Día 10: Un día y una noche en la isla de Miyajima

Día 10: Un día y una noche en la isla de Miyajima

Décimo día de nuestra ruta de doce días invernales en Japón. Muy a nuestro pesar vemos cómo el fin de las vacaciones ya acecha, pero todavía nos quedan joyas que descubrir en el país del sol naciente. De hecho, la visita a Miyajima es de los días que recordamos con más cariño del itinerario.

Cómo llegar

De nuevo dependemos 100% de Hyperdia para organizar el trayecto que nos llevará de Kioto hasta la isla de Miyajima. Con el JR Pass vamos a tomar un tren desde la estación central de Kioto vamos a tomar un tren a Shin-Osaka, donde realizaremos un primer cambio al shinkansen que nos llevará a la ciudad de Hiroshima. Desde Hiroshima, cambiaremos de nuevo: esta vez a la línea JR Sanyo con destino a Miyajimaguchi: el puerto donde salen los ferries a la isla de Miyajima. Dos compañías realizan el trayecto desde el puerto a la isla y una de ellas pertenece a Japan Rail, por lo que el coste está cubierto por el JR Pass (de lo contrario, los 10 minutos de viaje cuestan 180¥ por trayecto. El itinerario completo toma unas 3h. Ojo aquí porque hay otras formas de llegar, con distintas paradas, pero puede llegar a tomar hasta 5h.

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Originalmente teníamos programado visitar Fushimi Inari, el templo de los mil torii, esta mañana antes de salir hacia Miyajima. Sin embargo, nuestro cambio de planes forzoso nos hizo pasar un día adicional en Kioto y ya lo visitamos en nuestro primer día en la ciudad. Esto nos va a permitir llegar a Miyajima antes de las 12h, cuando empieza el bugaku, un ritual de música y danza que se celebra días contados y con el que hemos tenido la suerte de coincidir en nuestra visita.

Isla de Miyajima

Dónde alojarse

Flashforward y ya estamos llegando en ferry a la isla de Miyajima. Desde la cubierta de la embarcación tenemos las primeras vistas al torii flotante que hace tan famosa a la isla. Llegamos sobre las 10h30 y nos vamos directamente al ryokan que hemos reservado para esta noche. Un ryokan es un alojamiento tradicional japonés, que suele caracterizarse por ofrecer habitaciones con tatami, futones para dormir y baños públicos (onsen).

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Nosotros elegimos la Guest House Mikuniya para nuestra estancia porque era el ryokan más barato de la isla y, además, fue un lugar fantástico. Cuando busquéis alojamiento en Miyajima veréis que si lo hacéis con mucha antelación (más de tres meses) no habrá apenas opciones disponibles en Booking ni en metabuscadores de alojamiento. Esto es debido a que la mayoría abren sus reservas solo con tres meses de antelación. Aún así, hay una página japonesa (traducida al inglés) en la que podréis ver con anterioridad todas las opciones, precios e incluso reservar: Gambo-ad. En nuestra experiencia, es un buen recurso para hacerse una idea pero al final hicimos la reserva a través de Booking porque era bastante más económico que el precio que nos daban contactando directamente con ellos. Nos salió por 10000¥ (75€) la estancia de una noche en habitación doble.

El ryokan por el que nos decantamos era, como hemos mencionado, el más barato aunque tenía precios similares a otros establecimientos que se venden como ryokan pero están a primera línea en edificios de pisos, pero el nuestro, en cambio, sí se encontraba en una preciosa casa tradicional japonesa con jardín. No estaba frente al mar sino en una callejuela tranquila que sube hacia donde salen los teleféricos al monte Misen, a 20 minutos del embarcadero pero a 150m del templo de Itsukushima.

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La recepción al ryokan fue excelente: el chico fue muy informativo, nos enseñó la habitación y los espacios públicos (el onsen, pero también la cocina y la sala de estar, donde había montones de juegos tradicionales, libros, papel de origami, etc.). ¡Me habría quedado a vivir aquí!

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También nos proporcionó un mapa con un montón de indicaciones sobre qué ver y dónde comer en la zona y nos indicó que a parte del desayuno incluido con la reserva, podíamos prepararnos algunos de los platos precocinados que había en la nevera y el congelador o coger bebidas, a cambio de un precio muy razonable.

