Día 9: Nápoles – Rione Sanità y Villa de Oplontis

Día 9: Nápoles – Rione Sanità y Villa de Oplontis

Hoy es nuestro último día completo de viaje. Dedicaremos la mañana a visitar el Rione Sanità, donde se encuentran las catacumbas de Nápoles. Por la tarde, tras la decepción que nos llevamos por el mal estado de conservación de las ruinas de Ercolano, tomaremos de nuevo la Circumvesuviana para visitar las ruinas de la villa romana de Oplontis. Entre una cosa y otra nos dará tiempo de dar un paseo por el centro histórico, pero os contaremos qué ver en esta zona de la ciudad en la próxima entrada.

El Rione Sanità

El barrio de rione Sanità se ubica al norte de la ciudad y se extiende hasta la colina Capodimonte. El barrio era notorio por el desempleo, la pobreza y la peligrosidad de sus calles hasta que una agrupación de jóvenes se interesaron por el potencial cultural e histórico del barrio y decidieron explotarlo. Al promocionarlo al turismo, mejoraron el tejido comercial de la zona y crearon empleo. A día de hoy se encargan de las visitas turísticas a las catacumbas y los domingos organizan tours al barrio. Si podéis seguir las visitas en italiano, mejor, ya que explican toda la historia mientras que en inglés hacen visitas más rápidas y básicas.

Los palacios

Uno de los puntos más atractivos del rione Sanità son sus palacios, como el de Sanfelice o el del Español. Ambos son de estructura similar. El de Sanfelice fue proyectado por el mismo noble a principios del siglo XVIII. Pretendía construir un palacio majestuoso en una zona más salubre que el centro histórico. En el caso del segundo, el palazzo dello Spagnolo, cuenta con una escalera de doble rampa monumental que merece la pena ver.

Catacumbas de San Gennaro

El acceso a las catacumbas de San Gennaro se encuentra en la ladera de Capodimonte, al límite del rione. La entrada cuesta 8€ y conviene reservar con antelación. La entrada a las catacumbas de San Gennaro incluye a su vez un acceso a las de San Gaudioso válido durante un año y viceversa. Si vais con la ArteCard, tendréis que mandar un correo, pues la página web no permite hacer las reservas gratuitas incluidas. Este es el correo de contacto: prenotazioni@catacombedinapoli.it

Fue en el siglo XVI cuando se desarrolló el rione Sanità, sobre un antiguo lugar de sepultura grecorromano, motivo por el cual encontramos las catacumbas en esta zona de la ciudad. Las catacumbas de San Gennaro datan del siglo II, pero no expandieron hasta el siglo V, cuando se trasladaron al lugar los restos del santo a quien deben su nombre y se convirtieron en un lugar de peregrinación. Los restos fueron trasladados al Duomo y la reliquia de la sangre de San Gennaro goza de una gran veneración en la ciudad, mayormente a causa de la licuefacción de la sangre, que se produce tres veces al año y que os contamos en nuestra entrada del último día en Nápoles.

A día de hoy, se pueden visitar dos niveles de galerías en las catacumbas. Durante el recorrido, pueden verse tumbas, mosaicos y algunas pinturas murales.

Catacumbas de San Gaudioso

Para nosotros no hay elección válida entre las catacumbas de San Gennaro y las de San Gaudioso. No contábamos con ir a las segundas, pero la guía de San Gennaro nos animó a hacerlo, pues son muy diferentes, y no nos arrepentimos para nada. Las catacumbas de San Gaudioso se encuentran en la iglesia de Santa Maria della Sanità, junto al puente della Sanità.

A diferencia de las de San Gennaro, de origen paleocristiano, estas catacumbas tienen una parte paleocristiana y otra que data del siglo XVII.

La parte del siglo XVII es bastante macabra. Consta de una cámara donde se practicaba el ritual de la scollatura. Explicación no apta para estómagos débiles: los dominicos creían que el alma estaba libre de pecado y que la impureza residía en la carne. Entonces, para acelerar el proceso de putrefacción, los cuerpos se agujereaban y se prensaban en las cantarelle, una especie de banquetas ahuecadas.

Los nobles pagaban importantes cuantías de dinero para someterse a este ritual después de la muerte y asegurarse una transición más rápida al paraíso. El trabajo de la scollatura iba a cargo de las clases más bajas de la sociedad. Al cabo de unos meses, los cuerpos estaban listos para ser enterrados. Muchos nobles pagaban también para que se les realizaran pinturas funerarias con elementos identificativos, muchas de ellas realizadas por el pintor Giovanni Balducci, que pueden verse en una galería. En el lugar de la cabeza, se colocaba el cráneo. Parece que cuánto más dinero se invirtiera, peores debían ser los pecados que querían purgar.

