Día 2: Ciudad de México – Centro histórico

Día 2: Ciudad de México – Centro histórico

Empieza nuestro primer día entero en la Ciudad de México, en el que vamos a ir a conocer los monumentos del centro histórico. Nos levantamos temprano y a las 7h30 comprobamos la ruta recomendada en Google Maps. Primero, tomamos el metrobus, a 2 minutos de nuestro alojamiento en las Habitaciones Monterrey en la colonia Roma, hasta Revolución. Luego cambiamos a la línea 2 del metro hasta el zócalo. Este último pone que puede tener retrasos a estas horas, pero no le damos más importancia y nos ponemos en marcha. Craso error.

NO toméis el metro en horas puntas

El metro de Pekín o de Tokyo pueden ser una experiencia claustrofóbica. Sabíamos lo que era ir enlatados, pero os juramos que nunca habíamos vivido algo tan fuerte en un transporte público como lo del metro de Ciudad de México en horas puntas. No había mucha gente en el andén de Revolución, pero los metros pasaban a rebosar. Las puertas se abrían y cada vez se nos quedaba cara de tontos cuando la gente a nuestro alrededor se subía en un espacio inexistente, las puertas se cerraban a presión y adiós.

A la tercera, decidimos imitarlos y apretarnos a la fuerza para entrar al vagón. Estuvimos tres minutos allí metidos hasta que el metro llegó a la siguiente estación: suficiente para que yo solo tuviera un pie en el suelo (el otro ahí torcido porque no cabía), a Joan le hurgaran los bolsillos del pantalón (por suerte, no llevaba nada) y a ambos nos viniera justo respirar porque el nivel de aplastamiento no dejaba nada de margen a la caja torácica. Sin exagerar.

El vagón paró, se abrieron las puertas y solo notamos como salíamos expulsados al andén, arrastrados por la multitud que salía del vagón. Cuando pudimos apartarnos de la marabunta, ya estábamos demasiado lejos de las puertas como para recuperar nuestros sitios y otros pasajeros se amontonaban frente a las puertas para pasar. Nos quedaban 4 paradas más, pero pasamos de intentarlo de nuevo y vivir la misma suerte en cada estación y decidimos terminar el camino andando.

Esto cambió nuestros planes de empezar la ruta por el Zócalo y terminarla en el Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central y lo hicimos todo al revés, aunque por los horarios de apertura de los distintos atractivos turísticos os recomendamos hacerlo como en nuestro plan original para aprovechar mejor el tiempo.

Alameda Central y palacio de Bellas Artes

Fuera del metro, estamos a escasos pasos del parque de la Alameda Central, a estas horas matutinas muy tranquilo. No muy lejos está el mercado de artesanías de la Ciudadela. Abre a las 10h y tuvimos que prescindir de la visita por nuestro cambio de planes forzado. De todos modos, vimos muchísimos más mercados de artesanías en México, así que tampoco nos quedamos con las ganas.

Al final de la Alameda Central se encuentra uno de los atractivos más bonitos del centro de la Ciudad de México: el Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula es simplemente fascinante. Como el monumento del Ángel en el paseo de la Reforma, el edificio fue construido con motivo del centenario de la independencia mexicana.

Alrededores del Palacio de Bellas Artes

En las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes no faltan atractivos. En un lateral de este, encontramos el Palacio de Correos. Dentro, parece que el tiempo no ha pasado desde 1910. Aunque el edificio sufrió graves daños en un terremoto en 1985, se restauró en su apariencia original en los noventa. La escalinata es el punto imprescindible de esta visita que no os llevará más de 10 minutos (fotos aparte).

Justo enfrente del palacio de Bellas Artes se alza la Torre Latinoamericana, mundialmente reconocida por ser el primer rascacielos (182m) construido en suelo con alta actividad sísmica.

En dirección al zócalo, a escasos pasos del palacio de Bellas Artes, encontramos la singular Casa de los Azulejos. Como su nombre indica, el edificio está recubierto de lindos azulejos. Actualmente, en el interior hay un restaurante de la cadena Sanborns, pero están acostumbrados a que la gente entre tan solo para dar un paseo.

Estas primeras visitas nos han abierto el apetito, así que sin dudarlo nos dirigimos a una pastelería que tenemos fichada: La Ideal. El local es inmenso y cuenta con decenas de mesas y estanterías repletas principalmente de dulces, aunque también hay salado. Los precios son baratísimos: no compras más porque sabes que no te lo vas a terminar. Nosotros compramos empanadas de pollo con mole verde (muy ricas) y varios pastelitos de cajeta, un tipo de dulce de leche de cabra.

