Días 6 y 7: San Miguel de Allende y Atotonilco

Días 6 y 7: San Miguel de Allende y Atotonilco

Después de 5 días en la Ciudad de México hoy empezamos nuestro itinerario nómada que nos llevará primero al norte, a San Miguel de Allende y Guanajuato, para luego continuar la ruta hacia el sureste pasando por Puebla, la maravillosa región de Chiapas y la península del Yucatán hasta llegar a Cancún, el punto final de nuestro itinerario. Como ya os explicamos en los preparativos de este viaje a México por libre, todos estos trayectos los haremos en bus.

Cómo llegar a San Miguel de Allende desde Ciudad de México

Nuestro bus salía a las 7h de la mañana desde la estación de autobuses del norte. Tal como hicimos para desplazarnos a esta terminal para ir a las pirámides de Teotihuacán, pedimos un Uber desde las Habitaciones Monterrey en Roma, donde nos alojamos. En esta ocasión pagamos menos que la anterior y por 101 pesos un conductor nos lleva a la estación en 15 minutos.

Compramos los tickets de bus en línea dos días antes con la compañía Primera para este trayecto de 4h. Salieron puntuales, nos dieron bebida y un snack. Los asientos son muy, muy cómodos: puedes dormir o usar las pantallas de entretenimiento para pasar el rato. Pagamos unos 400 pesos (unos 20€).

La estación de San Miguel de Allende se encuentra en las afueras de la ciudad. Justo enfrente salen buses hacia el centro o se puede llegar a pie en unos 20 minutos.

Dónde alojarse

Nada más llegar a San Miguel, vamos andando hasta el Hostal Inn, donde tenemos reservada una habitación simple con baño compartido para esta noche. El precio de la habitación doble es de 20€ por noche e incluye desayuno. Sin embargo, nos llevamos una desagradable sorpresa con la recepcionista que intentó colarnos con bastante malas formas que ese era el precio por persona y no por habitación. Ignoró totalmente que tuviéramos una confirmación de reserva que estipulaba claramente que estábamos pagando por una habitación doble. También pasó totalmente por alto que los precios de la web no coincidieran con lo que intentaba vendernos.

Me cabreó tanto que hice una búsqueda en Booking rápida para comprobar que había disponibilidad en otros lugares por el mismo precio que en principio debíamos pagar. No fue hasta que nos colgamos las mochilas al hombro dispuestos a irnos a otro lado cuando mágicamente se solucionó el problema, pagamos y nos dio las llaves. El enfado me duró un rato, pero nos quedamos por no perder el tiempo buscando otra cosa. El alojamiento estaba muy bien, pero no sabemos si nuestra experiencia es recurrente…

Lima 502: un pedacito de Perú en México

Con la tontería perdimos un buen rato discutiendo y se había hecho hora de comer. Sin malgastar más tiempo nos vamos al mercado del Carmen. Se trata de un recinto muy moderno con un patio con mesas y restaurantes alrededor. Técnicamente abren a la 13h, así que cuando llegamos a las 12h45 solo había abierto un local llamado Lima 502: ¡bingo! La comida peruana que sirven aquí nos transportó totalmente a nuestro viaje a Perú del año anterior. Pedimos lomo saltado y arroz chaufa, más las bebidas, nos salió la cuenta por 365 pesos. Todo riquísimo y el trato del personal, fabuloso.

Atotonilco

Cómo llegar

Con el estómago lleno decidimos que vamos a ir al cercano pueblo de Atotonilco a ver su santuario, conocido como la Capilla Sixtina de América. El pueblo se encuentra a 15km de San Miguel de Allende. Las combis salen de la Calzada de la Luz, en principio cada 20 minutos, pero al ser domingo parece que había menos frecuencia. Nos tocó esperar 45 minutos. Ya estábamos al punto de la desesperación y buscando que nos costaría un Uber ida y vuelta cuando llegó el destartalado minibús.

Nos subimos y después de media hora yendo y volviendo de la carretera principal a caminos sin asfaltar para dejar pasajeros en poblados perdidos en medio de la nada, llegamos a Atotonilco. El conductor cobraba un poco lo que le daba la gana según si te conocía o no o, peor aún, si eras guiri. A nosotros nos cobró 13 pesos por persona, pero por lo visto el pasaje normal eran 8 pesos.En fin, que después de lo de la recepcionista del hotel de esta mañana también nos dio algo de rabia, pero no íbamos a discutir por lo que vienen siendo 50 céntimos de euro.

