Navidad en Nueva York: itinerario de 5 días

Navidad en Nueva York: itinerario de 5 días

A pesar del frío, las ganas de pasar las fiestas con la familia, la subida de los precios, la cuesta de enero a la vuelta de la esquina… las Navidades son unas fechas mágicas para ver el mundo.

En esta entrada os voy a contar las primeras Navidades que pasé fuera de casa. Era final de 2013 y yo llevaba tres meses viviendo en Miami, trabajando de auxiliar de conversación. Dicen que los primeros meses que pasas fuera de casa son los más duros, pero para mí el proceso de adaptación fue muy rápido y en una experiencia única de un año en Estados Unidos tenía más ganas de conocer el país que de volver a casa por Navidad.

El destino elegido fue Nueva York y para los que como a mí, os fascine la Navidad, es como meterse en una bola de nieve de cristal. La misma magia, la misma sensación de embelesamiento de un niño a punto de abrir los regalos. Además, tuve la suerte de coincidir con otra auxiliar con la que congeniamos casi al instante y nos hicimos las mejores compañeras de viaje.

Aquí os dejo nuestro itinerario de cinco días pateando la ciudad para combatir el frío. Tened en cuenta que en invierno anochece temprano, por lo que un planning veraniego puede ser mucho más relajado.

Itinerario

Día 1: Times Square – Quinta Avenida – Rockefeller Plaza

Llegué al aeropuerto de Newark (Nueva Jersey) y de ahí cogí un tren que en media hora te deja en Penn Station por 5,50$. Volar a Nueva Jersey o a Boston y desplazarse a Nueva York en tren o bus puede ser una buena opción para ahorrarse unos dólares en un viaje que, por lo general, suele ser caro. Como ya os he mencionado, había pasado los últimos tres meses en Miami y se me había olvidado lo que era el frío. Los cubitos flotando por el río me hicieron recuperar la memoria más bien rápido.

Mi primera toma de contacto con Nueva York fue agobiante. Me encontraba sola en Penn Station sin saber muy bien cómo ir al hotel y con un lío de trenes y metros nunca visto (y eso que me muevo cómoda en transporte público y nunca había tenido dificultades, pero aquello era enorme y complicado hasta que entendí el batiburrillo de señales e indicaciones). Por fin, llegué a nuestro alojamiento, donde ya estaba mi compañera de viaje, dispuesta a salir a la ciudad.

Alojamiento

Nosotras nos alojamos en la International House de Riverside Drive, cerca de la Universidad de Columbia en Harlem. De hecho, se trata de una residencia de estudiantes con algunas habitaciones para invitados. Aquí tenéis toda la información.

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Nos subimos al metro y nos fuimos directas al corazón de Manhattan, a Times Square. Era la primera imagen icónica de Nueva York que veía y me emocioné. Times Square es odiada por los neoyorquinos y amada por los visitantes: para ellos es una zona excesivamente aglomerada, repleta de cadenas de ropa y de comida; para el resto del mundo, las luminosas vallas publicitarias son un atractivo turístico en sí.

Seguimos la ruta por Broadway para visitar la famosa tienda de M&M’s, para luego subir hacia la tienda FAO Schwarz, la juguetería más famosa del mundo (¿quién no recuerda a Zoltar o el gigantesco piano de la película Big?). La tienda cerró sus puertas a principios del 2016 pero tiene prevista reabrió en 2017.

Volvimos hacia Times Square recorriendo la Quinta Avenida, donde se encuentran todas las tiendas de las grandes marcas. Los escaparates y fachadas estaban totalmente decorados para la ocasión.

Pasamos por delante de la catedral de San Patricio y llegamos al Rockefeller Center. Navidad en Rockefeller Plaza es todo un espectáculo con sus ángeles dorados, sus soldaditos de plomo, la pista de patinaje sobre hielo y el inmenso árbol de Navidad. Es una parada obligada, aunque os recomendamos que si queréis patinar sobre hielo, lo hagáis en el no muy lejano Bryant Park (mucho menos aglomerado y más económico). En el día 4 del itinerario os contamos todo lo que necesitáis para subir al Top of the Rock, la azotea del Rockefeller.

Ya había anochecido y volvimos a Times Square, donde ya estaba todo iluminado y seguía el ajetreo constante de la ciudad que nunca duerme. Cenamos en Bubba Gump, con unas vistas envidiables a la plaza y dimos por terminado nuestro primer día en Nueva York. Aquí tenéis nuestra entrada dedicada a sitios donde comer en Nueva York.

