Día 5: Pueblos del Lago Bracciano

Día 5: Pueblos del Lago Bracciano

Como os comentamos en nuestro itinerario, este viaje lo teníamos previsto para la primavera en que cerró todo por el coronavirus. En ese plan original íbamos a visitar la Costa Amalfitana. Sin embargo, al posponerlo al verano, decidimos no ir a la costa para evitar aglomeraciones y viajar más seguros. Estuvimos investigando los alrededores de Roma y de Nápoles y, al final, nos decidimos por visitar algunos de los pueblos más bonitos de la región del Lacio: Bracciano y Anguillara Sabazia, a 45km de la capital.

Cómo llegar al lago Bracciano

Podéis llegar al lago Bracciano desde Roma en coche de alquiler. El trayecto dura aproximadamente 1h. Es buena opción si vais a seguir luego de ruta en coche. El alquiler en Roma es caro si es solamente para un día y no vale la pena, pero puede resultar muy conveniente para viajar sin horarios fijos si vais a alargar el road trip. Algunas opciones para visitar en coche en los alrededores serían las ruinas etruscas de Cerveteri, la ciudad papal de Viterbo, el misterioso parque de los Monstruos de Bomarzo o incluso el lago de Bolsena y el pintoresco pueblito de Cività di Bagnoregio.

Nosotros solo hicimos esta excursión de un día desde Roma, así que nos dejamos todos los puntos anteriores apuntados para un próximo viaje. Para un día solo, decidimos realizar los trayectos en tren. Hay trenes regionales cada 20 minutos que salen desde Roma Tiburtina y  también desde Ostiense (un viaje de 10 minutos en metro desde Termini, 1,5€) dirección Viterbo que paran en Bracciano y en Anguillara Sabazia. El precio del billete son 3,6€ entre Roma y Bracciano. Entre Bracciano y Anguillara, 1,5€. Entre Anguillara y Roma, 2,6€. El bus que conecta la estación de Anguillara con el pueblo (unos 3,5km) cuesta 1€. Total ida y vuelta con las paradas: 9,7€.

Bracciano

Hoy va a ser un día tranquilo, así que cogemos el tren a Bracciano a las 9h y llegamos al pueblo sobre las 10 de la mañana. Tomamos un café sin prisas en la estación de tren y, de camino al centro, compramos pizza al taglio en una panadería para desayunar. El centro de Bracciano es muy pequeñito y en la plaza principal hay un kiosko de información turística donde os darán un mapa e información sobre los puntos de interés. Pero aun sin mapa, simplemente callejeando, se puede ver todo el encanto del pueblo sin perderse nada.

Subiendo la vía Umberto I, uno puede visitar la iglesia de Santa María Novella y tener las primeras vistas al castillo, símbolo clave del borgo. A la derecha, se extiende el centro histórico, con calles empedradas y casas que datan del siglo XI. La Sentinella, en el extremo oriental de la villa, es un mirador con vistas despejadas al lago de Bracciano.

Cualquier calle que recorráis os regalará rincones dignos de postal. Ropa tendida en los balcones, macetas que dan un toque de color verde, capillas, estrechas escaleras que conducen a viviendas, la piazza Saminati…

El castillo de Odescalchi se puede visitar por dentro por 8,5€. Nosotros nos conformamos con ver esta fortaleza renacentista por fuera. Una de las mejores vistas al castillo y a la parte medieval de Bracciano la obtendréis desde el Piazzale Carlo Cattaneo, donde hay un pequeño aparcamiento.

Dónde comer en Anguillara

A lo largo de nuestro paseo por el centro hemos fichado un horno de leña que prepara porchetta y la sirve en un pequeño local frente al castillo, al otro lado de la via Giulio Volpi, llamado Fraschetta La Moretta. Sirven bocadillos, tablas de embutidos y porchetta. Como ya nos hemos dejado seducir por el olor del horno del centro histórico, pedimos una ración de porchetta, con patatas y tomate al horno y vino de la casa, junto con dos cafés con dulces típicos, que nos cuestan 19€ los dos. Muy, muy recomendable: una de las mejores comidas en Italia.

Nos quedamos con el momento en que llega una furgoneta a descargar una porchetta recién hecha y el italiano de la mesa de al lado se pega a la vitrina a admirarla mientras exclama a viva voz: ¡Bella, bella, la porchetta! Y es que la devoción por la comida en este país llega a pura veneración.

Anguillara Sabazia

Después de comer nos vamos a la estación y tomamos un tren dirección a Roma para bajarnos en nuestra próxima parada: Anguillara Sabazia. El trayecto dura unos 10 minutos. Así como la estación de Bracciano está a escasos minutos del centro, la estación de Anguillara se encuentra a 3,5km del pueblo. El paseo de 45 minutos al sol no es para nada recomendable y además, no tiene nada de bonito o interesante. Lo mejor es coger un bus que lleva al centro por 1€. Mejor preguntar por los horarios a alguien en la estación. En el pueblo hay información junto a la parada, pero en la estación no vimos ninguna indicación.

Bracciano se extiende alrededor de su castillo en una colina sobre el lago, mientras que Anguillara Sabazia cuelga sobre la orilla. El centro histórico es muy bonito, con callejuelas empinadas y vistas al lago. En la parte más alta del pueblo se encuentra la iglesia de la Asunción, parada obligatoria en cualquier visita por las vistas que ofrece sobre el lago y por la iglesia en sí.

A pesar de que es muy pintoresco, a nosotros nos gustó más Bracciano que Anguillara. Quizás no tuvimos mucha suerte, ya que nos encontramos un rodaje en la Porta Maggiore, el arco de entrada y una de las partes más bonitas del barrio histórico y había un ajetreo que contrastaba con el reposo de Bracciano.

Una actividad muy recomendable en Bracciano es recorrer la orilla del lago por el viale Reginaldo Belloni, por las preciosas vistas que se tienen del perfil del pueblo. También es posible bañarse en el lago de los cisnes, ideal para refrescarse un día de agosto. ¡No fue en la Costa Amalfitana, pero nuestro chapuzón nos lo dimos durante el viaje!

Regreso a Roma

Desde Anguillara regresamos a Roma en alrededor de 1h y luego tomamos el metro hacia nuestro alojamiento. Hoy no nos apetece paseo nocturno, pues ayer fue intenso y mañana nos toca visitar el Vaticano y queremos estar descansados. Así que, después de una buena ducha, nos vamos al Palazzo del Freddo, que está justo a 5 minutos de nuestro alojamiento y que ya visitamos de vuelta del Trastevere, a por una cena de helado. Si sois tan fans del helado como yo, hacer esto en Roma es un sueño cumplido 😉

En resumen:

Roma, Nápoles y Pompeya en 10 días

Viajes seguros:

 



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