3 días, 3 Cracovias

3 días, 3 Cracovias

Visitamos 5 grandes ciudades en nuestro viaje en tren por Europa Central y aunque me gustaron todas ellas, Cracovia fue amor a primera vista. Es una ciudad que no solamente empapa de historia, sino que lo hace a través de diferentes épocas a través de sus diferentes barrios, desde el encanto medieval del Castillo y la grandiosa plaza de Mercado, pasando por la zona de Kazimierz dónde floreció la comunidad judía y que ahora se ha convertido en el barrio de moda, hasta las calles de Podgorze, dónde se creó un infame gueto como pieza clave del esquema de exterminación del Holocausto. En definitiva, un palimpsesto de historias que invita a reflexionar al viajero.

Lo que os contamos a continuación son los lugares imperdibles que recorrimos en 3 días en Cracovia, en concreto, en un día completo y dos tardes, ya que aprovechamos las mañanas para realizar excursiones alrededor de la ciudad, al campo de concentración de Auschwitz y a las minas de sal de Wieliczka.

Dónde alojarse

Llegamos a Cracovia en bus desde Zakopane, después de una larga excursión a Morskie Oko en las montañas del Tatras. El bus nos dejó en la estación de Krakow Glówny, desde donde tuvimos que andar unos 25 minutos para llegar a nuestro alojamiento, el Hostel Tara.

Lo bueno: habitaciones grandes y muy baratas (dormimos tres noches en una doble por 77€). El hostal se encuentra a apenas 5 minutos andando de uno de los atractivos turísticos más visitados de la ciudad, el Castillo de Wawel.

Lo malo: 5 pisos sin ascensor pueden ser un problema, especialmente si cargas la maleta (léase: obligas a cargarla a tu compañero de viaje) después de una ruta senderista de casi 7h en la montaña.

El castillo y el centro histórico

El primer día que pasamos en Cracovia lo dedicamos a explorar las calles medievales de su centro histórico.

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Empezamos la ruta por el Castillo de Wawel, a tan solo 5 minutos a pie de nuestro alojamiento, situado en lo alto de una pequeña colina en la que además del castillo también pueden visitarse la catedral y varios museos. Todas las entradas se venden de forma separada, por lo cual podéis elegir qué monumentos visitar según vuestros intereses.

Después de pasear por la explanada del castillo, nosotros nos decidimos por visitar la Catedral de Wawel. Pagamos la entrada (7 zlotys para estudiantes – 1,70€; 12 zlotys para adultos – 2,80€). El templo es eminentemente ecléctico, con capillas de todos los estilos. Pero lo que más nos gustó fue sin duda subir a la torre del campanario, desde donde se tienen unas vistas preciosas al centro histórico de Cracovia, además de la posibilidad de ver hasta cinco enormes campanas – la mayor de ellas, la campana de San Segismundo (Zygmunt) pesa 12 toneladas y es enorme. Eso sí, cuidado con la subida por las estrechas escaleras de madera.

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A continuación, seguimos nuestra visita a la colina de Wawel entrando al patio interior del castillo.

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Una de las atracciones más populares de Wawel es la cueva del dragón. Según la leyenda, el reino de Krak vivió una época aterrorizado por un dragón que devoraba a sus ciudadanos. Pero cuando la vida de la princesa Wanda corría peligro, a un joven se le ocurrió la ingeniosa idea de terminar con la vida del monstruo engañándolo para que se comiera un cordero relleno de azufre. Sediento, el dragón bebió tanta agua que reventó.

La cueva del dragón es una atracción turística que puede visitarse previo pago de 3 zlotys (0,7€). Para nosotros carecía de interés, aunque sí fuimos a ver la famosa estatua del dragón que se encuentra a los pies de la colina (también a la salida de la cueva) y que echa fuego por la boca cada 5 minutos.

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Allí mismo se encuentra el Paseo de la Fama de Cracovia. Y es que cada año, el Festival de Cine de Cracovia galardona con el Dragón de los Dragones a artistas premiados por su trayectoria en el mundo del séptimo arte.

Seguimos ahora nuestro recorrido bajando por las calles empedradas que llevan al centro neurálgico de la ciudad, pasando delante de la iglesia de San Andrés y, a continuación por la iglesia de san Pedro y san Pablo, que destaca por los doce apóstoles apostados en el exterior del recinto religioso.