Dia 2: La Estatua de la Libertad, Ellis Island, Wall Street y el MoMA

Salimos con sueño hacia la estación de metro y nos bajamos el el extremo sur de la isla de Manhattan, en Battery Park, desde donde sale el ferry a Liberty Island, donde se alza imponente la Estatua de la Libertad.

Habrá quién os diga que cogiendo el ferry gratuito a Staten Island podréis ver la Estatua y no miente: verla la veréis, pero a bordo del barco, de lejos y muy de pasada. Creo que cualquiera que visite Nueva York por primera vez querrá plantarse a los pies de la estatua y para ello hay que coger un ferry de pago. De hecho, casi mejor comprar los tickets online y olvidarse de las colas (por falta de previsión nuestra, tuvimos que esperar con los pies congelados durante casi una hora). El precio del ferry, con paradas a Liberty Island y Ellis Island es de 18$. Si se quiere subir a la corona de la Estatua de la Libertad el precio sube a 21$ y hay que reservar con bastante antelación porque las plazas son limitadas.

La visita a la Estatua de la Libertad fue uno de esos momentos imprescindibles del itinerario.


Además, desde Liberty Island se tienen unas vistas espectaculares al skyline de la Gran Manzana.

De vuelta al ferry paramos en Ellis Island, punto de entrada de millones de inmigrantes a los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX. Además de una exposición permanente, también puede visitarse el hall del edificio, que servía de aduana y registro de entrada para los recién llegados.

De nuevo en Manhattan nos adentramos en las calles del distrito financiero hasta llegar a Wall Street, donde veréis la Bolsa de Valores y, enfrente, el Federal Hall.

El contraste de los rascacielos con la Trinity Church es espectacular y os hará sentir todavía más pequeños.

Continuamos hacia el memorial del 11-S, donde reina un silencio relativo que no existe en ningún otro lugar de la isla de Manhattan y los neoyorquinos increpan, con razón, a los turistas que se sacan fotos sonrientes delante de la torre del One World Trade Center, construida tras los atentados.

El acceso al memorial y al museo cuesta 24$. La delgada línea que separa el memorial de ser un tributo a las víctimas o de ser una atracción turística trivial nos llevó a decidir no visitarlo, aparte de que para mí ya era suficientemente duro estar allí. Aquí os dejo el mural de homenaje a los servicios de rescate, que se encuentra en el exterior del memorial.

Era viernes y eso significaba que el MoMA (Museum of Modern Art) abría sus puertas gratis de 16h a 20h30. En cualquier otro momento, el museo cuesta 25$, por lo que vale la pena acercarse un viernes. Que no os echen para atrás las colas: el acceso es bastante rápido. La verdad es que no soy muy fan del arte moderno cuando se trata del concepto “Cuadro negro sobre fondo blanco” o “blanco sobre blanco”.

Pero el museo también acoge obras más fácilmente interpretables, como la “Noche Estrellada” de Van Gogh o las “Latas de Sopa Campbell” o la “Marylin” de Andy Warhol, entre otras obras de Dalí, Picasso, Klimt, Pollock, Hopper o Magritte.

Salimos del Museo cuando ya cerraba y después de una cena rápida, dimos por acabado nuestro segundo día de viaje.

Día 3: Central Park, Puente de Brooklyn

El tercer día tocaba visitar el corazón verde de Manhattan: Central Park. Salimos temprano y, después de un café bastante aguado y un donut de desayuno, entramos a Central Park dispuestas a recorrer el parque de norte a sur. De punta a punta, se tarda una hora en recorrer el parque, pero vale la pena dedicarle una mañana entera a sus múltiples rincones.

La parte más al norte del parque es poco transitada y muy tranquila, sin mucho interés, aunque quizás en primavera valga la pena dar un rodeo por el Conservatory Garden. Seguimos nuestra caminata rodeando el lago de Jacqueline Kennedy por la parte oeste, hasta llegar cerca del Museo de Historia Natural, que visitaríamos el día siguiente.

De allí nos adentramos hacia el interior del parque para llegar al Belvedere Castle, una fortificación de finales del siglo XIX que se encuentra en el punto más alto de Central Park. Desde allí tendréis unas vistas privilegiadas sobre el parque y sobre el teatro de Shakespeare, donde en verano hay actuaciones al aire libre.


No muy lejos se encuentra Strawberry Fields y el mosaico de “Imagine” en homenaje a John Lennon, justo enfrente del Dakota Building, donde vívia y a laspuertas del que fue asesinado.


Bordeando el lago por Terrace Drive, llegaréis a la fuente de Bethesda. Al este se encuentran las estatuas de Hans Christensen y de Alicia en el País de las Maravillas. Volviendo a la fuente, podréis seguir hacia el sur por The Mall: un paseo entre árboles frondosos que os llevará hasta the Pond, un pequeño lago conocido por sus múltiples apariciones en películas (lo recordaréis por la vieja de las palomas de Solo en Casa, entre otras).

Un poco más al oeste, antes de salir del parque, se encuentran los gigantescos montículos de roca de Umpire Rock.


Se puede salir del parque por su extremo sur-oeste (Columbus Circle) o por el sur-este (Quinta Avenida). Nosotros salimos por Columbus Circle, desde donde cogimos el metro para ir al puente de Brooklyn: uno de mis sitios preferidos en Nueva York.

El puente de Brooklyn, construido a finales del siglo XIX, fue en su momento el puente en colgante más largo del mundo. Hoy, compite con el Golden State Bridge como puente más fotogénico de las grandes urbes americanas. Se puede cruzar el puente a pie o en bicicleta por una pasarela sobre los coches que transitan por el puente y disfrutar de unas vistas inigualables de Manhattan de día o de noche.

Si tenéis tiempo, podéis dar un paseo por Brooklyn Heights, el barrio residencial más histórico de Brooklyn. Luego, podéis dirigiros de nuevo hacia el puente y si ya tenéis hambre para cenar, Grimaldi’s es una parada obligada. Os prometo que está entre las mejores pizzas de Nueva York: ¡deliciosa es poco!

Día 4: Del Gospel de Harlem a los musicales de Broadway, con parada en el Museo de Historia Natural

Es domingo y aprovechando que nos alojamos en Harlem, donde se concentra la población afroamericana, echamos a andar en busca de una iglesia evangélica para disfrutar del gospel. Se puede contratar una excursión, pero vamos a ser coherentes: el gospel no es un concierto, es parte de un evento religioso. ¿Contratarías una excursión para ir a misa?

Muchas webs recomiendan Abyssinian Baptist Church, pero solo admite turistas en su misa de las 11h30, lo cual convierte esta misa en poco más que un espectáculo de pago. Nosotras no teníamos ninguna iglesia en mente y dimos con la First Corinthian Baptist Church (misas a las 7h30, 9h30 y 11h30). Nos acercamos a la entrada, nos acomodaron en la parte alta de la iglesia y nos dieron un sobre de donaciones.

Además de la música espiritual también asistiréis en primera persona a uno de esos sermones enérgicos que caracterizan las iglesias evangélicas. Lo viviréis con o sin sentido religioso, pero por sentido común deberéis ir bien vestidos (en invierno ir destapado no suele ser un problema), seguir las indicaciones del personal y no levantaros en mitad de la ceremonia. No tenemos fotos de la iglesia por el mismo motivo.

Al salir de misa llovía como nunca y aprovechamos para visitar el Museo de Historia Natural. La entrada cuesta 22$ si se compra online y es el precio recomendado por el museo, aunque también es posible adquirir la entrada en las taquillas a cambio de una donación (nosotras decidimos pagar 10$ cada una).

La entrada del museo exhibe dos esqueletos de dinosaurio que sirven de preludio a 45 salas que recogen muestras biodiversidad americana así como recreaciones de la historia humana en diversas épocas y continentes (el Pacífico, Asia, Africa, los nativos americanos, etc.) Una visita más que recomendable. Los más peques reconocerán escenas de Noche en el Museo.

Al salir del museo y aunque todavía queda algo de tiempo, el frío y la lluvia que no ha parado nos llevan a dirigirnos ya a Broadway dónde esa noche íbamos a ver un musical. En un principio quería ver Los Miserables, pero se encontraban de gira (y tres años después todavía no he tenido ocasión de verlo). Por recomendación de una amiga, nos decidimos por Chicago y compramos la entrada unos días antes a través de una oferta.

Entramos bien temprano en el Ambassador Theatre, a recaudo del frío y a la hora prevista empieza la función. A ritmo de jazz las coreografías se suceden unas a otras para contarnos la historia de Roxie, una cantante fracasada que salta a la fama del día a la mañana tras cometer un asesinato.

Día 5: The Village, Chinatown y Little Italy. Rockefeller Plaza.

En los días anteriores visitamos las atracciones más icónicas e imprescindibles de un viaje a Nueva York. El último día lo dedicamos a recorrer algunos de los barrios más diversos del centro de Manhattan. Con calma y sin rumbo fijo.

Empezamos con una parada en Grand Central Terminal, la estación de trenes más concurrida de Estados Unidos. Salimos al exterior y a los pocos pasos tenemos vistas espectaculares del Chrysler Building y el Empire State.

Volvemos al metro y bajamos en Christopher Street Sheridan para dar un paseo por el Greenwich Village, conocido simplemente como The Village, un distrito histórico de la ciudad de Nueva York, que fue bastión de la cultura Beat de los 60 y del movimiento gay (¿os suena Village People?). Es, por tanto, un barrio residencial muy animado, de casas de ladrillo con escaleras de emergencia en las fachadas.

La zona está repleta de cafeterías donde relajarse y descansar las piernas mientras saboreáis un café (de los de verdad) y un cupcake. Nosotros hicimos parada en Café Angelique, en Bleecker Street.

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En la esquina de la calle Bedford con la calle Grove se encuentra el edificio que sirvió para grabar los exteriores del edificio de Monica, Rachel, Chandler y Joey en la mítica Friends. Dicho sea de paso, no perdáis el tiempo buscando Central Perk, porque desafortunadamente no existe (y para ver los interiores habría que ir a los estudios de Warner en Los Angeles).

Volvimos al metro y fuimos a la parada de Canal Street. Veréis que al salir del metro el paisaje ha cambiado y todos los letreros están en chino y es que habréis llegado a Chinatown. En el barrio proliferan comercios y restaurantes asiáticos que os harán sentir en otro continente.

Seguimos el recorrido por Mulberry Street: dejamos atrás Asia y nos adentramos en Little Italy, que reconoceréis por las banderolas italianas que cuelgan en algunas calles y por la proliferación de restaurantes italianos. De hecho, ya era hora de comer y después de la agradable experiencia que tuvimos en Grimaldi’s no podemos resistirnos a probar Lombardi’s, en la esquina de Spring Street con Mott Street. Abierta en 1905, Lombardi’s ostenta el título de ser la primera pizzeria de los Estados Unidos.

Ya es tarde y no podemos despedirnos de Nueva York sin subirnos a un rascacielos. La pregunta que todo visitante se hace es:

¿Empire State o Rockefeller?

Empire State Building

⇑ A favor: probablemente el rascacielos más emblemático de la ciudad, observatorios en la planta 86 y 102, vistas a todo el sur de Manhattan y un lobby digno de ver en sí mismo.
⇓ En contra: colas larguísimas, rejillas en las ventanas de los observatorios y el precio: 46$.

Rockefeller

⇑ A favor: venta de entradas escalonada (compras la entrada con antelación  y te citan para otro momento), experiencia 360º (incluso puedes salir al exterior), unas vistas espectaculares al Empire State y a Central Park, y precio de 26$.
⇓ En contra: el observatorio, en lo más alto del rascacielos está en la planta 70, no es un edificio tan icónico como el Empire State y los rascacielos del sur de Manhattan se ven más de lejos.

En nuestro caso optamos por el Rockefeller y subimos al Top of the Rock. La compra de entradas fue comodísima. En poco más de 10 minutos teníamos entradas para el atardecer y a la hora acordada subimos en ascensor a la planta 70, desde donde se tienen unas vistas impresionantes de la ciudad. Si programáis un poco, lo mejor es ir al atardecer y ver como se van encendiendo poco a poco las luces de la ciudad después de la puesta de sol.

Y con esta experiencia dijimos adiós a una ciudad con mil y una facetas: cosmopolita, diversa, rica en cultura, de grandes alturas, de película, mágica… Si tuviera que elegir un lugar con el que quedarme, no sabría cuál elegir, pero sin duda alguna volvería a Nueva York y, especialmente, en Navidad.

En resumen:

Dónde comer en Nueva York

Consejos para ahorrar tiempo y dinero
en la Gran Manzana



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