Día 21: Chichén Itzá y cenote Yokzdonot

Día 21: Chichén Itzá y cenote Yokzdonot

Último día de nuestra ruta en coche. Hoy visitamos Chichén Itzá y nos daremos un chapuzón en otro cenote, después de la genial experiencia que tuvimos ayer en los cenotes de Valladolid, antes de devolver el coche en Mérida. Por la tarde cogeremos un bus que nos llevará de Mérida a Tulum, nuestra siguiente parada en el itinerario de 24 días en México.

Alojamiento en Pisté

Amanecemos temprano en Pisté, el pueblo más cercano a las ruinas de Chichén Itzá. Este sitio arqueológico es el atractivo más visitado por turistas en Yucatán. Nuestra intención es ganarle a las masas y ser de los primeros en entrar a las ruinas. Por ello, hemos pasado la noche en aquí y así nos evitamos un madrugón todavía mayor. Otra alternativa hubiera sido dormir en Valladolid, a 40 minutos en coche de Chichén Itzá. La mayoría de los tours salen de Cancún, Playa del Carmen o los hoteles de la Riviera Maya y llegan al sitio sobre las 9h30-10h. El recinto abre a las 8h30 e incluso a esa hora en temporada alta puede haber colas. Nosotros tenemos la suerte de visitar en temporada baja. ¡Ni se os ocurra visitar Chichén Itzá en domingo, es gratis para los mexicanos y no cabe ni un alfiler!

La oferta de alojamiento en Pisté no es que sea muy amplia, ya que el único interés del pueblo es que se encuentra a las puertas del famoso recinto arqueológico. Nosotros escogimos el más barato y el más cutre. Una sola habitación con 10 camas/literas, con poco espacio entre ellas y cero privacidad. Además, apenas hay unos ventiladores para pasar el calor húmedo del Yucatán. Por suerte, no había más huéspedes y tuvimos la habitación para nosotros solos. De lo contrario, puede ser una experiencia desastrosa, como atestiguaban algunas de las críticas que habíamos podido leer en Booking.

Tarifas en Chichén Itzá

Como ya nos ocurrió en Uxmal, en Chichén Itzá nos van a clavar un pico con la entrada. En todo el país, el acceso al patrimonio nacional cuesta la cantidad fija de 75 pesos. En Yucatán, el gobierno añade una tasa adicional a este precio, que para Chichén Itzá es de nada más y nada menos que 406 pesos. En total: 481 pesos (23€).

Además, si vais en coche también tendréis que pagar por aparcar. Pero si llegáis temprano, aparcad a los lados de la carretera que lleva al aparcamiento. Está permitido y eso que os ahorráis, pero se llena pronto.

Visita a Chichén Itzá

Si hay poca gente, aprovechad para ver primero la mítica pirámide de Kukulcán y el Juego de Pelota. Nosotros dejamos este último para el final y nos arrepentimos de no haber ido enseguida.

Pirámide de Kukulcán

Un lujo poder ver esta pirámide, portada de todos los folletos turísticos de México, casi sin gente. Apenas una hora más tarde, hay tantos puestos de souvenirs y turistas que no sabríais si la pirámide, también conocida como el Castillo, es de piedra de verdad o si os habéis teletransportado a Port Aventura. Por eso, si llegáis temprano, aprovechad para rodearla y verla desde todos los ángulos y tomar fotografías.

A decir verdad, nosotros nos quedamos con la pirámide de Uxmal en esta zona del país, pero la pirámide de la Serpiente Emplumada es un imperdible. Su nombre se debe al dios Kukulcán, cuya figura ya pudimos ver en la pirámide del mismo nombre en Teotihuacán (cerca de Ciudad de México). Esta pirámide tiene la particularidad que en los atardeceres de los solsticios y equinoccios, un juego de luces y sombras crea la imagen de una figura serpenteante sobre la pirámide.

Las Mil Columnas y Templo de los Guerreros

Desde la entrada, detrás del templo de Kukulcán, se encuentra el templo de los Gerreros, rodeado de las mil columnas que se extienden hacia los Pilares del Norte por un sendero que nos aleja de la Gran Plaza y nos lleva otros edificios como el templo de las Mesitas o el Mercado.

