Día 13: San Juan Chamula

Día 13: San Juan Chamula

San Juan Chamula es un pueblito a 15km de San Cristóbal de Las Casas. Es una visita imperdible y que no deja a nadie indiferente. Su fama se debe al sincretismo religioso que se practica en su iglesia, una combinación del cristianismo con ritos prehispánicos no aptos para todos los públicos. Hay quien sale de la iglesia trastocado, otros que preferirían no haber entrado e incluso quien cree que es toda una pantomima. Otros, como en nuestro caso, salimos fascinados por el arraigo de las prácticas indígenas que han sobrevivido siglos de conquista e imposición del cristianismo. En definitiva, hay que ir para formarse una opinión propia.

¿Por libre o excursión?

El tour a San Juan Chamula se vende en conjunto con la visita a Zinacantán. En este segundo pueblo prácticamente se va a conocer alguna cooperativa textil antes de regresar a San Cristóbal de Las Casas. Las excursiones suelen durar medio día (mañana o tarde).

Nosotros teníamos más bien poco interés en Zinacantán y queríamos pasar tanto tiempo como quisiéramos en San Juan Chamula y fuimos por nuestra cuenta. El transporte colectivo a la localidad sale a unas cuadras del templo de Santo Domingo y cuesta 18 pesos por trayecto. No hay horarios, la furgoneta sale cuando está llena.

El peor día para visitar la iglesia de San Juan Chamula, tanto en tours como por cuenta propia, es el miércoles, ya que por algún motivo religioso que se nos escapa es un día en que los fieles son poco propensos al culto en el templo. Nosotros elegimos ir el domingo: hay un abarrotado mercado y no deja de entrar y salir gente del recinto. Esto incluye tanto parroquianos locales como de pueblos vecinos y un número considerable de turistas, aunque nosotros estuvimos toda la mañana y a partir de las 11h30 los tours de la mañana ya se iban y pudimos estar más tranquilos.

Antes de elegir el día de nuestra visita tenemos que decir que leímos bastantes malas críticas de las visitas en otros días menos concurridos. Por lo visto, los habitantes de San Juan Chamula pueden ser muy insistentes, incluso agresivos, a la hora de vender cosas a los turistas que visitan en días de poca afluencia. Nosotros tenemos que decir que en nuestro caso no tuvimos problema alguno. Incluso caminamos hasta el cementerio a la entrada del pueblo y comimos en una pollería donde solo había locales y no vivimos ningún momento de tensión. Quizás fue porque era domingo y al no ser los únicos visitantes, apenas llamábamos la atención.

¡Importante, fotógrafos!

Debido a las creencias religiosas de los chamulas, está prohibido tomar fotos de personas en el pueblo. Sí pueden tomarse panorámicas en las que salga gente, pero una sospecha de un retrato podría acarrear serias consecuencias para la cámara e incluso la integridad física del visitante. Los chamulas consideran que las fotografías roban el alma, aunque a veces son capaces de recuperarla por unos cuantos pesos…

Nosotros tuvimos suerte, pues resultó que durante nuestra visita se celebraba una especie de primera comunión masiva (o así lo interpretamos nosotros) y que los turistas tomaran o no fotos era la menor de las preocupaciones de la comunidad. En el interior de la iglesia la fotografía está terminantemente prohibida.

Qué esperar de la visita

Es domingo y el taxi colectivo nos deja justo en la entrada del pueblo. Bajamos por una calle atiborrada de mercaderes y visitantes hasta la plaza principal. A mano derecha, de una especie de edificio civil, cuelga una pancarta en la que se declara que en Chamula no se reconoce al presidente ni a los gobernadores de la región. Aquí no hay policia y la justicia la administran los líderes de la comunidad. Siempre es recomendable preguntar en San Cristóbal cómo está la situación en el lugar y evitar a toda costa eventos políticos.

En la plaza destaca el kiosko y la cruz atrial, frente a la fachada blanca, con motivos verdes y azules del templo de San Juan Bautista. A la izquierda de la iglesia, hay una caseta donde venden entradas al templo por 25 pesos.

