Día 19: Río Lagartos, Las Coloradas y llegada a Valladolid

Día 19: Río Lagartos, Las Coloradas y llegada a Valladolid

Despertamos en Río Lagartos, donde llegamos ayer por la tarde. Hoy dedicaremos el día a explorar la reserva natural y, cuando terminemos esta excursión, tomaremos el coche de alquiler que recogimos ayer en Mérida para acercarnos a Las Coloradas. Con un poco de suerte, si el tiempo acompaña, el color marrón de las salinas de ayer se verá hoy del rosa que las han hecho famosas.

Dónde alojarse en Río Lagartos

Después de un baño renovador en la playa de Cancunito, llegamos en 20 minutos a nuestro alojamiento en Río Lagartos, la Posada del Perico Marinero. El alojamiento es recomendable. La habitación doble con baño y desayuno nos costó 28€. No es de los alojamientos más baratos en México, sin duda, pero sí en la zona. Además, la habitación cuenta con aire acondicionado y los huéspedes pueden hacer uso de la piscina del hotel.

Contratar una excursión a la reserva

La ría que desemboca en Río Lagartos es Reserva de la Biosfera. Se trata de una zona de manglares, hábitat de una amplia variedad de fauna, especialmente cocodirlos y aves acuáticas. El rey del estero es sin duda el flamenco rosa, un avistamiento que atrae a los visitantes entre mayo y octubre, cuando se concentran en esta zona del litoral. Para viajes de noviembre a abril, si la prioridad es ver flamencos, el destino elegido debería ser Celestún, en la costa oeste de la península, no muy lejos de Mérida.

La Posada del Perico Marinero organiza excursiones a la reserva nacional de Río Lagartos. El precio de la barca está estipulado en 1200 pesos, a repartir entre los pasajeros del bote (hasta 6). Nosotros no queríamos la excursión privada, sino compartirla con otros visitantes. Sin embargo, el encargado no nos encontró grupo. A pesar de ello, no suele haber problema en salir por la mañana y unirse a otros viajeros en el mismo malecón.

Durante el desayuno, coincidimos con una pareja de franceses que también querían realizar el tour con otra gente, lo cual nos dio a pensar que el del hotel quizás no se había esforzado mucho en buscarnos compañeros de excursión. En todo caso, nos pusimos de acuerdo con ellos y salimos juntos a buscar una pareja más para compartir el viaje, de modo que si no teníamos suerte al menos compartiríamos los cuatro. Sin embargo, no nos hizo falta recorrer mucho malecón para encontrar un grupo al que unirnos. En total, éramos 6 en el barco y pagamos 200 pesos por persona.

Visita a la Reserva

El recorrido se adentra por la ría, entre la vegetación. Aunque los paisajes del manglar son hermosos, la excursión nos deja con un sabor agridulce por la busca incesante de vida salvaje. Creemos que está bien que los barqueros tengan fichadas las zonas donde los avistamientos son más probables, pero las prácticas que usan no son respetuosas con la vida en libertad de los animales. Estamos hablando de dar golpes al agua para atraer a un cocodrilo, darle de comer a un pelícano o tirarle un pescado a una ave para que lo agarre del agua frente al barco. Está claro que a los turistas les va a resultar más satisfactorio un tour con animales que sin ellos, pero los que se pueden ver sin interferir con la naturaleza deberían ser suficientes.

El tour por la ría llega hasta las salinas de Las Coloradas. Otro punto decepcionante del tour. El barco para a un lado y se puede bajar a ver las salinas. Sin embargo, nada más bajar nos damos cuenta de que el color no tiene nada que ver con el que vimos ayer cuando nos acercamos a las salinas al atardecer. Y, supuestamente, ahora debería verse mucho más el efecto. El color rosado se debe a la reacción de un alga con la luz solar. El cielo está despejado y el sol incide mucho más fuerte que en la puesta de ayer. Al preguntarle al guía, nos contesta con excusas evasivas, como que también es necesario que haya algo de viento. Total, que el agua es marrón.

Baño “maya”

Aquí el guía saca un cubo de barro de la orilla para que nos untemos con ganas en lo que llaman un baño maya. Otro invento para guiris. Total, que para no ser los rarunos del barco nos echamos aquello encima (por lo menos sí es cierto que deja la piel fina).

Con todo el pasaje embarrado ponemos rumbo ahora hacia Río Lagartos y pasamos por una especie de punto de control, donde pagamos 36 pesos por el acceso a la reserva, un pago idéntico al que se aplica en el cañón del Sumidero o en el espacio natural en el que se encuentran las ruinas de Palenque. El intercambio, con nuestras pintas e intentando sacar la cartera de la mochila sin untarla de barro, es digna de comedia.

