Día 5: Ciudad de México – Coyoacán, Universidad y Xochimilco

Día 5: Ciudad de México – Coyoacán, Universidad y Xochimilco

En nuestro último día en la Ciudad de México tenemos previstas tres visitas, alejadas del centro y también entre sí. Se trata de la Casa Azul de Frida Kahlo en el ecléctico barrio de Coyoacán, el mural de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México y los canales de Xochimilco. Por este motivo y para ganar tiempo, nuestra jornada empieza temprano e incluye un Uber de la Biblioteca Central a Xochimilco.

Coyoacán

Para llegar desde nuestro alojamiento en la colonia Roma, tenemos que tomar el Metrobus hasta la parada Río Churubusco. Aquí cambiamos a la línea 200 de bus (lo de los números es un misterio y a la práctica hay que preguntar) que nos deja a unos 300m de la Casa Azul en el barrio de Coyoacán.

La Casa Azul

La residencia de Frida Kahlo y Diego Rivera es uno de los atractivos más visitados de la ciudad y también de los más caros. Gestionada por una empresa privada, la entrada cuesta 250 pesos en fin de semana (12€), cara para los estándares de Ciudad de México. Además, si vais a tomar fotos, hay que pagar un permiso adicional de 30 pesos. Sin ir más lejos, las pirámides de Teotihuacán o el Museo Antropológico cuestan aproximadamente 4€. Es algo más barata entre semana. Viene incluida la entrada al Museo de Diego Rivera- Anahuacalli, también en Coyoacán, así que si tenéis tiempo se puede aprovechar.

Cuando llegamos solo había cuatro personas en la cola, así que nos tomamos un tiempo para tomar un café, una concha y un croissant en una panadería cercana que se llama Pan Verde por 74 pesos. Después de este desayuno exprés volvemos a la Casa Azul y ya nos colocamos a la cola.

Esperamos como una hora, pero al cabo de escasos minutos de llegar nosotros, la cola ya daba la vuelta a la esquina. Además, cuando abren, dejan pasar primero a la gente que va en tours y tiene entradas de grupo compradas. Los demás, entran a cuentagotas. Y cuando cumplen con el aforo del día, simplemente dejan de vender entradas. Conclusión: id en tour o, mejor todavía, madrugad. El horario es de 10 a 17h30.

La casa no es muy grande, pero para apreciar bien la visita necesitaréis entre 1h30 y 2h. El recorrido lleva al visitante por las distintas salas de la Casa Azul: el salón, la cocina, el estudio de pintura de Frida, habitaciones… Podréis ver la cama con un espejo que la madre de Frida colocó para que pudiera pintar durante su convalecencia tras el duro accidente de autobús que la dejó postrada y con secuelas de por vida. El museo incluye además algunas de las pinturas de Frida, aunque gran parte de su obra está esparcida por museos alrededor del mundo.

Lo que más me gustó a mi fueron los retratos. Es fascinante la energía que trasmite esta mujer en una foto. Increíble también como sus posados, tan milimétricamente ensayados, parecen tan naturales a la vez.

Durante nuestra estancia, había también una exposición temporal muy interesante de la ropa de Frida. Su preferencia por el traje oaxaqueño no era solo una reivindicación de los orígenes de su madre, sino una manera de disimular sus defectos bajo un disfraz. De pequeña contrajo polio y, como consecuencia, tuvo una pierna más delgada y débil que la otra, además de las secuelas de las 32 operaciones a las que tuvo que someterse tras su accidente de bus durante su juventud.

Tostadas de Coyoacán

Terminada la visita a la casa de Frida, se nos ha abierto el apetito y nos dirigimos al cercano mercado de Coyoacán, donde encontraréis las Tostadas de Coyoacán. No tiene pérdida, ya que la popularidad del sitio ha hecho que este puesto se extendiera y es imposible que sus letreros amarillos pasen desapercibidos. Aquí sirven tostadas, tortitas de maíz crujientes, con una gran variedad de ingredientes. La de mole estaba riquísima, quizás el mole poblano con el sabor más fuerte que probamos en México. Probamos varias que, junto con 2 aguas de sabores, nos salieron por 160 pesos: unos 8€ los dos para comer.

El barrio

Frente al mercado de Coyoacán hay una pequeña plaza llena de artistas que venden cuadros y artesanías varias. A apenas unos minutos andando encontramos la Plaza Hidalgo, el centro neurálgico de Coyoacán. Aquí encontraréis la iglesia de San Juan Bautista y un animado parque con un quiosco. Incluso vimos un desfile de curiosos animales articulados que nos dejó alucinados.

Justo al lado está también el Jardín Centenario, donde se encuentra la fuente de los Coyotes, símbolo del barrio de Coyoacán. De hecho, en lengua náhuatl, Coyoacán significa “el lugar de los coyotes”. Cuenta la leyenda que un fraile salvó a uno de estos animales y en agradecimiento éste le traía gallinas cada cierto tiempo.