En la entrada un “mayordomo”, como se conocen los líderes religiosos de la comunidad, ataviado con un chaleco de lana blanco, recuerda una vez más que la fotografía está prohibida en el interior. Se lo toman tan en serio que yo no llevaría la cámara ni el móvil en la mano, directamente.

Con tan solo cruzar el umbral sabemos que estamos en un lugar único en el mundo. Jamás hemos visto nada parecido antes y probablemente no exista en ningún otro paradero. El exterior de la iglesia aparenta totalmente normal y nada anticipa lo extraño que es su interior. No hay bancos, el suelo está cubierto de hojas de pino y del techo cuelgan telas que hacen que el templo parezca una carpa y disimulan el color oscuro de las paredes, consecuencia del humo. Vitrinas con santos se amontonan a ambos lados de la nave, mientras que al frente se encuentra la imagen de San Juan Bautista.

El ambiente es cargado a causa de los cientos de velas humeantes esparcidas por el suelo, en hileras frente a los fieles, mayoritariamente mujeres con sus faldas tradicionales de lana negra, que murmuran plegarias y confesiones en tzotzil, la lengua indígena. También hay botellas de pox, un tipo de licor de maíz, y latas de Coca-Cola y otras bebidas con gas por doquier. Eructar, parece, expulsa los malos espíritus.

Entre los ritos tzotziles también se contempla el sacrificio animal. Por esta razón, es típico que las familias lleven consigo una gallina. Si se zarandea al animal sobre una persona es que ésta tiene algún mal o enfermedad. Al morir la gallina, muere el mal.

La atmósfera es tan fuera de lo común y conocido que al final no acabas de comprender si los santos venerados son realmente los cristianos o los precolombinos bajo otras formas y distintos nombres. De hecho, que se venere a San Juan Bautista más que a Cristo podría tener que ver con la adoración del agua. Cuánto queda de prehispánico y cómo de cristianos son estos ritos se pierde en la mística. Es posible realizar la visita con un guía local (se paga aparte en la entrada), pero nosotros prescindmos de este servicio.

El cementerio de San Juan Chamula

Cuando entramos a la iglesia había bastantes turistas, además de familias enteras que entraban por turnos a comulgar a los hijos. Pensamos volver un poco más tarde para ver el templo menos abarrotado. Cuando nos confirmaron que podíamos volver a acceder más tarde, subimos por la misma calle por la que habíamos llegado hasta la entrada del pueblo, donde se ubica el cementerio.

El cementerio de San Juan Chamula tiene un aire algo decrépito. Con su iglesia derruida y la vegetación descontrolada sobre las tumbas, parece abandonado y, sin embargo, sigue habiendo entierros en el camposanto. Se distinguen cruces de tres colores según la edad del fallecimiento: negras para los mayores, verdes para los de mediana edad y blancas para los niños. Estuvimos un rato observando y vimos llegar a una familia bastante numerosa que en un abrir y cerrar de ojos se montó un banquete alrededor de una tumba.

Como ya hemos comentado, después de esta visita, volvimos al templo, donde nos quedamos un buen rato observando al margen. Al poco de salir nos cayó un chaparrón enorme, que nos medio obligó a parar a comer porque de lo contrario todavía estaríamos secándonos. Lo entenderéis a la perfección con una foto:

Comimos pollo a la brasa en un pequeño restaurante local apropiadamente llamado Pollo Loco, con apenas unas mesas, que estuvo bastante rico, por 50 pesos los dos (menos de 3€).

Luego aprovechamos un momento que amainó para correr a la parada de los taxis colectivos para regresar a San Cristóbal de Las Casas, donde visitamos el mercado Tielemans y seguimos paseando y descubriendo nuevos rinconces hasta la hora de recoger las mochilas en Le Gite del Sol, nuestro alojamiento, cenar y tomar el bus hacia nuestro siguiente destino en Chiapas: Palenque.

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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