Parques Nacionales de la Costa Oeste

Parques Nacionales de la Costa Oeste

No se puede contemplar un viaje por la Costa Oeste de los Estados Unidos sin pisar sus Parques Nacionales. Yosemite viene casi de paso entre San Francisco y Los Ángeles, mientras que Las Vegas o Phoenix son puntos de partida idóneos para visitar el Gran Cañón. De vuelta a Las Vegas, ¿por qué aprovechar para descubrir los paisajes del Zion National Park en Utah?

Otros parajes naturales sin igual que podréis ver en esta ruta son Death Valley, el Antelope Canyon o Monument Valley. Nosotros tuvimos que dejarlos para una futura ocasión.

Sistema de Parques Nacionales

El presidente Theodore Roosevelt era un gran amante de la naturaleza y puso la primera piedra del sistema de parques nacionales protegiendo 5 áreas naturales bajo esta denominación a principios del siglo XX. En la actualidad, el país cuenta 58 parques nacionales. La majestuosidad de los paisajes naturales que albergan deja sin palabras y hace que uno se sienta diminuto. Nosotros pasamos un día en cada parque pero todos invitan a quedarse más.

Los parques cuentan con servicios de aparcamientos habilitados, rangers o guías y buses eléctricos que permiten recorrerlos. Todo ello supone un gasto enorme que se paga, al menos en parte, con los precios de las entradas. Los parques que visitamos en la Costa Oeste cuestan 35$ por vehículo cada uno. Si hubiéramos añadido Death Valley, que venía de paso entre Los Ángeles y Las Vegas, habrían sido 30$ adicionales.

La buena noticia es que existe un pase anual de 80$ que puede a la entrada de cualquiera de los parques nacionales. Visitando tres parques, ya sale a cuenta. Además, el pase puede compartirse con una segunda persona, de manera que si conocéis a alguien que vaya a hacer el viaje más adelante, podéis compartir gastos.

Yosemite National Park, California

Empezamos nuestra ruta con el parque nacional que más me gustó: Yosemite National Park. Quizás fue el que me enamoró porque en el valle la naturaleza es envolvente. Nos alojamos en Wildwood Inn cerca de Sonora, en una habitación de 3 con desayuno por 120€. Se encuentra a 2h30 de San Francisco y 1h15 del parque nacional. Lo escogimos porque, por su proximidad, era lo más barato y nos permitía llegar al valle temprano. Hay oferta de alojamiento en el parque pero, como es de imaginar, los precios son realmente altísimos.

Como siempre que llegamos a un parque nacional, la primera parada es el centro de visitantes, donde nos informan de los mejores itinerarios para el tiempo del que disponemos. En nuestro caso, nos recomendaron varios itinerarios de 30-45 minutos a diversos miradores, como el que nos ofreció vistas al Half Dome sobre un lago o la pared vertical de El Capitan, y a Yosemite Falls, una cascada cuya caída os impresionará por la altura y también por su ruido ensordecedor.

Después de comer de picnic, cogemos el coche para ir a nuestra siguiente parada: Mariposa Grove, la zona sur de Yosemite donde veremos secuoyas gigantes. Por el camino nos encontramos el mirador Tunnel View, que nos demuestra a vista de pájaro, la magnitud del valle en todo su esplendor.

Mariposa Grove

Llegados a Mariposa Grove, a 1h de camino, dejamos el coche en el aparcamiento y un shuttle que circula cada 10 minutos nos lleva hasta la zona de secuoyas gigantes. Aquí realizamos el itinerario Grizzly Giant Loop, de unas 2h y nivel de dificultad fácil. Hay senderos más cortos y más largos y difíciles también.

Las secuoyas son uno de los árboles más grandes del mundo. Impresionan y a la vez dan ganas de intentar abrazarlos. Alucinamos con las raíces de una secuoya caída y pasamos también por uno de los últimos túneles de secuoya en pie. Afortunadamente, esta práctica de agujerear los troncos dejó de hacerse porque obviamente dañaba al árbol y terminaba matándolo.

Desde aquí y tras una jornada intensa, nuestro hostal en Hollywood, Los Ángeles, queda a 5h. Nosotros llegamos pasadas las 23h y habiendo cenado en un McDonalds. Es factible si sois 2 o más conductores, pero la verdad es que no habría estado nada mal dormir a medio camino.

Grand Canyon, Arizona

El Gran Cañón del Colorado es una de esas estampas imprescindibles del Oeste americano. El Skywalk (una pasarela de cristal sobre el Cañón) está a apenas 2h en coche de Las Vegas, aunque está en una zona no protegida y específicamente desarrollada para el turismo. Por este motivo, no visitamos esta parte ni la recomendamos.

La zona designada como parque nacional tiene dos áreas visitables. El borde norte del Cañón es el área más agreste, con más altitud y solo accesible el verano (en invierno, la nieve es frecuente en esta zona). El borde sur, en cambio, es accesible todo el año y está a 4h20 de Las Vegas o 3h45 de Phoenix. Ofrece vistas espectaculares y dispone de servicio de shuttle para recorrer el borde del cañón y poder verlo desde diferentes perspectivas. Así pues, os contamos la ruta para llegar al conocido como South Rim.