El santuario de Atotonilco

El pueblo de Atotonilco consiste de apenas unas calles. Al ser domingo, parecía que había habido un mercado, ya que había mucha gente recogiendo trastos en la calle. El conductor nos dijo que regresaba a San Miguel en 45 minutos y, al no saber si habría más transporte luego, nos marcamos ese tiempo para visitar el santuario y volver a la parada.

Por fuera, el templo es de estilo colonial pero no tiene demasiado atractivo.

Su mayor tesoro son las pinturas murales que decoran el interior. Paredes y techos están prácticamente cubiertos de pinturas e inscripciones de estilo barroco, lo cual ha motivado que se conozca este santuario como la Capilla Sixtina de América. A pesar de su fama, nosotros habíamos conocido otras “capillas sixtinas” americanas en Perú el año anterior (Andahuaylillas, Huaro y Canincunca), que nos fascinaron hasta tal punto que esta excursión nos supo a poco.

Históricamente, de este santuario es de donde el cura Miguel Hidalgo, líder insurgente, recogió la imagen de la Vírgen de Guadalupe que sirvió de estandarte en las primeras luchas por la independencia del país. Este estandarte puede verse en el Museo Nacional de Historia ubicado en el castillo de Chapultepec en la Ciudad de México.

En cuanto a los horarios de visita, varían según el día. Lo único que logramos averiguar es que al mediodía era el peor momento para visitar, pues los encargados del templo se van a comer y no vuelven hasta pasado un rato. Por lo tanto, lo mejor es venir por la mañana o bien a media tarde. El acceso es gratuito, pero cobran por acceder a la capilla a la izquierda de la entrada. No fue nuestro caso porque cuando llegamos esta zona estaba cerrada, aunque se podía ver perfectamente desde la barrera.

San Miguel de Allende

Cuando regresamos a San Miguel son las 17h y nos queda todavía un rato para ver algunos de los puntos de interés de la ciudad. De hecho, con el paseo de esta tarde y la mañana del día siguiente nos dio tiempo de ver los atractivos principales y pasear con tranquilidad. No teníamos reservado el bus a Guanajuato, pues hay varias compañías y salidas frecuentes, y no sabíamos el tiempo que nos iba a tomar descubrir San Miguel. Al final, el centro es bastante pequeño y salimos hacia nuestro siguiente destino después de comer.

Qué ver en San Miguel de Allende

San Miguel de Allende tiene un centro histórico con calles pintorescas donde predominan las fachadas de tonos rojos y amarillos. Su belleza atrae mucho turismo nacional, además de ser uno de los lugares preferidos para vivir para los extranjeros en México. Esto hace que sea un lugar muy seguro y agradable para pasear tanto de día como de noche.

Pasear sin rumbo por este pueblo es su mayor encanto. Nosotros teníamos el resto de la tarde y el día siguiente para visitar, así que nos lo tomamos con calma. Lo que no viéramos en el día lo veríamos al siguiente. Empezamos la visita por el mercado de artesanías. Consta de un recinto cubierto y puestos callejeros. Nosotros no compramos nada aquí, pero por lo que pudimos ver en el resto del país aquí y en Guanajuato es donde podéis comprar artesanías al mejor precio, con la excepción de los téxtiles, maś típicos en el área de Chiapas.

Seguimos el recorrido urbano y pronto llegamos al oratorio de San Felipe Neri, con una inconfundible fachada de piedra rosada. Un poco más allá en la misma plaza nos encontramos con el templo de la Salud, un edificio más sobrio pero igualmente digno de visitar. En el interior de éste, veréis un curioso altar con juguetes, ofrendas destinadas a la curación de niños enfermos. A escasos metros de aquí está la iglesia de la Tercera Orden.

Desde aquí nos dirigimos al Jardín de Allende, plaza neurálgica de San Miguel de Allende, que a excepción de las mañanas temprano, está siempre a rebosar de paseantes, puestos de venta ambulantes y mariachis, en un ambiente mucho más auténtico que la turistada de la plaza Garibaldi en Ciudad de México). En una esquina de la plaza, en la calle Cuna de Allende, se encuentra el antiguo Palacio Municipal, primer ayuntamiento independiente de México, instalado por el capitán Ignacio Allende, a cuyo apellido se debe la denominación actual de la ciudad. Hoy en día es un museo dedicado a este personaje histórico.

Pero sin duda, la protagonista de esta plaza rodeada de arcos es la parroquia de San Miguel Arcángel. Además de visitar su interior, no os olvidéis de rodearla hasta la calle Aldama, una bonita vía empedrada con la cúpula de la parroquia de telón de fondo.