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Pronto llegamos a la plaza del Mercado, el inmenso corazón de Cracovia. No en vano se trata de la plaza medieval más grande de Europa.

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Además de sus dimensiones, todo en la plaza y su alrededor llama la atención, empezando por el centro de ésta, donde se encuentra el Sukkenice (o Lonja de los Paños). Se trata de un edificio renacentista originalmente concebido para la compra y venta de téxtiles En la actualidad, además de tejidos y ropa, hay puestos de souvenirs y también de artesanía. Cabe destacar los hermosos belenes polacos, labrados en madera.

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En la misma plaza se alza también la iglesia de Santa María. En particular, destaca la diferencia de altura entre las dos torres de la fachada. Por lo visto, no hay explicación arquitectónica para esta asimetría, pero dice la leyenda que fueron construidas por dos hermanos. El menor, cegado por la envidia de que la torre de su hermano fuera más alta, lo asesinó y las obras cesaron. Y la historia no acaba aquí, sino que al darse cuenta de lo que había hecho, el hermano subió a una de las torres y se suicidó.

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No es esta la única leyenda que circula sobre las torres de la iglesia de Santa María. Cada hora suena una trompeta con un himno que acaba de forma abrupta antes de finalizar. La historia cuenta que este curioso final se remonta al siglo XIII, cuando los mongoles intentaron invadir la ciudad. El guardia sonó la trompeta para avisar al pueblo de que el enemigo se acercaba y, lamentablemente, una flecha le alcanzó en la garganta antes de poder terminar la llamada. Y desde entonces, un trompetero suena el Hejnal que es como se llama el himno inacabado – a cada hora. De hecho, es tan importante, que se retransmite por la radio nacional cada mediodía.

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Además de sus muchos monumentos, la plaza es una gozada en sí misma, con carros de caballos engalanados, vendedores de arte y artesanía y puestos de comida típica (como el tradicional queso de oveja ahumado).

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Seguimos nuestro recorrido y después de una copiosa comida (os contamos dónde comer al final de esta entrada) nos dirigimos a la puerta de Florián, desde dónde llegamos a la Barbacana de Cracovia, una fortificación medieval de forma circular, antaño unida a las murallas y concebida como parte de una red de defensa de la ciudad. De hecho, todavía permanece en pie una parte del corredor cubierto que conectaba la construcción con los muros de la ciudad.

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Justo enfrente de la Barbacana se encuentra un monumento que destaca por su grandiosidad. Se trata del monumento por la batalla de Grunwald, cuando los polacos y los lituanos unieron sus fuerzas para acabar con un intento de invasión de la Orden de los Teutones, formada durante la tercera gran Cruzada.

Regresamos por las calles empedradas del centro amurallado de Cracovia y nos dirigimos ahora la Universidad Jaguelónica que, fundada en el siglo XIV es la universidad más antigua de Polonia y una de las más antiguas todavía en funcionamiento en Europa. Entre sus estudiantes más ilustres se encuentran nada más y nada menos que Copérnico o el tan querido papa por los polacos, Juan Pablo II.

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Kazimierz

Segundo día y conocemos una cara completamente diferente de Cracovia. Esta mañana hemos estado de visita en el campo de concentración de Auschwitz y la verdad es que nos hemos quedado mudos del impacto que nos ha causado. Pero si por la mañana hemos conocido de cerca el episodio más desgarrador del siglo XX en Europa, esta tarde nos toca recorrer las calles del que fue en su día el barrio donde la comunidad judía vivió su época de mayor prosperidad en Cracovia: Kazimierz.

Para recorrer este barrio decidimos coger un free tour de los muchos que salen a las 17h de la Plaza del Mercado, una opción que ya probamos en Budapest y Bratislava.

Para aquellos que no los conozcáis, los free tours son tours que, como su nombre indica, no tienen un coste establecido sino que uno puede unirse a ellos de forma gratuita y pagar la voluntad al final del recorrido. Normalmente son visitas bastante entretenidas que realizan compañías turísticas con la intención de que la gente se apunte a realizar alguno de sus otros tours de pago. En todo caso, son ideales para conocer lo esencial de una ciudad, especialmente cuando se viaja con poco tiempo y, de paso, se quieren descubrir algunos detalles históricos y culturales del lugar.