El zócalo

Ahora ya sí, llegamos al zócalo, que habría sido el punto inicial de nuestro recorrido si no hubiéramos salido catapultados del metro. El zócalo es la plaza más grande de Latinoamérica, la segunda del mundo por detrás de la plaza Tianmen en Pekín. No es de extrañar pues que los edificios que la rodean sean sedes del poder religioso (la Catedral) y político (el Palacio de Gobierno).

La visita de la Catedral Metropolitana es gratuita: lo difícil es encontrar un momento en el que no haya misa, ya que está cerrada al visitante durante la ceremonia. Cuando fuimos había una misa que terminaba a las 11h15 y otra que empezaba a las 12h. No sabemos si llevan el mismo ritmo por la tarde… Aprovechamos esa ventana sin misas para visitar la catedral. Lo que más nos sorprendió sin duda es que el centro del edificio está como hundido y la presencia de un sismógrafo en el interior.

Quizás esto fuera lo que más nos llamó la atención del distrito central de la Ciudad de México: que se hunde. Tal cual. Siempre hay que estar mirando al suelo, hay desnivel por todos lados y la mayoría de edificios están torcidos. Esto se debe a que la Ciudad de México fue construida sobre un lago y el terreno se va hundiendo a un ritmo de entre 5 y 10cm al año. De hecho, nos impactó muchísimo la iglesia reconvertida en museo Ex Teresa. Cuando fuimos, la exposición no era mucha cosa, pero vale la pena simplemente para ver la fachada en un ángulo tan extremo que parece imposible que se sostenga el edificio.

El Palacio Nacional, en un lateral del Zócalo, es nuestra próxima parada en el recorrido. El acceso es libre, tan solo piden dejar el pasaporte en la entrada para registrarse. Los laterales del patio del palacio, residencia oficial del presidente del gobierno, están recubiertos de murales de Diego Rivera. Son murales preciosos, llenos de símbolos identitarios del pueblo mexicano. El más conocido sin duda es el de la escalinata, la Epopeya Mexicana, que resume siglos de historia del país a través de sus orígenes prehispánicos, la conquista, el mestizaje y las revoluciones políticas y sociales.

Otros murales representan la agricultura y la industria mexicanas: el maíz, el cacao, el maguey o el arte téxtil, además de homenajear la cultura de diversas regiones como Oaxaca, Michoacán o Jalisco.

Innegablemente los murales del Palacio Nacional son los más visitados de la ciudad, pero si os gustan no podéis perderos los del Palacio de Justicia en otra esquina del Zócalo. El procedimiento de ingreso es calcado: hay que registrarse con el pasaporte en la entrada y es gratis. Entra una audioguía, pero a nosotros nos pareció algo pesada y  con los paneles informativos en cada mural no hacía falta. Hay murales en las escaleras de cada esquina del edifico, y algunas en el centro de cada planta.

La verdad es que estos murales, aunque muy modernos, estaban cargadísimos de simbolismo y algunos nos gustaron incluso más que los del Palacio Nacional. En particular, nos encantó el mural de los casos archivados sin resolver, tan bien hecho que transmitía a la perfección la impotencia y la desprotección en estas situaciones.

También nos asomamos al Palacio Municipal. No estaba en nuestros planes, pero al pasar vimos que estaba abierto al público y el acceso era gratuito. Su construcción fue ordenada por el mismo Hernán Cortés y sirvió de primer ayuntamiento de la capital de Nueva España. El espacio a visitar no es muy grande y se puede recorrer en unos 20 minutos. Entre otras salas históricas se puede ver el Salón de Cabildos.

Finalmente, deambulamos por las calles adyacentes al zócalo hasta el templo de la Santísima Trinidad. A parte de una fachada bonita, el paseo nos lleva por calles repletas de puestos de venta callejera, muy animadas y ajetreadas. Incluso nos encontramos un altar de la Santa Muerte en una esquina. Esta zona sigue siendo turística pero es recomendable estar atento a los objetos personales por la aglomeración.

La Casa del Pavo y Los Cocuyos

Tras estas visitas alrededor del zócalo, ya los pastelitos de La Ideal están bien digeridos y deshacemos camino para ir a comer. Hoy vamos a probar diferentes antojitos porque somos tan ansias que no podemos decidirnos por un solo lugar para comer. Nuestra primera parada la hacemos en un local histórico del centro que Alfonso Cuarón incluye en su cinta Roma, la Casa del Pavo. Con más de un siglo de historia, sirven menús, pero la especialidad del lugar son sin duda las tortas (bocadillos) de pavo. Cada una vale 50 pesos (menos de 3€) y nosotros compartimos una como tentempié (súper rico y recomendable) antes de ir a comer tacos en otra de las instituciones gastronómicas del centro de la ciudad.

