Día 12: El castillo de Himeji y un paseo por Osaka

Día 12: El castillo de Himeji y un paseo por Osaka

Último día en Japón… Ojalá pudiéramos quedarnos más pero en esta última jornada del itinerario nos esperan dos ciudades, Himeji, donde visitaremos uno de los castillos mejor conservados de Japón, y Osaka, desde donde cogeremos el avión de regreso a Mallorca, previa escala en Tokio y Madrid. Elegimos los vuelos así porque en nuestras fechas por algún motivo salía más barato que ir y venir de Tokio. Independientemente del precio, entrar por una ciudad y salir por la otra es una opción que vale la pena considerar, sobre todo si vais cortos de tiempo o si ir y volver desde la misma ciudad implica ampliar el JR Pass para tomar el shinkansen de vuelta (habría que mirar si es más caro la diferencia del vuelo o entre los dos pases de tren).

Himeji

Cómo llegar

Para nuestra bitácora de Himeji vamos a empezar donde lo dejamos en nuestra última entrada de ayer, en el tren de camino desde Hiroshima. Nuestro viaje lo programamos con Hyperdia. Cogimos el tren sobre las 15h30 desde la estación de Hiroshima y en 1h llegamos a Himeji. La visita a Himeji es también conveniente desde Osaka, con trenes directos en 1h.

Dónde alojarse

En Himeji íbamos a pasar nuestra penúltima noche en Japón. Al no tener mucho interés turístico aparte de su castillo, es un lugar de paso para muchos viajeros y no hay tantas opciones de alojamiento como en otras ciudades. Por ello, hay poca oferta y los precios son más altos en general. Aquí tiramos de un descuento de 15€ de Booking (pincha aquí si vas a hacer una reserva y también quieres uno) para alojarnos en el Dormy Inn por 60€ la doble. Lo escogimos porque esta literalmente cruzando la calle desde la estación, tenía muy buenas críticas y un onsen fabuloso en la azotea. Además, con el precio de la habitación entraba una sopa ramen a la hora de la cena y un bufet de desayuno con el que alucinamos en cantidad y variedad (vale, ya que estamos os confesamos que no comimos ese día a mediodía). Al final, con la cena y el desayuno que nos ahorramos, no sale nada mal de precio este alojamiento.

A nuestra llegada a Himeji ya casi se hacía de noche: el sol se pone muy temprano, como a las 17h en invierno y no nos daba tiempo de ver nada en la ciudad. Por ello, nos fuimos directos a dejar las maletas en el hotel y bajamos de nuevo a la estación para hacer unas últimas compras. El edificio de la estación de Himeji cuenta con un montón de tiendas e incluso algunos supermercados, que nos vinieron muy bien para comprar cosas que queríamos llevarnos de vuelta a España: harina de arroz para probar de hacer mochis, relleno de pasta de judía dulce, salsa de okonomiyaki

Experiencia onsen

Luego regresamos con nuestras compras a la habitación y nos preparamos para el onsen. A diferencia de ayer en Miyajima, estos baños están separados por sexos (como suele ser el caso), así que cada uno a su onsen a relajarse. Una cosa que sorprende a muchos occidentales e incluso crea un poco de rechazo a algunos es que al onsen se va totalmente desnudo. ¿Vosotros os ducháis en bañador en casa? Pues lo mismo. Sin tapujos porque nadie os va a mirar. Eso sí, si lleváis tatuajes no podréis acceder a los onsen tradicionales de Japón, pues están muy mal vistos socialmente.

Antes de meterse en las piscinas de aguas calientes, uno tiene que lavarse. Luego, suele haber piscinas a varias temperaturas. En el Dormy Inn había incluso una exterior, donde la temperatura del agua contrastaba un montón con los pocos grados invernales que hacía fuera y se estaba muy a gusto. En nuestro caso también, el onsen disponía de una sauna y, sorprendentemente, en el interior de ésta había un televisor en marcha. Hay que ver con los japoneses… Una vez fuera, en la misma zona donde están las taquillas, había también lavabos y espejos donde asearse antes de salir de nuevo a la vida real.

Renovados por el onsen, bajamos al comedor del hotel a por nuestro ramen incluido en el precio, cenamos y nos metemos en la cama. Personalmente, llevo dormida desde que he salido del onsen…

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A la mañana siguiente, ahora ya sí, último día en Japón, nos levantamos temprano y bajamos al comedor donde ya nos encontramos el bufet de desayuno preparado. La verdad es que hay de todo (la mayoría, cosas que ni nos plantearíamos comer para desayunar): salmón, ensaladas, arroz con verduras y algas, empanadillas al vapor… Nos ponemos las botas y sobre las 9h, salimos hacia el castillo de Himeji.

El castillo

El castillo de Himeji se encuentra unos 15 minutos andando del hotel donde nos alojamos y, por ende, de la estación de tren. Abre de 9 a 17h (cierra a las 18h los meses de verano) y la entrada es de las caras en Japón, 1000¥ (algo menos de 8€). Si además se desea visitar el cercano jardín Kokoen hay que añadir unos simbólicos 40¥ (0,3€), aunque nosotros lo descartamos por falta de tiempo.

El castillo de Himeji es uno de los 12 castillos originales de Japón que permanecen en pie y, a diferencia de muchos de los demás, nunca ha sido destruido por terremotos, incendios o bombardeos y, por lo tanto, no es una reconstrucción. De hecho, una bomba de los aliados cayó sobre el castillo durante la Segunda Guerra Mundial sin llegar a detonar, milagrosamente. El conocido como el castillo «de la garza blanca» por su blanco impoluto es, pues, un vestigio de principios del siglo XVII, la era feudal del país nipón, que ha sobrevivido prácticamente intacto al paso de los años. Además, entre el 2010 y el 2015 fue restaurado por completo y podemos apreciarlo ahora en todo su esplendor.

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Empezamos la visita desviándonos a la izquierda desde la entrada para, cruzando unos jardines, llegar al Nishi-no-maru, la fortificación del oeste, donde residía la princesa Sen, esposa del 21º señor del castillo, Tadaoki Honda. Desde allí, se puede seguir por el pasadizo Hyakken, donde se pueden ver las estancias de los sirvientes de la princesa.

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Cuando el visitante sale del pasadizo Hyakken parece que el castillo está justo enfrente. Sin embargo, el camino que conduce a él es serpenteante y cada vez más estrecho: un diseño arquitectónico que habría complicado las cosas para un ejército invasor. Además, en algunos tramos del camino veréis orificios con diversas formas geométricas (círculos, triángulos, cuadrados, rectángulos…). Se trata de agujeros desde donde se podía atacar a los posibles invasores.

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Una vez que lleguéis al castillo, veréis que por fuera parece tener 5 plantas, pero por dentro tiene seis más un sótano. El interior del castillo tiene algunos elementos interesantes: alguna que otra trampilla que servía de escondite, ventanillas por donde lanzar proyectiles a los atacantes, espadas, etc. Aparte de esto, no esperéis ver un castillo lleno de riquezas: no hay muebles ni elementos decorativos, las paredes de madera están vacías y la idea es hacerse un poco la imagen de la estructura del edificio.

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Las escaleras entre los distintos niveles son bastante empinadas, pero la subida no se hace cansada.

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Arriba del todo, en la última planta, hay un pequeño altar y se tienen vistas a toda la ciudad.

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Una vez que terminamos la visita a la fortificación principal, salimos por el otro lado y recorremos unos metros hasta la explanada justo al frente de la fortificación. Tomamos algunas fotos y seguimos hacia la entrada, pasando al lado de un foso y, finalmente, dejando atrás el castillo de Himeji para dirigirnos al hotel a recoger el equipaje e irnos a la estación.

Osaka

Cómo llegar

Si nos habéis seguido durante este viaje de 12 días por Japón, sabéis que intentamos juntar el máximo de trayectos en 7 días para comprar el JR Pass de una semana y ahorrarnos la diferencia con el de dos semanas. Activamos el pase en nuestro primer trayecto el quinto día de viaje y, por lo tanto, hoy que es nuestro último día ya lo tenemos caducado, así que para este último trayecto nos acercamos a las taquillas de la estación a comprar billetes. Nos ofrecen dos opciones:

  • Tomar shinkansen hasta Shin-Osaka y luego trasbordo a un tren local hasta la estación central de Osaka por 3740¥ (29€) y una duración de 55 minutos.
  • Tomar un tren local directo hasta la estación central de Osaka por 1490¥ (11,5€) y una duración de 1h. La diferencia para nosotros está clara y nos decantamos por esta segunda opción. De haber tenido el JR Pass, simplemente habríamos cogido el primero que saliera, aunque para ambas opciones hay frecuencias casi cada 10 minutos.

