China Día 10: Chengdú – Gran Buda de Leshan, plaza Tianfu

China Día 10: Chengdú – Gran Buda de Leshan, plaza Tianfu

Como no podía ser de otra manera en nuestro viaje a China, nos volvimos a despertar temprano, esta vez para coger el bus que nos llevaría a Leshan, una ciudad a dos horas de Chengdú en la que se encuentra uno de los mayores Budas de piedra del mundo: un Buda sentado de nada más y nada menos que ¡71m de altura! Si queréis visitar esta obra hercúlea por vuestra cuenta, habéis llegado al sitio correcto.

Cómo llegar al Gran Buda de Leshan

Para llegar al Buda de Leshan por vuestra cuenta, tendréis que ir a la estación de buses de Xinnanmen. En nuestro caso, no podíamos tenerla más cerca, ya que está pegada al Mrs. Panda Hostel  del que ya os hablamos en nuestra entrada anterior (otro punto a favor de este alojamiento si os interesa ver los alrededores de Chengdú). Si os alojáis en otro sitio, la estación de metro más próxima es Huaxiba.

Los billetes para el bus número 9 a Leshan se compran en la taquilla (45元) y los buses a Leshan salen cada media hora de 7 de la mañana a 7 de la tarde. El bus os deja en la estación de Xiàobà en Leshan y justo al bajar del bus ya hay taxis y minibuses que os llevan a la entrada del Gran Buda por 10元 por cabeza.

A la llegada en minibus se os acercará gente (sobretodo mujeres), que os querrán vender el ticket de vuelta en bus directo a Chengdú. Os recomendamos que hagáis primero la visita, ya que en cualquier salida del recinto del Buda os ofrecerán el trayecto al mismo precio y así no os veis obligados a volver al mismo sitio.

Visita al Gran Buda

Hay dos atracciones en la misma zona y las entradas respectivas pueden ser algo confusas en el lugar donde se para el bus, así que aseguraos que entráis dónde os interesa: son el Gran Buda de Leshan y la Oriental Buddha Capital. Ésta última es una colección de estatuas budistas de diversos lugares de Asia e incluye uno de los Budas reclinados más grandes del mundo. No la visitamos y no podemos deciros si vale la pena o no, pero la entrada cuesta 80元.

En cuanto al Gran Buda, la entrada al recinto cuesta 90元 (50元 con el descuento de estudiantes). Al entrar al recinto, tendréis que subir por unas escaleras montaña arriba por unos 15-20 minutos. La historia del Buda es de lo más pintoresca: se encuentra en la confluencia de tres ríos de cabal considerable cuyas corrientes causaron el naufragio de muchos barcos. Para proteger a los residentes y navegantes de la furia de las aguas, un monje budista se le ocurrió tallar en la piedra el Buda más grande jamás visto. Y en efecto, cuando se dio por terminada la construcción del Buda las aguas se calmaron. Si se debe al poder del Buda o a los montones de piedra tallada que se lanzaron al río, es otra historia.

Cuando lleguéis a lo más alto de la ladera, encontraréis un templo bastante bonito cuyo nombre no recordamos, y justo enfrente, la coronilla del Buda.

Des de los laterales, podéis admirar las dimensiones del Buda desde arriba. Para que os hagáis una idea: 71m de altura, dedos de los pies de 8,5m, uñas más grandes que personas y orejas de 7m. Imagino que os habréis fijado que las representaciones de Buda siempre tienen orejas desproporcionadas y aquí os cuento porqué. Antes de deshacerse de todos sus bienes terrenales y retirarse a meditar, Buda provenía de una familia rica y como tal, llevaba muchas joyas incluyendo pendientes. Los lóbulos alargados de Buda son la muestra de ese pasado y representan el abandono del materialismo.

 

Tras observar la magnitud de la estatua, os tendréis que armar de paciencia para bajar a los pies del Buda a las orillas del río. Nosotros esperamos hora y media en la cola, que aunque hubiera multitudes en todos lados, solo nos pasó aquí y en la plaza Tianmen de Pekín. El descenso se realiza por unas escaleras talladas en la piedra a la vez que el Buda hace más de 1200 años en la dinastía Tang: un sendero bastante estrecho por el que los visitantes bajan a cuentagotas (por seguridad y también por los tropecientos selfies de los turistas). A los pies del Buda os sentiréis liliputienses.

Tras recorrer los 28m de ancho del Buda a sus pies, os esperan más escaleras (muchas) para volver a subir. Podéis volver a la «coronilla» del Buda o desviaros hacia la derecha siguiendo las indicaciones para el templo Wuyou (al que los visitantes chinos hacen más bien poco caso). Es un buen trecho, que pasa a través de una «calle» repleta de cubos de agua con todo tipo de pescado de río, hasta un puente (foto) que tendréis que atravesar para subir a la colina. En nuestra opinión, lo más impresionante que tiene el templo es la sala de Luohan, que te permite pasearte por sus pasillos entre 1000 coloridas estatuas de seres celestiales (arhat) y a mí personalmente me encantó verlas, aunque no os puedo adjuntar foto porque no estaban permitidas. Por el resto, es un templo budista del montón y es bastante pequeño. Las tumbas de Mahaoya que menciona la Lonely Planet, que se encuentran antes de cruzar el puente, son bastante pequeñas y a nosotros nos parecieron pasables. Necesitaréis alrededor de 45 minutos para llegar al templo Wuyou, así que juzgad vosotros mismos hasta qué punto os interesa visitarlo.

 

Finalmente, escogimos salir del recinto del Buda de Leshan por la salida este. Nos perdimos un poco y es que el lugar es enorme. Enseguida cruzamos la calle y entramos en uno de los muchos locales que hay allí para comer (no os compliquéis mucho, sirven todos lo mismo a un precio similar). Allí mismo, una mujer nos preguntó si regresábamos a Chengdú y nos ofreció el trayecto en bus por 45元 que salía a las 15h30. Aceptamos y justo cuando terminamos de comer, nos hizo señas para que subiéramos a una furgoneta que nos llevó hasta donde estaba aparcado el bus. No se trata del bus público que para en Xiàoba, sino de compañías privadas que realizan el trayecto directo entre el Buda y Chengdú al mismo precio y te dejan en la misma estación de Xinnanmen, así que no nos pareció mala opción.

¡TIEMPO EXTRA! Si disponéis de uno o dos días más en Leshan, aprovechad para subir al Emei Shan, una de las cuatro montañas sagradas del budismo. Para leer más sobre el monte Emei, podéis ver la entrada que le dedica el blog Sapore di Cina.

En 2 horas regresábamos a Chengdú y después de descansar un poco en el hotel, decidimos andar un poco hasta la plaza Tianfu. La ciudad de Chengdú es muy moderna y está repleta de rascacielos. El ambiente también es diferente, un poco más parecido a lo que nos encontramos en grandes urbes europeas: la sensación de orden contrasta con el caos de otras ciudades chinas y después de 10 días en el gigante asiático nos sorprende no oír bocinas en la calle a todas horas y podemos cruzar la calle sin temer por nuestras vidas.

 

Tuvimos mala suerte y se puso a llover cuando llegamos a la plaza Tianfu, donde hay centros comerciales y un museo de ciencias. Delante del museo, se alza una estatua de Mao Zedong, de las pocas que hay en China a pesar de la popularidad del líder. No había demasiado más que ver, así que cuando la lluvia atenuó aprovechamos para ir tirando hasta el Mrs. Panda Hostel, donde cenamos de pollo kongpao, tallarines y arroz con huevo.

En resumen:

21 días en China: itinerario



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