Y puntuales como un reloj salimos de la plaza y salimos de la zona antigua de Cracovia, dejando atrás el castillo. En menos de 15 minutos estamos ya en Kazimierz, la zona que designó el rey Casimiro III (Casimiro en polaco es Kazimierz) para el asentamiento de los judíos expulsados de Cracovia en el siglo XIV. Durante siglos, Kazimierz funcionó como una ciudad independiente y la comunidad judía prosperó hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis barrieron el barrio y se llevaron a los judíos al Gueto de Cracovia.

La primera parada de nuestro recorrido por Kazimierz la hacemos en la Sinagoga Vieja (Stara). La reconoceréis porque la estructura del edificio deja ver perfectamente las partes del templo reservadas a los hombres y a las mujeres. Sin embargo, la visita por el interior no tiene mucho interés, ya que los nazis lo emplearon como almacén y se encuentra totalmente reformado. Desde allí nos vamos a Wolnica, la plaza del Mercado del barrio judío. Se dice que originalmente era tan grande como la Plaza del Mercado de Cracovia, pero el asentamiento judío tuvo que expandirse en el reducido espacio con el que contaba y, al final, las construcciones ocuparon el terreno de la plaza.

Hay hasta siete sinagogas en pie en el barrio de Kazimierz, pero solo una de ellas sigue en funcionamiento como centro religioso: la sinagoga Remuh. Se trata de una pequeña sinagoga que cuenta con un pequeño cementerio. En nuestra opinión, si habéis visitado el cementerio judío de Praga, el de Remuh no tiene nada de especial. Hay que tener en cuenta que a día de hoy casi no viven judíos en Cracovia. Los que pudieron escapar fue porque emigraron y muchos de los supervivientes del Holocausto se instalaron en el recién creado estado de Israel. A pesar de ello, la cultura judía está en auge en parte gracias al turismo y el resto de sinagogas de la ciudad (Tempel, Isaac, Kupa, Wysoka…) están abiertas al público bien como museo o como centros culturales.

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A lo largo del tour, la guía nos enseña los lugares donde se grabó la Oscarizada Lista de Schindler que, a pesar de que en la ficción retratan el gueto que se encontraba en Podgorze y que visitaremos mañana, se rodó mayoritariamente en el histórico barrio judío de Kazimierz.

Durante el trayecto hemos visto con nuestros propios ojos como Kazimierz se postula como barrio de moda en Cracovia y proliferan los bares y restaurantes a cada esquina. Pero nos ha llamado la atención la plaza Plac Nowy, donde esta noche cenaremos de una deliciosa zapiekankaSi queréis saber qué es, os lo contamos en nuestra sección de dónde comer en Cracovia al final de esta entrada.

El Gueto de Podgorze

¡Último día en Cracovia! Esta mañana la hemos dedicado a visitar las espectaculares minas de sal de Wieliczka, que nos han transportado literalmente a las entrañas de la tierra. Esta tarde la dedicamos al barrio de Podgorze, en el que se alzaron los muros del Gueto de Cracovia en el episodio histórico más trágico de esta ciudad polaca. Nuestro recorrido por Kazimierz con el tour gratis de ayer terminó en la plaza de los Héroes del Gueto (Plac Bohaterow Getta), como punto final de la prosperidad de la comunidad judía en Cracovia. La plaza se encuentra repleta de esculturas de sillas vacías, un homenaje de Roman Polanski, superviviente del gueto, a los que perecieron en el Holocausto. La plaza de los Héroes del Gueto fue precisamente el lugar de reunión donde los judíos eran seleccionados para ser transportados a campos de trabajo o de exterminio. Los judíos, desconocedores de su destino, recogían lo más valioso que tenían para el viaje, incluso muebles, pero cuando eran hacinados en los trenes se veían obligados a dejarlo todo en la plaza. De ahí el poder simbólico de las sillas, que nos recuerdan a los zapatos también vacíos a orillas del Danubio en Budapest.

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En la Plaza de los Héroes del Gueto podréis ver también la Farmacia del Águila, perteneciente a un apotecario polaco que a pesar de las ofertas de las autoridades para reubicar su negocio en otras zonas de la ciudad, decidió quedarse como única farmacia en el gueto, proporcionando medicamentos y refugio a sus habitantes.

