Días 22, 23 y 24: Tulum, Playa del Carmen y aeropuerto de Cancún

Días 22, 23 y 24: Tulum, Playa del Carmen y aeropuerto de Cancún

Llegamos en el bus de ADO a Tulum desde Mérida sobre la medianoche, después de 4h de trayecto. Tulum se encuentra en el sur de la Riviera Maya. Dormimos aquí e iremos mañana a playa Paraíso y playa Pescadores, ambas públicas. En esta última incluso nos animaremos con el snorkel y, de paso, veremos las ruinas de Tulum desde el mar.

Por la tarde, nos desplazaremos en combi hasta Playa del Carmen, a 60 km al norte, donde pasaremos las próximas dos noches. Mañana combinaremos playa y cenote. Finalmente, en dos días tenemos ya el vuelo de regreso: iremos de Playa del Carmen al aeropuerto de Cancún.

Os contamos todo esto junto en una entrada, porque poca cosa hicimos aparte de bañarnos. Pero antes de empezar, dos cosas importantísimas a tener en cuenta:

1. No es el mejor lugar para mochileros

Ni para enamorados de la naturaleza. O odiosos de los resorts. La ley mexicana estipula que todas las costas del país son públicas, de modo que en principio es impensable que se tenga que pagar por ir a la playa. Sin embargo, los hoteleros y clubes de playa monopolizan la práctica totalidad de la costa. Las playas no son privadas, pero sí los accesos. Entonces, técnicamente cobran por el uso del acceso y sus instalaciones aunque en realidad no haya otra manera de llegar hasta el mar.

En nuestro trayecto de 60km en bus de Tulum a Playa del Carmen vimos vallas a lo largo de toda la carretera, que bordea la costa. Incluso en algunos puntos, torres de control. Todos los accesos correspondían a entradas de hoteles o senderos señalizados con nombres de clubes de playa. El primer día estuvimos en playas públicas, pero el segundo no nos quedó otra que pagar.

A nosotros que venimos de Mallorca, una isla con tanto litoral destrozado, nos apena que en esta parte de México no solo se exploten sin control las playas, sino que además manos privadas se estén llevando tajada de un paisaje que debería ser de todos y, especialmente, de los mexicanos. Si nos indigna que un turista extranjero tenga que pagar, imaginaos vivir allí y no poder disfrutar más que de un puñado de playas públicas teniendo un patrimonio natural tan admirado alrededor del mundo.

2. Otro problema: el sargazo

El idilio de este tramo de costa, de playas caribeñas de arena blanca y aguas turquesas lleva también algunos años manchado por la plaga del sargazo, un alga que recala en las playas masivamente. Parece que el fenómeno es más propio del verano, pero si vuestra principal intención al venir a México son las playas caribeñas, os recomendamos monitorear la situación y variar los planes según las zonas menos afectadas por el alga.

Nosotros pensamos que era una exageración antes de ir. También es cierto que la playa nos importaba más bien poco, así que tampoco le dimos mayor importancia a las noticias del sargazo hasta que llegamos. Pero incluso sin coincidir con un recale importante, la abundancia de esta alga en el mar y en la orilla es bestial. El sargazo no es agradable al tacto, en grandes concentraciones provoca picor y su acumulación en la arena provoca fuertes olores.

Muchos resorts limpian la arena constantemente e incluso tienen sistemas de contención como barreras marinas o incluso barcos que recogen toneladas de sargazo. Aún así, es infrenable. Sin mencionar las pocas playas públicas, donde evidentemente la situación es muchísimo peor.

Día 22: Tulum y Playa del Carmen

Alojamiento en Tulum

Como os contamos, llegamos a medianoche a Tulum, donde nos alojamos en el hostal La Casona. Hay dos zonas delimitadas en Tulum: la denominada Zona Hotelera, frente al mar, y el pueblo, a unos 5km por carretera de la costa. Evidentemente, por presupuesto y convicción, nosotros nos alojamos en el pueblo. En La Casona nos acogieron de maravilla pese a nuestra llegada nocturna. Teníamos dos camas en una habitación de cuatro, pero al haber habitaciones vacías, nos colocaron en una para nosotros solos. Nos costó 14€ la noche los dos.

Playa Paraíso y playa Pescadores

Preguntamos en el hostal y miramos una web de monitoreo del sargazo por la mañana y comprobamos que, afortunadamente, en playa Paraíso había “poca presencia” de sargazo. Había bastantes obras en Tulum, así que tuvimos que preguntar varias veces de dónde salían las combis para encontrarlas. Una vez que dimos con ellas, nos llevaron del pueblo hasta una glorieta en la que la combi prosigue hacia la zona hotelera, mientras que en sentido contrario se llega a las playas públicas o a las ruinas. Para las playas, tendréis que andar unos 30 minutos desde la rotonda. El trayecto cuesta 20 pesos por persona.

