Día 3: Ciudad de México – Bosque de Chapultepec

Día 3: Ciudad de México – Bosque de Chapultepec

Esta mañana teníamos previsto ir a las pirámides de Teotihuacán, pero estábamos tan agotados anoche que cambiamos los planes por un día de museos y paseo por el bosque de Chapultepec.

Cómo llegar

Si empezáis vuestra visita al bosque de Chapultepec por el imprescindible Museo Nacional de Antropología, lo mejor es llegar a la parada Antropología de la línea 7 del metrobus, que os deja prácticamente en la puerta. En metro, la parada más cercana es Auditorio, en la línea 7, o Chapultepec, en la línea 1.

Nosotros llegamos muy temprano, antes de la apertura. Aprovechamos para ir a tomar un café en el Olga Café, en el barrio de Polanco, zona de embajadas al norte del bosque de Chapultepec. El café es algo caro (35 pesos la taza) pero se agradece cada sorbo de lo rico que está.

Museo Nacional de Antropología

Si solo vais a visitar un museo en la Ciudad de México tiene que ser este. Se trata del mayor museo de América Latina y alberga la colección más grande de objetos de las culturas precolombinas. El costo de la entrada es de 75 pesos y podéis calcular una mañana entera para visitarlo. Abre de martes a domingo de 9 a 19h. Permanece cerrado los lunes.

La visita empieza en el tótem del patio del museo, un imperdible en sí mismo.

Arqueología

Empezando por las salas de la planta baja por la derecha se recorren las salas de arqueología. El recorrido empieza con los primeros pobladores del continente americano. Continúa con salas dedicadas a los restos arqueológicos encontrados en diversas regiones del país, correspondientes a distintas civilizaciones mesoamericanas como los mexicas, los olmecas, los toltecas o los mayas.

La estrella del museo es la Piedra del Sol, conocida erróneamente como el Calendario Azteca que auguraba el fin del mundo en 2012. Nada más allá de la realidad. Las dimensiones de la piedra son colosales. Su simbología resume los pilares de la cosmogonía mexica. El Sol con garras de águila, el jaguar, el viento, la lluvia, el agua y la división del tiempo en ciclos de 52 años son tan solo algunos de los elementos que se pueden apreciar en el círculo monolítico.

Además de la Piedra del Sol, no podéis pasar por alto piezas clave como la vasija del mono de obsidiana, las máscaras de jade de Pakal, emperador de Palenque, una colosal cabeza olmeca o el atlante de Tula, entre muchas otras.

Etnografía

Una vez terminada esta parte, se sale de nuevo al patio para recorrer esta vez las salas etnográficas de la primera planta empezando de nuevo por el ala derecha del edificio. Esta parte está dedicada a las tradiciones de los pueblos de las distintas regiones de México. Incluye explicaciones sobre las lenguas nativas, téxtiles, objetos de la vida diaria y relativos a festejos y celebraciones, entre otros. Son sin duda estas salas que permiten al visitante constatar la resiliencia de los pueblos prehispánicos para preservar la colorida riqueza de su cultura por encima de las imposiciones de la conquista.

El bosque de Chapultepec

Salimos del Museo de Antropología sobre las 12h30. Justo delante del edificio nos encontramos a los voladores de Papantla. Desde lo alto de un poste, 4 voladores descienden sostenidos por cuerdas. Dan 13 vueltas hasta el suelo en una danza ritual hipnotizante. Las 13 vueltas no son fortuitas. 13 por 4 danzantes dan 52: los años que duraba una era para los pueblos mesoamericanos. Una quinta persona permanece en la plataforma en lo alto del mástil, marcando el ritmo al son de la flauta y el tambor.

La curiosa danza se origina en Veracruz, pero podéis verla a diario frente al Museo de Antropología, en una de las entradas del recinto arqueológico de las pirámides de Teotihuacán y el la plaza frente a la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato.

Con mucha hambre, nada más terminamos de ver el espectáculo de los voladores, compramos una tlayuda en un puesto callejero frente al museo. Las tlayudas son una especie de tortillas crujientes que llevan frijol, tomate, cilantro y queso por encima. El tentempié nos cuesta 30 pesos y nos da para recorrer el bosque en busca de una comida más consistente.