Nos adentramos en el barrio de Podgorze y nos asomamos a ver los restos del muro del gueto que permanecen en pie a la altura de las calles Lwowska 25 y en Limanowskiego 62. Llama la atención de forma inquietante la horrenda similitud del muro con las losas de las tumbas judías, una especie de broma macabra que confirmaba los presagios del fatal destino que esperaba a las miles de familias que vivieron amontonadas en un barrio totalmente insalubre antes de ser desplazados a los campos.

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Aparte de estos pequeños fragmentos de muro, el barrio de Podgorze nada de la apariencia del barrio a día de hoy nos podría hacer pensar los horrores que se vivieron en sus calles. Aunque si prestamos atención, aquí y allá se pueden ver placas conmemorativas en los edificios, recordando incidentes y masacres que tuvieron lugar en esa ubicación, especialmente durante la liquidación del gueto.

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Terminamos nuestra visita yendo al Museo de Oskar Schindler. Se trata de la antigua fábrica Emalia de Schindler a través de la que el empresario salvó a miles de judíos sobornando a las SS para que no mandaran a sus empleados a las cámaras de gas y les permitieran seguir trabajando en su fábrica. Aunque a priori podría parecer un museo dedicado a la benévola actuación de Schindler y al Holocausto, se trata de un museo que muestra cómo era la vida en Cracovia durante las primeras décadas del siglo XX: de la prosperidad a la devastación de la guerra, a nivel histórico, político y también cultural. De la figura de Schindler en sí, solo se conserva su oficina. A decir verdad, es uno de los mejores museos de historia que hemos visitado, ya que sus salas están totalmente tematizadas (el vagón de un tren, interiores de casas, sonidos de bombardeos…) y ofrece muchísimas posibilidades de interacción con los objetos del museo. Realmente, no es un museo que te muestre la historia, sino que consigue que uno se sumerja en ella.

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Dedicamos el resto de la tarde a dar un último paseo por el centro histórico y a disfrutar por última vez de la grandiosa Plaza del Mercado y sus puestos de artesanía. Finalmente, vamos a recoger las maletas al Tara Hostel y después de pedir unos pierogis para llevar, nos vamos a la estación para tomar nuestro siguiente tren nocturno. Próxima parada: Praga.

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Dónde comer

Pod Wawelem: este archi-conocido local a los pies del Castillo de Wawel tiene la fama de servir porciones enormes. Dónde come uno, pueden comer dos con un hambre voraz o tres con un estómago normal, si me apuráis. Tienen hasta una báscula en la entrada donde uno puede comparar su peso al entrar y al salir del local. Fuimos a cenar la noche que llegamos a Cracovia de las montañas del Tatras y nos zampamos un plato ingente de carne: schnitzel, salchichas, carne de pollo y cordero al grill… con arroz y patatas, y a pesar de que la ruta senderista nos había abierto el apetito no nos vimos con capacidad de pedir postre. Al día siguiente repetimos y esa vez pedimos un plato también para compartir: un pincho de carne de kebab que más bien parecía una espada por su tamaño. Fue menos copioso que el plato de la noche anterior y pudimos pedir tiramisú de postre (era mi cumpleaños y yo quería el pedazo de pastel que me correspondía para la ocasión).

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Los platos que pedimos nosotros valían entre 8 y 10€. Los hay más baratos y más caros en la carta, pero no es caro. Es un restaurante muy popular y si no vais temprano os tocará hacer cola (aunque el local es bastante grande y tampoco tuvimos que esperar tanto). El baño de hombres es una atracción en sí misma, con dos orinales: uno para la cerveza (piwo en polaco) y uno para vodka (wódka). El de mujeres, por lo contrario, es de lo más normal.

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Babcia Malina: en Cracovia hay un montón de lugares en los que podéis disfrutar de un menú completo (primero, segundo y la bebida local sin alcohol, kompot, a base de frutas) por 16 zlotys (4€ – ¡regalado!). Entre ellos, el Babcia Malina. Se trata de un menú que no aparece en la carta, pero sí lo tienen apuntado en polaco en una pizarra en la barra donde hay que pedir. Nosotros queríamos probar el menú que tenían en la pizarra y la mujer se empeñaba a que miráramos el menú a la carta en inglés (más caro). Hasta le pedimos ayuda a unas chicas polacas que pidieron el menú de la pizarra y se lo dieron sin rechistar y ni así. Al final, resultó que la mujer se había estado haciendo la longuis, como si no nos entendiera y harta de nuestra insistencia, nos tradujo todos los platos al inglés para que eligiéramos. Vamos, que por ser guiris nos quería cobrar de más, pero cuando vio que no íbamos a pasar por el aro, cedió. Pedimos dos sopas de champiñones de primero, salchicha con puré y verduras y pollo en salsa con arroz de segundo y para beber, kompot.

