Día 12: Cordillera de colores de Palccoyo

Día 12: Cordillera de colores de Palccoyo

Una de las excursiones más populares desde Cuzco es a la montaña de colores de Vinicunca. Pero si no te atrae una ruta senderista de 3h a 5000m de altitud para ver la montaña junto a docenas de personas más, tenemos buenas noticias. Y es que en los alrededores de Cuzco existe una segunda montaña no, una cordillera entera de colores: Palccoyo.

¿Vinicunca o Palccoyo?

Como os hemos comentado, la ruta a Vinicunca es larga y se hace difícil a 5000m de altitud. Los guías llevan oxígeno por si acaso y en caso de necesidad los locales alquilan caballos para la subida. Los que han ido comentan que la ruta en sí es bastante monótona, pero que el paisaje al final quita el aliento. Eso sí, es la excursión más conocida y, en consecuencia, más concurrida.

Palccoyo no es una montaña sino una pequeña cordillera. Hay tres miradores que se recorren en aproximadamente 1h, pero lo mejor es que las furgonetas turísticas paran justo en el primer mirador. Al ser menos conocida, apenas hay turistas. Cuando fuimos, había tan solo 3 furgonetas: dos de agencias de Cuzco y una de un grupo de escolares. Hay además dos atractivos adicionales en el camino: un bosque de piedras y vistas al nevado Ausangate.

Personalmente pensamos que ambas excursiones valen la pena porque las vistas son insuperables. No obstante, nosotros escogimos ir a Palccoyo en parte por el temido mal de altura (aquí tenéis consejos sobre cómo evitarlo), pero principalmente por la menor afluencia de turistas. Disfrutar de un lugar así prácticamente solos no tiene precio.

Contratar un tour a Palccoyo

Para visitar Palccoyo es necesario contratar un tour. La cordillera se encuentra a unas 3h de Cuzco y la última hora de trayecto transcurre por caminos de tierra sin asfaltar en la montaña. Por lo tanto, es imposible acceder en transporte público. Como es un tour poco conocido, muy pocas agencias lo ofrecen y si lo hacen es como tour privado a precios elevadísimos.

Por suerte, nosotros dimos con la agencia Kana Travel. Está en la calle Procuradores que sale de la misma plaza de Armas y se especializa en tours a Palccoyo. De entrada nos ofrecieron el tour por 100 soles más 10 soles de entrada al paraje natural que cobran los locales que cuidan la montaña. Pero cuando nos vieron dudar enseguida nos lo rebajaron a 90 soles por persona por el transporte, entrada y comida a mediodía, así que se puede regatear un poco.

La experiencia con el conductor y el guía fue inmejorable y recomendamos esta agencia al 100%. Ni un sobresalto en la carretera (típico en Perú), muy informativos, tiempo de sobras para explorar el paraje sin prisas… Y la comida fue tipo bufé en lo que parecía una casa particular: todo casero y riquísimo.

Tour a Palccoyo

Salimos de la plaza de Armas de Cuzco a las 7h30 de la mañana, puntuales. El trayecto hasta Palccoyo dura unas 3h hacia el sur. El tour solo realiza una parada en ruta en Checacupe, un pequeño pueblo que cuenta con tres puentes de distintas épocas. El primero es un puente colgante inca (los cimientos son incas, las cuerdas evidentemente se renuevan cada poco). Luego, hay un puente colonial de piedra y un puente de hierro construido ya en tiempos de independencia.

Aquí tenemos unos 20 minutos para observar los puentes (cruzar el puente inca tiene un precio adicional), tomar un mate de coca para prevenir el mal de altura en la caminata o acercarnos a la plaza de Armas del pueblo. Nosotros hicimos estas dos últimas cosas y, además, entramos en la iglesia del pueblo, que nos sorprendió muy gratamente con sus pinturas murales. De hecho, creemos que no está incluida en la Ruta del Barroco Andino que realizamos ayer porque está más lejos y el acceso es más difícil.