Qué ver en la isla

La mayoría de turistas viene a Miyajima en una excursión de un día. Incluso los hay que visitan Miyajima en la mañana e Hiroshima por la tarde antes de regresar a Kioto o Osaka. Para nosotros, la isla se merece el día entero y la noche también, por la absoluta calma que se respira en ella cuando ya se han marchado todos los ferries y se convierte en un lugar mágico.

El atractivo más conocido de la isla es el gran torii flotante que se alza justo enfrente del santuario de Itsukushima. Hay que estar pendiente del horario de las mareas para verlo tanto en medio del agua con la marea alta y caminar hasta él por la arena en marea baja. Pero cualquiera que sea el momento, sí es cierto que el torii, por sencillo que parezca como monumento, tiene algo que hipnotiza al visitante.

Cuando llegamos por la mañana estaba totalmente rodeado de agua y la gente se aglutinaba frente a la entrada del santuario de Itsukushima para visitar el templo flotante y presenciar el ritual de danza bugaku. 

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De hecho, hay tanta gente que ya vemos venir que entre la cola y el espectáculo no vamos a salir a una hora decente para comer y aprovechamos para comprar unos fideos yakitori que venden en uno de los múltiples puestos de comida a primera línea de mar y comer mientras esperamos. Ya de paso, nos acercamos a un local que, además de tener un espacio interior de restaurante, vende ostras en la calle. Miyajima es conocida también por el cultivo de ostras y este sitio tiene bastante buena reputación si queréis probar las ostras por un precio económico: 500¥, que sumados a los 500¥ de los fideos, nos han bastado para comer los dos este mediodía (7,5€).

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Pagamos los 300¥ (menos de 2,5€) de la entrada al templo y accedemos. La verdad es que no lo disfrutamos mucho por la cantidad de gente que hay. De hecho, no sabemos cómo pueden rezar tranquilos con tanto ruido de turistas…

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Aún así, las vistas al tori en medio del mar son inigualables.

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Son las 11h30 y ya nos colocamos delante del escenario para el evento y junto a nosotros un montón de japoneses con sus cámaras de profesional. Uno incluso nos enseña un folleto de las danzas programadas para la jornada. Nosotros pensábamos que era una danza y ya, pero no, son varias y el evento dura casi toda la tarde.

El bugaku tiene lugar en el escenario del templo de Itsukushima en días señalados del año, normalmente en el marco de algún festival japonés. Podéis ver el calendario de eventos de Miyajima, incluidos los días en que se representa el bugaku en el templo, aquí.

Tras media hora en la que la expectación no ha hecho más que crecer alrededor del escenario, salen los músicos a tomar posiciones en una especie de casetas a ambos lados del escenario.

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Y cuando empiezan a sonar, salen a escena los bailarines, cuatro hombres provistos de espadas para esta primera danza. La música del bugaku es como muy lenta y continua, con tan solo algunos leves cambios de ritmo, lo que hace que los movimientos de la danza sean muy pausados y tremendamente calculados. Me atrevería a decir que la música ni tan solo parece harmoniosa a oídos occidentales, pero tiene una continuidad muy mística que va en perfecta combinación con el baile. El telón de fondo del espectáculo, el gran toriile da un toque aún más excepcional a lo que estamos presenciando.

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Aquí tenéis un vídeo de uno de los momentos de esta primera danza.

Vemos otra danza y a sabiendas que el evento durará todavía un par de horas más, decidimos seguir nuestra ruta por la isla y volver más tarde a ver alguna actuación más. Salimos del templo por el extremo opuesto de donde hemos entrado y echamos un vistazo a los templos a la orilla del mar antes de girar a la izquierda hacia los pies del monte Misen, donde se sitúa el templo Daisho-in al final de unas escaleras que, por lo menos en invierno, no cuesta nada subir.

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El acceso a Daisho-in es gratis y se pueden visitar varios edificios. Es el segundo templo en importancia de Miyajima y se dice que fue fundado por el monje que trajo el budismo a la isla. El pabellón principal de Kannon-do, además de coloridos altares, incluso tiene una especie de pasadizo subterráneo, muy oscuro, y cuya única iluminación proviene de algunas estatuillas de Buda cada ciertos metros.

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Un poco más allá hay una cueva a modo de templo también en el que se encuentran un montón de linternas colgando del techo de roca.

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Si deseáis llegar a la cima del monte Misen, de aquí sale el camino para hacerlo a pie. El ascenso toma como 1h30 por esta ruta. De lo contrario, se puede optar por llegar arriba en teleférico.