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Babcia Malina significa la Casa de la Abuela y eso es lo que os encontraréis: un decorado completamente de madera, con figuras algo kitsch de la abuela, y cortinas de crochet. Y con todo este decorado llama la atención que en la televisión solo saquen combates de boxeo y anuncios en los que la Abuela patrocina a no logramos saber qué equipo de boxeo. Vamos, que te descoloca. Hay dos ubicaciones, pero nosotros probamos la de la calle Sławkowska 17, que está un poco escondida, ya que hay que meterse en el patio del edificio de la Polish Skills Academy para acceder al restaurante.

Gospoda Koko: con un pequeño patio interior, encontramos este local de casualidad. Tiene un menú por 4€ similar al ofrecido en Babcia Malina, pero sin tener que discutir para que te lo sirvan como a cualquier polaco (que es un punto a favor). Pedimos uno de estos menús y un plato a parte porque fuimos a comer el último día que estuvimos en Cracovia y después de todo lo que habíamos devorado ya no dábamos para más.

Milkbar Tomasza: Un mleczny, milkbar o bar de leche es un tipo de restaurante nacionalizados por el régimen socialista en Polonia como cantina para los trabajadores, con precios extremadamente económicos, ya que recibían subvenciones del estado. Originalmente servían platos a base de verduras y leche (de ahí el nombre), pero actualmente a pesar de no estar ya bajo el control del estado, mantienen precios muy bajos y sirven todo tipo de comida tradicional polaca. Los veréis esparcidos por todo Cracovia, con menús como el que probamos en Babcia Malina por unos 3€.

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El Milkbar Tomasza es algo diferente. El aspecto de cantina que suelen exhibir los bares de leche se ha visto sustituido por una decoración más similar a un local de comida rápida. Pides en la barra, pero hay servicio de mesa y tienen sopas, sándwiches, quiche, además de todo tipo de bebidas refrescantes, cafés, tartas y crepes. Nosotros fuimos al Milkbar Tomasza el día que volvimos de Auschwitz mientras esperábamos la hora de salida del free tour de Kazimierz y pedimos un café, una limonada y un crepe con helado y todo estuvo muy rico.

Zapiekanki en Kazimierz: Plac Nowy es definitivamente el lugar que no te puedes perder en Kazimierz si quieres probar la zapiekanka, la estrella de la comida callejera en Polonia. Es tan popular que se ha ganado el apelativo de «pizza polaca». Se trata de un pan, tipo baguette, horneado con todo tipo de ingredientes encima. Desde las más tradicionales, que llevan tomate, queso y champiñones a todo tipo de variedades más o menos exóticas (imaginamos que en Polonia también tienen el debate de la piña en la zapiekanka: ¿sí o no?).

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En medio de la plaza Plac Nowy hay un pequeño edificio circular en la que se hayan instalados media docena de especialistas en zapiekanki. No sabemos cuál es mejor: simplemente nos pusimos en el que había más cola porque imaginamos que sería el preferido de muchos. Había tantos polacos como turistas, así que nos pareció buena señal. Pedimos una zapiekanka entera con queso y pesto y otra media de embutido pollo, queso ahumado y salsa de arándanos. Una zapiekanka suele costar entre 1 y 2€.

Pierogowy Raj: hicimos una parada en este pequeño local de comida con poquitas mesas e ideal para llevar antes de irnos a la estación de trenes de Krakow Glowny (se encuentra muy cerca de la Barbacana y a apenas 10 minutos de la estación). Cierran por la noche, así que tuvimos mucha suerte de ser los últimos clientes de aquel día a las 21h. Hay hasta 50 variedades de pierogis (pequeñas empanadillas/raviolis) para elegir.

Finalmente, os dejamos una imagen de nuestro desayuno de cada día. Estos rollos de pan, que vendían en puestos callejeros sin nada encima, con queso o con semillas de amapola estaban riquísimos y costaban 1 zloty (0,30€). ¡Riquísimos!

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En resumen:

Interrail por Europa Central en 15 días



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