Día 8: Salisbury y Stonehenge

Día 8: Salisbury y Stonehenge

Anoche llegamos al pequeño pueblo de Salisbury, después de alrededor de 3h de recorrido desde el aeropuerto de Stansted en el norte de Londres. El motivo por el que la mayoría visita Salisbury es su proximidad a uno de los vestigios prehistóricos más místicos del mundo, Stonehenge, que se encuentra  a unos 10 minutos en coche de la población. Aún así, Salisbury tiene su propio encanto y bien merece la pena una visita de unas horas.

Dónde alojarse

Nosotros elegimos el King’s Head Inn justo en la entrada de Salisbury y no nos decepcionó. Las habitaciones son amplias, con comodísimas camas y baño propio. El precio era algo elevado para lo que estamos acostumbrados a pagar en nuestros viajes, pero aprovechamos un descuento de booking y se nos quedó en 23€ por persona. Aquí tenéis un descuento de 15€ para vuestra próxima estancia.

El hotel pertenece a la cadena Wetherspoon, propietaria de varios alojamientos y pubs en las islas británicas. De hecho, nos vino muy bien que el King’s Head Inn dispusiera de pub en la planta baja, pues entre que llegamos, aparcamos el coche en un centro comercial cercano y nos instalamos en la habitación, se nos hizo tarde y ya no quisimos arriesgarnos a acercarnos al centro y encontrarnos la mayoría de sitios cerrados (muchos ponen el cierre a las 21h).

Qué ver en Salisbury

El centro histórico de Salisbury es pequeñito y fácil de recorrer a pie. Empezamos nuestro recorrido desde el hotel, en un extremo del pueblo y llegamos a la Catedral de Salisbury en apenas 15 minutos, un poco antes de que abran a las 9h. Desde allí, haremos algunas paradas en nuestro camino de vuelta, teniendo en cuenta que a las 13h tenemos nuestra entrada reservada a Stonehenge.

La catedral de Salisbury se encuentra en un parque al sur del centro histórico.

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La entrada es gratuita y en su interior pueden visitarse, además de la nave del templo, un hermoso claustro y la sala capitular.

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Es en la sala capitular donde se conserva una de las tres copias originales de la Magna Carta de 1215. Este documento histórico estipula los límites del poder del rey frente a sus señores feudales y es considerado el texto seminal del parlamentarismo británico. Para su conservación, el documento se encuentra en un pequeño cubículo medio a oscuras, mientras que la sala capitular exhibe paneles informativos sobre el texto.

Hemos visitado la catedral durante unos 30 minutos cuando decidimos volver hacia el centro por una calle adoquinada, hasta que llegamos a la Plaza del Mercado.

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La plaza en sí no tiene nada especial, de hecho los edificios que la rodean son bastante modernos. Lo único a destacar, en uno de sus extremos, es la Poultry Cross, en la esquina de Silver Street and Minster Street. La construcción es la única de las cuatro cruces del mercado que ha sobrevivido hasta nuestros días y esta rodeada de algunas casas de estilo Tudor, con mucho encanto.

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Aprovechamos que estamos aquí para desayunar en una pequeña panadería y pastelería, Henderson’s Artisan Bakery, donde nos tomamos unos revitalizantes cafés con leche y unos ricos scones. El lugar está frecuentado mayoritariamente por locales y los productos que sirven son prácticamente acabados de hacer y a muy buen precio.

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Después de esta parada, recorremos sin rumbo alguna que otra callejuela del centro e incluso aprovechamos para comprar té para llevarnos de vuelta a casa en una tienda especializada, Whittard of Chelsea.

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A continuación, nos queda una parada marcada en el itinerario: la iglesia de Saint Thomas y Saint Edmund, un poco al norte. La visita a esta antigua iglesia vale la pena por las pinturas del siglo XV que decoran el arco del presbiterio, unas de las mejor preservadas del Reino Unido. Pocas pinturas medievales han sobrevivido en Reino Unido, ya que tras la Reforma y el abandono del catolicismo, muchas fueron destrozadas.

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Visita a Stonehenge

Son las 12h del mediodía cuando pasamos por el hotel para recoger nuestro equipaje y nos vamos hacia el coche. Aprovechamos que hemos aparcado en un supermercado para improvisar un picnic en Stonehenge. Ponemos el GPS en el móvil y en unos 10 minutos nos plantamos en la entrada del sitio arqueológico.

Para evitar aglomeraciones, las entradas diarias a Stonehenge están limitadas y en temporada alta o días señalados, es mejor llevar las entradas reservadas. Al visitar en agosto, nosotros las compramos con anticipación en el sitio oficial. Es necesario escoger una franja horaria y ser puntuales para la entrada. El precio es de 17,5£ (15,8£ para estudiante).

La visita empieza en un pequeño museo del sitio, que explica las distintas teorías sobre la construcción y los usos de esta misteriosa construcción prehistórica. La verdad es que es impresionante pensar cómo transportaron estas gigantescas rocas desde Gales a Wiltshire, donde fueron colocadas, a prácticamente 200km de distancia. ¿Para qué usaban Stonehenge hace 5000 años cuando se construyó? Algunos dicen que para el culto al sol (por su perfecta alineación con los rayos del equinoccio) o centro de observación astronómico, otros hablan de un templo religioso o lugar de peregrinación.

Justo fuera del museo se halla una reconstrucción de un poblado neolítico, desde donde también salen autobuses lanzadera cada poco, que en 5 minutos llevan a las imponentes piedras de Stonehenge.

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Lo que vemos hoy en Stonehenge son los restos de dos círculos concéntricos de rocas dispuestas en posición vertical, con rocas horizontales encima, que hacían las veces de dintel. Originalmente, estos círculos estaban rodeados de un foso y un amplio camino llevaba hasta ellos, lo que sugiere una gran afluencia de visitantes desde el principio de la construcción.

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A pesar de ser un lugar que quería ver en persona, la verdad es que tenía pocas expectativas de Stonehenge y me sorprendió muy gratamente. Es un monumento que hemos visto tantas veces en fotografías que siempre pensé que cuando lo viera no me iba a impresionar y, sin embargo, lo hizo.

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Tras visitar las ruinas y pararnos a comer justo en unos bancos cerca del monumento, nos acercamos a unos pequeños montículos o túmulos que se alzan alrededor del sitio, supuestamente tumbas o pequeños templos cubiertos por la hierba, ya que todo apunta a que Stonehenge formaba parte de un conjunto de construcciones mucho más extenso en la prehistoria.

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De camino a los montículos vemos largas colas en la carretera. Es un lugar bastante remoto y no parece haber habido ningún accidente… Pronto nos damos cuenta de que, en realidad, lo que pasa es que los coches ralentizan la marcha (algunos incluso paran) para echarle un vistazo y alguna otra foto a Stonehenge, que se ve a lo lejos desde la carretera. Con los precios, no nos extraña que algunos opten por esta opción.

En ruta hacia Oxford

Son las 15h30 cuando volvemos al aparcamiento y recogemos el coche para dirigirnos a nuestro siguiente y último destino en Inglaterra: la ciudad universitaria de Oxford. Después de visitar Cambridge, no podíamos dejar pasar la oportunidad de compararla con su eterna rival, ¿verdad?

Llegamos a la ciudad sobre las 17h y aprovechamos para dar un primer paseo por sus pintorescas calles. ¡Os contamos lo más imprescindible de Oxford en nuestra próxima entrada!

En resumen:

Ruta de 9 días en Londres y alrededores



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