El Osario, el Caracol y el conjunto de las Monjas

Damos media vuelta, de nuevo hasta la Gran Plaza y ahora seguimos por otro sendero que nos lleva al Osario, una pirámide similar al Castillo, pero de menor altura. Comparte con esta las figuras de la Serpiente Emplumada en la base de las escaleras, pero también cuenta con efigies del dios de la lluvia, Chac, en los costados. Se la conoce como el Osario porque se concibió como la tumba del gran sacerdote.

Pasamos por delante de la Casa del Venado y la Casa Colorada, hasta el Observatorio. También conocido como el Caracol, esta particular estructura servía a los mayas para observar el universo, del que tenían un conocimiento muy profundo.

Un poco más adelante nos encontramos con el conjunto de las Monjas, tres edificios de diferentes épocas de construcción, en restauración durante nuestra visita.

Juego de Pelota

Regresamos de nuevo hasta la pirámide de Kukulcán y nos dirigimos ahora al lado opuesto. Pasamos frente al Tzompantli, una plataforma recubierta enteramente de calaveras, y el Templo de las Águilas y Jaguares.

Finalmente, llegamos al grandioso Juego de Pelota. Os hemos hablado de otros juegos de pelota en las ruinas de Palenque y Uxmal y siempre hemos destacado que eran muy modestos comparados con el de Chichén Itzá. Pues aquí lo tenéis. 146 metros de largo por 32 de ancho lo convierten en el campo de Juego de Pelota más grande de Mesoamérica.

El Juego de Pelota era una especie de competición en la que la pelota únicamente podía tocarse con la cintura, rodillas, muslos o cabeza. El objetivo del juego era hacer pasar la pelota por los aros de piedra que cuelgan de los lados del campo.

Las paredes paralelas del Juego de Pelota, que delimitan el campo a la vez que sirven de gradas, están recubiertas de grabados de escenas relacionadas con la competición y el posterior sacrificio. A ambos extremos del campo se alzan templos así como el lugar donde se sentaba el gobernador maya. Es impresionante el eco que se produce en este extremo. Un grito hacia el campo desde aquí resuena en todo el espacio hasta el lado opuesto y regresa con fuerza. No os perdáis las pinturas en la parte superior de este templo.

Como os hemos adelantado antes, cuando llegamos al Juego de Pelota ya estaba lleno de gente, incluidos grupos grandes de turistas vestidos todos igual en una suerte de uniforme del resort en el que se alojan y siguiendo en manada a guías con paraguas chillones. Nos habría encantado verlo sin tanta gente, pero desconocíamos lo que íbamos a ver y no lo priorizamos. De haberlo sabido, los dos primeros puntos que habríamos visitado a nuestra llegada habrían sido el Castillo y el Juego de Pelota, sin lugar a dudas.

Cenote Sagrado

Si los cenotes hoy en día desprenden una extraña energía e infunden respeto e incluso algo de miedo cuando los observas en soledad, imaginaos en la época de los mayas. Entonces, ni se planteaban bañarse en ellos. En su lugar, los consideraban sagrados y los empleaban como lugares de sacrificio. En el gran cenote de Chichén Itzá se han encontrado esqueletos animales y humanos, además de joyas y otros restos arqueológicos. Obviamente, no se pueden tomar baños aquí, pero vale la pena alejarse un poco de las ruinas para echarle un vistazo.

Impresiones de Chichén Itzá

Cuando terminamos la visita el recinto ya está a rebosar de gente y todos los caminos repletos de puestos de mercado, todos con los mismos productos. Las ventas se hacen en dólares o pesos indistintamente y los precios en general son irrisorios. Al principio de la visita, cuando había poca gente y cero trueque, lo disfrutamos muchísimo, pero el ambiente se torna similar a un parque temático a medida que pasa el tiempo.

En definitiva, son las ruinas más concurridas del Yucatán y no en vano se consideran una maravilla del mundo moderno. Sin embargo, la península está repleta de vestigios arqueológicos. Paradójicamente, Chichén Itzá muere de éxito, mientras que otras ruinas menos populares mantienen un ambiente mucho más auténtico y, por lo tanto, se disfruta mucho más al recorrerlas.

¿Deberíamos pasar por alto Chichén Itzá? Por supuesto que no. Lo que sí hay que visitar otros sitios arqueológicos. De no haber ido a otros lugares, como las ruinas de Uxmal, por ejemplo, nos habríamos quedado con una perspectiva muy reducida y extremadamente comercial del mundo maya.

