Budapest en 2 días y un chapuzón

Budapest en 2 días y un chapuzón

La capital húngara nos ofrece dos ciudades en una, separadas por el río Danubio: la mágica y mística Buda, al oeste, y la opulencia imperial de Pest, al este. Un itinerario de dos días y medio nos permite descubrir las joyas más destacadas a ambos lados del río.

Llegada

Cómo llegar del aeropuerto al centro y dónde alojarse

Llegamos a Budapest el primer día de viaje Interrail cuando ya estaba anocheciendo. Cogimos un vuelo de la compañía low cost Whizz Air, que nos llevo directos desde Palma a Budapest en aproximadamente 3h. Desde el aeropuerto, es fácil y económico llegar al centro tomando la línea de bus 200E, que os deja en la primera parada de la línea de metro M3, Köbánya-Kispest, desde dónde seguramente os sea cómodo conectar con tu alojamiento.

Compra el billete de autobús en el aeropuerto por 350 florines (1,10€ al cambio en las fechas de nuestra visita). También se lo puedes comprar directamente al conductor, pero te costará 450 florines.

El metro de Budapest puede ser algo confuso, ya que no hay barreras en las máquinas dónde se tiene que picar el billete. Es fácil despistarse y no marcar el billete, así como también puede que alguno ya esté pensando en lo simple que resulta colarse. Sin embargo, tanto si compráis billetes individuales (350 florines) como bonos de 10 viajes (3000 florines), no os olvidéis de pasarlos por la máquina, ya que hay bastantes revisores en los andenes que esperan para comprobar los tickets de los viajeros que bajan del metro.

Nosotros nos alojamos en un apartamento en la zona de Buda, a apenas 10 minutos andando del Bastión de los Pescadores y a 2 minutos del Danubio, desde dónde se tienen unas vistas espectaculares al Parlamento, por tan solo 13€ la noche por persona gracias a Airbnb. Si todavía no lo conocéis, os podéis registrar aquí y obtendréis un descuento de 35€ en vuestra primera reserva.

Bares de ruina

Llegamos por la tarde-noche y hambrientos el primer día, así que sin perder mucho tiempo nos dirigimos a la zona de Pest donde se encuentran los famosos bares de ruina de Budapest. ¿Ese nombre no suena bien, verdad? Pues en realidad, ¡son una pasada! Se trata de bares ubicados en edificios históricos de más de cien años del barrio judío, que se encontraban abandonados y que se han rehabilitado como locales de ocio. Y aunque todos comparten el aspecto ruinoso, la decoración es de lo más variopinta: graffitis, coches viejos, neumáticos, antigüedades, muebles y lámparas de la abuela, post-its, bicicletas oxidadas…

El más conocido es sin duda el enorme Szimpla Kert, que cuenta con diversos espacios conectados entre sí. Se trata de un local muy frecuentado por los turistas, pero que a nuestro parecer conserva la esencia y todavía no ha muerto del éxito. Pero si queréis un lugar más tranquilo, podéis probar con bares de ruina menos transitados, como por ejemplo el Grandio Bar (tranquilo siempre y cuando no hayan organizado una fiesta), ideal para disfrutar de una cerveza o catar el pálinkaun aguardiente a base de frutas con alrededor de 40º de alcohol. Nos dijeron que el más suave era el de melocotón, pero podéis creernos cuando os contamos que fue tan fuerte el trago que ni pudimos percibir el sabor de la fruta.

¡Ojo con los brindis! Puedes levantar el vaso con tus amigos si bebéis pálinka o cualquier otro tipo de alcohol pero nunca con cerveza. Y es que el país todavía recuerda como los austriacos celebraron su victoria tras una batalla que terminó con una revuelta húngara hace más de 150 años. Desde entonces, está mal visto brindar con esta popular bebida y los locales se encargan hacérselo saber a los extranjeros que realizan el gesto con miradas de desaprobación.

Los bares de ruina suelen servir bebidas, pero también es común que algunos sirvan comida rápida como hamburguesas, perritos y tacos. Si, a pesar de todo, queréis comer en un ambiente más distendido, muy cerca del Szimpla Kert se encuentra el espacio Karaván, un lugar dedicado a los food trucks, con mesas y sillas al aire libre donde podréis disfrutar de la comida callejera alejados del bullicio.

