10 consejos y curiosidades a tener en cuenta en tu viaje a Marruecos

10 consejos y curiosidades a tener en cuenta en tu viaje a Marruecos

¿Os apetece visitar Marruecos pero todavía no os habéis decidido? ¿Ya tenéis los billetes pero también muchas preguntas? Aquí tenéis consejos y datos curiosos que os pueden despejar las dudas sobre el viaje y la estancia.

 1. ¡Marhaba!, pero con precaución

Marruecos es un país muy acogedor para el visitante y gran parte de esta sensación la crean sus habitantes. La gente te da la bienvenida con una sonrisa, te invitan a pasar a tomar el preciado té a la menta y tanto en riads como en restaurantes el personal es muy atento y amigable.



Sin embargo, hay que andarse con cuidado ante tanta amabilidad porque aunque en la mayoría de los casos la hospitalidad de los marroquíes es muy natural y sincera, la picaresca está a la orden del día. Si se ofrecen a acompañaros cuando andáis perdidos o a mostraros algún atractivo turístico, seguramente os pedirán algo a cambio al final. Nos pasó en las curtidurías de Marrakech y también cuando buscábamos nuestro hotel en Chefchaouen, el pueblo azul. En esos casos, podéis rechazar la ayuda con una sonrisa o, si realmente, la necesitáis, acordad un precio antes de aceptar para evitar situaciones incómodas luego. Algunos estaréis pensando que vaya agobio tener que ser tan precavido siempre pero, al fin y al cabo, es su manera de ganarse la vida.

2. Deja los prejuicios en casa

¿Marruecos es peligroso? ¿Puedo andar por ahí sola si soy mujer? ¿Y si me roban? Existen muchos prejuicios sobre Marruecos al tratarse de un país musulmán, especialmente en los tiempos que corren (y de ello le echo toda la culpa a los medios de comunicación, que generalizan hasta la saciedad). Al final, todo se reduce a miedos infundados. Desafortunadamente, estamos tan a la merced de una desgracia en Marruecos como en cualquier lugar del mundo. No dejéis que la ideología de una minoría de degenerados os impidan conocer una cultura tan rica, diversa y abierta como la musulmana.

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Si es cierto que la religión tiñe todos los aspectos de la vida en Marruecos: las llamadas al rezo, la vestimenta, la comida… pero siempre desde la tolerancia. En relación a las mujeres, es un país muy seguro y no vais a sentiros incómodas. Aunque personalmente solo fui sola un día, no noté la diferencia respecto a ir acompañada. Y no hace falta llevar un cargamento de pañuelos y cubrirse: basta darse un paseo por la medina nueva de Marrakech para darse cuenta de la cantidad de jóvenes que visten a la moda y pasean sin pañuelo. Aunque si queréis evitar miradas (no están muy acostumbrados a ver más que tobillos que digamos), llevad los hombros tapados y evitad los pantalones y faldas cortas.

En cuanto a los hurtos, os pueden robar en el metro de Londres y en la Puerta del Sol en Madrid. Y en la esquina de una calle de vuestro barrio, sin ir más lejos. Tomad las precauciones normales y usad el sentido común: no os paseéis a deshoras y no perdáis de vista vuestros efectos personales, especialmente en aglomeraciones de gente.

3. ¡Balak, balak! significa que los burros son los dueños de las calles

O lo que es lo mismo, que te apartes a un lado más deprisa que corriendo porque ellos no paran. Las calles de las medinas son sinuosas y estrechas, pero ninguna lo suficiente como para que no pase un burro. Los hay a docenas y transportan de todo para llegar a los lugares más recónditos y de difícil acceso para los coches: desde víveres hasta materia prima para los artesanos y toda clase de objetos que luego se venden en los zocos. O bombonas de butano. Balak significa cuidado y te lo gritarán los porteadores y algún que otro motorista.

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4. Inshallah es una unidad de tiempo variable

Einstein no les descubrió nada nuevo a los marroquís con su teoría de la relatividad. Para ellos el tiempo siempre ha sido relativo y depende de Allah y de un sinfín de circunstancias inexorables. Inshallah significa literalmente «cuando Dios quiera» y suele querer más tarde que temprano. Si os dicen que el bus sale «en 10 minutos inshallah«, podéis invocar toda vuestra paciencia porque probablemente sea en una hora o más. Y no sirve de nada ponerse nervioso. Fuimos testigos de situaciones tensas a causa de turistas que se impacientaban y, al final, solo se amargaban el día porque no conseguían cambiar nada. ¿Poca seriedad? Bueno… Si nos tomamos el tiempo a la occidental, por supuesto que sí. Pero si ya vais avisados y adoptáis la «filosofia inshallah», aprovecharéis para disfrutar de las vistas, tomar otro té de tantos, charlar y descansar. Nosotros, por ejemplo, esperamos 3h (sín exagerar) en el desierto de Merzouga y aprovechamos para pasear un rato por las dunas y volvimos a desayunar.