Los Cocuyos es un puesto callejero donde lo más rico son los tacos de suadero (carne de res): fueron nuestros primeros tacos en México y quedaron bien alto en el ránking, así que sin duda os recomendamos que os paséis aunque sea a probar solo uno. Cada taco vale 18 pesos. Los que lo regentan son súper amables y los clientes, tanto turistas como locales.

El Templo Mayor

Con el estómago lleno, regresamos al zócalo, donde a un lado de la catedral, se preservan los restos del Templo Mayor. La antigua ciudad prehispánica de Tenochtitlán se alzaba aquí, en medio del lago de lo que después de la conquista se convertiría en la capital de Nueva España.

Una parte de estas ruinas pueden verse desde el exterior. Pasear entre ellas y acceder al museo arqueológico cuesta 75 pesos (algo menos de 4€). Se cree que el Templo Mayor fue el lugar exacto donde los mexicas vieron al águila sobre un cactus con una serpiente en el pico, que interpretaron como señal de donde debían construir su ciudad y símbolo del país hoy en día.

El templo de Tenochtitilán consistió en una pirámide que fue ampliándose hasta en siete fases en las que una pirámide mayor se construía sobre la anterior. En la parte superior, había originalmente dos templos dedicados a los dioses de la guerra y el agua, Huizilopochtli y Tláloc. Durante el recorrido, pueden verse restos de las capas de las distintas etapas de construcción, además de pinturas murales, banquetas de sacrificio y esculturas de animales y deidades.

En el museo pueden observarse parte de los restos que se recuperaron del sitio arqueológico. Otros vestigios se ubican en el Museo Nacional de Antropología.

La Plaza Garibaldi

Salimos de las ruinas y el museo sobre las 16h30 y nos dirigimos hacia la plaza Garibaldi, pasando primero por la plaza de Santo Domingo. Se trata de una plazoleta bajo cuyos portales se congregan impresores y escribanos. Es una plaza curiosa con una iglesia del mismo nombre con una fachada preciosa. Vale la pena aunque sea pasar por aquí.

Desde aquí hasta Garibaldi andamos apenas 10 minutos. La plaza es famosa por los grupos de mariachis que se reúnen a tocar y cantar a partir de las 17h. Quizás llegamos demasiado temprano, pero la verdad es que la plaza en sí no es especialmente bonita y está completamente rodeada de restaurantes claramente turísticos. Los mariachis se acercan a cualquiera con pinta de extranjero que se adentra a la plaza para ofrecer sus servicios. A nosotros nos pareció muy típico y tópico, y tan solo vimos el final de una canción de unos que estaban en la terraza de un moderno restaurante. Vimos mariachis mucho más auténticos en las trajineras de Xochimilco en las afueras de la Ciudad de México y también en San Miguel de Allende.

Monumento a la Revolución

Nuestra última parada del día fue el monumento a la Revolución, a 25 minutos andando de la plaza Garibaldi. Nosotros aprovechamos el trayecto para volver a pasar por delante del Palacio de Bellas Artes (uno no se cansa de mirarlo) y el parque de la Alameda Central, mucho más animados al atardecer.

El monumento a la Revolución fue ideado originalmente para ser el Palacio Legislativo del país bajo el mandato dictatorial de Porfirio Díaz. Sin embargo, en 1910 estalló la revolución y el proyecto se quedó a medias y sin recursos. En los años 30 se retomó la obra y se reconvirtió en un mausoleo donde yacen los líderes de la Revolución. Es uno de los monumentos más reconocidos de la ciudad y es especialmente bello al atardecer. Nosotros no tuvimos la suerte de ver el sol poniéndose, pero sin duda es un excelente colofón para un día en el centro de la capital mexicana.

Desde el monumento de la Revolución tomamos el metrobus hasta nuestro alojamiento en Roma. Con el jet lag y el agotamiento del día a mí me ha dado un dolor de cabeza horroroso y lo que iba a ser tumbarme un rato a ver si se me pasaba se convirtió en dormir hasta el día siguiente con un sueño tan profundo que ni siquiera cenamos.

Mañana íbamos a ir a Teotihuacán, pero precisamente por el cansancio lo atrasamos un día de modo que mañana lo dedicaremos a visitar el bosque de Chapultepec.

En resumen:

 

Itinerario de 24 días en México



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *