Día 5: Dublín de prisiones, catedrales y jardines

Día 5: Dublín de prisiones, catedrales y jardines

Segundo día en Dublín: si el primer día visitamos la zona más céntrica de Dublín (Temple Bar, el Ha’Penny Bridge sobre el río Liffey), hoy empezamos en el oeste de la capital para conocer la infame prisión de Kilmainham, para luego visitar sus catedrales en el centro y el cementerio de Glasnevin y el Jardín Botánico en el norte. ¿Vamos?

Kilmainham Gaol

Salimos con tiempo de nuestro alojamiento en el Egali Hostel de Dublín porque tenemos entradas reservadas para visitar Kilmainham Gaol. Para llegar desde O’Connell Street es muy sencillo cogiendo la línea de bus 13 o 40 hasta Inchicore Road. Alternativamente, también se puede coger la línea roja del tranvía hasta Suir Road.

Los meses de verano es muy recomendable llevar las entradas reservadas. De lo contrario, os arriesgáis a que os hagan volver al día siguiente o os den una hora más tarde durante el día. Las visitas son siempre guiadas y duran aproximadamente una hora. El precio para los adultos es de 9€ por persona.

Irish Heritage Card

Otra opción si vais a pasar más días en Irlanda es comprar una Irish Heritage Card, que incluye un montón de atracciones a lo largo y ancho del país: desde la cárcel de Kilmainham hasta el Oratorio de Gallarus en la península de Dingle o las ruinas de Rock of Cashel, entre otras. Podéis consultar lo que entra aquí.

irish heritage card

El precio es de 40€ por adulto, por lo que hay que visitar bastantes sitios para sacarle provecho, pero la de estudiante son solo 10€ y visitando unas pocas atracciones ya sale a cuenta.

Kilmainhain Gaol era una prisión muy conocida por ser el lugar donde encarcelaron y condenaron a muerte a los líderes del Alzamiento de Pascua en 1916 (con la notable excepción de Eamon De Valera, quien seria más tarde presidente de la República y se salvó por tener nacionalidad estadounidense). La cárcel cerró sus puertas en 1924 y su actual uso como museo fue el resultado del trabajo de antiguos prisioneros políticos que quisieron restaurar el lugar para conmemorar la independencia de Irlanda.

La visita empieza en la sala de tribunal de la prisión y continúa en la capilla, donde se hace un breve resumen de la historia del penitenciario, que además de ser la última morada de los líderes de la revolución de 1916 (de hecho, Joseph Plunkett contrajo matrimonio con su novia Grace Giffords en la misma capilla el día anterior a su ejecución), fue mayoritariamente usado durante más de un siglo para delincuentes comunes. De hecho, fue durante la hambruna del siglo XIX cuando la cárcel tuvo más reclusos ya que frente a la falta de comida, fueron muchos hombres, mujeres e incluso niños los que empezaron a delinquir expresamente para ir a la cárcel, donde a pesar del hacinamiento, por lo menos se aseguraban comer cada día. Muchos otros eran enviados a la cárcel por mendigar, lo cual estaba prohibido por ley durante la hambruna.

La visita sigue por lúgubres pasadizos en los que se suceden las celdas. Kilmainham Gaol forma parte de las primeras cárceles con la configuración que conocemos ahora: celdas individuales que condenan al preso al aislamiento. Pero no siempre fue así. Al principio, los reos se aglutinaban en las prisiones pero eran libres de pasear por todo el edificio. Incluso cuando más tarde se recluyó a los presos en sus células, la sobrepoblación de Kilmainham implicaba que varios presos (hasta cinco) se amontonaban en cada celda.

Kilmainham

Recorremos los pasillos mientras la guía nos cuenta la historia de los presos más conocidos de la cárcel. De hecho, veréis todos tienen una placa con sus nombres sobre la celda donde estuvieron encerrados: Joseph Plunkett, Constance Markievicz, Paul Galligan… Llegamos a la sala principal de la prisión, famosa por ser la localización de varias películas. Entre otras, dos que os recomendamos para conocer un poco más sobre la historia reciente de Irlanda: Michael Collins, sobre el revolucionario ideólogo de la guerrilla del IRA por la independencia y que negoció el Tratado Anglo-irlandés, que contemplaba la partición de Irlanda e Irlanda del Norte que finalmente condujo a la Guerra Civil; y En el nombre del padre, sobre un joven irlandés que fue encarcelado junto a su padre por su supuesta implicación en el IRA y, en concreto, en la colocación de una bomba en un pub en Inglaterra durante la época de The Troubles.

