Día 10: Puebla

Día 10: Puebla

Ayer llegamos a Puebla de madrugada y pasamos una tarde recorriendo sus alrededores. Hoy dedicaremos el día a patear las calles de esta ciudad que, como os contamos a nuestra llegada, para nosotros no fue un imprescindible en la ruta. Aun así, os dejamos un pequeño itinerario urbano con los puntos más visitados de la ciudad y algún que otro descubrimiento.

Dónde alojarse en Puebla

Pasamos una noche en Puebla en el Hotel Frida a tan solo unas cuadras del zócalo de la ciudad. Además de la ubicación, tienen recepción 24h y las habitaciones son comodísimas. Cuando llegamos a las 4h de la madrugada ni por asomo pensamos que podríamos hacer el check-in y, al haber habitaciones libres, nos dejaron entrar directamente. Una sorpresa que le vale a esta hotel una súper recomendación. La noche en habitación doble con baño nos costó 23€.

Qué ver en Puebla

El zócalo y la catedral

En el corazón histórico de Puebla se encuentra el zócalo. Esta plaza central se encuentra rodeada de bares y restaurantes, así como de edificios históricos como el ayuntamiento y la catedral. El acceso a la catedral es gratuito. Vale la pena echar un vistazo para admirar sus cúpulas y el altar mayor.

El Palacio Municipal, sede del ayuntamiento, es un gran edificio neoclásico ubicado en el lado opuesto de la plaza. A veces realiza eventos especiales, como exposiciones y proyecciones de películas. Para nosotros fue clave poder entrar por la tarde cuando llegó el ya tradicional chaparrón tropical en esta época en México.

En una esquina del zócalo encontramos un curioso edificio, apodado “la casa del que mató al animal”. De la casa de don Pedro Caravajal solo se conserva el portal y sus grabados que representan la leyenda que da nombre al edificio. Esta leyenda cuenta que un jinete apareció en Puebla dispuesto a luchar contra una monstruosa serpiente que amenazaba la ciudad. Al presentarse en la plaza con la cabeza del monstruo, don Pedro recompensó al joven con parte de su fortuna y la mano de su hija. Un San Jorge a la poblana.

Biblioteca Palafoxiana

Al otro lado del edificio de la catedral, en la avenida 5 Oriente, se ubica la biblioteca Palafoxiana, cuyo nombre debe a su fundador, el obispo Juan de Palafox y Mendoza. Abierta desde 1646, se considera la biblioteca pública más antigua de América. El obispo donó toda su colección personal a condición de que pudiera ser usada no solamente por el clero sino por todo aquel que quisiera estudiar.

La biblioteca es digna de ver, pero así como está actualmente, no vale la pena comprar la entrada de 40 pesos. Para comprarla hay que pasar necesariamente frente al portal de la biblioteca, abierto de par en par. La entrada únicamente da acceso a la sala que se ve, así que a no ser que queráis leer los títulos de los lomos de los libros, no es imprescindible pagar para visitarla. Incluso los tours paran en la puerta y los guías hacen la explicación. Otro gallo cantará cuando pongan la oficina de venta en el piso inferior.

Churros poblanos

No hemos desayunado, así que toca. Para ello, paramos en La Churrería. Su nombre no esconde secretos: este pequeño local que hace esquina se especializa en churros, pero también cuenta con otros dulces como buñuelos y cubiletes rellenos de crema. Además, también sirven cemitas, el típico bocadillo poblano que ya probamos en el Mercado de Sabores.

La calle del dulce

Todavía con el azúcar en la boca, nos vamos a la avenida 6 Oriente, conocida precisamente como la Calle del Dulce. Aquí encontraréis muchos locales donde comprar dulces tradicionales, muchos de ellos creados originalmente en alguno de los muchos conventos de la ciudad. Los más famosos sin duda son los camotes, unas barritas a base de boniato con sabor a vainilla o fresa, entre otros. Otra delicia repostera son las tortas de Santa Clara, unas galletitas recubiertas de crema.

Capilla del Rosario

Bajamos una calle, a la avenida 5 de Mayo. Se trata de una calle eminentemente comercial y muy concurrida, donde es recomendable mantenerse alerta por los carteristas por la aglomeración de gente. Esta calle nos lleva en pocos minutos a la Capilla del Rosario. Si bien tenemos claro que Puebla es el punto más flaco de nuestro itinerario en México, esta visita justifica el paseo.

El templo de Santo Domingo es una iglesia magnífica desde que se entra por el portal, pero le debe toda su fama a la Capilla del Rosario. Esta capilla hace alarde del poderío económico de la iglesia en México en el siglo XVII. La concentración de estuco dorado es deslumbrante. Curiosamente, las láminas de oro fueron pegadas con una mezcla de agua, harina y clara de huevo.