Por el camino íbamos con el corazón algo encogido: el fuerte olor a alga y las inmensas montañas acumuladas entre la calzada y la línea de costa nos tapaban la nariz y las vistas. Además que nos pareció increíble que trabajaran incansablemente para luchar contra el recale constante del alga, con camiones haciendo trayectos durante toda la mañana.

Imaginamos que gracias a esta tarea de titanes, cuando llegamos a playa Paraíso, apenas había algunos restos sobre la arena y algunas pocas algas, aunque molestas, flotando en el agua.

Snorkel

Tras pasar un rato bañándonos en el agua templada del Caribe, nos echamos mil fotos a la palmera más retratada de la playa.

Luego, preguntamos el precio del snorkel más que nada por curiosidad. Aquí nos ven cara de gringos y nos piden 400 pesos por un tour de una hora. Eso sí, con la promesa de que vamos a ver tortugas marinas. Si es cierto, me voy nadando hasta el arrecife antes que pagar el primer precio, así que decidimos a lo largo de la orilla hasta playa Pescadores, con las ruinas de Tulum en el horizonte. Aquí como veis, la playa estaba ya menos cuidada y había montones de sargazo en la arena.

A medida que avanzamos y nos alejamos de los accesos a la playa, se suceden otros puestos de snorkel y el precio va bajando. Si eres gringo, hay un precio; si hablas español, la cosa ya cambia. Última oferta: 200 pesos en una barca que está a punto de salir. La mitad de lo que nos pedían al principio. Eso sí, el chico nos pide que no le contemos a nadie a bordo lo que hemos pagado ya que nos confiesa que les han cobrado más…

Apenas decimos que sí, ya estamos subidos en la barca. Queríamos dejar nuestras cosas en algún lado a salvo pero nos aseguran que no se van a mojar. Evidentemente, mentira. Menos mal que por casualidad llevamos unas bolsas de plástico porque si no se nos habría borrado incluso la tinta de los sellos del pasaporte de lo empapadas que habrían quedado las mochilas.

En unos minutos, el barco nos lleva frente a las ruinas mayas de Tulum, que prácticamente cuelgan sobre la playa. Los precios son similares a los de Uxmal o Chichén Itzá, así que nosotros por esta vez nos conformamos con verlas desde el mar y no vamos a visitarlas.

Después de una breve parada, la lancha pone rumbo hacia el horizonte. Aquí se acaban nuestras fotos porque, por desgracia, nuestra cámara no es acuática. Donde rompen las olas es donde se encuentra la barrera de coral. Se trata de la segunda más grande del mundo. Pero por el calentamiento del agua debido al cambio climático y la presencia asfixiante del sargazo durante largas temporadas, pudimos comprobar que esta barrera de coral está moribunda y los vivos colores que se esperan de estos paisajes subacuáticos eran más bien marrones y grises.

Eso sí: el snorkel vale millones de veces la pena. Nada más meternos en el agua nos encontramos frente a frente con una enoooorme tortuga marina y justo por debajo pasó planeando sobre la arena una preciosa mantarraya. Un recuerdo grabado para siempre sin necesidad de fotos.

Dividimos el tiempo entre nadar sobre el coral, con extremado cuidado para no cortarnos y sobretodo para no hacerle más daño, y sumergirnos entre tortugas y peces de colores. El día que fuimos había bastantes olas, que dificultaban el nado, pero la visibilidad era bastante buena. En un día más tranquilo de aguas cristalinas tiene que ser la gloria.

Comer en Tulum

Después de 1h de snorkel, podemos usar las duchas y cambiadores de la playa gratuitamente. Cuando terminamos, ya es hora de ir a comer, así que decidimos regresar a Tulum Pueblo. El paseo de media hora de esta mañana hasta la rotonda donde pasan las combis se hace imposible bajo el sol del mediodía. Nos paran taxis que quieren llevarnos por un dineral. Cada vez que nos negamos, lo hacemos con más pesar porque el sol hace el camino insufrible.

Al final, un taxista para y nos ofrece un precio más que razonable: 100 pesos hasta el pueblo. Además, en el trayecto nos recomienda un sitio muy acertado para ir a comer y acordamos que nos deje allí.

El lugar se llama El Tacoqueto. El nombre engaña, ya que no sirven tacos. Dispone de una cocina abierta al comedor y una selección de recetas caseras preparadas en grandes cantidades. Los platos se sirven a 80 pesos si la ración es toda del mismo plato, 90 pesos si vais a combinar dos platos. Los precios incluyen bebida. Lo recomendamos porque se trata de un lugar sin pretensiones, frecuentado por gente de la zona y con auténtico sabor mexicano.

