños chinos.

Consejo: traed uno o dos rollos de casa, que os va a hacer falta. En todas nuestras andadas en supermercados, encontramos papel por casualidad en tan solo dos o tres ocasions.

9. No esperéis que cambien las sábanas de la cama

Los estándares de higiene de China no son tampoco los mismos que en un alojamiento en Europa y en algunos lugares no es costumbre cambiar las sábanas al cambiar el huésped. Nos habían avisado de ello antes de irnos, pero la verdad es que en los alojamientos no nos encontramos sábanas usadas. Sí nos pasó en los trenes: las sábanas se sacuden un poco por la mañana y se vuelven a colocar en la cama.

Consejo: llevaos un saco sábana y así os evitáis sorpresas. Nosotros nos las compramos en Decathlon por menos de 10 euros y ocupan muy poquito espacio en la mochila, además de ser extra ligeras.

10. No esperéis engañar a un chino en el regateo

Lo más probable es que os acaben engañando a vosotros como chinos. Comprar cualquier cosa en China requiere armarse de paciencia y regatear con mucha insistencia. Y por muy orgullosos que os sintáis con el precio que habéis conseguido, siempre vendrá un chino detrás y comprará lo mismo mucho más barato.

Ojo, que los vendedores pueden ser muy, muy agobiantes. En cualquier sitio en el que os paréis a mirar, se os tiraran encima con ofertas. En Guilin, compramos unos palillos de porcelana que nos llevamos como recuerdo y cuando quise marcharme en un momento del regateo, la mujer me agarró por un brazo y no me soltaba, mientras Joan me tenía agarrada por el otro (lo que os hemos comentado del espacio personal).

Consejo: se puede regatear en todos lados: tanto en tiendas como en puestos callejeros, taxis y alojamientos que no tengáis reservados con antelación. En general, se puede rebajar el precio un 75% de lo que os hayan dicho en primer lugar, aunque el algunos sitios como el Mercado de la Seda de Pekín, puede ser incluso menos, hasta un 90%. Lo importante es que no dudéis y que vean que no vais a comprarlo por más.

 

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