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La guía para un tiempo en esta sala para que los visitantes puedan tomar fotos y observar más de cerca los graffitis y dibujos de las paredes de las celdas, algunos de ellos sencillamente testimoniales, con nombres; otros tristemente graciosos, como el que se lee sobre la puerta de una de las celdas: «Hotel Room».

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Salimos al patio de la prisión de Kilmainham, donde los presos solían salir a ejercitarse unas horas al día. También es el lugar donde catorce líderes del Alzamiento de Pascua fueron fusilados tras pasar sus últimos días entre las frías paredes de sus celdas en Kilmainham. Última parada de la visita guiada: la entrada principal de la prisión, con un balcón rematado con el relieve de unos dragones encadenados. Si a alguien todavía no se le había quedado el corazón helado tras las historias narradas en el patio, el balcón disponía originalmente de una trampilla para los ahorcamientos, que eran públicos.

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Tras la visita, la guía nos invita a pasar al museo de la prisión, que puede visitarse por libre para conocer algo más sobre el papel de Kilmainham en la configuración de las prisiones «modernas», objetos pertenecientes a los convictos, detalles sobre el Alzamiento de Pascua y sus líderes y, en la planta superior, una exposición sobre la restauración de las ruinas de la prisión para convertirla en museo conmemorativo por parte de ex-prisioneros en la década de los 70. De hecho, el presidente que la inauguró no fue otro que Eamon de Valera, líder del Alzamiento de Pascua que no sufrió la misma suerte que sus compañeros por tener la nacionalidad americana y fue también el último preso de la prisión.

Guinness Storehouse

Desde Kilmainham Gaol, la fábrica de Guinness se encuentra a apenas 15 minutos andando. El barrio por el que se tiene que pasar no tiene nada a destacar, pero por distancia no es mala opción. En cambio, si venís desde el centro, os conviene coger la línea roja del tranvía y parar en Saint James Hospital. Alternativamente, podéis coger el bus 123 desde O’Connell Street y bajar también en Saint James Hospital.

La fábrica Guinness es la visita turística más popular de Dublín: un mastodóntico edificio de siete plantas dedicado a la historia de la cervecería, así como la producción y el marketing de su preciado líquido oscuro. Además, es prácticamente un centro comercial de merchandising de la marca con tiendas, bares y restaurantes. Arriba del todo, el Gravity Bar: una planta acristalada con vistas panorámicas de la ciudad donde os servirán una pinta que entra con el precio de la entrada.

Guinness storehouse

Abierto a diario de 9h30 a 19h (con horario extendido los meses de julio y agosto: de 9h a 20h), excepto Viernes Santo, Nochebuena, Navidad y San Esteban (26 de diciembre), las entradas con reserva online varían de 17,50€ a primeras y últimas horas hasta 25€ en horas puntas.

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¿Es visita obligada? Bueno, como todo, depende. Nosotros decidimos pasarla por alto. Pasamos por delante del edificio, eso sí, camino a las catedrales de Dublín, pero decidimos no parar por considerarla una atracción muy comercial. Preferimos invertir esta partida del presupuesto del viaje a tomarnos unas pintas en cualquier pub irlandés de la ciudad, ya que lo consideramos una experiencia mucho más auténtica. ¡Pero para gustos colores y por eso os hemos proporcionado la información práctica para facilitaros la visita si vais a ir!

Dublín es famosa por la cerveza Guinness, pero Irlanda es definitivamente la isla del whiskey. Si os interesa, podéis visitar también la destilería de Jameson en Bow Street. La entrada básica, que incluye una degustación de diferentes tipos de whiskey al finalizar, cuesta 20€. Nosotros no fuimos a esta destilería, pero si visitamos la de una pequeña marca en nuestro último día en Kilbeggan. Otra opción, si vais a la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte, es hacer una parada en la destilería de Bushmills.