Churros al agua

Es hora de relajarse: entre el madrugón, las horas de bus, la visita a Atotonilco y el paseo por San Miguel de Allende hasta ahora, llevamos un día muy completo. Así que sin dudarlo, nos ponemos a la cola del café San Agustín, especializado en churros y chocolates. Es definitivamente un imperdible de la ciudad (nosotros fuimos una vez por la tarde para probar los churros y al día siguiente a media mañana donde ya nos sentamos a degustar el chocolate).

Unos mexicanos de la zona que conocimos en la cola nos recomendaron probar los auténticos sin relleno y luego ya pedirlos rellenos de chocolate o cajeta y fue todo un acierto. Sin relleno, cuestan 5 pesos; con relleno, 19. En cuanto al chocolate es algo más caro, 58 pesos con 3 churros. Yo probé uno de chocolate blanco y negro que estuvo delicioso.

Los tacos de Andy

Tras disfrutar del ambiente del Jardín de Allende y volver a dar un paseo por el entramado de San Miguel, decidimos acercarnos a la calle Insurgentes, donde se instala cada anochecer el carrito ambulante de tacos de Andy. Estos fueron sin exagerar los mejores tacos que comimos en México y los hubo espectaculares en muchos otros lugares. La especialidad son los tacos al pastor, pero pidáis lo que pidáis va a ser un acierto. Cuidado si no os apasiona el picante porque aquí es de los pocos lugares de México donde la salsa viene incorporada a no ser que se pida lo contrario. Los precios son igualmente bajos, la cena nos costó 120 pesos los dos (a tener en cuenta que habríamos comido más si no nos hubiéramos hinchado a churros).

Tras un último paseo por el centro para verlo iluminado, compramos dos cervezas Boehmia en un Oxxo y terminamos la velada en el jardín del hostal. El alcohol en bares y restaurantes tiende a ser caro en México, así que tirar de tiendas de conveniencia sale más económico.

Otros atractivos de la ciudad

Al día siguiente, desayunamos de chilaquiles en el hostal. Se trata de un plato típico mexicano muy poco convencional a nuestros ojos: totopos de maíz (nachos) con frijoles negros y salsa roja o verde. Un poco raro al principio, pero contundente para empezar el día con energía.

Luego, dedicamos la mañana a algunos de los atractivos de la ciudad que nos habíamos dejado en el tintero el día anterior. En particular, visitamos el Centro Cultural Ignacio Ramírez, “el Nigromante”. Se trata de un museo no muy grande, con salas de exposiciones alrededor de un patio. Además de exhibiciones temporales, pueden verse murales y la sala de David Alfaro, recubierta de un mural incompleto, cuyas formas geométricas el profesor y sus alumnos de arte dejaron inacabados. El acceso es gratuito. Abre de 10 a 18h de lunes a sábado y de 10 a 14h los domingos.

En la esquina de la misma calle está el Templo de las Monjas, frente al cual, sin más ni menos nos encontramos con una pequeña procesión religiosa llena de colores. Se puede acceder la interior de este templo, aunque no es muy llamativo.

Seguimos recto y nos alejamos del centro para finalmente dar con el Instituto Allende. No lo contamos entre los imprescindibles de la ciudad, aunque su patio nos deja estampas murales y, accediendo a una terraza colindante, obtenemos vistas panorámicas a la ciudad.

Una mañana nos da para estas visitas y para repetir muchos de los lugares que visitamos ayer bajo una luz distinta. Ya no es fin de semana y lunes por la mañana la ciudad parece moverse más despacio. Además, el encanto de San Miguel de Allende emana de sus detalles: un surtidor de gasolina abandonado en una esquina, puertas de postal, fachadas de colores vivos, el ocasional señor mexicano que pasea con sombrero y botas de vaquero…

Burritos San Miguel

Para terminar nuestra visita, nos deleitamos con un enorme burrito en Burritos San Miguel, situado en la calle del mismo nombre. Las porciones son grandiosas y es barato: dos burritos con agua de sabor nos costaron 110 pesos.

Rumbo a Guanajuato

Con el estómago bien lleno, regresamos al Hostal Inn, donde recogemos nuestras mochilas. Tardamos 20 minutos a llegar a la estación, donde compramos un billete para la próxima salida de Primera a Guanajuato a las 15h30. El trayecto dura poco más de 1h y el precio suele rondar los 7€. Hay frecuencias prácticamente cada hora con esta cómoda compañía. Además, había otras compañías más secundarias que también ofrecían el trayecto. Sabiendo esto, nosotros no reservamos este trayecto con antelación, para no tener que ajustarnos a una hora fija y descubrir San Miguel sin prisas.

¡Os contamos más la semana que viene!

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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