Día 7: Kioto – Templo Kiyomizudera, Yasaka, Gion y Pontocho

Día 7: Kioto – Templo Kiyomizudera, Yasaka, Gion y Pontocho

Segundo día en Kioto y primero de los que teníamos programados, ya que el día de ayer fue un cambio de itinerario. Hoy nos toca visitar Kiyomizudera y sus alrededores, además de Pontocho y el tradicional barrio de geishas de Gion. Además, hoy es día 31 de diciembre y tenemos planes para despedir el año con las campanadas del templo Chion-in. En resumen: ¡un día que promete!

Templo Kiyomizu-dera

Nos levantamos temprano y, sin desayunar (ya comeremos algo a lo largo de la mañana), cogemos el autobús hasta la parada más cercana a Kiyomizu-dera. El templo queda a unos 15 minutos andando cuesta arriba de donde para el autobús (Gojo-zaka o Kiyomizu-michi). Para el día de hoy, no compramos pase de bus (500¥ ), sino que compramos billetes sencillos (230¥), ya que vamos a ir andando a todos lados desde nuestra primera parada y solo queremos transporte para la ida y la vuelta. Por el precio, el pase sale rentable a partir de 3 viajes al día.

Las tiendas de la calle que subimos hacia el templo todavía no están abiertas cuando llegamos, sobre las 8h, y cuando alcanzamos la entrada del templo, flanqueada de columnas fantásticamente labradas con figuras de dragones, hay muy poca gente.

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Pagamos 400¥  (unos 3€) para acceder al templo y cruzamos la explanada del templo entre varios pabellones y dejando a un lado una preciosa pagoda de cinco pisos.

Venimos a sabiendas de que el famoso pabellón está totalmente recubierto de andamios por obras de renovación del tejado hasta 2020 (¿ lo  querrán dejar guapo para los Juegos Olímpicos?). Sin embargo, nos parece que aún así el recinto es un imprescindible de Kioto y aunque las vistas no son tan espectaculares, ni nos planteamos no venir.

A pesar del gigantesco andamio, el interior del pabellón está abierto a los visitantes. Sin calzado, pasamos por delante de los altares, decorados con preciosas lámparas de metal.

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Al otro lado del pabellón hay otros pequeños edificios del templo y también es desde donde se obtienen las mejores vistas al edificio principal y el paisaje, cuando no está en obras, obviamente.

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Desde aquí bajamos las escaleras hasta la fuente Otowa, la fuente de purificación del templo. A diferencia de todas las que hemos visto hasta ahora, ésta es enorme. La gente hace cola y el agua que cae desde el tejado se recoge con un cazo que

tiene un mango larguísimo, en proporción al tamaño de la fuente.

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Volvemos a subir hasta el pabellón, pero esta vez en lugar de continuar a la derecha, subimos unas escaleras a la izquierda del mismo, que nos llevan al santuario Jishu, una zona de altares dedicados mayoritariamente al amor y al matrimonio. Llaman la atención dos piedras colocadas a los extremos del área del santuario. Se supone que hay que andar con los ojos cerrados de una piedra a la otra: si se consigue, el amor llegará pronto. Parece fácil porque es una línea recta, lo difícil es no darte de bruces con la cantidad de gente que se pasea por el santuario.

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Otro detalle que nos pareció curioso en esta parte del templo fueron los muñecos de papel hitogata: se escribe un problema en el muñeco y luego se sumerge en el agua, donde el papel poco a poco se va diluyendo, símbolo de que el problema se soluciona o desaparece.

Una vez terminada la vuelta, deshacemos camino hasta la entrada de Kiyomizu-dera. A esta hora ya hay un montón de gente y, típico en Kioto, muchos van vestidos con el tradicional kimono. La mayoría de la gente vestida, sin embargo, no son japoneses, sino turistas, sobre todo chinos. En Kioto hay una gran cantidad tiendas que ofrecen kimonos y hasta trajes de samurai en alquiler, por horas o para el día entero, o incluso montan sesiones fotográficas para que te lleves un álbum a casa.

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Sannenzaka y Ninenzaka

Bajando de Kiyomizu-dera y hacia la derecha, veremos que empieza una calle adoquinada cuesta abajo: la calle Sannenzaka. Tanto esta calle como la que sigue, Ninenzaka, están plagadas de tiendas de objetos tradicionales: parasoles de papel, kimonos de seda, abanicos, amuletos; y pequeñas casas de té, además de puestos de comida.

