China Días 12 y 13: Fenghuang – Ciudad Antigua

China Días 12 y 13: Fenghuang – Ciudad Antigua

Antes de nada, hemos decidido contar en la misma entrada todo lo relativo a Fenghuang porque fueron dos días llenos de anécdotas, pero poco que ver.

¿Vale la pena parar en Fenghuang? Sí, pero sólo si viene de camino y no le dedicaría más de un día a la visita. Nosotros estuvimos dos días y si no fuera porque hicimos amigos chinos, nos habría sobrado el segundo día entero.

¡TIEMPO EXTRA! Es una buena parada, por ejemplo, entre Guilin y el parque de Zhangjajie (más conocido como parque de Avatar ya que su peculiar geografía inspiró la famosa película de James Cameron). Nos remitimos al blog de Viajeros Callejeros para una lectura exhaustiva sobre qué ver y qué hacer en Zhanjiajie.

Cómo llegar a Fenghuang

Dejamos la anterior entrada en el tren nocturno de Chengdú a Tongren, que supuestamente llegaba a las 6 de la mañana. Pues ya podéis imaginaros la cara de pocos amigos que teníamos cuando la revisora nos sacó de la cama a las 4 de la mañana (suelen despertarte 45 minutos antes de la llegada). Los tres sentados en el estrecho pasillo del tren mirándonos incrédulos y sin nadie que nos confirmara que aquello fuera fruto de un error o que fuéramos a llegar a Tongren de verdad.

Sobre las 5h, el tren paró y efectivamente habíamos llegado a Tongren una hora antes de lo que marcaba el itinerario de nuestros billetes. Con los pies y los párpados pesados bajamos del tren en una ciudad a oscuras. Habíamos leído que la estación de buses de Tongren estaba «enfrente» de la estación de trenes. Nos dimos la vuelta entera a la plaza y ni rastro de la estación de bus. Empezaron a abordarnos taxistas para llevarnos a Fenghuang (por lo visto, es el destino final de muchos viajeros que bajan en Tongren) y teníamos que quitárnoslos de encima porque no había modo de que nos dejaran tranquilos y empezábamos a desesperar porque tampoco sabíamos dónde ir.

Vimos un furgón policial y decidimos acercarnos a preguntar por la estación de autobús. De la forma más rudimentaria, con una foto de un bus y Fenghuang escrito en chino, nos entendieron y dos policías nos acompañaron a una de las calles que da a la plaza, donde se encontraba la estación de bus, que no abría hasta las 7h. Tras la foto de rigor con los turistas occidentales (algo a lo que no terminamos de acostumbrarnos en China y aún menos cuando es la policía quién te pide sacarte una foto con ellos), nuestros guías se fueron y nos volvimos a quedar solos por dos horas delante de la estación.

Cuando la estación abrió y nos pusimos a esperar el bus que salía a las 7h30 (precio del trayecto: 25元), llegaron un chico y una chica jóvenes y nos dijeron que nos conocían de habernos visto en la estación de tren de Chengdú y que habíamos viajado en el mismo tren. Enseguida empezamos a conversar (eran estudiantes universitarios y hablaban un inglés decente) y resultaba que ellos también iban a pasar dos días a Fenghuang de regreso a casa desde la universidad. Eran muy abiertos y generosos y se ofrecieron a ayudarnos con nuestros siguientes billetes de bus para Longsheng y encontrar nuestro alojamiento en Fenghuang. Quedamos al día siguiente para cenar.

Dónde (NO) alojarse en Fenghuang

Nos alojamos en el Fenghuang Yuhe Xiaju Molv Inn. Fue un hervidero de cabeza encontrarlo y todavía daríamos vueltas si no fuera por nuestros recientes amigos chinos, que llamaron a la mujer para que nos indicara. Habíamos reservado dos habitaciones y quisieron darnos una habitación triple con la excusa de que habíamos llegado muy temprano. Al final, nos dieron la nuestra a medio limpiar (colillas por el suelo incluidas en el precio) y encima nos querían hacer pagar 30元 más al día por encender el aire acondicionado. La comunicación en inglés, inexistente, y la poca información que pedimos sobre los alrededores de Fenghuang, la propietaria quiso vendernos un tour. Lo único bueno: nos costó 176元 las dos habitaciones con baño compartido por dos noches.

Qué ver en Fenghuang

La entrada a la ciudad antigua de Fenghuang cuesta 148元 durante tres días, aunque es posible pasear por sus calles sin tener entrada, con el inconveniente de no poder entrar a algunos museos y edificios históricos. Nosotros decidimos no comprarlo, ya que el encanto de Fenghuang está en sus callejuelas y sus casas colgando sobre el río.

El banco norte del río es el que tiene más calles estrechas, la muralla y las puertas de la ciudad antigua, junto con algunos edificios como la Casa Ancestral de la familia Yang, que conservan pintadas de la Revolución Cultural, mientras que el banco sur también conserva parte de la parte tradicional pero colinda ya con la parte moderna. Entre los bancos hay diversos puentes, el más famoso de los cuales es el puente Hóngqiáo (solo podréis acceder a la galería inferior sin pagar la entrada a la ciudad).