Hoover Dam y la ruta 66

Desde Las Vegas, a la ruta hacia el Gran Cañón no le faltan atractivos. Para empezar, a tan solo 45 minutos de la ciudad la carretera lleva a Hoover Dam, una enorme presa cuya construcción fue una proeza arquitectónica entre 1931 y 1936.

Desde aquí quedan unas 3h40 hasta la entrada al Parque Nacional. Sin embargo, elegimos añadir media hora al camino desviándonos de la carretera principal para conducir aunque fuera un rato por la renombrada Ruta 66 entre Kingman y Seligman. Este desvío permite pasar por varios pueblos y edificios, mayormente abandonados en la mítica carretera, ideales para paradas fotográficas.

El Cañón

Desde Seligman, ya vamos sin prisa pero sin pausa al Gran Cañón. Antes de la entrada paramos a comer en un restaurante pegado a la carretera. Hemos llegado pronto gracias a que hemos salido bien temprano de Las Vegas. A unos pasos de donde aparcamos el coche estamos ya frente a una de las formaciones geológicas más impactantes del mundo: 446km de largo y hasta 29km de brecha en su parte más ancha, con profundidades que rozan los 1900m.

Coger el shuttle es el mejor método para ver diversas perspectivas del Cañón. Podéis bajar en la parada que consideréis y andar hasta la siguiente repetidas veces, por ejemplo.

Las vistas dejan flipando, peeeero, aquí viene mi opinión poco popular: creo que me habría impresionado más si hubiera tenido más tiempo. En particular, me habría gustado bajar al Cañón por el Bright Angel Trail, una ruta que requiere pasar la noche en la base del Cañón (son 4h de bajada y 6h de subida con bastante calor). ¿El motivo? Me pareció estar delante de una postal. Una postal brutal en vivo y en directo, pero sin la sensación de estar completamente inmersa en el paisaje.

Finalmente, fuimos a la Hopi House, un pequeño museo de artesanías de las tribus nativas navajo y hopi que habitan el Cañón.

Justo enfrente del edificio nos quedamos los colores rojizos cambiantes de la puesta de sol.

Horseshoe Bend

En cuanto al alojamiento en el Gran Cañón, igual que en Yosemite, es carísimo en los terrenos del Parque Nacional. Nosotros optamos por el Cameron Tradng Post, a 1h de la entrada del parque. Una habitación para 3 personas nos salió por 80€. El hotel es muy auténtico: gestionado por nativos americanos, con exposiciones de artesanía y a cercanías de un puente colgante muy de película del Oeste. Muy recomendable. No se anuncia en Booking, pero lo podéis reservar aquí.

A la mañana siguiente, empezamos la ruta hacia el Horseshoe Bend, un meandro del río Colorado que nos regala vistas rojizas con una caída de 1000m hacia una curva imposible.

Desde el Horseshoe Bend estamos a tan solo 20 minutos del Antelope Canyon. No seáis como nosotros y reservad antes de ir, pues las visitas son únicamente con guía y a determinadas horas del día, con plazas limitadas. Nuestro road trip de auxiliares de conversación en Estados Unidos fue a lo rápido e improvisado y no nos informamos lo suficiente de esta parte del recorrido. Con solo 1 día y anticipación en la reserva habríamos podido visitar el Antelope Canyon y acercarnos a Monument Valley, a 2h adicionales de camino, solo ida. Será para la próxima.

Zion National Park, Utah

Dispuestos a paliar nuestro error garrafal de previsión, de regreso a Las Vegas, vamos por el estado de Utah y paramos en el parque nacional de Zion. Mucho menos conocido que Yosemite o el Gran Cañón, nos llevamos una grata sorpresa con los parajes montañosos de este lugar.

Desde Horseshoe Bend se tarda 1h50 minutos en llegar. El parque de Zion queda a 2h30 de Las Vegas.

Como ya viene siendo costumbre, desde el aparcamiento cogemos el shuttle que nos deja al principio del itinerario conocido como Riverside Walk. Al final de este corto recorrido de algo menos de 2km se encuentra el Templo de Sinawawa: un anfiteatro natural que marca el comienzo de un cañón. Por el camino, es posible ver ardillas, ciervos y alguna que otra serpiente escurridiza.

Desde aquí, en verano y siempre que no haya peligro de inundaciones repentinas, se puede seguir andando río arriba en la ruta conocida como The Narrows (“estrecho” en inglés). El recorrido entero toma horas, pero en apenas 1h (ida) las paredes del cañón ya se han estrechado lo suficiente como para brindaros una experiencia excepcional. Tened en cuenta que este recorrido se hace en el agua, que no debería llegaros mucho más arriba de la rodilla. La corriente no es fuerte, pero puede ser extenuante. También conviene llevar buen calzado para evitar patinar.

Y hasta aquí, nuestra experiencia de Parques Nacionales, tres paisajes excepcionales que sumamos a nuestra visita a los aligátores del Everglades National Park en Miami, Florida.

En resumen:

¡No olvidéis viajar seguros en Estados Unidos! Un accidente en ruta, por pequeño que sea, puede arruinaros el viaje y fundirse vuestros ahorros. Contratando a través de nuestro enlace tenéis un pequeño descuento y nos ayudáis a mantener el blog 😉



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