Qué ver en Vannes y Rochefort-en-Terre en la Bretaña francesa

La ciudad portuaria de Vannes y el pequeño pueblo florido de Rochefort-en-Terre fueron las paradas de nuestro primer día de ruta de una semana en coche por la Bretaña francesa.
Primera parada: Vannes
Vannes (Gwened en bretón) es el principal puerto del golfo de Morbihan. Tiene un poco de todo: mar, murallas, montañas y casitas de entramado de madera hacen los encantos de esta primera parada en el viaje. Sus atractivos pueden descubrirse en algo más de medio día (o un día entero con mucha calma).
Dónde aparcar en Vannes
El aparcamiento es todo un tema en esta ruta por Bretaña. Las carreteras son fáciles de transitar y no hay peajes, pero encontrar sitio donde dejar el coche es complicado (o caro). La clave para aparcar gratis es una combinación de llegar temprano a los sitios, que no nos importe caminar un poco hasta el centro y una pizca de suerte. En Vannes, el aparcamiento gratuito más cercano a las murallas es el parking des Capucins. Andar hasta el centro os llevará menos de 10 minutos por el puerto.
Qué ver en Vannes
Puerta de Saint Vincent y place des Lices
Un paseo por el puerto de Vannes nos lleva directos a la majestuosa puerta de Saint Vincent, a través de la que accedemos al centro histórico.

Si visitáis Vannes un miércoles o un domingo, tendréis la suerte de encontraros con un impresionante mercado en la plaza des Lices y las calles adyacentes (de 8 a 13h), donde encontraréis multitud de productos de la región. Ideal para un desayuno en marcha o para hacer provisiones para un picnic. Si vais otro día de la semana no os preocupéis: siempre os queda les Halles, el mercado cubierto que se encuentra en la misma plaza.

Catedral de Saint Pierre y alrededores
Nuestro paseo entre coloridas casas de entramado de madera nos lleva hasta la catedral de Saint Pierre. Como dato sorprendente, san Vicente Ferrer está enterrado en esta basílica.

A escasos metros de la catedral gótica llegamos a la pintoresca plaza Henri IV. Desde aquí, os invitamos a recorrer las calles colindantes, especialmente la rue Saint Salomon y la rue des Halles, las más típicas y coloridas de Vannes.

En una esquina de la plaza Valencia se encuentra el emblema de la ciudad: una escultura de un hombre (apodado Vannes) y su mujer en piedra policromada que se asoman de una fachada desde, como mínimo el siglo XIX. Probablemente se trataba del letrero de algún negocio, pero al no saberse con exactitud el origen, se ha convertido en la personificación de la ciudad.

Las murallas
Vannes es una ciudad rodeada por majestuosas murallas. Las mejores vistas a la fortificación son sin duda desde los jardines que se extienden a sus pies.

Desde ellos es fácil distinguir edificaciones como la torre del Condestable, visitar los antiguos lavaderos de la Garenne o atravesar otra de las puertas medievales que dan al centro histórico, la puerta de la Poterne.

Otro edificio destacable es el castillo de l’Hermine, integrado en las mismas murallas. Aunque fue mandado a construir por un duque en el siglo XVI, actualmente nada queda del edificio original. A lo largo de la historia ha hecho las veces de hotel (siglo XIX) antes de pasar a manos del Estado y servir de Tesorería y de escuela de Derecho, entre otras funciones. Actualmente, acoge exposiciones y festivales.

Dónde comer en Vannes
Bretaña es conocida por sus galettes, crepes saladas elaboradas con trigo de sarraceno. En Vannes hay multitud de creperies donde probarlas. Nosotros probamos las de La Taupinière, un estrecho local en la plaza des Lices. Otra opción, muy recomendable, es aprovechar el mercado para comprar productos regionales (pan, quesos, embutidos…) y montarse un picnic en los jardines de las murallas. O como hicimos nosotros, aprovisionarnos para la cena.
Segunda parada: Rochefort-en-Terre
A 35 minutos de Vannes, este pueblo tiene el distintivo de «Villa Florida» y bien se merece una visita de unas 2-3 horas.
Dónde aparcar en Rochefort-en-Terre
Rochefort-en-Terre es un pueblo muy pequeñito y las opciones para aparcar son muy limitadas. Hay aparcamiento de pago señalizado, pero si queréis probar suerte, podéis intentar aparcar gratis en los alrededores de los antiguos lavaderos (marcado en el mapa al final de esta entrada). No hay muchas plazas. Igual se alinean los astros y coincide que alguien se va. Al principio o final de la jornada es más factible encontrar sitio.
Qué ver en Rochefort-en-Terre
Place du Puits
El centro neurálgico del pueblo de Rochefort-en-Terre es la plaza del Pozo (place du Puits). En mitad de la calle principal, lo rodean casas de piedra que datan de los siglos XVI a XVIII. Una curiosidad del pueblo, que contribuye a preservar su autenticidad a pesar de ser muy turístico, es que los negocios no tienen permitido usar letreros modernos ni sacar su mercancía a la calle.

Notre Dame de la Tronchaye
La ubicación de esta iglesia gótica en la parte baja del pueblo no deja de ser peculiar. Sin embargo, se debe a una interesante leyenda. Se cuenta que durante las invasiones vikingas en el siglo X, un cura escondió la imagen de una virgen en un tronco para evitar el pillaje. Dos siglos más tarde, una pastora bretona dio por casualidad con el tronco y, en consecuencia, se construyó el templo en ese mismo lugar. Esta escena se encuentra representada en uno de los vitrales de la iglesia. Y a ello se le debe también la denominación de la iglesia (de la tronchaye = del tronco).

El castillo
El castillo de Rochefort-en-Terre es una reconstrucción de principios del siglo XX. A pesar de que el original databa del siglo XII, el primer edificio y sus posteriores reconstrucciones sucumbieron a demoliciones, feudos familiares, incendios y la ruina después de la Revolución Francesa. Un americano, Alfred Klots, lo compró en 1907 y durante la Primera Guerra Mundial se usó como sede de la Cruz Roja. A día de hoy, el castillo ha sido donado a la administración local y sus jardines están abiertos al público para pasear, relajarse y disfrutar de las vistas al pueblo desde una posición más elevada.

Otros destinos en la Bretaña francesa
Si estáis planeando una ruta en coche en la Bretaña francesa, no os perdáis nuestra sugerencia de itinerario en una semana. Podéis encontrar la siguiente etapa de nuestro viaje (Auray, Carnac, península de Quibéron) en la próxima entrada.
En resumen:
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