¿Y los flamencos?

Hasta ahora ni rastro de flamencos. Justo antes de llegar al puerto, viramos y nos quedamos viendo a lo lejos un grupo de 5 flamencos. Tan solo cinco que se quedan pobres. Nuestras expectativas eran verlos en grandes grupos, ya que se supone que visitamos en la mejor época…

Estamos en un punto tan crítico del tour que, cuando el barco sigue la marcha, no nos hubiera extrañado que nos llevara al puerto perdidos de barro. No obstante, cuando ya nos reímos de lo terrible que sería eso, cambia el rumbo y nos vamos a la salida de la ría, a una playa espectacular e inaccesible si no es por el mar. Aquí nos pudimos bañar un buen rato, quitarnos la costra seca del baño maya y relajarnos en las aguas cristalinas.

Incluso tuvimos la oportunidad de ver un cangrejo de herradura. A pesar de su fama de cangrejo prehistórico, saber que tiene más conexiones con los arácnidos que con los crustáceos da repelús. Por suerte, lo encontró el barquero y no yo nadando. A pesar de ser inofensivo, me habría llevado un buen susto.

Como conclusión del tour, seguimos teniendo nuestras dudas sobre si vale la pena o no. El paisaje y la fauna son dignos de ver. Pero las malas prácticas de los guías, el timo de Las Coloradas y los pocos flamencos que pudimos ver cuando se supone que son el atractivo central de los tours en esta época, son puntos negativos que dejan mucho que desear.

Las Coloradas

Dispuestos a comprobar que Las Coloradas de verdad son rosas, recogemos nuestras cosas en el hotel y nos vamos para las salinas en coche directo. Si ayer pudimos vislumbrar esa tonalidad rosácea con poco sol, el momento álgido es sin duda el mediodía. En la carretera, seguimos el mismo camino que seguimos ayer, dejando a la izquierda la Playa de Cancunito. A medida que nos acercamos, a la derecha aparecen gigantescas montañas de sal.

Y al cabo de poco, las primeras lagunas rosas. ¡No damos crédito! El rosa es vivo y brillante y aunque las lagunas de estas lagunas se popularizaron a través de Instagram, no necesitan filtro alguno porque son sencillamente alucinantes.

Al final de la carretera se llega al pueblo de Las Coloradas. Las salinas son privadas y, por tanto, el acceso está restringido. Sin embargo, la empresa salinera y los habitantes del pueblo han llegado a un acuerdo mutuo. Estos últimos pueden acceder como guías con turistas a cambio de encargarse de mantener el área limpia y evitar que los visitantes se sobrepasen, tocando el agua o volando drones, lo cual está terminantemente prohibido.

El coste de acceder a la zona de las salinas es de 50 pesos por persona. Si bien el color rosa puede verse desde la carretera, los guías están bien informados. Os explicarán todo el proceso de extracción de la sal y el curioso color que adquieren las esclusas. Cuanta más sal, más propicio es el medio donde crecen las algas (dunaliella salina), que reaccionan con la luz del sol creando este increíble efecto de color.

Donde paran los barcos de los tours de Río Lagartos es una zona de las salinas donde empieza el proceso. A medida que va avanzando, el agua se evapora, aumentando la proporción de sal y la presencia del alga. Es por esto que esta mañana no hemos visto maś que una laguna marrón. Comparad la foto a continuación con la que hemos colgado de la excursión:

¡Ahora sí, flamencos rosas!

Un alga que, por cierto, también es la que le da el color al flamenco rosa que se alimenta de ella. ¿Os acordáis de nuestros cinco flamencos perdidos en la ría? Pues aquí, donde tienen su comida favorita, están toooodos los demás.

Y algunos tan cerca que morimos de amor. ¿Pueden ser más bonitos?

Comida en Las Coloradas

Al preguntarle si había algún lugar donde comer cerca, el guía nos recomienda un pequeño restaurante de pescado en el pueblo. El local se llama Lalo’s. Comemos camarones frescos y pescado al grill, con agua de sabor, por 300 pesos. La Bocana en Río Lagartos anoche estuvo bastante bien, pero aquí se nota que el pescado va directo del mar al plato. Si venís a mediodía a Las Coloradas, no dudéis comer aquí.

Rumbo a Valladolid

Son las 15h30 cuando nos ponemos en ruta a Valladolid, donde pasaremos la noche de hoy. En aproximadamente 2h llegamos a nuestro destino. Os contamos todo lo relativo a Valladolid, base ideal para explorar los mejores cenotes de la península del Yucatán, en la próxima entrada.

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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