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Día 1

Buda imprescindible

Al día siguiente, nuestra primera jornada completa en la capital húngara, nos despertamos temprano para descubrir las joyas que nos aguardan en la zona de Buda, dónde se encuentra nuestro alojamiento. En apenas unos 10 minutos subiendo alguna que otra cuesta nos plantamos en el Bastión de los Pescadores.

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Se trata de una especie de terraza neogótica/neorrománica con siete torreones que representan las siete tribus magiares que se establecieron en la zona en el siglo IX. Y aunque se construyó en línea con las murallas de esta parte de la ciudad, a día de hoy su función es meramente decorativa. Sus torres, sus arcos y su infinidad de detalles parecen sacados de un cuento de hadas, además de ofrecer unas vistas imbatibles al Parlamento que se erige al otro lado del Danubio, en la zona de Pest.

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Justo detrás del Bastión, se alza la iglesia de San Matías.

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Y entre los dos monumentos se encuentra la estatua ecuestre de San Esteban, el primer monarca católico del reino.

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Me parece que nunca me voy a cansar de recorrer los rincones del Bastión de los Pescadores, así que nos marchamos decididos a volver por la noche para ver la zona iluminada, y de momento seguimos por la calle Uri Utka, una vía medieval de la que podemos desviarnos por Tamok Utka y llegar al Castillo de Buda. El Castillo de Buda alberga el Museo de Historia de Budapest, la Biblioteca y la Galería Nacional, cada una con una entrada separada. Nosotros decidimos dedicar una hora a recorrer las salas de la Galería Nacional, por 900 florines (unos 2,50€ precio de estudiante, la entrada para un adulto cuesta el doble). Recomendamos este museo tan solo a aquellos apasionados del arte, ya que si lo que se pretendía era ver el castillo por el interior es una gran decepción. Hay que tener en cuenta que el castillo sufrió bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, todo está reconstruido.

El puente de las Cadenas

Es mediodía y decidimos ir a la zona de Pest, cruzando el famoso Puente de las Cadenas, o, como se le llama oficilamente, el Puente Széchenyi, en honor al conde que lo mandó construir, aunque el que podemos cruzar actualmente es una reconstrucción del original, que fue hundido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

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Desde el puente, flanqueado por cuatro enormes leones esculpidos a ambos extremos, se tienen unas vistas preciosas tanto al Castillo de Buda como al Parlamento de Pest.

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Pest de día

Como ya se acerca la hora de comer, pasamos por la plaza Vorosmarty tér y de allí seguimos la calle Vaci Utca, repleta de tiendas de grandes cadenas de ropa, souvenirs y restaurantes para guiris, y nos dirigimos directos al Mercado Central, dónde llegamos en aproximadamente 20 minutos. Se trata de un fabuloso mercado donde podréis comprar todo tipo de productos típicos de Hungría, especialmente embutidos y su especia más famosa, la paprika (o pimentón dulce).

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Precisamente, hemos venido al mercado para probar un plato que lleva esta preciada especia en abundancia y que es probablemente el más famoso de la gastronomía húngara. Y es que aunque sea verano y el calor no invite demasiado a comerse un guiso potente, no podemos completar una visita a Budapest sin probar el célebre gulash, a base de ternera, verduras (cebolla, pimiento) y mucha paprika. En la parte superior del mercado hay varios lugares donde preparan gulash con los productos frescos del mercado y a muy buen precio. Y aunque quizás os toque esperar para comer sentados en una de las escasas mesas, la experiencia gastronómica bien vale la pena. Nosotros pedimos un plato de gulash y muslo de oca.

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Con el estómago lleno nos disponemos a seguir andando, esta vez recorriendo las avenidas Vámház körút y Muzeum körút, pasando por delante del Museo Nacional de Hungría, hasta que llegamos a la Gran Singagoga de Budapest, muy cerca de los bares de ruina dónde estuvimos anoche.

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Aprovechamos para darnos una vuelta por la zona, irreconocible de día, y terminamos el paseo por el barrio en el New York Café, una institución en la ciudad. La verdad es que con las mochilas de Quechua y las deportivas desentonamos con el lujo que nos rodea, pero a pesar de que los cafés cuestan entre 4€ (el espresso) y 6€ (el capucchino), nos sentamos a tomar uno para captar el ambiente que se respira en el local. Nuestro veredicto: el sitio es realmente magnífico y te traslada a un palacio de otra época. En cuanto al café, es de los que se toman sin azúcar de lo bueno que es.