Dónde alojarse

Salimos de Himeji sobre las 11h30 y al cabo de 1h estábamos en Osaka, la última ciudad de nuestro itinerario. Salimos de la estación cargados con las mochilas y nos dirigimos al hostal que hemos elegido para pasar esta última noche. Osaka es ligeramente más barato que Tokio en términos de alojamiento y podríamos haber dormido en una habitación doble por poco más de lo que nos costó el hostal. Sin embargo, como solo íbamos a pasar medio día en la ciudad y dormir pocas horas porque el vuelo del día siguiente era bien temprano por la mañana, optamos por un alojamiento cercano a la estación y la parada de bus al aeropuerto (unos 10 minutos andando) por encima de la comodidad. Estuvimos en el Drop Inn Osaka. La recepción del hotel es bien pequeña y el personal poco informativo. A pesar de ello, las habitaciones compartidas son muy correctas y los baños y duchas estaban muy limpios. Además, si no salís tan temprano como nosotros, entra el desayuno con el precio. Pagamos 20€ cada uno por la estancia.

Qué ver en Osaka

Una vez que dejamos las maletas, regresamos a la estación, dejando a la izquierda la extraña arquitectura futurista del Umeda Sky Building. Las vistas desde el mirador de 360º por lo visto son impresionantes, aunque por tiempo no tuvimos tiempo de comprobarlo con nuestros propios ojos. La entrada costaba 1500¥ (unos 12€), motivo por el que también desechamos la idea de subir y preferimos dedicar el escaso tiempo que tenemos en la ciudad para descubrir la zona de Shinsekai, Namba y Dotonbori.

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Llegados a la estación, nos encontramos con un sistema de líneas de tren y metro complicadísimo. En Tokio hay una enorme cantidad de líneas, gestionadas por diferentes compañías, pero al fin y al cabo fácil de distinguir y entender. Lo de Osaka, quizás porque estuvimos solo medio día nunca lo llegamos a entender.

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Nuestro primer destino era la parada de Ebisucho, el barrio donde se encuentra la torre de Osaka: la veíamos en los carteles superiores, pero nos era absolutamente imposible encontrarla en las máquinas de expedición de billetes. Por suerte, había un botón para solicitar ayuda del personal y pronto vino alguien a indicarnos que la línea que queríamos coger no estaba en esa parte de la estación sino en otra a la que podíamos acceder por los infinitos pasillos subterráneos. No exagero si os digo que andamos casi 20 minutos para encontrarla… Una vez allí sí era fácil encontrar la parada en la máquina y compramos billetes por 230¥ cada uno. Existen pases diarios por 800¥, pero nosotros no vamos a hacer más de tres trayectos, que es cuando saldría rentable. Si vais a estar un día entero o tenéis planes de visitar lugares de pago en la ciudad, a lo mejor os compensa, ya que el pase incluye descuentos a varios lugares turísticos. Informaos antes de ir, porque no hay mucha información en las estaciones.

Una vez que llegamos, por fin, a Ebisucho, salimos de la estación a escasos metros de Tsutenkaku, la torre de Osaka, de 103 metros de altura y que se ve desde cualquier lugar del barrio en el que se encuentra, Shinsekai. Se puede subir a la torre previo pago de 700¥ (unos 5€), pero no podemos contaros mucho más, ya que nosotros preferimos darnos un paseo por el barrio y verla desde abajo.

Especialmente destacable es la calle que queda justo enfrente de la torre de Osaka, cuya decoración parece sacada de una ciudad futurista pero a la vez decadente. Todos los restaurantes de la calle poseen grandes carteles que indican el tipo de comida que se encuentra en ellos. Uno que nos llama mucho la atención es un restaurante temático con un barco en su interior y diversas peceras y acuarios a su alrededor y es el cliente quien tiene que pescarse la comida y luego ellos la cocinan. No sé muy bien cómo definiría la experiencia que ofrecen, supongo que sobre gustos no hay nada escrito. Lo que es incuestionable es que el pescado va a ser bien fresco.

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Pero incuestionablemente, es un gran fugu (pez globo) el que domina sobre la calle. Este pescado es muy apreciado por los japoneses, a pesar de que su veneno es mortal y, por lo tanto, requiere de mucha destreza por parte del cocinero no dejar restos del veneno en la comida. Nosotros no lo probamos, así que desconocemos si el sabor justifica poner en riesgo la vida.

