Día 16: Mérida

Día 16: Mérida

Llegamos a Mérida por la mañana después de un trayecto de 7h de autobús nocturno desde Palenque. Realizamos la ruta con la compañía de autobuses ADO, de la que tenemos opiniones regulares, como os contamos en nuestro primer trayecto con ellos de Puebla a San Cristóbal de Las Casas. El trayecto nos salió por 482 pesos cada uno, comprando anticipadamente con descuento en la web de la compañía. Hoy dedicaremos el día a visitar la ciudad de Mérida en bicicleta, una aventura que al final del día se tornó en Diluvio Universal. Así, en mayúsculas.

Dónde alojarse en Mérida

Después de comparar varios alojamientos en Mérida y comprobar que la mayoría de sitios dentro de nuestro presupuesto eran muy cutres, tiramos de Airbnb y encontramos una habitación en una casa a 15 minutos andando del centro con muy buenas críticas. La habitación doble (baño compartido con otra habitación) nos salió por 26€ dos noches. La dueña es muy simpática, nos recibió temprano y nos prestó dos bicicletas para descubrir la ciudad a nuestro aire.

Es muy aconsejable hacerlo así en Mérida: el terreno es muy llano y los puntos a visitar están bastante separados en el mapa. Hasta que llueve torrencialmente y luego desearías que la bicicleta tuviera remos en lugar de pedales. O que fuera un barco.

Qué visitar en Mérida

Mérida es una ciudad poco conocida por el turismo. La mayoría de los visitantes de la península del Yucatán se quedan en la Riviera Maya o en Cancún. Por ello, es una excelente opción para mochileros o para los que quieran dejar la playa en un segundo plano. La ciudad en sí cuenta con unos pocos atractivos, muy buen ambiente y proximidad a sitios tan bonitos como las ruinas de Uxmal, la reserva de Río Lagartos, el pueblo amarillo de Izamal, los cenotes de Valladolid e incluso los vestigios mayas más visitados del país: Chichén Itzá. Pero, ¿qué podemos ver en la ciudad?

Parque Hidalgo

Empezamos la visita pedalendo hasta el parque Hidalgo, donde dejamos las bicicletas para explorar el centro a pie. En esta pequeña plaza ajardinada, a apenas una cuadra del zócalo, se encuentra el templo de la Compañía de Jesús. Podéis echar un vistazo a esta iglesia, así como a la fachada del teatro Peón Contreras o al patio de la biblioteca central de la Universidad Autónoma de Yucatán, justo un poco más arriba de la calle 60, antes de dirigirse al zócalo.

Plaza Grande

El zócalo está rodeado de edificios importantes de la ciudad. La catedral de San Idelfonso domina sobre la plaza, con su fachada blanca que da origen a la denominación de la capital yucateca como ciudad blanca.

A un costado de la catedral, hay una galería cubierta en la que se encuentra el museo MACAY, el museo de arte contemporáneo Fernando García Ponce. La entrada es gratuita, pero cierra los martes (justamente cuando estuvimos nosotros).

En el lateral norte de la plaza se encuentra el palacio de Gobierno del Estado de Yucatán. Es posible visitar gratis su primera planta, donde la parte que da a la plaza se abre en un espléndido balcón. La antesala tiene también murales interesantes de ver. La visita no toma más de 20 minutos.

En el lateral opuesto, se encuentra la Casa de los Montejo. Los Montejo fueron la familia que conquistó la península yucateca. El edificio corresponde a la casa familiar en el centro de la ciudad colonial de Mérida, fundada en el siglo XVI, aunque ha sufrido cambios a lo largo de la historia. Desde el 2010 es una casa museo. La entrada es libre. En su interior, se pueden ver las estancias como fueron decoradas hacia el siglo XIX. Cuenta con una biblioteca, un comedor, una habitación y una sala de estar, además de tres salas dedicadas al arte popular en la planta superior.

Las calles al sur de la plaza están llenas de vida, tiendas y mercados. Nosotros las dejamos para mañana y pasamos la tarde callejeando tras regresar de las ruinas de Uxmal.

Paseo Montejo

Volvemos hacia el parque Hidalgo y después de una parada técnica para comer (os pasamos nuestras recomendaciones al final de la entrada), seguimos con las bicicletas rumbo al paseo Montejo. Se trata de un amplio bulevar flanqueado por mansiones y palacetes. En una glorieta al final de la avenida se encuentra el famoso Monumento a la Patria, una enorme obra escultórica con más de 300 figuras talladas a mano por el artista colombiano Rómulo Rozo. El monolito es fascinante por sus proporciones y el nivel de detalles simbólicos. Las figuras representan eventos esenciales de la historia mexicana, así como elementos de la cultura maya.

Tan solo hay que tener cuidado al cruzar a la rotonda, pues no hay semáforo ni paso señalizado y se trata de una de las vías más transitadas de la ciudad.

Museo de Arte Popular

De nuevo, nos montamos en la bicicleta y ponemos rumbo al Museo de Arte Popular. ¿Habéis visto el sol de plomo de las fotos del Monumento a la Patria? Pues no llegamos a pedalear ni hasta la mitad del paseo Montejo hasta que nos cayeron las primeras gotas de lluvia de las tardes tropicales. Por suerte, apretamos un poco el paso y llegamos al museo con el cielo completamente tapado pero sin mojarnos en exceso.