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Son casi las 6 de la tarde y decidimos volver a nuestro alojamiento a pie (empezamos bien este Interrail a base de andar) y aprovechamos que es temprano para hacer unas compras en el supermercado de al lado de nuestro apartamento para cenar y prepararnos unos bocadillos para aprovechar al máximo el día de mañana.

Cenamos pronto y antes de zanjar el día, decidimos que vamos a acercarnos al Bastión de los Pescadores ahora que es de noche para verlo iluminado. Si por la mañana parecía sacado de un cuento, por la noche iluminado tiene un aire totalmente sobrenatural. Y sorprendentemente, aunque fuera verano, estábamos prácticamente solos.

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Lo más curioso de Budapest de noche es que se llena de pájaros que rodean los edificios principales y brillan con la iluminación de éstos. Al principio, dudamos de si eran murciélagos o aves, aunque concluimos que debía ser alguna especie de pájaro. Nos damos una última vuelta por la zona del Castillo y nos retiramos al apartamento a dormir.

Día 2

Seguimos recorriendo Pest: la zona del Parlamento

Nos levantamos sin prisas porque hoy tenemos reservada la visita al Parlamento de Hungría para las 10h15. Se puede comprar al momento, pero las plazas para las visitas son limitadas y se forman colas horrorosas, por lo que conviene llevarlo reservado de casa. Nosotros lo reservamos aquí y nos salió a 1100 florines por persona (3,5€ con descuento de estudiante, el precio de la entrada para un adulto es el doble).

Salimos con tiempo, cruzamos el Puente de las Cadenas de nuevo para llegar a Pest y desde allí andamos a lo largo del Danubio hasta que llegamos a los Zapatos del Danubio, un monumento que recuerda a los judíos fusilados y arrojados al río durante el Holocausto.

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Llegamos al Parlamento con 15 minutos de antelación y, tras pasar el control de seguridad, la visita guiada empieza a la hora prevista.

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El recorrido dura unos 45 minutos y se puede ver la escalera principal, la cámara de representantes y la Corona, custodiada con la máxima serenidad por dos guardias impasibles. A pesar de que las diversas estancias destacan por su suntuosidad, la verdad es que todo se ve muy fugazmente y, aunque las explicaciones de la guía son bastante ilustrativas, te da la sensación de que había más bien poco que ver por lo rápido que se realiza la visita.

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Salimos del Parlamento y vemos que por casualidad va a empezar un free tour por la zona de Pest a las 11h30, así que decidimos esperar y unirnos al grupo para conocer la parte de Pest más cercana al Parlamento (el tour termina en la Gran Sinagoga a las 14h, por lo que lo abandonaremos antes de que termine).

Para aquellos que no los conozcáis, los free tours son tours que, como su nombre indica, no tienen un coste establecido sino que uno puede unirse a ellos de forma gratuita y pagar la voluntad al final del recorrido. Normalmente son visitas bastante entretenidas que realizan compañías turísticas con la intención de que la gente se apunte a realizar alguno de sus otros tours de pago. En todo caso, son ideales para conocer lo esencial de una ciudad, especialmente cuando se viaja con poco tiempo y, de paso, se quieren descubrir algunos detalles históricos y culturales del lugar.

En concreto, nosotros conocimos el monumento a Imre Nagy, el presidente húngaro que plantó cara al comunismo soviético, lo cual le llevó a ser juzgado y condenado a muerte por el régimen, así como también la plaza de la Libertad, donde otro líder político, Lajos Batthyáni fue ejecutado por desobedecer al emperador austro húngaro a mediados del siglo XIX.

A continuación llegamos a la Basílica de San Esteban, caracterizada por sus enormes dimensiones. Entrar es gratis, así que vale la pena asomarse a ver la tétrica reliquia de la mano de San Esteban que se encuentra en su interior. Y para los forofos del fútbol, Puskás se encuentra enterrado en la basílica.

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Hacia los baños termales de Széchenyi

Seguimos nuestro camino hasta la plaza Deák Ferenc tér, donde le damos las gracias (y una pequeña propina) a la guía y nos separamos del grupo. Para aprovechar el día al máximo este mediodía comemos de los bocadillos que nos preparamos anoche y seguimos en ruta, ahora por la avenida Andrassy, un ancho bulevar dónde podemos ver el edificio de la Ópera y la Terror Haza (Casa del Terror), un museo dedicado a los horrores del comunismo y las deportaciones de los húngaros a los gulags, o campos de trabajo, en Rusia.

