Dónde comer en Sevilla

Dónde comer en Sevilla

Para nosotros un viaje a cualquier lugar no sería completo sin descubrir su gastronomía. En un viaje a Sevilla, no darse el gusto de tapear o refrescarse en alguna de las múltiples terrazas de la capital andaluza es casi imperdonable. Estuvimos poquito tiempo en la ciudad, pero aquí os dejamos los que fueron los lugares que más nos gustaron para comer en Sevilla.

Taberna Coloniales

Empezamos por nuestro número 1 indiscutible. Es un clásico entre universitarios, pero atrae a sevillanos y visitantes por igual. Su éxito es evidente en las colas que se forman en la puerta de su local cerca de la Catedral, en la calle Fernández y González, y también en su segundo restaurante, en la Plaza Cristo de Burgos, aunque en menor medida. Nuestra recomendación es que si vais a ir al local de la catedral, vayáis temprano o, de lo contrario, vayáis directos al otro: habrá cola igual, pero al ser menos céntrico, habrá que esperar menos.

Por alrededor de 10€ os quedaréis muy, muy a gusto con la comida de la Taberna Coloniales. Nosotros pagamos 12€ por persona, incluyendo un rebujito durante la espera, y tinto de verano ya en la mesa. Pedimos una tabla con salmorejo y jamón, croquetas de setas (las mejores del mundo mundial), pollo con salsa de almendras (por favor, ¡menuda salsa!) y patatas bravas.

El Baratillo

Justo detrás de la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla, en la calle Adriano, se encuentra El Baratillo. No es un local apto para todos: la colección de cabezas de astado que recubre sus paredes es, por lo menos, impactante. A pesar de ser el paraíso del mundillo de la tauromaquia, si podéis pasar la decoración por alto, os aseguramos que los platillos que sirven lo valen. Aquí probamos como platos estrella el rabo de toro y la carrillada (esta última es una apuesta segura). También pedimos espinacas con garbanzos y croquetas de jamón y de puchero. Cada tapa cuesta entre 3 y 4€ y las cantidades son generosas. Con cerveza, nos salió la cuenta a unos 10€ por persona.

Freiduría de la Puerta de la Carne

Curioso que este popular local de pescaíto frito se ubique precisamente en la Puerta de la Carne. La freiduría vende exclusivamente pescado frito, ni tan siquiera sirven bebidas (un poco más adelante en la calle hay un colmado). El local, emblemático por fuera, tiene un aspecto más bien de comida rápida por dentro: el producto está expuesto en varias vitrinas y se compra al peso.

Los precios son súper ajustados: por 5€ por persona nos comimos un buen variado. Algunos dicen que aquí sirven el mejor adobo de la ciudad. Quizás nuestra recomendación es que os fijéis en qué productos son los que más sirven, ya que a pesar de que las vitrinas mantienen el calor, si no hay reposición cada poco, la fritura no es tan crujiente.

Abre todos los días de 13h a 17h y de 19h a medianoche. Puedes disfrutar de la fritura en la terraza del local o, como hicimos nosotros, andar unos 10-15 minutos hasta la Plaza de España y comer tipo pic-nic con uno de los lugares más bellos de Sevilla como telón de fondo.

La Gorda de las Setas

Este no es un imperdible en nuestra opinión, pero por su localización es ideal para cenar después de una visita a las Setas, ya que se encuentra a los pies de éstas. Las tapas son más pequeñas que la media sevillana, pero aunque sea por su ubicación, es buen lugar para tomar una caña y abrir el apetito.

Heladería Bolas

Mucha tapa pero, ¿y los postres? Aquí tenemos un claro ganador y es que tenéis que pasaros obligados por la heladería Bolas en la cuesta del Rosario. El rango de sabores es sorprendente: queso de cabra con membrillo, mousse de chocolate, limón con hierbabuena, galleta María… y también clásicos como vainilla, fresa o straciatella. Los precios no son baratos: la tarrina pequeña cuesta 2,8€ pero el helado artesano, elaborado únicamente con ingredientes naturales, vale cada céntimo invertido. Palabra.

La borrosidad de la foto es proporcional a las ganas de comerme el helado.

Confitería La Campana

Si todavía os quedan ansias de dulce, la confitería La Campana en la calle Sierpes es la solución para saciarlas. Se puede comer en la barra, en las mesas de la terraza o comprar para llevar. Todo está buenísimo, pero el lugar tiene tanta fama que los precios son inevitablemente caros. Sin embargo, sigue siendo un acierto para probar las yemas, las lenguas de almendra o alguna de sus variedades de chocolate artesano.

En resumen:

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