Día 9: Kioto – Templos de Nara

Día 9: Kioto – Templos de Nara

Después de tres días intensos de visitas y celebraciones del Año Nuevo japonés en la ciudad de Kioto, hoy nos vamos a Nara, una excursión de un día que no os podéis perder desde Kioto o Osaka. La que fuera primera capital de Japón conserva un conjunto de monumentos y templos que figuran en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1998 y que, junto a los ciervos que campan a sus anchas por el parque, son los mayores atractivos de esta ciudad.

Cómo llegar

Para llegar a Nara desde Kioto volvemos a hacer uso del JR Pass. Desde la estación central de tren de Kioto, la línea de Nara sale con bastante frecuencia. Sin embargo, conviene programar la salida usando la web de Hyperdia, ya que hay servicios rápidos que cubren la distancia hasta Nara en menos de 50 minutos, mientras que otros trenes tardan hasta 70 minutos en recorrerla.

Desde Osaka, la línea regional de JR Yamatoji conecta con Nara en alrededor de 1h y hay frecuencias cada 10-15 minutos, por lo que Osaka también es un buen lugar desde el que planear vuestra visita a los famosos templos.

Pequeña parada previa en Kioto

Queremos llegar temprano a Nara, pero tenemos algo de tiempo por la mañana y de camino a la estación desde nuestro Airbnb paramos en el templo Nishihongwan-ji. Está a apenas 5 minutos de nuestro alojamiento, pero por los horarios de apertura invernales no habíamos podido ir antes. El templo es gratuito y tiene un pabellon bastante grande y finamente decorado que a esta hora de la mañana se encuentra prácticamente vacío. Apenas entra algún que otro japonés, reza frente al altar y se va, suponemos que camino al trabajo.

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Además de los edificios principales, a un lado del recinto del templo se encuentra la puerta Karamon, que forma parte del Tesoro Nacional de Japón. Data del siglo XVI y está ricamente ornamentada en un estilo que nos recuerda un poco a los detalles del templo Tosho-gu de Nikko.

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Qué ver en Nara

Ahora ya sí, a la estación y tren hacia nuestro destino de hoy. Una vez que lleguéis a la estación JR de Nara, habrá que caminar unos 35-40 minutos, primero por una de las calles principales de la ciudad, Sanjo Dori, ubicada justo enfrente al salir de la estación, y luego a través de un bonito parque. La caminata se hace bastante amena y para nada larga, pues nada más llegar al parque empezaréis a ver los conocidos ciervos de Nara.

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Los ciervos son tan queridos en Nara que hasta son los protagonistas indiscutibles de las tapas de alcantarillado de la ciudad.

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A priori, los ciervos de Nara son los animalitos más educados del mundo. Alargad el brazo hacia ellos y automáticamente os harán una reverencia. Eso sí, procurad recompensarlos con comida no vaya a ser que se sientan engañados y dejen de ser simpáticos. Si los pilláis hambrientos, no van de bromas y no dudaran en empujaros con insistencia o darle un mordisco a cualquier bolsa o chaqueta que llevéis. Pero bueno, que sean unos interesados no quita que sean monísimos.

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Podéis comprar las galletas que venden a propósito para los ciervos en el mismo parque (150¥, como 1€), pero se comen cualquier cosa. Nosotros les dimos Quelitas, las galletas sin las que un mallorquín no va a ningún lado.

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Al ser 2 de enero, todavía hay puestos de mercado roten vendiendo comida en toda la zona del parque. Aprovechamos aquí para probar los dorayaki, unos pastelitos con diferentes rellenos (el más típico, el de pasta de judías), muy conocidos por la serie animada de Doraemon.

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El dulce nos ha abierto el apetito y nos compramos también una bolsa de mini sponge cakes que, como su nombre indica, son unos pastelitos de textura esponjosa bastante ricos.