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Aquí aprovechamos para comprarnos un delicioso bao-ji (panecillos al vapor, con varios rellenos) para desayunar.

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Y como somos unos ansias con la comida, no nos hemos podido resistir y también nos hemos pillado una brocheta de cangrejo y un croquetón de carne de ternera.

La calle Nanenzaka termina en la preciosa pagoda Yasaka, símbolo del barrio de Higashiyama donde nos encontramos. La pagoda es el único edificio que permanece en pie del desaparecido templo Hokan-ji.

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Y retrocediendo sobre nuestros pasos, a la izquierda, empieza la cuesta Ninenzaka, de características similares a Sannenzaka. Por casualidad, en un pasadizo adyacente casi al final de la calle Ninenzaka, nos encontramos con Donguri, una tienda de merchandising oficial de los estudios Ghibli, con un enorme Totoro en la puerta.

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Al final de la cuesta Ninenzaka se llega al templo Kodai-ji, conocido como el templo del amor: fue erigido en memoria de Toyotomi Hideyoshi, un importante general que unificó Japón tras una serie de crudas guerras civiles en el siglo XVI, por la viuda de éste. Pasear por los exteriores de los pabellones del templo Kodai-ji es gratuito. La entrada a los pabellones y al jardín zen del templo cuesta 400¥ (3€). Cerquita del templo Kodai-ji hay un pabellón bastante moderno, con indicaciones por todos lados que anuncian pinturas budistas gratis, que no os tomará más de 10 minutos visitar.

El mejor ramen que comimos en Japón

Es hora de comer, y como hace un frío que pela, vamos a darle una segunda oportunidad al ramen (la primera, en la Tokyo Ramen Street fue tirando a regular). Para ello, andamos unos 20 minutos y nos adentramos por algunas callejuelas secundarias del sur del barrio de Gion hasta dar con Musoshin, un pequeño local de ramen, donde tan solo puedes sentarte en la barra. Siempre hay cola, pero como en Japón no existe la sobremesa (de hecho, es de mala educación quedarse sentado un rato en la mesa después de comer, sobre todo si hay cola fuera), no tendréis que esperar mucho.

Como en la mayoría de locales de ramen en Japón, el pedido se hace en la máquina, donde también se paga, y el recibo se entrega al camarero para que pase la orden a cocina. En apenas 10 minutos tenemos nuestros menús de ramen humeantes delante de nosotros, listos para ser degustados. Hemos pedido un menú de ramen con pollo frito y otro de ramen «tailandés», una variante picante de la famosa sopa japonesa (nivel de picante: sudor). Ambos han estado muy ricos y la cuenta nos ha salido por 1900¥ (unos 15€).

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El santuario de las geishas: Yasaka

Después de una sopa calentita y revigorizante estamos llenos de energías para seguir explorando la zona de Gion. Lo primero que hacemos es dirigirnos al santuario Yasaka, conocido como el templo de las geishas, ya que éstas participan en muchos de los eventos anuales del templo. Tras cruzar la puerta principal del templo, ubicada al final de Shijo Dori, nos encontramos con varios pabellones y altares, en los que destacan cientos de farolillos de papel.

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El templo está muy animado, pues hay instalados montones de puestos de comida (roten) para celebrar el Fin de Año y la entrada al año del perro, lo cual nos convence para cenar y pasar las primeras horas de la velada de esta noche aquí en el templo de Yasaka.

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Ponotocho y el Mercado de Nishiki

Al salir del templo de Yasaka seguimos por la avenida principal de Shijo Dori dejando a un lado las calles del barrio de geishas de Gion, que visitaremos tranquilamente al atardecer. En unos 10 minutos llegamos a un puente, que cruzamos y nos encontramos con la famosa estampa de los bancos de arena a orilla del río Kamo, ideales para un paseo con vistas a las terrazas de los locales del callejón de Pontocho. Para llegar a este punto se puede hacer a pie, como lo hicimos nosotros, o bajar en la parada de bus de Kawaramachi.

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Visitamos Pontocho de día hoy y de noche a la vuelta de nuestra visita a Nara la última noche que pasamos en Kioto y el ambiente no puede ser más diferente. De día, es una callejuela tirando a normal, sin mucho interés. Para ser una calle tan tradicional, llama la atención el grueso de cables que cuelgan a lo lago de la vía. Por lo que pudimos entender en algunos carteles informativos, está previsto realizar obras en la calle para enterrar el cableado, por lo que probablemente en unos años habrán desaparecido de la vista. De noche sus restaurantes, en su mayoría turísticos y caros, algunos incluso ofrecen cenas servidas por geishas, se llenan de gente y es difícil abrirse paso entre la multitud, aunque vale la pena ver el bullicio rodeados de farolillos rojos.