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Una vez terminado este paseo, volvemos a la parada de metro de Ebisucho y nos vamos hacia la zona de Dotonbori. Llegamos en metro hasta la parada de Namba y echamos un vistazo al canal de Dotonbori a tan solo unos minutos a pie, lleno de iluminaciones apagadas porque todavía no se ha puesto el sol.

Por ello, decidimos que mejor dejar esta zona para más tarde y, en su lugar, andamos hasta la calle Shinsaibashi, la calle comercial cubierta más larga de Osaka. Desde allí, llegamos a la calle Sennichimae y, en una travesía de ésta, Sennichimae Doguyasuji nos encontramos con un montón de tiendas dedicadas a la venta de instrumentos de cocina para restaurantes. Nos encantan especialmente los que son únicos de la cocina japonesa, como las máquinas de takoyaki (bolitas saladas rellenas de pulpo) o los moldes de taiyaki (dulces en forma de pescado).

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Desde aquí, y a tan solo 1 minuto andando desde la estación de Namba, nos dirigimos a una pastelería especializada en tarta de queso japonesa, Rikuro Ojisan no Cafe. Hay otros locales de Rikuro Ojisan, pero este tiene una parte interior con mesas y sillas para degustar la deliciosa tarta in situ. Se trata de una de las tartas de queso de mayor reputación en la ciudad y la verdad es que no nos decepcionó ni un ápice. Hay una cola larguísima, pero avanza rápido, ya que la mayoría de gente se lleva la tarta a casa. Las venden enteras o por porciones y se sirve recién hecha y bien calentita o fría.

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Nosotros nos pedimos dos porciones de tarta y nos enamoró su textura suave y cremosa, para nada igual que las cheesecake americanas, mucho más pesadas (aunque a mí me encantan también). Tuve que autoconvencerme de que no era buena idea comprar una tarta entera para luego, aunque de habernos quedado otro día más seguro que me la llevaba para desayunar al día siguiente. Aún así, los precios invitan a comprarse la tarta entera, que vale unos 700¥ (5,5€), mientras que la porción por si sola cuesta casi 300¥ (2,3€).

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Con esta pausa para reponer energía ya se ha puesto el sol. Hoy no hemos parado a comer porque estábamos llenos del copioso desayuno, pero a media tarde se notaba. Salimos de Rikuro Ojisan y nos vamos de nuevo hacia el canal de Dotonbori, ahora sí, con todas sus iluminaciones encendidas. En esta zona es particularmente conocido el anuncio del Glico Man (Glico es la marca que comercializa los Pocky, llamados Mikado en España). El mítico anuncio del corredor lleva en el canal de Dotonbori desde los años 30, pero en aquel entonces era de luces de neón y tenía de fondo el castillo de Osaka. En 2014 cambiaron los clásicos neones por LEDs y ahora el fondo va cambiando.

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Un poco más adelante, justo en la esquina delante de un puente nos encontramos con un local de takoyaki (las bolitas de pasta rellenas de pulpo, un clásico en Osaka). El lugar se llama Acchichi, pero no vimos el nombre en alfabeto romano en ningún lado (lo reconoceréis porque el cartel es el que aparece en la portada de esta entrada). Nosotros paramos aquí por la cola que había, señal de que lo que sirven está bueno. Justo al lado hay dos locales más, pero ambos estaban vacíos. Joan ya había probado este plato en la Nochevieja que pasamos en Kioto, pero le había resultado poco sabroso y de textura algo extraña. Sin embargo, decidió darle una segunda oportunidad aquí en Osaka y luego estuvo lamentándose de que fuera nuestro último día en Japón porque estuvieron riquísimos. La ración cuesta 500¥ (unos 4€).

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Osaka es famosa por la gastronomía y un paseo por las calles de Dotonbori lo corroboran. Los restaurantes tienen las fachadas más estrambóticas que os podáis imaginar, similar al barrio de Shinsekai pero sin el toque retro de éste.

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Nos llamó la atención un monigote vestido con un pijama (?) a rayas blancas y rojas que toca un tambor. El tamborilero de llama Kuidaore Taro y representa una expresión de Osaka que significa «comer hasta arruinarse» y personifica la fama gourmet/tragona de la ciudad. El personaje fue creado por el propietario de un restaurante, pero cuando éste cerró, el personaje ya era tan famoso que decidieron mantenerlo en Dotonbori e incluso tiene una tienda de merchandising dedicada a él.