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Catedral de San Patricio

Lo dicho, seguimos camino a la Catedral de San Patricio, la catedral más alta del país. Se supone que el mismo San Patricio bautizó a los primeros cristianos de Irlanda hace 1500 años cerca de la ubicación de la catedral actual.

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La nave de la catedral y sus capillas son dignas de ver. El coro es especialmente bonito. El recorrido de visita incluye paneles informativos sobre las características del edificio, además de sobre diversos eventos que ocurrieron en él.

Saint Patrick

Si seguís el itinerario marcado, al final, hay una sección de la nave dedicada a Jonathan Swift, famoso escritor de Los viajes de Gulliver, que fue decano de San Patricio. En concreto, podréis ver su tumba, donde está enterrado al lado de su amiga (y quizás esposa, aunque esto siempre fue un rumor no confirmado) Esther Johnson, a quien dedicó su libro Cartas para Stella. Justo delante de las sepulturas, hay una vitrina con objetos relacionados con Swift: desde una máscara mortuoria a un ejemplar de la primera edición de Una modesta propuesta, en el que el autor, conocido por su humor satírico, propone que, para paliar la profunda pobreza y precariedad en el país, los irlandeses vendan a sus bebés como alimento a los ricos terratenientes británicos, una crítica devastadora a las políticas sociales y económicas del Imperio en la isla.

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La entrada de adulto cuesta 6€. La catedral abre de lunes a sábado de 9h30 a 17h. Podéis consultar los horarios del domingo en la página web.

Catedral de Christchurch

De catedral en catedral nos vamos a Christchurch. De mayores dimensiones que la iglesia de San Patricio, Christchurch es también más antigua. De hecho, los inicios de su construcción se remontan al 1028.

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A destacar, encontramos las mazmorras: un conjunto de pasadizos en los que se guarda el tesoro de la catedral. Es también en estas salas subterráneas donde podemos ver un curioso a la vez que asqueroso hallazgo: un gato y un ratón momificados que se encontraron atrapados en el órgano de la catedral.

Christchurch

La catedral abre a las 9h30 de lunes a sábado y cierra a las 19h, las 18h o las 17h según la época del año. El horario del domingo también es variable. Podéis consultarlo en la página web oficial. El precio de la entrada es de 6,50€ para los adultos y 5€ para los estudiantes.

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Sobre todo si viajáis con niños os puede interesar la entrada combinada (14,50€ los adultos y 12€ los niños) de la catedral y la vecina exposición de Dublinia, sobre los vikingos, a la que se accede a través de un arco desde la misma catedral.

Saint Audoen

No muy lejos de las dos grandes catedrales encontramos la iglesia de Saint Audoen, dedicada a san Ouen de Rouen, en Normandía. De hecho, la construcción del edificio, ahora parcialmente en ruinas, se remonta precisamente a la época anglo-normanda, en el siglo XII.

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La entrada es gratuita y el edificio alberga una pequeña exposición sobre su construcción y actual conservación. No calificaríamos la visita de imprescindible, pero al ser gratuita, podéis echarle un vistazo al pasar.

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Stage Door Café

Se nos ha hecho tarde para comer otra vez. Y mira que después de cinco días ya en Irlanda podríamos haber adaptado un poco ya los horarios, pero no. Son las 14h cuando llegamos al Stage Door Café, un pequeño local en Temple Bar, pero algo apartado del bullicio que caracteriza el barrio. Cuando llegamos, nos informan de que a estas horas no tienen todas las opciones del menú, aunque todavía sirven los especiales del día: empanadas (pie) de pato y de ternera y patata. ¡Nos pedimos una de cada y están deliciosas! Las del Pieman del primer día en Temple Bar estaban bien, pero éstas son supremas de buenas.

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Sirven los especiales a 12,95€ el plato y con lo rico que está nos quedamos con las ganas de regresar y probar más cosas de la carta, ya que mañana salimos de ruta en coche. Para compensar, nos pedimos un café irlandés (whisky, café y crema), que vale unos 7€ y está de vicio.