Dejamos atrás Checacupe y al cabo de poco empieza la pista de tierra. El conductor va muy despacio para salvar los baches, aunque inevitablemente es una ruta turbulenta. El paisaje es alucinante, con riachuelos y montañas que poco a poco van adoptando tonalidades más coloridas. Casi al final de la ruta se para en un punto de control donde el guía paga los 10 soles de entrada al paraje natural y en menos de 5 minutos llegamos a nuestro destino.

Nada más bajar de la furgoneta ya estamos en el primer mirador.

No solo las montañas son de colores, sino que también nos flipan los tonos verdes y rojizos de los valles.

La ruta entre los tres miradores será de apenas 1,5 o 2km. A nivel del mar, tardaríamos unos 20-25 minutos en recorrerlos. Pero por la altura y para poder disfrutar al máximo del lugar, disponemos de 2h30 aquí.

La segunda montaña de colores es esta. El contraste con la nieve era alucinante, pero también os da una idea del frío que hace aquí arriba. ¡Venid preparados!

El tercer mirador es a la montaña que puede verse más de cerca. Para preservar los colores, está prohibido pisarlos.

Al estar ya aclimatados y yendo despacio, el camino está al alcance de todos. Además, estás rodeado todo el tiempo de paisajes únicos. A la vuelta, se puede subir hasta el bosque de piedra, nevado cuando fuimos nosotros, o regresar por el mismo camino.

Nos encantó cada minuto que pasamos aquí y nos fuimos con la sensación de haber visto un lugar mágico.

Son las 14h30 cuando, ya de regreso hacia Cuzco paramos en una especie de casa particular con un porche adaptado con mesas y sillas. De primero nos sirven sopa calentita. No ha hecho un frío horroroso a pesar de encontrarnos a 5000m en la montaña, pero un plato caliente siempre es reconfortante. Y de segundo hay patatas, pasta, lomo saltado, pollo, verduras y ensalada en plan bufé. Esperábamos el típico menú turístico, que alimenta pero no está especialmente bueno y, para nuestro disfrute, nos equivocamos. ¡Estaba todo buenísimo!

Cena en Cuzco

Pillamos algo de atasco en la entrada de Cuzco y llegamos a la plaza de Armas sobre las 18h. Reventados, más por la carretera, que por la excursión, vamos al hostal a descansar un rato y luego salimos a cenar.

Llevamos todo el viaje viendo brochetas de carne (anticuchos los llaman aquí) y de hoy no pasa que los probemos. Así lo hacemos en una esquina de la calle Ruinas. Pedimos una brocheta de carne de alpaca y otra, que es la típica del Perú, de corazón de res. Solo por el nombre puede dar un poco de asco, pero a mí, que soy bastante maniosa con algunas comidas, me pareció delicioso. La textura era muy carnosa y las especias que le echan realzan el sabor. Los anticuchos eran grandes pero no pudimos resistirnos a compartir un tercero de corazón, porque el primero nos había encantado. Cada uno vale 5 soles (un poco más de 1€).

Para el postre, nos viene de perlas estar en la calle Ruinas. En una esquina al final de la calle hay un local que después de probarlo consideramos IMPRESCINDIBLE en Cuzco. Se llama Picarones Ruinas y se especializan en picarones (rosquillas dulces) y una chicha morada que fue la mejor que probamos en todo el viaje. El local tiene pinta cutre y no llama mucho la atención. Los picarones estaban para morirse de gusto. Los sirven de cuatro en cuatro y son gigantes. La ración cuesta 5 soles (algo más de 1€) y la chicha, 2,5 soles.

Nos hemos quedado muy a gusto con esta cena. Mañana emprendemos nuestra ruta por el Valle Sagrado visitando Pisac y Ollantaytambo. En este último pueblo haremos noche para al día siguiente visitar Machu Picchu, un auténtico sueño viajero. ¿Nos sigues?

En resumen:

Itinerario de 16 días en Perú

 



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *