Qué ver en Nueva Orleans

Qué ver en Nueva Orleans

Es Carnaval y eso me llena de recuerdos de mi visita a Nueva Orleans en Louisiana en 2014, cuando estuve trabajando en Estados Unidos como auxiliar de conversación en Miami. Después de pasar la Navidad y el Año Nuevo en Nueva York, no podía dejar pasar la oportunidad de ver los preparativos de las fiestas de Mardi Gras en Nueva Orleans.

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Nueva Orleans es la mayor ciudad de Lousiana en el sur de los Estados Unidos, superando a la capital del estado, Baton Rouge, a la que también gana en atractivos turísticos. En manos de nativos americanos, españoles, franceses, cajun y estadounidenses a lo largo de la historia, y con una amplia población afroamericana, esta urbe a orillas del Mississippi ofrece un floreciente panorama multicultural que distingue su arquitectura, su gastronomía y su gente de la de cualquier otra ciudad americana.

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Qué ver en Nueva Orleans

Día 1

Pasamos dos días en la ciudad y el primero lo dedicamos a conocer en profundidad el centro histórico. Una de las características que hacen Nueva Orleans única en Estados Unidos es la colorida arquitectura criolla que puede verse prácticamente en todo el centro histórico y algunos barrios periféricos. El huracán Katrina arrasó muchas de las casas originales de la época colonial en 2003 y, aunque el centro fue reconstruido y luce en todo su esplendor para el visitante, no fue así en la mayoría de barrios, en los que se percibe que faltan edificios, están dañados y fueron substituidos por nuevas construcciones.

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El lugar idóneo para ver arquitectura criolla es sin lugar a dudas el French Quarter o barrio francés, que se extiende al norte de Canal Street, la arteria principal de la ciudad. Pasear por el barrio francés de día es una experiencia inigualable de colores y sonidos, pues hay artistas callejeros en cada esquina, honorando la fama musical de la ciudad del jazz.

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Los férreos balcones, tan característicos en este barrio histórico, están decorados con los colores del Mardi Gras (lila, verde y amarillo): listos para celebrar el Carnaval que ya ha empezado este fin de semana y que llegará a su apogeo el martes.

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Una de las principales vías del French Quarter es la famosa (¿o más bien infame?) Bourbon Street: de día, una calle aparentemente tranquila de locales cerrados pero con un olor a alcohol que no engaña; de noche, una concurrida calle donde la gente, en su mayoría turistas, se deja llevar por el ritmo frenético de la música que sale de todos los locales y, sobre todo, por el Hurricane, una bebida etílica y dulzona a base de ron, fruta de la pasión y granadina, cuyo efecto hace honor a su nombre (se queda uno bien desnortado después de los vasos XXL que sirven en los bares y discotecas).

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Para aquellos curiosos, el barrio alberga también un pequeño museo del vudú, una tradición espiritual originaria del centro y el oeste de África, que llegó con los esclavos a las plantaciones de Lousiana. Al norte del barrio está el French Market, un mercado semi-cubierto que ofrece un amalgama de productos frescos, gastronomía sureña (todo tipo de especias y salsas cajun y hasta carne de alligator) y souvenirs varios, además de espacios para la música en vivo.

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Cerca de la entrada del mercado se encuentra el café más icónico de Nueva Orleans, Café du Monde, donde sirven unos beignets que están de muerte. Se trata de pequeñas pastas fritas que se sirven con azúcar en polvo y que llegaron a Louisiana de la mano de los Acadios, descendientes de franceses católicos que tuvieron que huir cuando los ingleses – protestantes – tomaron posesión de Canadá.

No hemos salido del French Quarter, pero hemos llegado a las orillas del río Mississipi, a Jackson Square, cuya disposición es la de una plaza de armas colonial.

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De hecho, esta plaza tiene sus orígenes en la época de influencia española y, justo a la izquierda de la catedral de Saint Louis que domina la plaza, se encuentra el edificio del Cabildo, la sede del gobierno colonial español en la ciudad.

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No es el único vestigio de la colonización española que todavía perdura en la ciudad. Al sur de Jackson Square, a unos 10 minutos andando se llega a la plaza de España, un espacio abierto con una gran fuente alrededor de la que hay bancos y mosaicos de cada una de las Comunidades Autónomas de España.

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Después de 5 meses fuera de casa, una quiere echarse una foto con el escudo de Baleares, sí o sí.

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Justo antes de llegar a la plaza de España, y al final de Canal Street, veréis una pequeña terminal de ferries, que cruza el Mississipi hasta Algiers Point, en la otra orilla.

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El trayecto dura apenas 10 minutos y cuesta 2$: un módico precio para tener la experiencia de cruzar este famoso río, marrón y fangoso que me recuerda tanto a Tom Sawyer y Las Aventuras de Huckleberry Finn, tan protagonista en el imaginario cultural sureño de los Estados Unidos.

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Día 2

El segundo día (después de vivir el desenfreno nocturno de Bourbon Street con moderación) nos despertamos temprano pero con la mala suerte de que ha amanecido un día lluvioso y no parece que vaya a arreglarse. Pero como no nos queda otra que seguir explorando la ciudad bajo la lluvia, cogemos el tranvía que sale justo delante de nuestro hostal y nos plantamos en la zona oeste de la ciudad, en Garden District.

El tranvía de Nueva Orleans es una atracción histórica en sí mismo. Las cinco líneas que recorren el entramado de las calles principales de la ciudad tienen sus orígenes a principios del siglo XIX, aunque estuvieron en desuso durante los años 40 y 50 y se recuperaron posteriormente.

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Hemos venido a este distrito para conocer un poco más la arquitectura criolla de la ciudad. A diferencia del barrio francés, aquí no hay colorido sino que las casas están totalmente pintadas de blanco. Casi todas tienen veranda, una especie de galería cubierta o porche en la entrada, que les da un aspecto muy elegante.

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En el barrio se encuentra también el famoso cementerio de Lafayette, atracción turística de la ciudad por sus tumbas sobre el suelo, algunas anteriores a la Guerra Civil Americana, de más de 180 años. Entre las tumbas, destaca la del juez Ferguson, un juez sureño que, tras la abolición de la esclavitud, estipuló la legalidad de la segregación racial en las escuelas, que se extendió a todos los ámbitos de la vida diaria hasta 100 años más tarde, cuando Rosa Parks decidió no sentarse en los asientos designados para negros en el autobús y Martin Luther King llevó su mensaje de igualdad al Memorial de Lincoln en Washington DC.

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Pero probablemente, el cementerio más famoso de Nueva Orleans es el cementerio de Saint Louis, al otro lado de la ciudad, a escasos minutos andando del French Quarter. Cogemos el tranvía de vuelta y nos vamos andando hasta este camposanto, célebre también por sus criptas y, principalmente, por ser el lugar de descanso eterno de Marie Laveau, la más conocida reina del vudú.

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Marie Laveau fue una mujer descendiente de antiguos esclavos a la que, además de conocimientos espirituales del vudú, se le atribuyeron dotes de curandera y adivina. Su tumba es fácilmente reconocible, ya que los visitantes marcan la tumba con tres simbólicas X y depositan todo tipo de objetos a los pies de la tumba: desde collares de colores (típicos de Carnaval), piedras, bisutería, muñecos, fotos, etc. con la esperanza de que se les conceda un deseo.

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Cuando visitamos el cementerio de Saint Louis en 2014, la entrada era libre y gratuita. Actualmente y debido a repetidos actos de vandalismo hacia la tumba de Laveau y otras criptas del recinto, solo se puede acceder con un guía. En la página oficial se pueden reservar visitas con un guía oficial por 20$ (una barbaridad). Es mucho más económico realizar un free tour como el de Free Tours by Foot que cobra apenas 2$ por la entrada, que van a la diócesis para la preservación del cementerio.

Mientras visitamos el cementerio la lluvia nos ha dado tregua, así que decidimos acercarnos al vecino parque de Armstrong, bautizado así por la estrella del jazz nacida en Nueva Orleans, donde hay diversas figuras decorativas de músicas, además de Congo Square, lugar de encuentro de muchos esclavos de la ciudad en las primeras décadas del siglo XIX.

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Aunque nuestro paseo es breve ya que en pocos minutos vuelve a caer un chaparrón y no nos queda otra que hacer tiempo en una cafetería del barrio de Tremé, donde se encuentra el parque, antes de darnos un último paseo por el French Quarter y, finalmente, dirigirnos a Marigny para una velada musical de lo más auténtica. La foto, para que veáis que llovía con ganas…

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And all that jazz…

Si las calles del barrio francés vibran con la música callejera, de noche no es el lugar idóneo para disfrutar de un concierto de jazz. Para ello, lo mejor es explorar el barrio de Marigny, una popular zona de bares y restaurantes en los que la música en directo y, especialmente el jazz, están a la orden del día. Llegamos hacia la puesta de sol a Marigny para encontrarnos con pequeño mercado de arte en Frenchmen Street.

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Justo al lado, nos fijamos en un pequeño local The Spotted Cat Café, donde un cuarteto de jazz se está preparando para empezar la función y, al poco, decidimos entrar y pedir unas cervezas. El recital empieza y, al principio, no hay mucho público y está prácticamente todo el mundo sentado en los taburetes de la barra. No obstante, el local se va llenando paulatinamente y en apenas media hora se monta una pista de baile entre donde estamos y el escenario.

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Nos quedamos hora y media y el ritmo no decae. El sonido grave del bajo, el tintineo del piano, los solos del trompetista, el vozarrón del cantante… ¡Ojalá hubiera sabido bailar algo de swing entonces! Y con esta fabulosa velada y una cena rápida, casi damos por terminada la escapada: al día siguiente sale el vuelo temprano…

Mardi Gras

Como ya os he explicado, el motivo principalde mi viaje a Nueva Orleans fueron las fechas, cercanas a la celebración del Mardi Gras, la carnavalesca fiesta del Carnaval en Louisiana. Por ello, entre las diferentes atracciones turísticas que hemos visitado, hemos podido disfrutar de los primeros desfiles de las diferentes Krewes (grupos y carrozas del carnaval).

En concreto, pude ver hasta tres desfiles. El primero fue en Charles Avenue, temprano por la tarde el día de nuestra llegada: caballos, músicos, animadoras y carrozas han pasado entre la gente que los esperaba a uno y otro lado de la calle.

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De las carrozas se lanzan collares de perlas de colores, tan típicos de esta celebración, en tanta abundancia que hasta se quedan enredados a los árboles durante días. La gente levanta las manos para cazar al vuelo tantos como pueden.

En la terminal de ferries más tarde vemos diversos carteles explicativos de las diferentes Krewes que existen, siendo la más antigua e importante la Krewe of Rex, el rey del Carnaval.

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El segundo desfile que vimos fue el primer día de noche, con otros colores y sobretodo otro ambiente por la proximidad a Bourbon Street, que se encuentra a apenas unas manzanas de Charles Avenue. Por la noche en Bourbon Street es habitual que se lancen los collares que se han recogido por los balcones de los bares y discotecas. Sin embargo, como ya os he comentado, lo de Bourbon Street es la calle sin ley y no es extraño ver a chicas enseñando el sujetador (en el mejor de los casos) a pie de calle para que les tiren más collares.

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Finalmente, el tercer desfile que hemos visto ha sido pasado por agua, en el distrito de Lafayette. Sin embargo, hemos podido comprobar que el sentimiento del Mardi Gras lo puede todo y, a pesar de la lluvia, todos seguían desfilando, incluso con el impermeable puesto.

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Estos desfiles no tienen la magnitud de las carrozas que pasean justo el día del Mardi Gras, pero ha sido toda una experiencia poder disfrutar de Nueva Orleans con relativamente pocos turistas a la vez que la ciudad calentaba motores para su gran día.

Qué comer

Sí, los beignets del Café du Monde están para chuparse los dedos, pero no íbamos a alimentarnos solo de dulce. A decir verdad, se cumplen cuatro años de este fantástico viaje y en aquel momento no iba apuntando los nombres de todos los lugares a los que iba…

Así que solo os puedo contar que Nueva Orleans es uno de los lugares más baratos para comer marisco (o en su defecto, si como a mí no os gusta, pescado) en Estados Unidos.

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En particular, les encanta el bagre, sobre todo rebozado y en un Po’boy, que es como se les llama a las baguettes de pescado y marisco en la zona (y por extensión, en algunos locales, también a las de carne).

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Otro esencial de la cocina de Lousiana son sin duda los sabores cajun. Los cajun son los acadios – de origen francés – que emigraron de Canadá a Louisiana en el siglo XVIII y, hoy en día, son reconocidos como grupo étnico: hablan su propio dialecto criollo del francés y tienen su propia gastronomía, con toques especiados y picantes. Los platos más típicos son el gumbo, arroz con sopa de marisco y carne; y el jambalaya, un arroz con pollo, jamón, langostinos, verduras y muuuucho picante.

Alojamiento

Nos alojamos en India House, un hostal en la parte alta de Canal Street, algo alejada del centro a pie, pero muy conveniente al tener el tranvía justo delante. Éramos tres y compartimos una habitación de cuatro, aunque la cuarta cama nunca se llegó a ocupar, así que nos fue perfecto. Las habitaciones eran muy básicas, sin muchas comodidades. Probablemente lo mejor del hostal era el desayuno, muy a lo inglés con huevos, bacon y salchichas para desayunar, además de las típicas tostadas y cereales.

Si vas a pasar más tiempo en la zona y necesitas ideas…

Si hubiéramos dispuesto de al menos un día más en Nueva Orleans, probablemente habríamos escogido alguna excursión de un día desde la ciudad. Las dos opciones que más nos llamaban la atención fueron:

– Una excursión a la naturaleza en el bayou, como se conocen las áreas cenagosas del río Mississippi. Las excursiones más populares consisten en un tour en airboat o hidrodeslizador sobre las aguas poco profundas y entre la vegetación. Pero si queréis algo más activo, también hay opciones de recorrer las aguas en kayak.

– La visita a una plantación que sumerge al visitante a la época previa a la Guerra Civil Americana. La más popular es, sin duda, Oak Alley, con una enorme extensión de terreno en la que trabajaron docenas de esclavos. La mansión ha salido en numerosas películas, como Entrevista con el Vampiro. La entrada sale por 22$ y, en caso de no disponer de transporte, hay excursiones que salen a diario de Nueva Orleans por unos 70$ que incluyen el desplazamiento y la visita. Mochilendo por el Mundo os cuentan los pormenores de esta visita en su blog.

En resumen:



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