Bratislava en 24h

Bratislava en 24h

Bratislava es la injusta olvidada de las capitales centroeuropeas. Muchos recorridos la pasan por alto y la pintan horrorosa en las películas en que sale. Bratislava no es tan triste como nos la muestran en la visión reduccionista del viejo continente de la comedia americana Eurotrip, ni tan terrorífica como en la infame Hostel.  Y si solo dedicamos un día a recorrer las calles de esta coqueta ciudad no es por falta de atractivo, sino por sus pequeñas dimensiones.

Cómo llegar

En nuestro caso llegamos desde Budapest y lo hicimos en autobús. Fue el único trayecto entre ciudades de nuestro recorrido que realizamos por carretera, en lugar de en tren, justamente porque el precio del bus es mucho más económico. Hay bastante frecuencia de buses que salen de la estación de Népliget en Budapest y que cubren el trayecto entre la capital húngara y la eslovaca por 10€ en aproximadamente 3h. Nosotros reservamos nuestros billetes en la web de transporte de Czech-Transport y nos los mandaron a casa con antelación.

Bratislava tiene buenas comunicaciones con otras ciudades también. Por ejemplo, se conecta fácilmente en tren nocturno a Cracovia, así que si venís de Polonia la mejor opción es hacerlo de noche y por ferrocarril para ahorraros el alojamiento de una noche. Y, finalmente, está a tan solo 1h en tren de Viena, por lo que si vais a incluir la capital austriaca a vuestro itinerario, Bratislava es una escapada de un día que encaja a la perfección.

Como íbamos diciendo, el trayecto en bus se cubre en unas 3h y llegamos a Bratislava sobre las 18h30. Primer problema: el bus nos deja en una estación que parece abandonada y después de preguntar a la poca gente que había allí sin resultado, encontramos una chica que habla inglés y que nos da algunas indicaciones para llegar al centro a pie en unos 20 minutos. Segundo problema: el ambiente por el camino es absolutamente desolador. Aparte de discurrir a lo largo de un cementerio, se ve que ha habido una tormenta bestial y está totalmente encharcado, con ramas de árbol caídas en todos lados. Habíamos visto que el cielo se enturbiaba a medida que nos íbamos acercando a Bratislava, pero no imaginábamos para nada estas consecuencias.

Dónde alojarse

De hecho, cuando llegamos al hostal lo primero que nos pregunta el propietario es si acabamos de llegar o si llevamos ya unas horas en Bratislava. Y cuando le contestamos que a penas llevamos media hora en la ciudad, se le nota cara de alivio y nos dice que «¡Menos mal!». Se ve que ha caído una gorda aquí esta tarde.

El alojamiento que elegimos par nuestra estancia de una noche en Bratislava es el Hyde Park Hostel, que reservamos en Booking por 36€ la habitación doble. La ubicación es ideal, en la calle Obchodna, a unos 10 minutos andando de la ciudad antigua. La habitación, con baño, era muy correcta y bastante grande. Ahora sí, las camas, una piedra. Pero para una noche nos parece perfecto.

Se vuelve a levantar bastante viento y no hay ni un alma en la calle. Bueno sí, un borracho que intenta derrumbar la puerta de un pequeño colmado. Al parecer, tiene una discusión bastante heavy con el dueño del local. Total, que como no queremos salir a cenar con este tiempo, nos sentamos cuál viejas del visillo a ver el desenlace de la discusión (spoiler alert: la policia viene a llevarse al borracho) mientras nos comemos las sobras de los snacks que nos compramos en el supermercado de Budapest. Y con esto y una buena ducha, zanjamos el día y nos acostamos deseando que mañana el tiempo nos acompañe.

Qué ver en Bratislava

¡Y no nos falla! Nuestro cuarto día de recorrido Interrail por Europa Central amanece nublado pero parece que el sol tiene ganas de salir y decidimos que cómo Bratislava es una gran desconocida para nosotros, vamos a coger un free tour para conocer un poco más su historia y sus monumentos más destacados. En concreto, nos decantamos por el tour de las 11h de Be Free Tours (en inglés), ya que habíamos leído muy buenas críticas y los guías son mayoritariamente jóvenes de Bratislava, capaces de combinar el relato de eventos históricos con sus propias impresiones y anécdotas de la ciudad actual.

