China Día 4: Pekín – Mercadillo de Panjiayuan, Templo de los Lamas, Palacio de Verano

China Día 4: Pekín – Mercadillo de Panjiayuan, Templo de los Lamas, Palacio de Verano
Era nuestro último día en Pekín y todavía nos quedaba muchísimo por ver… Estábamos exhaustos después de la caminata del día anterior en la Gran Muralla, pero de nuevo nos levantamos temprano. Eran las 7 y poco y ya estábamos de camino con nuestras mochilas a la estación central de ferrocarril. No podíamos dejar nuestras maletas en el apartamento después de la hora del checkout, por lo que decidimos utilizar el servicio de guarda-equipajes de la estación, a la izquierda de las taquillas. Así, podríamos recogerlo antes de nuestro tren de medianoche a Datong. Cobran 20元 por pieza de equipaje grande.

Mercadillo de Panjiayuan

Aliviados del peso de las mochilas, tomamos el metro a Panjiayuan (línea 10). Desde la estación de metro, hay que bordear la pared del recinto de este mercado al aire libre unos 100m para encontrar la entrada. Cuando llegamos, algunos de los vendedores todavía estaban colocando las mercancía en los puestos y había poca gente merodeando por allí. El mercado está dividido en varias secciones. En la parte izquierda, teteras y antigüedades; en la parte central, en frente de la entrada, joyas y piedras preciosas, así como un número limitado de puestos de caligrafía y pintura; en el fondo, enormes esculturas talladas en piedra y muebles; en el extremo derecho, objetos de la época comunista (la antítesis está servida).
Pasamos aproximadamente una hora entre los puestos del mercado y luego regresamos a la estación de metro. Su ubicación no es muy céntrica y sin duda es mucho más interesante los fines de semana, cuando el mercado está plagado de vendedores de antigüedades, por lo que si vuestra visita cae entre semana y no tenéis mucho tiempo, no os perdéis mucho si no vais. Si, por lo contrario, decidís visitarlo y os apetece comprar algo, haced gala de vuestras dotes de negociación.

Templo de los Lamas

Cogimos el metro y nos bajamos en Yonghegong Lama Temple (líneas 2 y 5). Hay letreros a la salida de la estación que indican hacia la entrada de la lamasería más grande fuera del Tíbet. Las calles cercanas están llena de escaparates y puestos repletos de parafernalia budista. La tarifa de entrada al templo es de 25元, 12元 si presentáis una tarjeta de estudiante en vigor. Con la entrada, también os dan un paquete de varillas de incienso (a la izquierda antes de entrar en el sitio de culto). Es costumbre quemar una o tres varillas antes de entrar a un altar. No se permite fotografiar el interior de los salones, así que tendréis que creernos cuando os decimos que albergan carpintería, frescos y tapices de los más delicados que vimos en China, así como estatuas budistas impresionantes, especialmente la que se encuentra en el quinto y último altar desde la entrada, que tiene una estatua gigantesca de 18 metros de un Buda Maitreya, una Bodhisattva del futuro que será la sucesora de Buda. La estatua en sí te dejará asombrado. Saber que fue tallada de una sola pieza de árbol de sándalo te dejará estupefacto y sin palabras.
Alrededor de las 14h dejamos el templo hechizados, y con el estómago vacío y deseoso de algo de comer. Habíamos visto una Costa Coffee, cerca de la estación de metro y compramos unos bocadillos y una ensalada antes de continuar con el Palacio de Verano.
¡TIEMPO EXTRA! Si tenéis más tiempo en Pekín, quizás os interese visitar también el Templo de Confucio, que se encuentra cruzando la calle del Templo de los Lamas. La entrada cuesta 30元, 15元 para estudiantes y el tiempo recomendado de visita es de una hora.