De Tulum a Playa del Carmen

Volvemos al hotel La Casona, donde descansamos un rato antes de recoger nuestras mochilas y poner rumbo a Tulum. Podéis ir en bus de ADO, pero la opción más barata y con salidas más frecuentes son las combis en la misma avenida principal de Tulum Pueblo. Las furgonetas se van llenando y salen cuando están llenas. No deberíais esperar más de 15 minutos si sois los primeros en subir. Para usar las combis idealmente no deberíais llevar demasiado equipaje.

Este medio de transporte es el que utilizan los trabajadores de la zona y hace paradas en todos los hoteles del litoral, desde Tulum a Playa del Carmen. El trayecto dura aproximadamente 1h y cuesta 45 pesos.

Playa del Carmen

Playa del Carmen es el lugar más pasable que visitamos en México. Ya lo sabíamos antes de ir y el motivo por el que no lo descartamos para nuestro último día (y 2 noches) en el país fue por la proximidad y las opciones de transporte hacia el aeropuerto de Cancún.

Alojamiento en Playa del Carmen

Nos alojamos prácticamente en la afueras de Playa del Carmen, aunque en 20 minutos a pie estábamos en la primera línea de costa. El Hostal Inn dejaba mucho que desear. Las habitaciones compartidas son enormes y cuentan con aire acondicionado, pero también cabe muchísima gente. En nuestra habitación había 16 literas dobles que comparadas con las 6 que anunciaban en Booking nos indignaron aunque no tuvimos ninguna molestia durante nuestra estancia. Eso sí, el precio es inigualable: nos costó 5€ por persona y noche.

Lo mejor del hostal es que estaba justo enfrente de un supermercado Chedraui, donde cargamos de comida mexicana (mole poblano, salsa roja y verde, achiote…) que queríamos llevarnos de regreso a España. Ah, y también tuvimos que comprar una toalla porque en el hostal había que pagar por ellas.

Qué hacer en Playa del Carmen

De lo poco que se puede hacer en Playa del Carmen es pasear por la Quinta Avenida, una calle peatonal con tiendas y varios centros comerciales. Si este fuera el último sabréis que los precios aquí multiplican los del resto del país. Y si es el primer sitio al que vais en México, quedáis advertidos. Nosotros miramos muchas cosas para entretenernos, pero no compramos absolutamente nada.

Un poco más adelante del cruce de la Quinta Avenida y la avenida Benito Juárez se encuentra la terminal marítima (desde donde puede irse a Cozumel o Isla Mujeres), los autobuses de ADO y el monumento conocido como Portal Maya, frente a la playa.

Hay varias playas públicas en Playa del Carmen, pero con inmensos hoteles en primera línea y hamacas hasta prácticamente dentro del agua. La playa con más espacio público es Playa Mamitas. También era la única que se mantenía más limpia de sargazo durante nuestra visita. Sin embargo, cuando fuimos al final de la tarde y la vimos a rebentar de gente (nivel: ¿por dónde puedo andar que no haya toallas ajenas?) la descartamos como playa donde pasar nuestro último día en México mañana.

Dónde comer en Playa del Carmen

Para comer sirven los mismos consejos que para comprar. ¡Alejaos de la primera línea! Los locales se vuelven más cutres al alejarse de la zona turística y algunas calles parecen prácticamente abandonadas. Sin embargo, es donde se puede comer mejor y más barato.

Nosotros comimos en La Veracruzana la primera noche, con platos del día y bebida a 50 pesos. El día siguiente comimos en el asadero El Pollo, un local semiabierto donde sirven riquísimos pollos asados con acompañantes a precios económicos (cierran a las 18h). Para nuestra última cena, disfrutamos de unos tacos con extra de salsa picante en Los Portales. Muy ricos y con un trato excelente.

Día 23: playa y cenote en la Riviera Maya

Como os comentamos, la Riviera Maya está sobreexplotada y la mayoría de accesos a la playa son de pago. Nuestros líneas prioritarias para escoger playa en nuestro último día en México fueron tres: encontrar una playa más preservada y cuyo acceso no fuera excesivamente caro, además de que estuviera más o menos limpia de sargazo.

Para llegar a cualquier playa del litoral se pueden tomar las mismas combis de Playa del Carmen a Tulum. Los precios dependen de la distancia recorrida. El precio del recorrido entero son 45 pesos, las paradas intermedias normalmente entre 25 y 35 pesos.