Cuando nos cansamos de dar vueltas, nos dirigimos de nuevo a los alrededores de Namba y, en concreto, nos vamos a un local de la franquícia Coco Curry, al que ya intentamos ir en Nara unos días atrás, pero sin éxito porque estaba lleno. Ya nos han advertido que las raciones son inmensas, así que nos pedimos un tonkatsu (filete de cerdo rebozado) con curry y arroz por 926¥ (unos 7€). Las proporciones del bol, en efecto, son grandiosas. Teniendo en cuenta que Joan ya ha picoteado con los takoyaki, cenamos los dos.

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Salimos de cenar y antes de dar por terminada nuestra visita a Osaka (y al ser el último día, casi el viaje), nos metemos por última vez en una tienda Don Quijote. El de Namba es de los más grandes que hemos visitado, quitando el de Asakusa, a apenas metros de donde nos alojamos durante nuestra estancia en Tokio. Se trata de una gran tienda con diversas plantas donde encontraréis cualquier cosa que os podáis imaginar: ropa, comida, medicamentos, recuerdos, juegos, disfraces, juguetes sexuales (éstos detrás de una cortinilla negra) y un largo etcétera. Es también un lugar ideal para comprar recuerdos, ya que es muy barato. Nosotros venimos a por dos cosas principalmente: Biodramina, para que yo no sufra terriblemente en el avión como me pasó a la ida, y una selección de Kit Kat de distintos sabores para traer a casa (en concreto, compramos Kit Kats de té matcha, wasabisake dulce y naranja). Los venden en montones de sitios, pero es en Don Quijote donde los encontramos más baratos. En los aeropuertos tienen sabores exclusivos que no se encuentran en ningún otro lugar, como el de melón, pero los precios son más elevados en concordancia.

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Después de estas últimas compras, en las que aprovechamos para deshacernos al máximo de monedas de yen que no vamos a poder cambiar, nos metemos al metro de la estación de Namba y de nuevo nos vamos hasta la estación de Osaka y al hostal Drop Inn. En la habitación ya hay gente durmiendo a pesar de que no es muy tarde y, justo debajo de nuestras literas hay un chaval japonés teñido de rubio con túnica de mago de Slytherin, cual Draco Malfoy, haciendo todas las maniobras imaginables para cerrar su maleta llena de recuerdos de Universal Studios. Nos da un poco la risa ante la situación, especialmente porque de su maleta a rebosar salen sonidos varios de peluches que hacen ruidos, pero sobre todo nos da envidia sana cuando nos acordamos de nuestra visita a Universal Studios en Orlando.

Cómo ir al aeropuerto de Osaka – Itami desde el centro

A la mañana siguiente nos despertamos temprano. Llega el punto y final de este viaje y tenemos que ir al aeropuerto. Osaka dispone de dos aeropuertos, Kansai, para vuelos internacionales, e Itami, para vuelos domésticos. Aún así, a veces puede resultar confuso, ya que el aeropuerto de Itami también es llamado Aeropuerto Internacional de Osaka. Nosotros vamos a este último para regresar a Tokio y, de allí, tomar nuestro vuelo a Madrid. Tenemos la salida a las 8h20 de la mañana, por lo que planeamos coger el bus a las 6h.

¡Ojo, que si buscáis este traslado en Hyperdia, no tenéis que poner Itami como destino ya que el aeropuerto no se encuentra en esa estación, sino Osaka Airport!

El autobús al aeropuerto tiene diversas paradas, una de ellas muy cercana a la estación de trenes de Osaka y, por ende, muy cerca de donde nos alojamos. En concreto, en el área de Umeda la línea 9 pasa por delante de los siguientes hoteles: Hotel Hanshin, Herbis Osaka, Hotel New Hankyu, Osaka Marubiru. El trayecto desde esta zona de Osaka es de unos 30 minutos y el precio del billete es de 640¥. Se compra en unas máquinas justo al exterior de la parada y suele haber personal indicando la dirección en la que van los distintos buses.

Si salís de cualquier otro sitio, aquí tenéis todas las líneas de autobús de la página oficial del aeropuerto de Itami.

En resumen:

Y con esto cerramos nuestro diario de visita a Japón, un país en el que tanto los monumentos o lugares imprescindibles que ver como la forma de vida de la gente nos han impresionado por igual. Ojalá no sea un hasta nunca y podamos volver a visitar los Alpes japoneses, que nos han quedado pendientes por el cambio de planes de este viaje, o quizás podamos regresar al país para ver los colores del hanami primaveral, la época de floración de los cerezos. Hasta entonces, nos quedarán incontables recuerdos de viaje.

Itinerario: 12 días en Japón



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