Entramos al museo, cuya entrada es también libre. A pesar de sus pequeñas dimensiones, es muy recomendable. Cuenta con una sala dedicada a los textiles en la planta baja, mientras que en la planta superior hay salas dedicadas a la artesanía yucateca: trajes típicos, cerámica, juguetes tradicionales, alebrijes y árboles de la vida, entre otros.

Pasamos unos 45 minutos visitando el museo y la llovizna había dado paso al ojo de la tormenta. Así que, al constatar que era imposible salir y todavía menos montar en bicicleta, nos quedamos esperando en el interior a que pasara un poco.

El Diluvio Universal

No sé si hasta ahora había comentado en algún momento que el pantalón corto se ve rarísimo en México. El pantalón largo y las faldas por debajo de la rodilla imperan en el país. En Yucatán la cosa cambia y se ve a más gente vestida con ropa veraniega. Lo que sí es único de Mérida (no lo vimos en ningún otro lugar que visitamos) es que la gente pasea en chanclas, de las típicas de plástico.

Esperamos sentados en el Museo de Arte Popular más de una hora. Cuando el chaparrón se convirtió en una fina lluvia, el personal nos advirtió que aprovecháramos para salir. Pensamos que nos mojaríamos menos y fue cierto en cuanto al agua que caía del cielo, pero nada más girar una esquina vimos la calle completamente inundada. No estamos hablando de dos dedos de agua, no. Estamos hablando de que al pedalear metíamos el pie entero dentro del agua. La gente caminaba con agua hasta la pantorrilla, sin apenas inmutarse. Aquí entendimos a la perfección la moda del pantalón corto y, sobre todo, de las chanclas.

Más tarde descubrimos que el problema principal de Mérida es la falta de un sistema de alcantarillado capaz de recoger las precipitaciones torrenciales, con lo cual las calles de la ciudad se inundan día sí, día también en época de lluvias.

Obvio que llegar al alojamiento fue toda una odisea. Además del agua acumulada, el tráfico queda sumido en el caos con las lluvias y los atascos y las aceras abarrotadas de viandantes nos impedían avanzar. Íbamos a tramos andando con la bici o otros montados. En fin, que llegamos empapados. Eso sí, devolvimos las bicis relucientes de limpias que quedaron.

Parque de Santa Lucía

Con la lluvia, no visitamos este parque en nuestro primer día en Mérida. En cambio, fuimos al día siguiente al regresar de Uxmal y después de una cena temprana. Este parque, además de tener una bonita iglesia, goza de noches de serenatas que se ponen en escena cada jueves a las 21h. No estuvimos mucho tiempo viéndolas, pues no pudimos encontrar sitio sentados, pero sí lo suficiente para ver música en directo y algunos bailes típicos de la región. No es un imperdible, pero si vuestra visita coincide con un jueves es un plan al que podéis darle una oportunidad.

Dónde comer en Mérida

La Cubanita

Un pedacito de Cuba en Mérida. La gastronomía cubana ocupa un lugar especial en mi estómago desde el año que pasé en Miami y descubrí el picadillo y las croquetas. Por ello, cuando encontramos un restaurante cubano en Mérida con tan buenas críticas no pudimos resistirnos. Solo abren a mediodía y sirven platos del día: siempre hay varias opciones para escoger, incluida una vegetariana. Los precios rondan los 60 pesos por ración. Yo pedí albóndigas y Joan, sándwich cubano.

Cantina La Negrita

Para la noche, podéis comer y beber barato en esta cantina que siempre está a rebosar. Hay muy buen ambiente y música en directo y conviene llegar temprano para no quedarte sin mesa. Tienen hora feliz y ofertas diferentes cada día de la semana. El día que fuimos tenían 2×1 en margaritas. Aparte, también volvimos a deleitarnos con un tequila reposado. Para comer, elegimos todo entrantes para ir picando: totopos con guacamole, tacos y kibis. Los kibis son un platillo libanés, similar a una croqueta de carne, que se ha vuelto muy popular en Yucatán. En el Líbano se prepara con bulgur, mientras que en México se hace con trigo. La cena con bebidas nos costó 329 pesos los dos.

La Chaya Maya

Uno de los restaurantes más conocidos de Mérida. Hay dos locales, uno en la calle 62 y el otro en la calle 55, frente al parque de Santa Lucía. Nosotros fuimos a este último, para luego ver las serenatas yucatecas de las que os hablábamos antes.

En el restaurante La Chaya Maya sirven todos los platos tradicionales de Yucatán. Es un local de precio medio. Nosotros probamos el queso relleno (rico y contundente) y el poc chuc (un plato de deliciosa carne a la brasa). Además, probamos una bebida de chaya, de un verde muy potente, algo amargo para nuestro gusto. La cena nos salió por 420 pesos.

Sorbetería Colón

Si habéis estado siguiendo nuestros relatos, a estas alturas sabréis que estamos obsesionados con las paletas (polos) y nieves (helados de agua) de fruta de este país. En este local de aspecto vintage sirven sorbetes espectaculares, con sabores muy, muy conseguidos. Los hay más típicos y tópicos, como de vainilla y otros más exóticos (mamey, mango, elote, etc). Los precios van acordes a la ubicación del local (unos 40 pesos el sorbete), en pleno zócalo, pero vale la pena echar un rato aquí.

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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