Biblioteca Central

Desde el Jardín Centenario andamos unos 10 minutos hasta la parada de bus Felipe Carrillo Puerto en la avenida Miguel Ángel de Quevedo. Supuestamente, el bus K1 lleva hasta la ciudad universitaria, pero los números de los buses son inexistentes a la práctica. Por primera y única vez en la ciudad, preguntar no nos sirve. El conductor nos dice que sí lleva a la Biblioteca Central, pero en realidad nos deja en la intersección de la avenida Copilco con Insurgentes. Nos sentimos timados y no nos queda otra que andar 20 minutos hasta la Universidad por una avenida con poco que ver. ¿Qué le vamos a hacer?

Una vez en la Universidad, nos plantamos frente a la Biblioteca Central (no tiene pérdida y se ve de lejos ya desde la avenida Insurgentes. Aquí pasamos un largo rato sentados en el césped con vistas al mural y viendo a la gente pasar. El campus tiene mucha vida y además coincidimos con un día de graduación: iban pasando jóvenes vestidos de gala con sus familias, gente paseando a sus perros, vendedores de tacos de cesta a 5 pesos (son tacos muy sencillos con relleno de frijol o chicharrón) e incluso una clase gratuita de capoeira. Tras pasar aquí unos 40 minutos de puro descanso, son las 16h y es hora ya de ir a Xochimilco.

Xochimilco

Cómo llegar

Desde la Biblioteca Central hay un buen trecho hasta Xochimilco. Implica tomar un bus hasta la estación de metro Tasqueña y de ahí cambiar a la línea 1 del tren ligero hasta el final. Los dos trayectos suponen entre 1h30 y 2h de camino. Si estáis cerca de la estación de Tasqueña, no dudéis en ir en transporte público, pues es cómodo y no tiene pérdida. Si vais justos de tiempo, tomad un Uber. Nosotros lo hicimos así a la ida, por 158 pesos (unos 7,5€). Tardamos aproximadamente 45 minutos en llegar. A la vuelta, lo hicimos en transporte público por 9 pesos cada uno.

Los canales de Xochimilco

El embarcadero más concurrido es el de Nativitas, donde nos deja nuestro Uber. Nada más bajar del coche, la música y el alboroto nos indican que hoy es día de fiesta. Estos embarcaderos son muy populares en fines de semana. Alquilar una colorida trajinera es la forma ideal de celebrar graduaciones, cumpleaños y fiestas de amigos para muchos mexicanos de la capital. Las trajineras son barcazas que disponen de bancos y mesas, muy convenientes para traer tu propia comida y, sobre todo, tu propia bebida por el ambiente que imperaba en los canales. Incluso podías contratar tu propio grupo de mariachis para amenizar la tarde-noche.

Las trajineras navegan por los canales sin orden y sin parar. Para el visitante, la experiencia despierta todos los sentidos y la sensación es de caos total. Está justo a las afueras de la megaciudad que es la capital, pero da la sensación de haberte trasladado a un lugar totalmente único y distinto.

Nosotros no nos subimos a ninguna trajinera y nos conformamos con vernos envueltos de este ambiente tan especial y tan cercano a los estereotipos que asociamos a México. Los precios por una trajinera rondan entre 350 y 500 pesos la hora y caben hasta 20 personas, con lo cual si formáis un grupo con otros viajeros puede salir muy barato.

Como os hemos comentado, a la vuelta ya hacia nuestro alojamiento, optamos por usar el transporte público. El recorrido desde el embarcadero hasta la parada del tren ligero de Xochimilco os llevará unos 20 minutos. A priori no es el mejor barrio de Ciudad de México y las viviendas son muy humildes, al igual que la gente que os cruzaréis por la calle. Sin embargo, no se percibe como un barrio peligroso. Nosotros paseamos sin incidentes y ni siquiera nos sentimos observados, pues es un trayecto que hacen extranjeros y mexicanos para llegar al embarcadero a diario y más un sábado. Del tren ligero cambiamos luego al metro, asegurándonos que no fuera hora punta y finalmente al Metrobus. Llegamos a la colonia Roma en poco más de 1h30, tiempo que nos podíamos permitir al haber terminado con las visitas que teníamos previstas.

El Auténtico Pato Manila

Llegados a nuestro alojamiento, damos un paseo sin rumbo por el barrio de Roma. Al cabo de un rato, decidimos ir a por una cena temprana. Para variar de la típica comida mexicana, elegimos un pequeño local, El Auténtico Pato Manila, conocido entre locales y extranjeros residentes en el barrio. Al llegar nos da que está cerrado, pero resulta que están llevando a cabo reparaciones eléctricas y se han quedado sin luz. A pesar de ello, dan servicio y tras pensarlo un momento decidimos que nos quedamos aunque sea a oscuras. Por suerte, todavía no nos habían servido cuando regresó la luz.

El local es súper pequeñito y básicamente se come en la barra. La carta es limitada y se basa en platillos fusión de carne de pato con presentaciones a la asiática (rollitos, empanadillas) o mexicana (tacos y tortas). Todo lo preparan al momento tras la barra y está delicioso: la carne es jugosa y las salsas muy sabrosas. Creo que probamos una porción de casi todo lo que hay en la carta y junto a dos cervezas pagamos 300 pesos por la cena (unos 15€).

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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