Como tenemos tiempo, decidimos que vamos a subir primero al Castillo de Bratislava por nuestra cuenta. Dejamos a un lado la Iglesia de la Trinidad

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…y empezamos a andar cuesta arriba hacia el Castillo de Bratislava.

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En unos 20 minutos desde el Hyde Park Hostel nos plantamos en la cima de la colina en la que se encuentra el Castillo. Cabe mencionar que a pesar de ser el símbolo de la nación eslovaca, el castillo en sí como edificio no ofrece nada espectacular. De hecho, es un edificio bastante nuevo: el original fue destruido por las llamas en un incendio y el que vemos se acabó de restaurar en los 80. Sin embargo, sí vale la pena subir hasta él por las vistas que se obtienen de Bratislava.

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Aunque es pequeñita, desde esta vista panorámica la ciudad nos ofrece un contraste brutal entre la parte antigua, con sus tejados anaranjados, y la parte comunista, a la otra orilla del río. Bloques y más bloques de pisos se suceden en una fría cuadrícula de cemento que no deja lugar a la imaginación.

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Y sobre el puente que cruza el río, se alza una estructura muy peculiar, a la que los habitantes de Bratislava se refieren como UFO (OVNI en sus siglas en inglés). Y es que más que una estructura vanguardista, aquello parece el aterrizaje forzoso de una nave alienígena. Nosotros ni nos lo planteamos, pero si os interesara ver el paisaje desde el famoso UFO, hay un restaurante con vistas panorámicas. Eso sí, subir cuesta 8€.

Bajamos de nuevo hacia la parte antigua de la ciudad, pasamos por delante de la catedral de San Martín y nos dirigimos a la plaza Hviezdoslavovo, donde el free tour empieza justo delante de la Embajada de los Estados Unidos. Tenemos unos 40 minutos por delante antes de que dé comienzo el tour y como llevamos ya un buen rato andando con apenas un café que nos hemos tomado en el hostal, nos sentamos en la terraza del Café Verne en la plaza y desayunamos de unos crêps salados. El café es bastante agradable y con precios muy asequibles, con una clientela compuesta por locales y turistas por igual.

Se acerca la hora y se está juntando un montón de gente en la plaza, con varias compañías que empiezan el tour. Nosotros, como ya hemos mencionado, nos unimos a Martha, una estudiante bratislava de Be Free Tours, que en 2h30 nos llevará a hacer un recorrido por los lugares más relevantes del centro histórico de Bratislava.

Antes de empezar, nos cuenta algunos datos básicos sobre la opresión del régimen comunista de la URSS en Checoeslovaquia y la Revolución de Terciopelo, la revuelta pacífica que concluyó con la caída del régimen y la separación de la nación checa y la eslovaca en dos estados independientes en 1991. Pasamos delante del Teatro Nacional y nos adentramos en el casco histórico de Bratislava.

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No pasan 5 minutos que nos encontramos con Cúmil, la escultura de un trabajador que asoma por una alcantarilla. Tiene todo tipo de interpretaciones, desde las que aseguran que se trata de un obrero descansando hasta las más pervertidas, que explican que su sonrisa se debe a que espía los bajos de las faldas de las mujeres. Sea lo que sea, es el responsable de que su esquina sea la más fotografiada de la ciudad. Pero por mucha notoriedad que tenga, han sido muchos los peatones y conductores que se han olvidado de su presencia. Entre los primeros, a saber cuántos habrán tropezado. Entre los segundos, se tiene constancia de que más de uno le ha arrancado la cabeza. Para evitarlo, el ayuntamiento puso una señal única al lado de la estatua.

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Cúmil no el el único personaje inmóvil que se ha vuelto famoso en la antigua Presburgo. También lo son Schöne Naci (Ignacio), que a pesar de ser pobre siempre vestía elegante y era muy cortés con las damas, y el soldado napoleónico de la plaza Hlavné Námestie. En cambio, no perdáis el tiempo buscando la renombrada estatua del Paparazzo que sale en muchas listas de los curiosos personajes que adornan el casco antiguo de Bratislava: la retiraron hace unos años.