El bosque de Chapultepec es inmenso y cuenta con un lago con barcas, un zoo e incluso un jardín botánico. Los caminos están repletos de puestos de máscaras de lucha mexicana, juguetes y recuerdos varios.

Los puestos de comida se aglutinan en lugares específicos del bosque con cartas prácticamente calcadas y mesas en terrazas pegadas las unas a las otras. Si os da el tiempo para salir del bosque a comer, hacedlo. Si no, estos puestos no son mala opción aunque por el mismo precio se puede comer mucho más rico fuera. Nosotros pecamos de pedir demasiado y terminamos llenísimos. Unas quesadillas, un huarache, unos tacos y dos aguas de sabor nos salieron por 190 pesos (unos 9€).

Castillo de Chapultepec

Nuestra próxima parada después de la comida ya es al castillo de Chapultepec, que aloja el Museo Nacional de Historia. Se ubica sobre una pequeña colina, el cerro del Chapulín, en el costado sur del bosque. El precio de la entrada es de 75 pesos. El horario es de 9 a 17h, todos los días excepto el lunes, que permanece cerrado.

Originalmente, fue concebido como palacio de verano del virrey de Nueva España. A lo largo de su historia, ha sido fortificación militar, almacén de pólvora e incluso fue la residencia oficial de los presidentes mexicanos hasta 1935.

Pero sin duda, su residente más famoso fue el emperador Maximiliano I de México, un Habsburgo que ya tuvimos el honor de conocer en los palacios de Viena. Hermano de Francisco José de Áustria, su mandato en México tuvo un final trágico, ya que fue fusilado por los partidarios de la independencia mexicana.

El museo consta de dos secciones principales. Una es un recorrido por diversas salas a través de la historia de México.

La otra recorre las estancias imperiales de Maximiliano I y su esposa Carlota de Bélgica, al puro estilo europeo en la capital de México.

Los vitrales de diosas de la galería fueron colocados bajo el mandato de Porfirio Díaz en 1900 pero son sin duda uno de los puntos fuertes del palacio.

Las vistas sobre el bosque y del paseo de la Reforma hasta el Ángel de la Independencia son espectaculares.

Roma y Condesa

Salimos del castillo sobre las 16h30 y decidimos que, como es temprano, regresaremos hacia nuestro alojamiento en Roma a pie en lugar de tomar transporte y así conoceremos de paso la colonia Condesa.

La colonia Condesa, junto con Roma, son dos de los barrios más tranquilos y seguros de la ciudad. No tienen mucho tráfico y son ideales para pasear. Además, están repletas de cafeterías, restaurantes y todo tipo de tiendas para pasar el rato.

Nuestra parada fue en la Pantera Fresca, la heladería donde empezó nuestra historia de amor con las paletas (polos de agua o crema) en México. Aquí en esta franquícia son tirando a caros, entre 25 y 35 pesos la unidad. Como punto a favor, Tienen sabores especiales y combinaciones curiosas, con ositos de gominola, pan de muerto o un conejito de Nutella, por citar algunos.

Ya de camino a Roma, damos un paseo por el parque España y el Hipódromo. Estos parques no tienen nada que los haga especiales, pero sí son un buen descanso del ambiente recargado de la gran ciudad.

Cena a la japonesa

Después del atracón de comida de este mediodía, no nos apetecía comer nada que viniera en tortita de maíz. Por este motivo, nos dirigimos de nuevo a la Condesay elegimos un restaurante japonés para cenar.

En concreto, vamos a la izakaya Kura, un local precioso con un servicio atento y donde sirven deliciosa comida japonesa. Pedimos un arroz que estaba riquísimo y dos tipos de sushi distintos. La cuenta nos salió por 600 pesos (unos 14 euros por persona, incluyendo propina). No es barato para ser México, pero los vale.

Tras esta cena, volvemos a pie al alojamiento. Aunque no es muy tarde, ya es de noche. Sin embargo, no percibimos ninguna sensación de inseguridad en la calle de vuelta a Roma.

En resumen:


 

Itinerario de 24 días en México



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