San Francisco en 3 días

San Francisco en 3 días

Al final de mi año de auxiliar de conversación en Miami, no podía dejar pasar la oportunidad de viajar a la costa oeste de los Estados Unidos. Mi ruta me llevó a descubrir los parques nacionales de Yosemite (California), el Gran Cañón (Nevada) y Zion (Utah), pero empezó en las grandes urbes californianas de San Francisco y Los Ángeles. En esta entrada os sugiero un itinerario de 3 días en San Francisco, una de las ciudades más diversas e interesantes de los Estados Unidos. Construida sobre 7 colinas, sus calles con inclinaciones imposibles, la infame prisión de Alcatraz o el icónico puente Golden Gate son tan solo algunos de los atractivos que no os podéis perder.

Día 1:

Alquila una bicicleta

Vamos a empezar nuestro itinerario con una rutita en bicicleta. Aviso de entrada que San Francisco, por sus cuestas infinitas no es el mejor lugar para alquilar una bici, pero si estáis en forma y os animáis, podréis cubrir largas distancias y varios atractivos turísticos en poco tiempo. Nosotros alquilamos las nuestras en Blazing Saddles en la calle Mason. Sus tarifas empiezan en 8$ la hora, con precios especiales para alquileres del día entero. La ruta que hicimos para llegar al Golden Gate sin paradas y regresar al punto de partida podría hacerse en unas 2h30 o 3h. Con paradas os puede llevar medio día largo. La distancia a pedalear son unos 20km. Se puede reducir a 15km ida y vuelta si se va directamente al Golden Gate. Las demás visitas se pueden redistribuir en otros días, según los intereses de cada uno.

Las casas pintadas de Alamo Square

Nos subimos al sillín de la bici y nuestra primera parada va a ser en Alamo Square para ver sus coloridas casas victorianas, conocidas como Painted Ladies. Es un imperdible de la ciudad, aunque a nosotros nos tocó ver algunas de las casas andamiadas.

Golden Gate Park

Desde aquí nos vamos hasta Fell Street y seguimos recto hasta llegar al parque del Golden Gate (el nombre engaña porque todavía estamos bien lejos). Aún así, es de los tramos menos exigentes del recorrido, ya que todo el parque es llano o cuesta abajo hacia la costa (fallo ahí, todo lo que baja luego se sube).

Pasamos de largo el Conservatorio de las Flores del jardín botánico y el moderno edificio del museo de arte de Young y hacemos aquí una segunda parada para visitar el jardín japonés Hagiwara. Cuando visitamos este lugar todavía no habíamos estado en Japón y la verdad es que le entran ganas a uno de visitar el país asiático de lo bonito que es. La entrada cuesta 9$.

Otra parada interesante en el parque es el Bison Paddock, una gran explanada vallado donde ver bisontes, aunque el avistamiento no está garantizado. El lugar es muy grande y solo hay cinco especimenes.

Ahora sí, el Golden Gate (o no…)

Desde cualquier punto del Golden Gate Park es posible dirigirse hacia el norte por alguna calle perpendicular para llegar al famoso puente. Nosotros escogimos la vía larga, que es llegar hasta la playa, y subir al borde de los acantilados, esperando tener unas vistas estupendas desde el mirador de Land’s End.Pero al llegar nos encontramos con un fenómeno muy común en la zona en los meses de junio a setiembre: puede estar despejado y que el sol queme en la ciudad, a la vez que el puente está sumido en una niebla espesa y, por lo tanto, imposible de ver. Esto ocurre cuando el aire es cálido y las corrientes marinas, frías.

La subida por las curvas de la carretera nos resultan muy pesadas, por el esfuerzo y también por la decepción. El puente debería estar ahí y no lo vemos. Llegamos al mismísimo museo del Golden Gate, a un extremo de éste, y no vemos NADA. Con esto os queremos decir que según los meses que viajéis, no dejéis el Golden Gate para el último día: quizás tengáis que esperar horas a que se disipe la niebla o incluso volver otro día.