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Y de estatua en estatua, hemos llegado a la plaza del Mercado, Hlavné Námestie, una plaza de reducidas dimensiones que destaca por su fuente, sus bonitas fachadas y el edificio del antiguo ayuntamiento.

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Seguimos en ruta subiendo por la calle Michalska, una de las vías más transitadas del casco antiguo y llegamos a la Puerta de San Miguel, una de las cuatro torres que marcan el acceso a la zona histórica.

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Salimos por aquí del casco antiguo, pasando de nuevo por la Iglesia de la Trinidad y viendo a lo lejos el inmaculado castillo de Bratislava. El recorrido sigue hasta el palacio presidencial de Grassalkovich, de estilo rococó, donde la guía aprovecha para contarnos algunas anécdotas sobre la vida política en Eslovaquia, la pésima representación de Bratislava en las películas americanas (y como el director de Hostel declinó la invitación de la Oficina de Turismo a visitar la ciudad por miedo a represalias) y el incipiente turismo del que goza la ciudad, la gran olvidada de las capitales que atraviesa el Danubio.

El último tramo del recorrido es algo más largo, pero la guía lo ameniza contándonos curiosidades de la comida y la bebida eslovacas y recomendándonos lugares dónde comer cuando termine el tour. En poco más de 15 minutos llegamos a la última parada, la iglesia de Santa Isabel, más conocida como la Iglesia Azul. Se trata de un edificio modernista que destaca por su color azul claro.

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Justo enfrente nos sorprenden las figuras de la época comunista que decoran la entrada de un antiguo hospital y que representan a la clase trabajadora (dos mineros ayudan a un compañero herido) como motor de la nación.

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Un poco más allá el arte callejero cambia totalmente de tono y nos ofrece imágenes reivindicativas como ésta:

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Qué comer

Siguiendo las recomendaciones de la guía, nos vamos a comer al Slovak Pub que, casualmente, se encuentra justo enfrente del Hyde Park Hostel, donde nos alojamos. Se trata de un local bastante grande, con paredes y mobiliario de madera y muchos adornos nacionales, como banderas o vestidos folclóricos. Está especializado, como no, en comida eslovaca y no tardamos en decidirnos por un plato grande para dos que incluye halusky (una receta a base de ñoquis y queso de cabra), pierogi (empanadillas rellenas de queso) y strapacky (similar al halusky, pero con chucrut o col fermentada en lugar de queso). El plato costó 13€ y junto con dos cervezas locales la cuenta nos sale por 16€.

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El castillo de Devín

Tenemos toda la tarde por delante, así que tenemos tiempo de visitar las ruinas del castillo de Devín a 15km de la capital. El bus 29 sale de la parada de debajo del puente del UFO (Most SNP) cada media hora y cubre el trayecto en 20 minutos por 0,9€. Mientras esperamos a que llegue el autobús vamos a comprar un refresco en el bar de la parada. Recordamos que la guía nos ha explicado que durante el período comunista en Checoeslovaquia se popularizó la Kofola como rival de las capitalistas Pepsi y Coca Cola. A día de hoy, sigue siendo el refresco favorito de los eslovacos, así que no dejamos pasar la oportunidad de pedir una. Nuestra sorpresa llega cuando el tipo no la sirve en botella, sino de grifo, a 0,10€ los 100ml. Le doy 0,50€, que es lo único suelto que llevo, pensando que me dará un vaso normal y me devolverá algo de cambio, cuando desaparece y vuelve con un vaso gigante de medio litro. Flipamos un poco con la cantidad de Kofola que nos vamos a tener que beber y aunque al principio el sabor afrutado no me acaba de convencer, al final nos acostumbramos y nos terminamos el ¿vaso?, ¿cubo?

Al poco llega el autobús y nos lleva hasta los pies de las ruinas del Castillo de Devín. Desde el aparcamiento subimos la ladera y pagamos 2€ precio de estudiante (4€ la entrada estándar) para acceder al recinto del castillo.