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Seguimos andando por la zona hasta el mercado Nishiki. Si hace unos días nos sentimos sardinas en Takeshita Dori en Tokio lo del mercado de Nishiki en vísperas de Año Nuevo no tiene nombre. El mercado consiste en una larga calle flanqueada en ambos lados por tiendas de comida: pescaderías y encurtidos, mayoritariamente. Hubo momentos en los que simplemente levitaba porque mis pies no tocaban el suelo y me dejaba llevar por las hordas de locales haciendo las últimas compras y los turistas curiosos. Una experiencia muy, muy agobiante que hizo de Nishiki el mercado que menos me gustó de nuestra visita a Japón. Quizás lo más positivo de haberlo pasado mal para movernos y respirar haya sido que nos hemos escapado de la fina lluvia que ha caído esta tarde.

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Gion

Se acerca el ocaso y es hora de volver hacia Gion. Deshacemos el camino de antes y nos adentramos en las calles al sur de Shijo Dori. Gion es el distrito de geishas más popular de Kioto. El barrio está repleto de casas tradicionales machiya, con bellas fachadas de madera. Entre ellas, hay algunas okiya, donde viven las geishas y maikos (aprendices de geisha), y ochaya, casas de té donde se realizan servicios tradicionales de té matcha, que a veces cuentan con la presencia de una geisha. Todo esto, como os podéis imaginar, se escapa del presupuesto medio de un visitante en Japón.

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Ver una geisha en Gion no está para nada garantizado. Atraen tantas miradas curiosas y indeseables acosadores fotográficos que las geishas han tomado por costumbre usar taxis para desplazarse desde la okiya al evento donde hayan sido contratadas, con lo cual es cuestión de suerte ver alguna. Alrededor de Año Nuevo es extremadamente raro verlas, pues la mayoría pasan los días festivos en sus ciudades y pueblos de origen, junto a sus familias. Quizás porque estábamos convencidos que no íbamos a ver ninguna o porque nos habíamos pasado el día viendo turistas disfrazadas en kimono de alquiler, tardamos un montón en reaccionar cuando vimos una. La verdad es que no hace falta explicar como distinguirlas, se nota. La que nos cruzamos llevaba un vestido precioso, un bolso redondo de seda y los tradicionales zuecos de madera, andando a pasitos cortos y discretos, casi como si se estuviera deslizando por el suelo. Como es tradicional, llevaba también la cara pintada de un blanco impoluto y los labios bermellones. Alucinamos tanto y nos quedamos tan embobados que ni se nos ocurrió sacar la cámara, preferimos disfrutar de esta visión fortuita. De hecho, por lo que pudimos observar, la mayoría de los peatones ni reparó en su presencia y los que sí, apenas tenían tiempo de sacarle una foto de espaldas. Al cabo de unos pocos minutos, giró en un callejón y desapareció de la vista.

Aunque como os decimos, no es seguro que vayáis a ver una geisha en Gion, el mejor consejo para ver alguna es pasear por Gion justo al atardecer. La mayoría de geishas son contratadas para cenas y, por ello, es sobre esa hora que muchas salen hacia sus lugares de trabajo. Y si veis a alguna y os morís de ganas de fotografiarlas, hacedlo con respeto: al fin y al cabo, son mujeres normales que van a trabajar y no tienen porque aguantar un acoso casi mediático. De hecho, veréis que en prácticamente todas las entradas al barrio de Gion hay carteles que recuerdan el trato que debe dárseles, que no es otro que el que se merece cualquier otra persona normal.

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Todavía embelesados por la visión de la geisha, seguimos recorriendo las callejuelas del barrio hasta el templo Kennin-ji y Gion Corner (un recinto en el que pueden verse espectáculos de geishas y maikos por un precio menor que el de un servicio de té o cena privado y, en consecuencia, muy popular entre turistas) y volvemos por callejuelas adyacentes hasta Shijo Dori.

Ya ha oscurecido y ya es hora de empezar la celebración de fin de año en el templo de Yasaka, antes de irnos a presenciar las famosas 108 campanadas del cercano templo de Chion-in. Para saber más, acompañadnos a la siguiente entrada sobre cómo celebrar la Nochevieja en Kioto.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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