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Los cuarenta minutos de camino se nos han alargado, ya que a parte de lo que hemos comprado para desayunar, también hemos comido mucho con la vista y nos hemos entretenido con los ciervos. Pero al fin llegamos al primero de los templos que vamos a visitar en Nara: el Kasuga-Taisha. Sabemos que hemos llegado porque nos encontramos más que con una cola, con un tapón de gente esperando para entrar. La primera visita del año al templo o hatsumode es una costumbre muy arraigada entre los nipones los primeros días del año entrante y los santuarios de Nara no son una excepción.

Hay tanta gente que, por un momento, ni nos hemos dado cuenta que el camino que lleva al templo está flanqueado por docenas de linternas de piedra. No en vano Kasuga-Taisha es popularmente conocido como el templo de las linternas: las hay de piedra a lo largo de los senderos que llevan al recinto sagrado y, una vez en el interior, se encuentran incontables linternas de bronce colgando en el exterior de los distintos pabellones. Debe ser impresionante cuando las encienden todas, pero solo ocurre dos veces al año en festivales celebrados del 2 al 4 de febrero y el 14 y 15 de agosto.

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Hemos tenido que esperar unos 20 minutos para entrar en Kasuga-Taisha. El acceso a los exteriores de los templos es gratuito, pero si se quiere entrar al interior hay que pagar 500¥ (un poco menos de 4€). Sin embargo hoy, por el hatsumode, el recinto solo está abierto para los fieles. De hecho, todo aparenta muy ceremonial: los monjes acompañan a las familias al interior del templo y todos parecen lucir sus mejores galas.

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Observamos un rato el proceso antes de terminar nuestro recorrido por los exteriores de Kasuga-Taisha y luego salimos en dirección al templo Todai-ji, el más importante del conjunto de santuarios de Nara. El camino está plagado de otros pequeños templos y santuarios. Entre otros, nos encontramos con el Nigatsu-do, ubicado sobre una colina desde la que se tienen bonitas vistas panorámicas al parque y al ya cercano pabellón principal del Todai-ji.

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A los pies del templo hay otro santuario cuyo nombre desconocemos, pero que parece dedicado enteramente al amor, a juzgar por el diseño de sus amuletos.

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Desde aquí, seguimos por un sendero empedrado hasta llegar a la parte trasera del Todai-ji, de modo que tenemos que rodear el edificio para alcanzar la entrada principal.

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Pagamos 600¥ (menos de 5€) cada uno y accedemos a la explanada donde se alza el pabellón más renombrado y visitado de los templos de Nara. Se trata del edificio con la estructura de madera más grande del mundo, a pesar de que la construcción actual, que data del siglo XVIII es un tercio menor que la original del siglo VIII.

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En su interior se encuentra una enorme estatua de bronce que representa a Buda sentado sobre una flor de loto. A ambos lados hay dos figuras menores de Bodhisattvas doradas, formando una reluciente trinidad.

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Para que os hagáis una idea del tamaño masivo de la figura central, a un lado en la parte trasera del interior del pabellón hay una columna con un agujero igual de grande que un orificio de la nariz de la estatua por la que sobradamente pasa un niño.

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Colocadas en las paredes laterales y en las esquinas del pabellón hay figuras de dioses guardianes como las que ya hemos podido observar en la entrada del templo Senso-ji en Tokio, en el templo Tosho-gu en Nikko o ante las 1001 diosas Kannon del santuario Sanjusangen-do en Kioto.

Salimos del recinto emocionados de tanta belleza junta y cruzamos Nara Park de vuelta hacia la estación, aunque esta vez por otro camino. Son las 2 del mediodía y la mayoría de ciervos yacen tumbados en la hierba, echándose la siesta y pasando olímpicamente de la gente que les ofrece galletas. Por el sendero de vuelta no encontramos demasiados puestos de comida, apenas algún que otro vendedor de dulces o de boniatos asados, una lástima pues al contrario de los ciervos, nosotros tenemos el desayuno ya más que digerido.