En otros puntos, se puede cruzar el río sobre puentes de madera o saltando sobre pequeños pilones de piedra.

Os recomendamos que cuando crucéis el puente Hóngiáo sigáis recto unos 300m y veréis una puerta bastante grande que da a unas escaleras a vuestra izquierda. Es el Templo de los Tres Reyes. El templo en sí parece un poco abandonado de la mano de dios, aunque tiene elementos fantásticos como el colorido dragón que os dejamos en la foto y se respira tranquilidad con unas vistas excelentes a los tejados de la ciudad.

El punto negativo de Fenghuang es la masificación y la sobreexplotación de su atractivo turístico. El pueblo en sí es precioso, pero su pasado pierde autenticidad cuando te encuentras vendedores ambulantes a cada paso, tiendas de objetos artesanales que se repiten en cada local, cafeterías (insólito en China) y restaurantes con carta europea…

Qué comer

Para desayunar hay decenas de opciones «occidentales» donde sirven café espresso por 30元 (casi 5€) y porciones de tarta por 50元 (unos 8€) en locales sobrevalorados con vistas al río. En nuestro segundo día, nos levantamos tarde por primera y única vez en nuestro viaje a China con la intención de desayunar en uno de estos sitios pero nos lo volvimos a pensar al ver los precios. Al final, nos decidimos por un bar en el que sirven batidos de fruta naturales por 30元 (caro para ser China, pero no mucho más que lo que pagamos por un batido no tan natural en verano en Mallorca). ¡El mango en el sur de China es delicioso!

En Fenghuang llama la atención que tu comida suele estar viva en la puerta del restaurante. Hay mayoritariamente peceras, pero también ocas, patos, pollos e incluso serpientes y algo que identificamos como topos (u otro tipo de roedor).

Nosotros preferimos optar por restaurantes sin esta característica y podemos decir que acertamos con todos ellos. A mediodía comimos los dos días en lo que nosotros llamábamos «cocheras», ya que no eran mucho más grandes que el tamaño de un automóvil. Son pequeños locales (la mayoría situados en las callejuelas más alejadas de la parte norte) donde sirven platos sencillos. Es muy fácil pedir, ya que tienen imágenes con precios en las paredes (platos entre 15 y 20元) y te lo preparan al momento. En nuestro caso paramos en uno de estos locales, que regentaba una señora Miao (la etnia mayoritaria en Fenghuang). Regresamos al día siguiente y probamos un arroz con verduras espectacular en el local de justo al lado.

La primera noche escogimos un restaurante en la ciudad antigua, pero un poco alejado del enjambre de turistas. El nombre del restaurante es WanMu Zhai (en chino: 万木斋). La comida estaba riquísima, especialmente los tallos de bambú (¡hay que ver la diferencia en sabor del bambú fresco comparado con el que nos llega en conserva a los restaurantes chinos españoles!). Nos costó unos 100元 por tres platos de carne y verduras y el arroz.

Al día siguiente, contactamos con nuestros nuevos amigos chinos por WeChat y fuimos a cenar con ellos. Aparecieron con dos amigos más, uno de los cuales vivía en Fenghuang y nos llevó a un restaurante local Pengchu (en chino: 彭厨), en la zona más moderna. Nos preguntaron qué queríamos comer y vimos nuestra oportunidad de probar todas aquellas cosas que no nos atrevíamos a pedir por nuestra cuenta y les dijimos que pidieran ellos para seis con la condición de que no todo fuera extremadamente picante y que ya iríamos probando.

Todo un acierto: para probar cosas extraordinarias en China hay que ponerse en manos de los locales. Fue aquí cuando nos dimos cuenta que los chinos equilibran los platos de verdura y de carne que piden, así como también los platos fríos y calientes. Comimos sopa de ¿albóndigas?, pollo picante, pato a la pekinesa (incluso más rico que en Pekín) arroz con verduras, batata con salsa, sopa de cerdo y ñame, judías edamame… Un festín y todo para chuparse los palillos.

Aquí tenéis nuestra foto de familia:

 

La noche en Fenghuang

Para ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, la noche confunde a Fenghuang. De día está masificado y demás, pero de noche se convierte en un festival de neones, con música saliendo de todos los locales a ambas orillas del río. Nuestros compañeros chinos nos llevaron a un bar de música céntrico, pero poco frecuentado donde fuimos el centro de atención (todos querían sentarse a nuestra mesa) e incluso tuvimos que cantar al micrófono porque tenían unas ganas locas de oírnos cantar en nuestro idioma. Nos sirvieron cerveza, palomitas y pipas (ojo, que todo lo que lleva sal en España, en China es adobado en salsa de soja/glutamato).

La noche fue muy animada y había muy buen ambiente. Fue triste cuando llegó el momento de las despedidas. Siempre es un placer cuando viajas y coincides con gente del lugar tan cálida y tan abierta a entablar amistad con completos desconocidos.

Éstas son las experiencias que enriquecen las millas recorridas 🙂

En resumen:

China en 21 días: itinerario



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