5. Perderse es bueno y a la vez inevitable

La medina de Fez, Patrimonio Material de la UNESCO, cuenta con unas 11000 calles, aunque esto es una aproximación porque nadie ha sido capaz de contarlas a fecha de hoy. Y por mucho que vuestro sentido de la orientación sea el mejor y no os hayáis perdido nunca en un IKEA, la primera vez que os adentréis en una medina os va a pasar a la mínima que salgáis de las vías principales. Y de esta nos os va a sacar ni san Google Maps. Basta con que veáis el mapa de Fez que nos ofrecen los satélites de Google. ¿Os parecen 11000 calles?

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La buena noticia es que perderse en Marruecos tiene su lado bueno, ya que mientras recorréis callejuelas pensando que vais por buen camino (¡pero no!), descubriréis rincones y detalles que no veríais si siguierais siempre las rutas más turísticas.

6. El couscous está rico, pero la gastronomía marroquí es mucho más amplia

El couscous es el primer plato que nos viene a la mente cuando hablamos de gastronomía marroquí. Pero aunque ocupa un lugar predilecto en la carta de todos los restaurantes, los locales lo preparan típicamente los viernes. ¿Y entonces, qué comen los marroquís el resto de días? Los restaurantes turísticos ofrecen mayoritariamente ensalada marroquí, tajine de carne y/o verduras, y pinchos de carne. Pero si os animáis a descubrir la variedad de la gastronomía marroquí y os alejáis un poco de la muchedumbre turística, aquí tenéis algunos de los platos estrella:

Msemen: crêpe marroquí, ideal para el desayuno y combinable con ingredientes tanto dulces como salados.

Beghrir: crêpe esponjoso, ideal para tomar con miel, mantequilla o mermelada, ideal para el desayuno

Tanjia: típico plato marrakechí, se trata de un guiso de carne de cordero que se cocina con laurel y gengibre a fuego lento en una vasija de barro en las brasas de un horno de leña. Podéis probarlo en Hadj Mustapha en Marrakech.

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Kefta: albóndigas con salsa de tomate y especias que se suele servir con huevo

Sopa baisara: un humilde, pero consistente puré de habas

Sopa harira: deliciosa sopa de verduras con caldo de cordero que sirven en muchos restaurantes, aunque es tradicionalmente el plato que rompe el ayuno del Ramadán. La mejor que probamos sin duda fue la de Chez Rachid en Fez.

Pastilla o pastela: masa de hojaldre con canela y almendras típicamente rellena de carne de palomo, aunque también encontraréis la versión con pollo o verduras (ésta última es más típica de Fez). En la foto, la pastilla de pollo que degustamos en Beldi Bab Ssour, en Chefchaouen.

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7. Cambia la cerveza por el té a la menta

Como ya hemos mencionado, la religión está presente en todos los aspectos de la vida de Marruecos. Y del mismo modo que no vais a poder comeros un bocata de serrano durante vuestra estancia, tampoco os va a resultar fácil encontrar un lugar donde sirvan cerveza. Y si lo encontráis, va a ser en lugares exclusivos para turistas y a precios desorbitados, así que casi vale más la pena que no lo hagáis. La bebida nacional es el té a la menta, ¿por qué no sucumbir al sabor de este mentolado y azucarado brebaje? ¡Las cañas podéis tomároslas en casa, que para algo estáis en Marruecos.

8. Regatea como y cuanto puedas

Regatear es parte de la experiencia en el zoco. No dudéis en rebajar el primer precio a un cuarto o un tercio de lo que os pidan, para terminar pagando aproximadamente la mitad del precio inicial. Los vendedores marroquíes son expertos y no van a salir perdiendo nunca, por mucho que hayan rebajado. Mucha gente viaja a Marruecos y regresa con la sensación de que le han timado en todos lados. Desde nuestra perspectiva, esto tiene un punto de verdad (siempre os van a cobrar más que a los locales), pero por ello recomendamos que cada vez que empecéis una negociación tengáis claro el desembolso máximo que estáis dispuestos a hacer para evitar sentiros estafados.

9. Si vas al desierto en invierno, procura volver con todos los dedos de los pies

Si viajáis a Marruecos en invierno y os llama la inmensidad del desierto, quitaos de la cabeza las imágenes de extremo calor, chorros de sudor bajo un pañuelo azul bereber y oasis en delirantes espejismos. En el desierto en invierno hace un frío que congela pingüinos, especialmente al caer la noche. Podéis leer nuestro relato de cómo casi nos convertimos en muñecos de nieve en el desierto de Merzouga aquí.

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10. El síndrome post-Marruecos es real

Marruecos es un país que no deja indiferente. Hay quien se agobia y no se adapta a la cultura y la mentalidad de nuestros vecinos del sur. Algunos se cansan de tener que regatear constantemente y se sienten timados. Otros incluso se desesperan por la falta de puntualidad. Pero tan pronto como uno asume que esto es inevitable, lo incorpora como parte de la aventura y se relaja para disfrutar del viaje, Marruecos se revela como un país que enamora. Nosotros ya lo echábamos de menos en el aeropuerto de Fez: no nos habíamos ido y ya deseábamos volver. Mil y un contrastes para los cinco sentidos: tonalidades del pantone cromático que desconocíais, sabores especiados, olor a cuero y aromas gastronómicos, llamadas desde el minarete y música a ritmo de tambores, el tacto de la arena del desierto entre los dedos…

Itinerario: Marruecos en 12 días



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