Visitar el Monte Saint-Michel

Visitar el Monte Saint-Michel

El Monte Saint-Michel se encuentra geográficamente en la frontera de la vecina región de Normandía, pero por su proximidad se incluye en la mayoría de rutas por la Bretaña francesa. No podía faltar tampoco en nuestra ruta de una semana por la región.

Para visitar el Monte Saint-Michel, os recomendamos que os reservéis algo más de medio día o, si os cabe en el itinerario, un día entero para poder verlo tanto en marea alta como marea baja o para ver el amanecer y el atardecer sobre el islote.

En cuanto al alojamiento, si miráis con tiempo hay bastante oferta en la zona cercana al monte (pueblos de Beauvoir y Pontorson). También en el mismo islote hay hoteles, aunque mucho más caros. Si os quedáis cerca de Dinan o Saint-Malô tampoco es mala opción, ya que son unos 30-40 minutos de trayecto.

Dónde aparcar gratis en el Monte Saint-Michel

El Monte Saint-Michel solo es accesible a pie a través de unas pasarelas construidas sobre la bahía (2,5km) o usando los minibuses puestos a disposición del visitante. Los coches no pueden pasar de los aparcamientos, que en temporada alta cuestan la friolera suma de 21€ para estancias de 3 a 6h de duración o 25€ si os vais a quedar todo el día. Por «suerte», los minibuses vienen incluidos en este precio. Las plazas más cercanas a la parada del minibus estan en los Parkings 10 y 11. Podéis consultar todos los precios aquí.

Pero, ¿se puede aparcar gratis en el Monte Saint-Michel? No exactamente, pero sí se puede si os apetece una caminata más larga por los prados que rodean la bahía, siempre con el monte y la abadía en el horizonte. En este caso, tendréis que aparcar en la rue de la Rive. Alternativamente, podéis buscar «Auberge de la Baie» en Google Maps. El aparcamiento es en la misma calle y es limitado. Además, tened en cuenta que no se puede aparcar delante de las casas (sí delante de solares o negocios), de modo que es importante llegar temprano y respetar las restricciones.

Desde aquí tendréis que seguir un sendero que empieza justo enfrente. Hay una barrera y hay que tener cuidado de dejarla cerrada a vuestro paso, ya que por los prados salados de la bahía hay rebaños de ovejas.

El sendero no tiene pérdida, ya que el monte queda siempre visible al frente. Al cabo de unos minutos os encontaréis con la formación de unos fotogénicos meandros. La ruta discurre por los prados hasta que se une al puente-pasarela que cruza al islote. En total, se recorren así unos 4,5km (en lugar de los 2,5km a pie o en bus si aparcáis en los parkings habilitados). Este itinerario forma parte de la GR34 (Sendero de los Aduaneros), del que ya os hablamos en nuestras rutas por los cabos de Erquy y Fréhel.

Qué ver en el Monte Saint Michel

En primer lugar, tened en cuenta que vais a ver MUCHÍSIMA gente. Si queréis evitarlo, al menos en algún momento del día, no os quedará otra que madrugar.

La historia del Monte se remonta al año 708, cuando según la leyenda, el arcángel San Miguel se le aparece al obispo de Avranches en sueños y le ordena la construcción de un templo. Los benedictinos ampliaron esa primera iglesia a lo largo de los siglos X y XI sobre el islote, en ese momento llamado Mont Tombe. Enseguida se convierte en un centro de peregrinación. El el siglo XIII, una donación real permite la expansión gótica de la abadía.

A lo largo de los siglos, la abadía sufre muchos altibajos. Su uso cambia a fortificación durante la Guerra de los Cien Años, hace las veces de prisión, se incendia, cae en ruinas, se reconstruye… Incluso fue ocupado por los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su interés religioso y turístico permiten su conservación y es hoy en día uno de los emblemas de Francia.

