Qué ver en Dinan, Cancale y Saint-Malô en la Bretaña francesa

Tras el día senderista de ayer en los cabos de Erquy y Frehél, hoy volvemos a explorar pueblos bretones en nuestra ruta de una semana en coche por la Bretaña francesa.
Dinan
Entre la tierra y el mar, este pueblo medieval es mi favorito personal de la región.
Dónde aparcar en Dinan
El mejor lugar para aparcar de manera gratuita es el parking 1 (Plaine du Port), que queda justo debajo del viaducto de Dinan. Para encontrar sitio, tendréis que llegar temprano. Si no tenéis suerte, podéis probar en el aparcamiento gratuito Jean Monnet (más alejado del centro, 15 minutos andando) o seguir las indicaciones para cualquiera de los múltiples aparcamientos de pago en la ciudad.
Visita a Dinan
Aparcar en el puerto os permite visitar en primer lugar esta zona, desde donde podéis ver el viaducto a la vez que el puente Viejo. Dinan está encaramado sobre el río Rance, así que este paseo realmente discurre a los pies de la villa. Si no habéis desayunado, en la panadería Gat&Vous hacen unos deliciosos kouign amman, el dulce más típico de Bretaña, un bollo de mantequilla y azúcar que os dará energía y calorías para todas las visitas del día.

Desde el puente Viejo podéis subir por la adoquinada y empinada rue du Petit Fort hasta la puerta de Jerzual, del siglo XIII, entrada principal al pueblo fortificado. A partir de aquí, la calle pasa a ser la rue du Jerzual. Al ser las vías que conectan el puerto con la ciudad y gracias a la conservación de sus casas de entramado de madera, no es difícil imaginarse el ajetreo de negocios que debía haber aquí en la época medieval.

Siguiendo la rue du Jerzual hasta el final nos metemos de lleno en el casco histórico de Dinan. Vale la pena explorar la rue de la Poissonerie y las plazas des Merciers et des Cordeliers. Mención aparte para la cercana rue des Cordonniers, renombrada también como la rue de la Soif <b, porque a partir del mediodía todo son terrazas de bares.
Otro punto que no os podéis perder en el centro es la Torre del Reloj, que data del siglo XV. Se puede subir a lo alto de sus 43m para observar las vistas sobre la ciudad por una tarifa de 4€. En el interior, también se puede ver el mecanismo original del reloj, uno de los más antiguos de Europa (año 1501).

Un pequeño desvío nos lleva la bonita y tranquila plaza de la basílica del Saint-Sauveur.

Nuestro recorrido por el centro terminó en el extremo sur de las murallas, en el castillo de Dinan. Se puede visitar el interior por 7,5€, aunque nosotros no lo hicimos y dedicamos el resto de la mañana a callejear por el centro.
Qué ver o, más bien, qué comer en Cancale
A mediodía regresamos al coche y ponemos rumbo a Cancale.

No es un sitio muy concurrido, de modo que para aparcar de forma gratuita, bastará con alejarse un poco del centro.
Aunque no negaremos que el pueblo en sí tiene su encanto, Cancale se disfruta más con el paladar que con la vista. En Cancale visitamos la plaza de la iglesia y las calles que la rodean, donde había instalado un mercadillo de segunda mano.
Pero el atractivo principal se encuentra en el puerto, donde durante todo el año se encuentra el mercado de las ostras. Se pueden comprar ostras para llevar o para degustar in situ. Locales y turistas se sientan en las escaleras frente al mar a degustar los diferentes tipos de ostras que se ofrecen. Los vendedores las abren y las sirven recomendando el orden de degustación e incluso se pueden acompañar de una copa de vino blanco. ¿Lo mejor de todo? Es probablemente uno de los sitios más baratos donde probar este manjar: entre 1 y 2€ la unidad y con ofertas para los platos.

Con la marea baja quedan descubiertas las explotaciones de ostras donde se recogen frescas cada día para el mercado. En los días claros, aquí podréis tener también la primera panorámica sobre la bahía del monte Saint Michel y la silueta de su abadía sobre un islote en el horizonte. Todo ello un tentempié de nuestra visita al monte Saint-Michel del día siguiente.
Saint-Malô
La ciudad corsaria es la última parada del día. Saint-Malô está muy, pero que muy concurrida, así que paciencia con las aglomeraciones si vais en verano.

Dónde aparcar en Saint-Malô
Los aparcamientos cerca del centro en Saint-Malô son caros y, por su popularidad, suelen estar llenos. Para nosotros lo más cómodo fue dejar el coche en aparcamiento Féval. Aunque está muy alejado, es un Park&Ride, de modo que se paga una tarifa plana de 3,3€ y con el mismo ticket hasta 5 ocupantes por coche pueden subirse gratuitamente a un bus que conecta con el centro cada 15 minutos.
Qué ver en Saint-Malô
El bus nos va a dejar muy convenientemente delante de la Porte de Saint-Vincent frente al puerto y desde donde podemos entrar al centro. A diferencia de los muchos pueblos que hemos visitado en nuestra ruta por Bretaña, Saint-Malô quedó devastada por los bombardeos americanos durante la Segunda Guerra Mundial, para forzar la retirada de los alemanes. Se calcula que hasta un 80% de los edificios fueron destruidos, de modo que prácticamente todo fue reconstruido en los años 50.

El castillo de Saint-Malô queda justo a la derecha entrando por la puerta de Saint-Vincent, hoy en día sede del ayuntamiento. En un paseo por el centro, además de callejear sin rumbo no os podéis perder la catedral de Saint-Vincent y sus vidrieras o acercaros a la Grand’Porte, otra de las entradas a la ciudad intra-muros.

No obstante, lo mejor de Saint-Malô en nuestra opinión son las vistas a los baluartes y a las Casas de los Armadores desde el dique (Mole des Noirs).

Y, evidentemente, no puede faltar un recorrido por las murallas bordeando las playas, tanto en marea alta como en marea baja. La playa del Bon Secours es sin duda la más popular. Desde ella se pueden ver los islotes del Grand Bé y el Petit Bé. Destaca también la presencia de una piscina de agua salada sobre la playa, para que los bañistas pueden disfrutar sea cual sea el estado de la marea.

Si seguís el recorrido sobre las murallas, pronto llegaréis a la playa de l’Évantail. Esta playa solo queda al descubierto durante la marea baja, momento en el que también se puede acceder al islote del Fuerte Nacional (Fort Royal antes de la Revolución Francesa), una edificación defensiva en granito del siglo XVII.

Para regresar al aparcamiento, repetimos el procedimiento de nuestra llegada y cogemos el bus frente a la puerta de Saint-Vincent. Se nos ha hecho tarde con todas las visitas del día, pero si os sobra tiempo, os podéis acercar en vuestro vehículo a la torre de Solidor para ver la puesta de sol.
Otros destinos en la Bretaña francesa
Si estáis planeando una ruta en coche en la Bretaña francesa, no os perdáis nuestra sugerencia de itinerario en una semana. Un itinerario por esta región os llevará a descubrir parajes naturales, como los que vimos ayer en los cabos de Erquy y Fréhel, o el monte Saint-Michel en la vecina Normandía, justo en la frontera con Bretaña que visitaremos en nuestra próxima entrada.
En resumen:
Viajes seguros:
No olvidéis pedir la Tarjeta Sanitaria Europea antes de viajar por la Unión Europea. Además, por ser lector, pincha en la imagen y disfruta de 5% de descuento en tu seguro Heymondo para viajar a Bretaña o cualquier otro destino que tengas en tus planes. ¡Gracias!