El templo destaca por la gran cantidad de estatuas de piedra que por momentos parecen multiplicarse en los diferentes altares y senderos. Incluso en la fuente del templo hay una hilera de figuras de la Bodhisattva Jizo a las que la gente va echando agua a la cabeza para obtener buena suerte.

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Muchas de las figuras llevan un gorrito de lana e incluso una bufanda, un detalle que aunque lo hemos visto en otros templos, aquí destaca en cantidad. Ya de bajada hacia el templo de Itsukushima reparamos en un sendero que no habíamos visto antes y que está repleto de estatuillas con sus gorros a ambos lados.

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De vuelta al templo de Itsukushima, no podemos resistirnos ir a por un postre. Lo de la comida en Japón nos lleva por el camino de la perdición, ¡está todo taaaan bueno! La cuestión es que esta mañana cuando íbamos hacia Itsukushima desde el ryokan hemos visto una pastelería que prepara los tradicionales momiji manju, pequeños dulces en forma de hoja de arce rellenos de pasta de judía. Por la mañana había cola y eso es sinónimo de ricura asegurada. Y como no tenemos límites y son chiquitos, nos compramos seis, así para probar, directamente, que con lo ricos que eran al final incluso nos quedamos con ganas de más. Cada uno de estos dulces, recién horneados sale por 60¥ (0,5€).

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De vuelta a Itsukushima vemos que la marea ha bajado, dejando expuestos los pilones de madera sobre los que se yergue el templo. El agua ya casi se retira, pero no del todo de debajo del torii y pronto podremos andar hasta él. Todavía no es hora para eso, pero sí bajamos a la arena mojada para acercarnos de nuevo al escenario del templo a presenciar otra de las danzas que siguen representándose. Antes las hemos visto desde el templo y ahora las observaremos desde abajo, en la arena, ya que no queremos volver a hacer cola para entrar.

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Esta vez, sin haberlo calculado, tenemos la suerte de ver la danza del Rey Dragón, la más famosa de todas, ejecutada por un solo bailarín en el escenario. Cuenta la leyenda que Ryo-o fue un príncipe guerrero de Japón que destacaba por su inmensa belleza. En consecuencia, apenas atemorizaba a sus oponentes en batalla y fue por ello que mandó a hacer una máscara de dragón que le diera un aspecto más fiero. La danza, de un solo bailarín avituallado con un traje naranja finamente decorado y una daga, viene a representar esta historia.

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La marea ha seguido su curso y ya tenemos el camino despejado para acercarnos al torii, que ya no flota sino que se alza en medio de la arena. Además, hay poquita gente porque son aproximadamente las 16h y el grueso de turistas que vienen de excursión un día ya han tomado sus ferries de regreso. Cabe decir que el sol en invierno se pone muy temprano en Japón, antes de las 17h30, y bajo esta luz del atardecer el torii es todavía más bonito si cabe.

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Pasamos un buen rato debajo del torii hasta que decidimos dar un paseo por las calles comerciales de Miyajima, aprovechando que ya no están a rebosar de gente. Hay muchísimas tiendas de recuerdos, pero también de comida y a pesar del frío que hace no puedo resistirme a probar el helado de té matcha. Sabíamos que el té matcha es bastante amargo y pedimos el cono mixto con helado de nata, lo que resulta ser un acierto.

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Aunque las vías entre el puerto y los templos son eminentemente turísticas, si nos desviamos a las calles más alejadas de la primera línea, nos encontramos también con paisajes urbanos mucho más tradicionales, como éste con la pagoda del templo Tokoyuni de fondo.

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Se acerca ya la hora de la puesta de sol, de modo que volvemos hacia el mar para ver el atardecer tras el torii. Desafortunadamente, algunos nubarrones nos tapan el sol, pero aún así las vistas son impresionantes.

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Nos quedamos viendo el torii un rato y, como el chico del ryokan nos ha avisado de que los pocos locales abiertos por estas fechas, la mayoría cierran temprano (cuando parecía que en Kioto las celebraciones de Año Nuevo habían terminado, aquí parece que las han alargado un poco más y eso que hoy ya es 3 de enero). Para estas ocasiones, parece que los locales de okonomiyaki son el comodín de comida rápida y barata que permanecen abiertos. Así que después de recorrer la calle principal arriba y abajo sin ver muchas otras opciones, nos decidimos para repetir este platillo tradicional que consiste de una especie de masa con varios rellenos cocinada a la plancha. La cena nos sale por 1670¥ los dos (unos 12€).