Nosotros decidimos comer en el Warming Hut, una librería-cafetería con vistas al mar, y probar suerte. Después de comer, todavía esperamos un buen rato hasta que sobre las 15h, se obra el milagro: la niebla cambia de gris a blanco y, de repente, desaparece. Durante más o menos una hora podemos contemplar el rojo brillante del puente e incluso andar por él antes de que la niebla volviera a envolver el lugar.

En días claros, es recomendable seguir la ruta en bicicleta hasta Sausalito, al otro lado del puente. Además de descubrir un pequeño pueblo pesquero, el recorrido ofrece una perspectiva diferente al Golden Gate. Sin embargo, nosotros desechamos la idea por la niebla.

Museo del “cable car”

Eufóricos porque el tiempo nos ha regalado una horita de Golden Gate, recogemos las bicicletas y de camino a devolverlas en la misma Mason Street nos encontramos el museo del “cable car”. Este peculiar medio de transporte es similar a un tranvía. Sin embargo, su funcionamiento es de lo más curioso. Bajo las vías se extiende una red de cableado en constante movimiento al que los tranvías se enganchan cuando desean moverse y se desenganchan cuando tienen que parar.

En el museo, gratuito y abierto de 10 a 18h en verano (hasta las 17h en invierno), se pueden ver las enormes ruedas que mantienen el sistema de cables en continuo movimiento, además de antiguos vagones y exposiciones sobre la historia de la ciudad, ligada a este peculiar sistema de transporte.

Chinatown

Terminamos el día en Chinatown, el segundo barrio chino más grande del mundo fuera de Asia. Cruzar la puerta de Grant Street es como entrar a una ciudad distinta: con señales y carteles en caracteres chinos, farolillos de colores y tiendas asiáticas por doquier. Incluso podréis ver una fábrica de galletas de la fortuna que, por cierto, se inventaron precisamente en San Francisco.

El ambiente es mejor de día que de noche, con todas las tiendas abiertas. Para comer, adentraros en los callejones, donde los menús son menos turísticos y podréis comer auténticos platillos chinos por muy pocos dólares. En el que comimos nosotros, la camarera apenas hablaba inglés, así que imaginaros.

Día 2:

Isla de Alcatraz

Nuestro segundo día empieza con otra de las visitas más populares de San Francisco: la prisión de Alcatraz. La única manera de llegar a esta antigua cárcel de alta seguridad es en barco, ya que se encuentra sobre una isla frente a la bahía de San Francisco.

La única compañía que opera hacia la isla es Alcatraz Cruises, que ofrece el transporte en ferry (15 minutos por trayecto) y la entrada al precio de 39,9$ por adulto. Nosotros escogimos entradas early bird que corresponden a los primeros barcos (8h45) para visitar la isla con más tranquilidad. Los ferries salen del muelle 33: se puede llegar cogiendo la línea de tranvía F y bajando en la parada de Bay Street.

Las entradas se agotan rápido y solo pueden comprarse con antelación: ¡no os quedéis sin las vuestras visitando la página oficial!

La entrada incluye una audioguía premiada (y con razón) que traslada a la vida diaria de la penitenciaria con datos históricos, anécdotas y testimonios reales del personal de la prisión y de algunos de sus reclusos. Cabe destacar que, a pesar de la seguridad de la prisión y los obstáculos para escapar de ella, como los tiburones que pululan por el agua helada que rodea la isla, se produjeron algunas fugas con un éxito que roza los límites de la verosimilitud.

Como curiosidad, tras el cierre de la prisión, un grupo de nativos americanos ocupó la isla para reclamar su derecho a la autodeterminación. Las pintadas presentes en el depósito de agua de la prisión atestiguan este episodio histórico, que duró 18 meses antes de que la comuna fuera desalojada.

La visita completa dura unas 3h. Aunque sea verano, las frías temperaturas del mar hacen de la isla un lugar bastante inhóspito, con ráfagas de viento helado. Conviene llevar ropa de abrigo.

Fisherman’s Wharf

A 10 minutos andando del muelle 33, se encuentra el Pier 39. Se trata de un complejo comercial con tiendas y restaurantes construido al norte del área de Fisherman’s Wharf. Además de ser un lugar agradable para pasear, es también el hogar de numerosos leones marinos.