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Jardín Botánico

Son las 15h30 y decidimos ir hacia el norte de Dublín para dedicar la tarde al Jardín Botánico y el cementerio de Glasnevin. Desde la zona donde estamos de Temple Bar nos acercamos a la orilla del Liffey y cogemos la línea de bus 83. Si estáis en O’Connell Street o cerca del Trinity College, podéis coger también las líneas 4 o 9, que también paran a las puertas del Jardín Botánico.

La visita es gratuita y el horario varía según la temporada: de 9h a 16h30 entre semana en invierno, a partir de las 10h los fines de semana y festivos; y de 9h a 17h en verano, a partir de las 10h hasta las 18h sábados, domingos y festivos.

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Se trata de un parque bastante extenso con plantas de alrededor del mundo, ideal para relajarse pero también aprender sobre la flora. De hecho, una de las motivaciones para la creación de unos jardines botánicos era crear una colección exhaustiva de plantas del mundo, pero también asegurar su conservación. Por ello, el Jardín cuenta con al menos 300 especies de plantas en peligro. Toda esta variedad puede descubrirse paseando por los invernaderos de hierro forjado del recinto o por los múltiples senderos a través de jardines de rosas y orquídeas, arboledas y huertos.

Cementerio de Glasnevin

Al cementerio de Glasnevin se puede acceder por la entrada principal en Finglas Road. Pero también podéis acceder a través del Jardín Botánico. Seguid hacia la izquierda pasando por delante del centro de visitantes y veréis una verja. ¡Ojo, suele cerrar una hora antes de la hora de cierre del Jardín!

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El cementerio es la morada final de muchos de los personajes ilustres del proceso de independencia de la república de Irlanda. Sin coger uno de los tours es difícil encontrar las tumbas, a excepción de la de O’Connell, bajo la gran torre circular del cementerio, y la de Michael Collins, el revolucionario ideólogo del IRA y negociador del Tratado Anglo-Irlandés que terminó con la partición de Irlanda y conllevó la Guerra Civil Posterior, en la que murió. Ésta última se encuentra justo en uno de los lados del centro de visitantes del cementerio.

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El tour histórico del cementerio cuesta 13,5€. A menos que os interese muchísimo, podéis prescindir de él y simplemente pasear entre las cruces. La mayoría de personajes ilustres cuyos nombres pueden sonaros se encuentran entre las primeras filas alrededor de la torre circular. Algunas tumbas son muy pomposas, otras, como la de Eamon De Valera, son muy discretas (y, por lo tanto, difíciles de encontrar), a pesar de que este último fue presidente de la República Irlandesa después de ingresar dos veces en la prisión de Kilmainham (como os hemos contado en nuestra visita a la cárcel). Por su parte, los líderes del Alzamiento de Pascua no se encuentran en Glasnevin, pues fueron enterrados en fosas comunes.

Queen of Tarts

Volvemos hacia el centro de Dublín. Podéis hacerlo en autobús, con las mismas líneas de bus pero en sentido contrario. O bien podéis ir andando unos 35 minutos a buen ritmo. Sea como sea, siguiendo nuestro itinerario hemos visto prácticamente todo Dublín en dos días y nos merecemos un buen homenaje. A poder ser, en forma de tarta. Así que nos vamos a probar los pasteles de Queen of Tarts. Dispone de dos localizaciones, una en Cow’s Lane y la otra en Dame Street. Nos decantamos por la primera ya que, al estar más apartada de la calle principal, hay menos gente. ¡Tengo tantas ganas de dulce que me abruma tener tantas opciones! Al final, pedimos un café y dos porciones de tarta: una de Victorian sponge cake, realmente esponjosa y con una capa de nata montada y bayas; y otra de fudge de chocolate, una auténtica bomba de cremoso chocolate. Las porciones cuestan 4-5€, lo cual nos parece acorde a su tamaño XXL. Los cafés si nos parecen más caros para lo que estamos acostumbrados, entre 2-3€.

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Esa noche cenamos en el hostal de cuatro cosas que hemos comprado en el Tesco, pero con las gigantescas porciones de tarta que hemos degustado, casi no hacía falta. Nos vamos a dormir temprano, que mañana empieza nuestra esperada (y a la vez temida) aventura de conducir por la izquierda. ¡Nos vamos a Glendalough y Cashel!

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En resumen:

Ruta por Irlanda e Irlanda del Norte en 11 días



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