China Día 7: Xi’an – Torres del Tambor y la Campana, barrio musulmán, Gran Mezquita

China Día 7: Xi’an – Torres del Tambor y la Campana, barrio musulmán, Gran Mezquita
Como cada mañana desde que emprendimos el viaje a China, nos levantamos temprano para coger el tren que nos llevaría de Pingyao, donde pasamos el día de ayer, a Xi’an. Se trata de un tren de alta velocidad que cubre los 500km que separan las dos ciudades en alrededor de 3h15. Al ser un tren rápido, no sale de la misma estación a la que llegamos el día anterior en Pingyao, sino de Pingyaogucheng, 10km al sur. Podéis usar el bus 103 para llegar, que cuesta 3元. Mostrad siempre el nombre de la estación en vuestros billetes a alguien local o al conductor para aseguraros de que no os llevan a la estación equivocada. Pingyaogucheng es muy moderna y los trenes rápidos disponen de asientos muy cómodos. Viajar en segunda clase es equivalente a hacerlo en Europa en un tren de la misma categoría. Como de costumbre en China, el tren salió puntual a las 8.40 de la mañana. Llegamos a la estación norte de Xi’an a las 11.55 y de allí cogimos la línea 2 de metro hasta la parada de la Torre de la Campana para dirigirnos al hostal.

Alojamiento

Nos alojamos en el Saierde Youth Hostel del barrio musulmán de Xi’an. La verdad, no está mal, pero tampoco es uno de esos hostales imprescindibles que recomendaríamos a todo el mundo, contrariamente a lo que nos pasó en Pingyao o Chengdú. El hostal en sí está bien, pero para encontrarlo tuvimos que dar más vueltas que un ventilador (que era lo que nos hacía falta realmente con el calor y el agobio de Xi’an). Se encuentra en el corazón del barrio musulmán, pero no en una de las vías principales, sino al final de un callejón sin ninguna indicación. Lo hemos localizado en el mapa del resumen del día, pero aún así, tendréis que preguntar. Una vez allí, el check-in fue un poco lento, pero por el resto, muy serviciales y informativos, especialmente cuando les pedimos cómo visitar los Guerreros de Terracota por nuestra cuenta el día siguiente. Una vez instalados en nuestra pequeña habitación triple, que nos salió por 120元, salimos a explorar el barrio musulmán.

El barrio musulmán de Xi’an

El Islam llegó a China siglos atrás con la Ruta de la Seda. La mayoría de chinos musulmanes son de la etnia Hui, similares en aspecto y lengua a la mayoría Han del resto del país, pero culturalmente diferentes por sus creencias religiosas, su gastronomía (una combinación de la comida halal y la cocina china) y su vestimenta (los hombres suelen llevar un sombrero blanco, mientras que las mujeres usan coloridos velos).
El barrio musulmán de Xi’an se extiende al norte y al oeste de la Torre del Tambor y la Campana, por lo que fueron los primeros monumentos que visitamos. La Torre de la Campana se encuentra en medio de una rotonda bastante transitada, mientras que la Torre del Tambor, mucho más prominente, se encuentra a las puertas del barrio musulmán y del zoco.
Después de ver ambas torres, nos adentramos en el barrio musulmán con la intención de visitar la Gran Mezquita, no sin antes comer algo de los cientos de puestos de comida que proliferan en la zona de este barrio. Pronto vimos una cola bastante larga en un puesto de kebab de cordero y a pesar de la pereza que da la espera, decidimos que tanta gente tenía que ser señal de buena comida y así fue. Por 15元, te sirven un pan de pita perfecto relleno de jugoso cordero preparado al momento.
No solo está para chuparse los dedos, sino que además tienen la olla donde se va preparando el cordero y lo van cortando en el mismo puesto en lo que es casi un espectáculo de cuchillos en directo. Después de esta deliciosa comida, seguimos el camino hacia la Mezquita. Para encontrarla, nos adentramos en el zoco, una calle cubierta y repleta de tiendas de sedas, caligrafía y recuerdos, donde ya pudimos ver miles de figuras de guerreros de terracota de todos los tamaños y colores. En la entrada de la Gran Mezquita, presentamos el carnet de estudiante, pero por primera vez en todo el viaje, no nos lo aceptaron. Pagamos 25元 por la entrada. Como mujer, llevaba un pañuelo encima de los hombros (camiseta de tirantes debajo) y pantalón justo por encima de la rodilla, aunque realmente nadie te dice nada si vas menos tapada. La mezquita en sí no es muy grande y se asemeja mucho a un templo chino en términos arquitectónicos, con el minarete camuflado como una pagoda, y también destacan algunos detalles de la decoración, así como los caracteres árabes que sustituyen a los chinos en algunas partes del recinto. Una combinación, por lo menos, curiosa. Después de atravesar la pagoda y el llamativo pabellón del Fénix (nombrado así por su forma), uno llega a la sala de oración, cuyo interior adornado con tapices se puede ver desde fuera pero no es accesible al público al ser un lugar de culto.
Salimos de la mezquita para seguir paseando por el barrio musulmán. El ambiente es héctico, ya que a pesar de estar repletas de gente, las calles no son peatonales y hay que estar siempre al tanto de los coches y motoristas, además de los tuk-tuks. Veréis todo tipo de tiendas y muchísimos productos, en particular una especie de caramelos y turrones, que se preparan al momento.
Empezaba a atardecer y el cielo, que había estado nublado todo el día, empezaba a gotear, con lo cual pensamos que no era buena idea cenar en los puestos de comida callejeros, a pesar de que habíamos visto muchas cosas que nos apetecía probar. Por eso, decidimos salir del barrio musulmán y ir un poco al sur para buscar un restaurante de hot pot que habíamos visto recomendado en la Lonely Planet, Ding Ding Xiang. Llegamos al lugar, que se correspondía con el nombre en chino, la dirección (130 Nanyuanmen Dajie) y la descripción de la guía como un restaurante decorado a la europea), pero el nombre del restaurante había cambiado, así como el menú, ya que no había hot pot. A pesar de ello, miramos el menú (tamaño enciclopedia con imágenes a todo color) y tenía buena pinta, así que decidimos quedarnos. Aquí tenéis una foto de la entrada con el nombre en chino (por la tipografía no parece el mismo que aparece en la Lonely Planet, pero lo es):
El menú es amplísimo, pero nos decantamos por pedir varios platos de carne y verduras (uno de ellos MUY picante, ojo con lo que pedís), que se comían en finos panqueques con salsa a elegir (recordamos que había de judía verde y de calabaza, entre otras). La carta de bebidas estaba solo en chino y ahí tuvimos algo de dificultad para pedir cerveza y, por error, pedimos una bebida alcohólica que no era cerveza y resultó ser una especie de sidra… ¡de lichi! Extremadamente dulce y refrescante, fue un descubrimiento fortuito fabuloso. Lo buscamos por todos lados en nuestras siguientes paradas del itinerario, sin éxito: no encontramos en ningún sitio y al no saber exactamente que era, tampoco pudimos preguntar, así que fue un placer único. La cuenta nos salió por unos 150元.
Al volver llovía a mantas y aún así la vida seguía igual de animada en el barrio musulmán. Compramos una caja de turrones variados que habíamos visto hacer por la tarde y regresamos al hostal a dormir, que mañana toca madrugar para otro de los platos fuertes del viaje: ¡los guerreros de terracota!

En resumen:

China en 21 días: itinerario



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