Las mareas y la bahía

La bahía del Monte Saint-Michel es famosísima por sus mareas, las más fuertes de Europa. El Atlántico puede llegar a retirarse hasta 15km de la bahía en la marea baja y subir a un ritmo de 6km/h rodenado el monte de agua en la marea alta. La subida avanza con una primera pequeña ola visible que se conoce como «mascaret». El puente pasarela permite que el monte no se quede aislado, excepto en los días de Grandes Mareas (dos veces al año durrante la marea alta). Podéis encontrar aquí todos los horarios de las mareas por meses para planear vuestra visita. Cuanto más alto sea el coeficiente de la marea (última columna), más intensa.

Cuando la marea está baja, es posible andar por la arena de la bahía. Sin embargo, y aunque os parezca inverosímil, hay que ir con mucho cuidado, ya que hay zonas de arenas movedizas. Si no vais a alejaros mucho de las murallas del islote para unas fotos, es bastante seguro. Para excursiones más amplias por la bahía o para rodear el monte completamente, existen tours con guías especializados.

El pueblo a los pies de la abadía

El pueblo del Monte Saint-Michel es pequeño y se pueden recorrer absolutamente todas sus calles en una visita, sin prisas. Hay dos entradas al monte: a la izquierda, hasta la torre Gabriel y el embarcadero. A la derecha, se encuentran la Puerta de la Avanzada y, a continuación, la Puerta del Rey.

Luego, se sube hacia la abadía por la Grande Rue, repleta de souvenirs y restaurantes. Entre estos últimos destaca el restaurante de la Mère Poularde y sus famosas tortillas de trufa a precio de oro. Más adelante, encontramos la iglesia de San Pedro y su adyacente cementerio.

Otra vía de acceso a la abadía es por las murallas, desde donde se obtienen vistas inigualables al pueblo y al templo sobre la roca, pero también a la bahía.

La abadía

La silueta del monte Saint Michel no sería la que es sin la inmensa abadía construida en su cima rocosa y su visita se hace imprescindible. Abre a diario de 9 a 19h en verano (junio, julio, agosto), de 9h30 a 18h en invierno. La entrada cuesta 13€ (adultos) y conviene adquirirla con antelación para saltarse las colas. Podéis hacerlo en la página oficial, donde las entradas salen a un mes vista.

El recorrido por la abadía os transporta a diferentes espacios donde observar los detalles arquitectónicos de esta construcción a través de los siglos. Una larga escalinata os llevará a la terraza del Oeste, donde tendréis un panorama de las arenas de la bahía y veréis «de cerca» el arcángel San Miguel dorado que corona la abadía.

El interior del templo gótico, conocido como «la Maravilla» os hará preguntaros cómo pudo construirse tal proeza en la época medieval en un islote que requería el transporte de todos los materiales desde otros puntos de la región. Lo mismo puede decirse del claustro de la abadía y los detalles de sus arcos.

El recorrido prosigue, entre otros, por el refectorio (el comedor de los monjes) y un conjunto de criptas y capillas en las plantas inferiores que sostienen el peso de la abadía. La salida se efectúa por los jardines antes de dar de nuevo con unas escaleras que descienden a la Grande Rue o el camino sobre las murallas.

Dónde comer en el Monte Saint-Michel

Hay bastante oferta en el monte, aunque no es económica. A no ser que os queráis gastar un pastizal en las tortillas de trufa de la Mère Poularde, una buena alternativa sería probar el cordero asado de los prados salados de la bahía (tampoco es económico, pero se ofrece a precios más aceptables). De lo contrario, hay opciones de todo tipo, incluido fast food y bocadillos. O si habéis sido precavidos, podéis montaros vuestro propio picnic con vistas en las murallas.

Otros destinos en la Bretaña francesa

Si estáis planeando una ruta en coche en la Bretaña francesa, no os perdáis nuestra sugerencia de itinerario en una semana. Si vais a visitar el Monte Saint-Michel, no os podéis perder los vecinos pueblos de Dinan o Saint-Malô o probar las deliciosas ostras en el puerto de Cancale. Si vais a seguir vuestro viaje el mismo día de la visita al Monte Saint-Michel, podéis combinarlo con el pueblo de Fougères, a 40 minutos en coche, que nosotros visitaremos en nuestra próxima entrada.

En resumen:

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