Cenote Yokzdonot

Son las 12h30 cuando salimos de Chichén Itzá. Para ver bien todo el complejo, se necesitan unas 3-4h. Nos planteamos parar en Pisté a comer, pero en su lugar nos dirigimos a Yokzdonot, un pequeño pueblo que cuenta con un cenote operado por una cooperativa de mujeres. Llegamos en 20 minutos desde las ruinas. Además, no hay que salirse de la libre de Mérida-Cancún (paralela a la carretera de peaje) para llegar a Yokzdonot, lo cual lo convierte en una parada ideal.

La mayoría de los tours van al cenote Ik Kil después de Chichén Itzá. No os vamos a mentir: parece muy fotogénico. Pero tener que hacer cola para darse un chapuzón en una piscina repleta de gente con chalecos salvavidas sin apenas espacio, pues como que no. Después de conocer Yokzdonot, no tenemos duda alguna de que en Ik Kil no perdimos nada.

Pagamos 80 pesos para acceder, pero antes de nada, comemos en el restaurante habilitado justo al lado del cenote. La comida no es excelente, pero la calidad y los precios son más que aceptables. Comimos fajitas los dos, que con la bebida nos salieron por 280 pesos.

Luego, ya estamos preparados para ir al cenote. Se trata de un cenote abierto, similar al cenote Oxman, pero más grande en circunferencia y con paredes verticales menos altas. Se asemeja en las raíces que caen al agua desde las alturas, pero en estas incluso hay pájaros que las habitan. El agua es de un azul hipnótico. Aunque cuando llegamos hay una pareja con un guía local, cuando se van nos quedamos solos frente a esta magnífica formación natural. Meterse en el agua, de nuevo, infunde mucho respeto estando solos, pero el lugar es idílico como para que nos asalten las dudas.

Pasamos aquí las horas hasta aproximadamente las 16h30, momento de regresar al coche y poner rumbo a Mérida, donde tenemos que devolver el coche pronto.

Cementerio de Hoctún

De camino a Mérida por la libre, paramos a comprar un pibe enterrado. ¿Un quééé? Se trata de un plato típico, una especie de tamal relleno de carne, que se cocina envuelto en hojas de plátano lentamente bajo tierra. Tradicionalmente, se prepara en los alrededores del día de Muertos en noviembre. Por eso, no encontramos muchos anuncios en la carretera.

No es que tengamos hambre después de la comida, pero es un plato que nos apetecía probar así que cuando vimos un cartel a un lado de la vía, no dudamos en parar. No nos apasionó el sabor del mucbil de pollo que compramos (50 pesos), pero no sabíamos qué esperar y había que probarlo.

Nos lo llevamos y paramos a comer en el pueblo de Hoctún. Aprovechamos la parada para visitar su famoso cementerio: un camposanto lleno de colores alegres que nos recuerdan precisamente a las celebraciones del día de Muertos.

Bus a Tulum

Llegamos a Mérida y devolvemos el coche sobre las 18h. El trámite resulta bastante ágil y, como tenemos tiempo, decidimos salir a pie hacia la terminal de autobuses de ADO, así podemos volver a dar un paseo por el centro de Mérida. Nuestro bus a Tulum sale a las 20h. El trayecto cuesta entre 250 y 300 pesos si vais en las frecuencias más baratas. Son 4h de trayecto, así que llegaremos a medianoche a nuestro destino. ¡Mañana toca playa!

¿Por qué hemos dejado el coche en Mérida en lugar de seguir la ruta yucateca en él? ¿No podríamos haberlo devuelto en el aeropuerto en Cancún? Pues sí, pero decidimos que no por una sencilla razón. Recoger el coche en un punto y dejarlo en otro en México tiene un sobrecargo de unos 120€ que, sumados a los días extras de alquiler, no entraban en nuestro presupuesto. Si voláis a Cancún, entonces sí es muy buena idea alquilar un coche y devolverlo allí mismo a la vuelta porque el coche es la manera más cómoda de recorrer esta zona del país. Sin embargo, en nuestro caso decidimos juntar los trayectos más difíciles de manejar en transporte público para los 4 días de alquiler de coche, y continuamos luego la ruta en bus.

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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