Cimetero delle Fontanelle y Museo Arqueológico de Nápoles

Nuestra visita al rione Sanità no fue del todo completa. Nos dejamos el osario más visitado de Nápoles, el cementerio delle Fontanelle, en el tintero porque estaba cerrado por mantenimiento durante nuestra visita. Por otro lado, el Museo Arqueológico de Nápoles, no muy lejos de aquí, estaba abierto pero algunas de sus exposiciones (entre ellas, el famoso Gabinete Secreto están cerradas). Por ello, decidimos dejar también este museo para un próximo viaje.

Después de las visitas de la mañana, nos vamos a comer a La Cantina di Via Sapienza. Es un local acogedor del que habíamos leído buenas críticas, pero que nos decepcionó. La pasta y el risotto que pedimos no tenían nada de especial, así que creemos que nos equivocamos con el pedido: había un plato combinado de salsiccia, pasta y acompañante que tenía pinta de haber sido un mejor bocado. En todo caso, los precios son económicos: menú del día 10€, primeros a 5€, segundos entre 5 y 7€.

Tenemos tiempo después de comer para dar un paseo por el centro y, poco a poco, nos vamos acercando a la zona de la estación de trenes. En este momento aprovechamos para volver a acercarnos a nuestro horno de referencia, Attanasio, para probar el babà, un dulce en forma de tapón de champán, buenísimo, pero no apto para desayunar, ya que viene regado con ron.

Oplontis

Para llegar a Oplontis seguimos el mismo procedimiento que ayer para ir a Pompeya y Ercolano. Desde Porta Nolana tomamos un tren en dirección a Sorrento de la línia Circumvesuviana. Esta vez, bajamos en Torre Anunziata y seguimos las indicaciones hasta la villa romana.

La entrada anticipada cuesta 8€ y se puede acceder también a Villa Regina y Boscoreale, las cuales no visitamos. El horario es de 9 a 15h30 en invierno (las 17h en verano). Cierra los martes. Las entradas entran con la ArteCard y se pueden comprar a través de la misma web que las entradas de Pompeya.

Las ruinas de Oplontis, a diferencia de Pompeya y Ercoloano, no corresponden a un entramado urbano, sino que son restos dispersos entre los que destaca la Villa Popea, que conserva coloridas pinturas murales y mosaicos. No se trata de una villa cualquiera, sino que fue propiedad del emperador Nerón como residencia de su segunda esposa, Popea Sabina, cuando no estaba en Roma.

Visitamos la villa porque nuestra experiencia en Ercolano fue decepcionante y tenemos que decir que aunque Oplontis se ve fácilmente en menos de 1h por sus pequeñas dimensiones, nos quitó enseguida el disgusto que llevábamos y no es para menos. Recomendamos muchísimo esta visita. De hecho, si se os alarga la visita a Pompeya, por cercanía y tiempo de visita, podéis terminar el día en Oplontis.

Regreso a Nápoles: aperol y pizza

Es nuestra última velada en Italia, ya que mañana tenemos el vuelo a las 17h. Aprovechamos lo que queda de tarde para pasear por el centro histórico de Nápoles y terminamos en la plaza Bellini, donde tomamos un aperol en el Caffe dell’Epoca. Es un local muy pequeño, frecuentado por napolitanos y extranjeros, que se congregan en la terraza exterior y en la plaza a tomar el aperitivo más famoso de Italia, el spritz, a tan solo 2€.

No podemos despedirnos de Nápoles sin probar otra pizza. Las más famosas, de Da Michele nos dejaron redondos por 5€ cada uno. La pizza frita fue todo un descubrimiento en la Masardona. Para esta noche, probaremos la pizzeria di Matteo. Hay que esperar: a la cola para sentarte, para que te tomen el pedido y para que te sirvan; pero las pizzas son excepcionales. Probamos una de mozarella y anchoas y la carretiere, de salsiccia e friarielli (la salchicha napolitana con grelos, una verdura típica de la región). La verdura es algo amarga y fuerte de sabor, pero a mi me gustó. El tamaño de las pizzas es enorme, así que tenedlo en cuenta si vais a pedir entrantes o postre. La comida está riquísima, pero el servicio deja que desear: es muy caótico y el bullicio del lugar no ayuda. Con trago de limoncello al final, la cuenta nos salió por 21€.

Mañana es nuestro último día de viaje y visitaremos a fondo el centro histórico de Nápoles.

En resumen:

Roma, Nápoles y Pompeya en 10 días

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