Xpu Ha

La playa que más se ajustaba a nuestros criterios era Xpu Ha. Dispone de tres accesos, con precios diversos. El más barato era el del club La Playa, 50 pesos por persona. Si consumís un mínimo de 200 pesos en el club, os descuentan esos 50 pesos de la cuenta pero evidentemente los precios son desorbitados y tampoco compensa. Lo único que entra con los 50 pesos es el uso de los baños y las duchas.

La playa sería una pasada si los clubes no se sobrepasaran colocando hamacas y sombrilas hasta la orilla. Al llegar, nosotros nos dirigimos inmediatamente hacia la derecha y caminamos a lo largo de la orilla hasta una parte de la playa totalmente virgen. Incluso es zona de desove de las tortugas y los nidos están debidamente marcados y protegidos.

Nos colocamos a la sombra de los cocoteros, aunque no debajo por si acaso y pasamos la mañana allí. El entorno hubiera sido ideal si no fuera porque precisamente en este lado de la playa no se limpia el sargazo y, por tanto, había mucha más acumulación. También había mucha presencia de rocas en la orilla, que imaginamos que son todas las que se retiran del club de playa. El oleaje no era muy fuerte, pero si lo suficiente para que fuera muy difícil meterse en el agua con las piedras. Por tanto, para nadar sin riesgos, teníamos que regresar a la zona de hamacas.

Cenote Jardín del Edén

Sobre el mediodía, después de tomar el sol, bañarnos e improvisar un picnic con nuestras provisiones del supermercado. Tenemos toda la tarde por delante y 0 ganas de volver a Playa del Carmen. Por el camino hemos visto varias indicaciones de cenotes cerca de la carretera, así que dedicimos tomar de nuevo una combi dirección Playa del Carmen y que nos deje en la carretera cerca de ellos (35 pesos). Donde paramos hay tres cenotes: cenote Azul, Cristalino y Jardín del Edén.

¿Os acordáis de los cenotes de Valladolid entre 70 y 100 pesos el acceso? Aquí el más barato cuesta 180 y está a rebosar de excursiones de los hoteles vecinos. A pesar de todo, es nuestro último día y no tenemos mejor plan, así que de los tres nos decantamos por el cenote Jardín del Edén (200 pesos por persona), que al estar un poco más alejado de la carretera tiene menor afluencia.

Además, con estos precios no entra absolutamente nada. Incluso nos tenemos que cambiar en unos baños sucios. Nos ahorramos las fotos para no dar asco. Lo peor de todo las taquillas: no tienen precio fijo. Preguntas y se quedan pensando un rato a ver cuánto te pueden cobrar. Cuando nos dijeron 50 pesos decidimos que ya vigilaríamos nuestras cosas.

La parte positiva es que el cenote no está nada mal. Es grande, bonito y no se amontona la gente. Además, es uno de estos cenotes más antiguos. Por la profundidad de sus paredes y su anchura, se asemeja más a un lago. El agua es transparente y pasamos casi toda la tarde nadando y descansando hasta que se hace hora de regresar a Playa del Carmen.

Por la tarde paseamos otro rato, cenamos y fuimos a descansar en previsión de nuestro vuelo temprano al día siguiente.

Día 24: De Playa del Carmen al aeropuerto de Cancún

Para ir de Playa del Carmen al aeropuerto, lo más conveniente es hacerlo desde la terminal de autobuses de ADO en la Quinta Avenida. Los pasajes tienen el precio fijo de 200 pesos y los buses salen aproximadamente cada media hora, pero conviene reservar porque hay mucha afluencia de viajeros. Nosotros íbamos a hacer eso cuando descubrimos que había taxis colectivos al mismo precio.

Los taxis colectivos salen frente a la misma terminal. Funcionan como un taxi normal, pero se comparten los trayectos con otros viajeros. Al principio dudamos, pero cuando nos dijeron que se podía reservar y que no había que pagar nada por adelantado, nos decantamos por esta opción al ser más rápida. No hay que estar pendiente del equipaje ni de paradas intermedias. Los taxis tardan unos 40 minutos, mientras que los trayectos en autobús son de 1h10, aproximadamente.

Vuelta a casa

Nos esperan escalas en Ciudad de México y en Madrid antes de regresar a Mallorca. Por suerte, son cortas y estamos tan cansados que dormimos la mayoría del tiempo. El jet lag a la vuelta ya es otra historia.

Se termina nuestro viaje a México de 24 días. Si bien el día de ayer no fue nuestro favorito, este país nos ha fascinado por su diversidad y nos ha dejado muy buen sabor de boca con su espectacular gastronomía. Hemos hecho un viaje de lo más variado: cultura e historia, naturaleza en estado puro, momentos de aventura y otros de relax. Un país para viajeros dispuestos a superar el estigma de México como país peligroso y que quieran explorarlo por libre y libres de miedo también.

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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