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Al salir del restaurante, salimos en dirección al ryokan, pero pasamos todavía un rato admirando el torii, ahora iluminado de noche y con la marea alta de nuevo.

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El silencio en la isla no tiene precio: estamos absolutamente solos ahora mismo. Bueno, solos del todo no, pues me parece haber visto un gato pero al mirarlo más atentamente nos damos cuenta de que es un mapache, que aquí llaman tanuki. En Pocahontas pueden parecer monos, pero en realidad tienen aspecto de rata gigante, se lo comen absolutamente todo (de hecho en el ryokan hay un cartel que avisa de no dejar ropa o zapatillas fuera si no quieres que se los zampen) y dan un poco de repelús así a oscuras.

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Velada en el ryokan

Son solo las 19h30 cuando llegamos al ryokan Mikuniya. Hora ideal para pasar un rato en la sala común del alojamiento, ojeando cómics, probando la caligrafía y haciendo intentos de figuras de origamiAdemás, como no hemos probado todavía el sake y hoy vendían en todos lados sake caliente (con lo que nos hemos hartado de comer y no le hemos dado una oportunidad a la bebida…), decidimos coger un bote envasado de la nevera. Hacemos la aportación correspondiente de 200¥ (1,5€) a la hucha y amenizamos la velada.

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Al cabo de una hora o así subimos a la habitación y colocamos nuestros respectivos futones. Después de montarlos en Kioto, ya somos casi expertos. Pero si os creéis que ya nos vamos a dormir es porque no os acordáis que nuestro ryokan dispone de un pequeño onsen y, claramente, vamos a aprovecharlo para tomar un baño relajante. Este onsen, a diferencia de la mayoría, es mixto y aunque es compartido entre varias habitaciones, también es privado en el sentido que es como un cuarto de baño grande con bañera. Disfrutamos de un baño caliente que nos sienta fenomenal y cuando ya estamos arrugadísimos, volvemos a la habitación donde caemos rendidos de sueño.

Último paseo en Miyajima

A la mañana siguiente, nos levantamos completamente renovados y con unas vistas preciosas al jardín del ryokan. ¡Ojalá pudiéramos despertarnos más días así! Bajamos a la zona común a desayunar (el desayuno entra con el precio de la habitación). Dejamos las mochilas en el ryokan para no llevarlas a cuestas en nuestro último paseo por la isla. En primer lugar, nos acercamos al templo de Itsukushima. Hoy no hay bugaku y antes de las 8h todavía no han llegado los turistas. No sabemos si se puede volver a entrar con la entrada del día anterior, pero nuestra filosofía de viaje nos dice que no se pierde nada por preguntar. El templo abre a las 6h y en las primeras horas no hay nadie en absoluto, así que no sé si por la hora que es o porque siempre se puede, el guarda no nos pone ninguna pega para pasar de nuevo. Nos alegramos un montón, pues recorrer los pasillos del templo flotante a solas es una experiencia completamente diferente a la que vivimos ayer y lo disfrutamos muchísimo.

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A la salida, subimos una pequeña colina, opuesta que digamos al camino que seguiríamos para ir a Daisho-in, y nos acercamos al templo Toyokuni, cuya pagoda pudimos ver ayer desde las calles más tradicionales de Miyajima. La entrada es de pago, pero nosotros solo recorremos el templo por fuera y volvemos abajo para ir a recoger el equipaje al hotel.

Ya con las mochilas a espaldas, nos despedimos de nuestro anfitrión, que no podría haber sido más amable e informativo el poco tiempo que hemos coincidido con él y, además, al irnos nos regala papel de origami pintado con la famosa ola de Kanagawa y el monte Fuji del artista Hokusai. Un detalle que demuestra, una vez más, la hospitalidad nipona.

En menos de 20 minutos nos plantamos en el puerto de Miyajima, listos para embarcar en el ferry. Hoy nos espera la ciudad de Hiroshima, donde haremos una parada para visitar el museo y el parque de la Paz, antes de seguir nuestra ruta en tren hasta Himeji, donde pasaremos la noche antes de visitar su castillo por la mañana. ¡Acompáñanos a la siguiente entrada para saber más!

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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