Telegraph Hill

Por la tarde, subimos a la cercana Telegraph Hill, una de las colinas que domina sobre la bahía. En su cima, se encuentra la Torre Coit, una construcción art déco que homenajea a bomberos fallecidos en incendios en la ciudad a principios del siglo XX. Desde arriba se obtienen vistas espléndidas a la ciudad y al puente del Golden Gate, si no hay niebla. Además, vale la pena subir hasta aquí para ver los preciosos murales sobre la historia de San Francisco que alberga su interior.

Lombard Street

Dedicamos el resto de la tarde a callejear por las inclinadas calles de la ciudad. Mención especial se merece Lombard Street: las curvas cerradas para salvar el desnivel son una de las imágenes más populares de San Francisco. De hecho, la afluencia de gente que quiere tener la experiencia de conducir por esta calle de postal causa serias congestiones de tráfico y, por ello, la vía sufre cierres temporales, sobre todo en verano. Para paliar este problema, a partir de 2019, los turistas tendran que pagar un peaje para circular por la famosa calle.

Union Square

Es buena idea terminar el paseo a pie en Union Square, la plaza central de la ciudad. Está rodeada de tiendas y restaurantes y siempre hay muy bien ambiente. Según la época podéis encontraros con exposiciones, mercadillos o puestos de mercado. En el centro de la plaza se alza el monumento Dewey, un gran monolito coronado por Nike, la diosa griega de la victoria. Desde la terraza del restaurante Cheesecake Factory las vistas a la plaza son inmejorables, además que es un lugar con buena comida a precios dentro de la media estadounidense. Y qué decir de las tartas de queso que le dan el nombre…

Día 3:

Este último día de visita lo dedicaremos a dos de los barrios más alternativos de San Francisco: Haight-Ashbury y Castro.

Haight-Ashbury

Este distrito se extiende en los alrededores del cruce de las avenidas Haight y Ashbury. En los años 60, este barrio fue el centro neurálgico de la revolución hippie y el movimiento cultural de los beats. Hoy en día, el espíritu de las comunas ha desaparecido dejando paso a las más variopintas tendencias: tiendas de vinilos, de ropa de segunda mano, murales, galerías de arte, restaurantes ecológicos y veganos, locales de música en directo, etc. Incluso se puede visitar la casa-museo de Jimi Hendrix.

De día es un barrio de lo más colorido, como demuestran sus fachadas, pero de noche es algo sombrío y conviene evitarlo.

The Castro

Dejando atrás la cuna del movimiento hippie, llegamos al barrio Castro, que alberga una de las mayores comunidades LGTB de los Estados Unidos. El barrio se popularizó en los años 60 y 70. Banderas del arcoiris ondean de las ventanas y hasta los pasos de peatones son multicolores en unas calles que celebran la diversidad sexual.

Uno de los residentes más conocidos de The Castro fue Harvey Milk, el primer edil abiertamente gay de California, asesinado en 1978. Sean Penn encarna a este activista en la película Harvey Milk (¡muy recomendable!). Su gran pasión, además de la política, fue la fotografía y se pueden visitar exposiciones en el Harvey Milk Photo Center. Otro punto clave del barrio es el teatro Castro, un cine de los clásicos, todavía en funcionamiento.

Twin Peaks

Estando en Castro os encontráis justo a los pies de las colinas más famosas de San Francisco: las Twin Peaks. Se trata de dos colinas prácticamente gemelas de 280m de altitud, cuya ubicación privilegiada ofrece vistas inmejorables a toda la ciudad. El bus 37 os deja a los pies del sendero (ir por la carretera es más largo y peligroso, pues no hay acera) y el recorrido circular completo son unos 5km. Es una ruta senderista fácil, poco exigente y, en los días claros, muy concurrida.

¡Y con esta excursión damos por terminado el itinerario por San Francisco!
Seguid leyendo para saber lo que hicimos en Los Ángeles o qué parques nacionales visitamos en la Costa Oeste.

En resumen:

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