Palacio de Verano

El Palacio de Verano se encuentra alejado del tumulto del centro, una ubicación muy conveniente para los emperadores de antaño que abandonaban la Ciudad Prohibida en verano, buscando el frescor de este palacio construido sobre una colina con vistas a toda la ciudad. A pesar de ser la segunda residencia de los emperadores, no escatimaron en lujo y opulencia. La estación de metro más cercana para llegar al Palacio de Verano es Beigongmen (línea 4) y se tarda alrededor de 40 minutos para llegar desde el centro de la ciudad. Una entrada completa a los jardines del palacio y al lago cuesta 60元, 30元 para estudiantes. Algunas zonas del recinto requieren una entrada adicional, que se puede adquirir en el interior. Podéis encontrar todos los precios en el sitio web oficial.
Por ejemplo, nosotros visitamos la Torre de la Fragrancia de Buda por 5元 con la tarjeta de estudiante, serían 10元 para la entrada normal. Visitar el Palacio de Verano constituye una buena caminata, ya que está en la cima de una colina, así que venid mentalizados. Por desgracia, estaba bastante nublado el día de nuestra visita y se podía notar la contaminación del aire sobre el lago – donde se encuentra el célebre barco de mármol de Cixi, la última emperatriz -, así que las vistas no eran tan espectaculares como esperábamos. Aún así, la visita merece bien la mitad de un día.

Lago Houhai

Eran alrededor de 18h30 y el Palacio de Verano estaba cerrando sus puertas, así que nos dirigimos hacia el lago Houhai para cenar antes de ir a la estación de tren. Nos bajamos del metro en Sichahai (línea 4) y caminamos hacia el lago. Pronto encontramos un hombre que vendía una especie de fruta extraña en un carro. Vimos a una mujer que se llevaba una bolsa entera y la curiosidad nos pudo. Compramos una por 3元. Más tarde, averiguamos que se trataba de las semillas de la flor de loto. Oíamos música de lejos y el hecho es que el lago Houhai es una zona que rebosa de animación y vida por la noche, con docenas de bares de música y karaokes a sus orillas.
Caminamos por delante de muchos de esos bares y, finalmente, decidimos meternos por  los callejones para buscar un restaurante menos turístico para cenar. Estábamos paseando en Ya’er Hutong, cuando nos encontramos con un restaurante halal, donde los platos parecían de lo más sabrosos. El nombre en pinyin es Li Ji (en chino: 李 记 酱肉 爆 肚). No había menú en inglés, pero algunas fotos en la entrada nos facilitaron la comunicación para pedir. Comimos cordero en pan de sésamo (similar a un kebab, 7元 cada uno) y un plato de carne de ternera con cilantro y cominos (54元), que estaba para chuparse los dedos.

El extraño caso del polo de kiwi-guisante

Después de una cena tan apetitosa, volvimos a la estación Sichahai y paramos en Gulou Dajie (línea 4 y 2) no sólo para cambiar a la línea 2 hasta la estación de trenes, sino también porque es una de las pocas estaciones de metro que reembolsa el depósito y los fondos no usados de la tarjeta Yikatong. Cuando finalmente llegamos a la estación de tren, recogimos nuestras mochilas en el mostrador de del guarda-equipajes y pasamos el control de pasaportes y el control de seguridad para entrar en la estación. Estas colas son, por lo general, bastante rápidas, así que no hay necesidad de ir a la estación con mucha antelación, aunque se recomiendan 30-40 minutos por si acaso. Una vez que encontramos la sala de espera para nuestro tren, fuimos a por un helado para refrescarnos un poco y matar el tiempo. El extraño caso del polo verde comenzó en nuestro primer día en Pekín, en un puesto callejero, donde echamos un vistazo a los helados y vimos un helado de color verdoso que nos llamó la atención. Discutimos sobre si era de guisante o de kiwi. La vendedora debió oírnos decir «kiwi» un montón de veces y se puso a repetir «kiwi, 10 yuan» señalando el helado, así que me resigné a pensar que debía ser de kiwi. En la estación comprobamos que en realidad era guisante (además, el envoltorio de cerca es inequívoco). No puedo decir que fuera malo, pero definitivamente no era el sabor dulce y refrescante que esperaba de un polo.
La hora de salida (medianoche) se acercaba y esperamos en la cola para subir al tren- las estaciones de tren en China funcionan básicamente como un aeropuerto. Rápidamente encontramos nuestro vagón de literas duras y fuimos directamente a dormir, ya que la llegada del tren a Datong estaba programada para las 6h30. No tardamos nada en quedarnos dormidos, ya que estábamos muy cansados, y no tuvimos molestias de ruido durante toda la noche.

En resumen:

China en 21 días



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