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Justo antes de salir del parque pasamos por delante del templo Kofuku-ji, completamente recubierto de andamios (está previsto que los trabajos de restauración en el pabellón principal terminen en octubre de 2018). A pesar de ello, pudimos ver la pagoda de cinco pisos justo al lado del pabellón y un poco más adelante, una pequeña pagoda octagonal, de las únicas existentes en Japón.

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Volvemos a salir a Sanjo Dori y es hora para nosotros de parar en algún lado para comer antes de volver a Kioto en tren. La mayoría de tiendas y restaurantes de esta calle comercial están abiertas ahora (no lo estaban cuando hemos llegado por la mañana, suerte de los puestos de comida del parque para desayunar). Inicialmente queríamos ir a por un curry japonés en una franquicia de CoCo Curry, pero al llegar estaba todo lleno.

Así que nos quedamos con las ganas de curry y volvemos atrás en la calle hasta una estrecha taberna (aquí las llaman izakaya) donde sirven bebidas y comida rápida. En la que estamos, por ejemplo, sirven kushiage kushikatsu, una especie de pinchos de varios ingredientes rebozados y freídos: cortes de carne, queso, huevo, setas, raíz de flor de loto, etc. Pedimos un plato para compartir, al que le añadimos algunos pinchos extra y comemos los dos por 1160¥ (unos 9€).

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Regreso a Kioto

Volvemos a Kioto en la misma línea en la que hemos venido y al cabo de algo menos de 1h estamos de nuevo en la estación central de la ciudad. Salimos al exterior y, ya que va a ser nuestro último día aquí, decidimos regresar a recorrer con más calma las callejuelas tradicionales de Gion y Pontocho que ya visitamos el día de fin de año. Para ello, cogemos un bus que nos acerque a la zona por 230¥ (algo menos de 2€) el pasaje. No compramos pase de día hoy tampoco, ya que como mucho vamos a hacer dos viajes cada uno y el pase solo sale rentable a partir de tres, como ya explicamos en la entrada de nuestra llegada a Kioto.

Llegados a nuestro destino, aprovechamos lo que queda de tarde para pasear por la ciudad, descubriendo pequeños altares perdidos en callejones, tiendas de objetos y recuerdos varios y hermosas casas típicas. Al caer la noche, nos acercamos a Pontocho para ver el ambiente nocturno, totalmente diferente al día con sus farolillos rojos encendidos y todos los restaurantes abiertos.

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No es muy tarde todavía pero a eso de las 19h decidimos ir a cenar. Hace unos días que queremos probar un local de brochetas llamado Torikizoku (se ve que lo de hoy va de pinchos), pero no habíamos podido porque estaba cerrado por las celebraciones de fin de año. Hoy, por fin, vuelven a abrir y podremos ir en nuestra última noche en Kioto. Al llegar al local, no muy lejos de Pontocho en la calle Kiyamachi nos encontramos con todas las mesas llenas (también se ve que es una constante hoy), pero nos dan un número y nos indican que nos llamaran en un rato. Esperamos unos 15 minutos para sentarnos en una barra lateral (para las mesas teníamos que esperar un rato más, pero no nos molesta comer en la barra).

Nos sentamos ante una pantalla desde la que vamos pidiendo platos. Hay mayoritariamente brochetas de carne con diferentes salsas, pero también sopas y verduras para acompañar. La verdad es que estaba todo tan bueno que lo difícil no era elegir sino dejar de pedir. Hasta había un pincho de piel de pollo que estaba riquísimo, para que os imaginéis. Pagamos 2560¥ (20€) por la cena, la más cara que comimos en Japón, así os hacéis una idea de los precios.

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De regreso volvemos a coger el bus, que nos deja a escasos pasos de nuestro alojamiento en Airbnb y nos metemos en la cama para nuestra última noche en Kioto. Mañana, salimos para la isla de Miyajima, que resultó ser una de mis paradas preferidas en el viaje.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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