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Se calcula que los romanos ya se establecieron en la zona de Devín y que el castillo medieval fue demolido bajo las órdenes de Napoléon. El tono bicolor del agua del río bajo el castillo nos da un motivo de porque el castillo se construyó justamente en esa zona y es que es el lugar donde confluyen el Danubio y el Morava.

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La parte superior del castillo se encontraba cerrada al público en el momento de nuestra visita ya que estaba en restauración por el estado de sus muros. La previsión para la finalización de las obras era el verano de 2017.

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Tras pasear entre las ruinas del castillo decidimos ir bajando el sendero para ver el castillo desde la parte abajo. Por el camino, encontramos varios puestos que muestran objetos y actividades del medievo. En concreto, nos llama la atención el tiro con arco, donde un chico explicaba cómo efectuar el tiro y luego podías probar a ver si dabas con la diana. Aquí estoy yo con Legolas – que es como apodamos al hombre – dándomelas de Juana de Arco: ¡la primera flecha llegó a Cuenca por lo menos, pero acerté a la segunda!

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Finalmente, llegamos a la parte inferior de la colina y siguiendo un camino hacia el río llegamos a la Torre de la Doncella (Maid Tower), una torre solitaria sobre la que circula una leyenda sobre una princesa que se negó a contraer matrimonio con el pretendiente que había elegido el rey. Y después de un último vistazo a las imponentes ruinas, regresamos hacia el aparcamiento con la suerte de que no tenemos que esperar el bus porque llega justo al mismo tiempo que nosotros.

Regreso al casco antiguo de Bratislava y heladería Koun

Son las 17h cuando llegamos de nuevo a Bratislava. Nuestro tren hacia Cracovia no sale hasta las 23h, así que nos quedan todavía muchas horas para repasar los rincones de la ciudad. Nos adentramos al caso antiguo de nuevo, pero esta vez por un camino diferente. En primer lugar, bordeamos la catedral de San Martín y nos adentramos en la calle Úzka, bordeando los restos de los muros de la ciudad. Luego tomamos a la derecha por la calle Prepotská y vamos a parar a una vía sacada del siglo pasado, la calle Kapitulská.

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Seguimos dando vueltas por las calles empedradas del centro hasta que decidimos que es hora de tomarnos un descanso y tomar medidas contra el calor que está haciendo. Para ello, no dudamos ni un segundo y nos vamos a probar los helados de Koun. Se trata de un pequeño local escondido en el patio de un callejón. Lo encontramos más que nada por la cola que había fuera, pero a pesar de que parecía muy larga, al final fue muy rápido. La heladería ofrece unos pocos sabores que van variando según el día y sus productos son muy sabrosos. Quizás no sea el mejor helado del mundo y menos para aquellos que habéis tenido la suerte de probar el auténtico gelatto italiano, pero se le acerca en cremosidad.

Estación central de trenes

Tras degustar el helado, damos otro paseo por el centro, paramos a comprar en un supermercado que encontramos abierto (a pesar de ser domingo, hay bastantes lugares abiertos) y nos marchamos al hostal a recoger las maletas. No tenemos hambre para cenar todavía, así que nos pedimos un kebab para llevar en la misma calle del hostal para no perder tiempo y nos vamos andando hacia la estación, donde llegamos a las 22h15.

Llegamos con mucho tiempo, ¡y menos mal! En los letreros parece que no hay ningún tren que vaya a Cracovia y compruebo mil veces que tenemos las reservas para un compartimento de camas para esta noche y que no me he equivocado de fecha. La cola para la ventanilla internacional es inmensa y me muero por dentro con solo pensar a ver si es que hay otra estación de trenes y hemos ido a la equivocada. Al final, la chica de la taquilla ni siquiera habla inglés y nos indica por escrito que tomemos el tren a Praga. Me salgo de la fila más bien poco convencida. En el andén, coincidimos con otra gente que viaja a Cracovia y que también anda algo perdida y confusa. Por lo menos, cuando llega el tren el revisor nos explica que el tren es efectivamente el que va a Praga, pero que una serie de vagones irán luego dirección a Cracovia, sin necesidad de transbordo. Después del susto, nos subimos al tren y dormimos comodísimos hasta las 7h, cuando el tren llega a la estación de Krákow Glówny.

En resumen

Interrail por Europa Central en 15 días



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