Al final de esta larga avenida llegamos a la plaza de los Héroes, en honor a los fundadores de la nación húngara.

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Desde allí se tiene acceso al Parque de la Ciudad, donde pasamos parte de la tarde, paseando por los alrededores del Castillo de Vajdahunyad

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Son las 17h y es precisamente la hora que estábamos esperando para ir a los baños termales de Széchenyi. ¿Os suena? Es el mismo conde que mandó construir el Puente de las Cadenas. Budapest está repleta de baños termales y la entrada en algunos es bastante económica. Es el caso de los concurridos baños de Széchenyi: la entrada a partir de las 17h cuesta 15€, incluido el alquiler de la taquilla para guardar vuestras cosas y permite quedarse hasta el cierre: en verano, las piscinas interiores cierran a las 19h, mientras que las tres piscinas exteriores permanecen abiertas hasta las 22h.

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Hay muchísima gente en el interior, pero ir por la tarde es buena idea, porque a medida que se acerca la hora del cierre, la cantidad de gente va disminuyendo y se puede disfrutar de las piscinas más relajadamente. Hay hasta 15 piscinas interiores, a diferentes temperaturas. Meterse en una piscina helada para luego zambullirse en la piscina más caliente es una gozada. Las exteriores, a las que salimos cuando empiezan a cerrar las interiores se encuentran a 33º y 38º (una auténtica sopa). De hecho, recomiendan no permanecer demasiado tiempo en las piscinas más cálidas, por el riesgo de infecciones que conllevan las altas temperaturas. La ducha posterior es prácticamente obligada.

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Salimos de los baños termales cuando ya ha anochecido y nos vamos a cenar al Paprika, un restaurante típico húngaro que se encuentra a unos 10 minutos andando, bordeando el Parque de la Ciudad. La decoración del local trata de imitar una tradicional casa de campo y su especialidad son las carnes. Yo pedí un plato de medallones de lomo de cerdo cocinados con pimientos y patatas, mientras que Joan pidió un plato de carne de caza: venado con ragout de verduras. Los dos platos saben espectacular y junto con una cerveza y un agua nos sale la cena por unos 28€, un poco caro para nuestro presupuesto de estudiantes de Interrail, pero compensa con lo que nos hemos ahorrado comiendo de bocadillo este mediodía.

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Es nuestra última noche en Budapest y queremos volver a ver la ciudad iluminada, en nuestra opinión, cuando es más bonita. Hay quién no puede irse de Budapest sin ver la ciudad desde un crucero con cena por el Danubio. Pero si vuestro presupuesto, como el nuestro, no da para tanto, os queda la opción de coger la línea 2 del tranvía desde el Parlamento hasta pasado el Puente de las Cadenas. El ambiente respecto a un crucero no tiene punto de comparación, pero las vistas al fin y al cabo son las que son vayas en barco o en tram, así que por 1,10€, es un paseo recomendable.

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Y después de un tranquilo paseo de regreso damos por finalizado nuestro segundo día completo en Budapest.

Día 3

La pastelería Gerbeaud

Es nuestro tercer día de viaje y esta tarde temprano cambiamos de país y nos vamos a la capital de Eslovaquia, Bratislava. Sin embargo, no podemos marcharnos de Budapest sin probar los dulces de la pastelería Gerbeaud, de la que nos han hablado maravillas. A pesar de tener mucho renombre (la llaman la pastelería favorita de Sissí la emperatriz) y de estar ubicada en la plaza Vorosmarty, nosotros no encontramos mucha aglomeración en el local. Nos sentamos en el interior a desayunar y el mostrador es como el museo de las tartas. Además de estar riquísimas tienen una pinta de lo más refinada. Al final, pedimos un trozo de tarta Esterházy, con deliciosas capas de crema de almendra, y la misma tarta pero en versión sundae. Lo malo, el precio: las porciones de tarta rondan entre 7 y 10€.

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Después de este fabuloso bocado dulce, pasamos el resto de la mañana en la zona de Pest. Entre otros, volvemos al Mercado Central, uno de los lugares que más nos han gustado por el ajetreo y la cantidad de productos húngaros que venden.

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Hacia mediodía nos compramos un sándwich y nos vamos a recoger las maletas. ¡En unas horas estaremos en Bratislava!

En resumen:

Interrail por Europa Central en 15 días



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