Además, no hay centímetro cuadrado de la capilla que no tenga un valor simbólico especial. La capilla fue concebida para enseñar a rezar el rosario. Cada uno de los angelitos que decoran los azulejos de la parte baja del edificio representan un misterio del rosario. Otro ejemplo de la simbología de la capilla es que la virgen del Rosario es benefactora de los navegantes, de ahí las figuras de sirenas y motivos marinos. Los lienzos, por su parte, reproducen momentos importantes de la vida de la virgen.

El templo de Santo Domingo cuenta con guías que explican la capilla del Rosario cuando cuentan con suficiente aforo. Aunque la explicación es buena, es tan detallada que se hace larga y, mientras, los guías monopolizan la capilla de modo que es difícil visitarla por libre en esos momentos. Luego son muy insistentes con los donativos. Tenedlo en cuenta si coincidís con una de estas explicaciones.

El Mural de los Poblanos

Puebla es capital gastronómica del país, así que hoy nos vamos a dar el gusto de comer en el restaurante más famoso de la ciudad: el Mural de los Poblanos. Antes que nada, aunque el local reviste de elegancia y los precios son elevados, os anticipamos que la comida nos costó 290 pesos por persona (algo menos de 15€). Eso sí, nos limitamos a un plato cada uno: deliciosas tostadas de tinga y el plato estrella de la temporada estival, los chiles en nogada. Este platillo consiste en un pimiento relleno de picadillo de carne y fruta, recubierto de una salsa de nuez con granada. La mezcla de sabores es realmente sorprendente. Si visitáis el país en temporada, vale la pena elegir un buen restaurante para degustarlo.

Barrio del Artista

Después de comer, nos dirigimos hacia el Barrio del Artista. Se trata de una colorida plazoleta y un corredor donde se suceden los talleres en los que los artistas locales trabajan y exhiben sus obras. El origen de esta agrupación se remonta al año 1940, cuando dos profesores de arte animaron a sus alumnos próximos a graduarse a solicitar la cesión del lugar, en ese momento abandonado, como taller artístico. El gobernador dio luz verde a la propuesta y, desde entonces, el lugar ha atraído el interés de los visitantes, además de proporcionar un lugar de trabajo a artistas de la región.

Templo de San Francisco de Asís

Desde el Barrio del Artista, es recomendable alejarse un poco más del centro para echar un vistazo al templo de San Francisco de Asís. Su descomunal torre y su fachada, recubierta de murales de Talavera, hacen que el rodeo valga la pena. Entrar es gratis, aunque el tesoro principal del templo es algo tétrico. Se trata del cuerpo incorrupto del beato Sebastián de Aparicio, expuesto en una capilla de la iglesia.

El Parián

Retornando hacia el centro y apenas unas calles más allá del Barrio del Artista se encuentra el mercado de artesanías El Parián. Sin embargo, más que artesanías, este mercado congrega muchos puestos de souvenirs de dudosa calidad. Nosotros no fuimos con intención de comprar, pero tampoco vimos nada que nos llamara la atención. Alrededor del mercado hay tiendas de artesanía más auténticas o que, como mínimo, lo parecen.

Mercado de antigüedades

Desde aquí, llegando por el pintoresco Callejón del Sapo, llegamos a la plaza del mismo nombre en la que encontramos un mercado de antigüedades que sí vale la pena.

El domingo es el día grande de este mercado, pero los demás días sigue habiendo puestos y las tiendas permanecen abiertas. Es un paraíso para coleccionistas y para los amantes de las curiosidades.

La Pasita

En un lado de la plaza del Sapo se encuentra el local La Pasita. Se trata de una cantina muy auténtica que abre por las tardes y sirve tragos típicos poblanos como el licor de pasa o el dulce rompope. Otros chupitos en la carta os llamaran la atención por sus curiosos nombres: Fantasma, Sangre de Artista o Calambre son solo algunos ejemplos. Cada vasito cuesta 30 pesos (1,5€). La decoración del local, tanto exterior como interior, hacen de esta visita un imprescindible en Puebla.

Templo de la Compañía

Nos dirigimos de nuevo hacia el zócalo cuando nos topamos por casualidad con el templo de la Compañía. Aunque estaban pintando el interior, pudimos entrar. Nos llamó la atención que en el exterior anunciaran que ahí se encontraba la verdadera china poblana. ¿China? La historia cuenta que Catarina de San Juan, enterrada en la iglesia, fue una niña esclava traída de la India, casada posteriormente a un esclavo filipino, de ahí que la apodaran “china”, al ser la esposa de un asiático. Finalmente, Catarina tomó los hábitos religiosos. Pero antes de vestirse de monja, se considera la creadora del tradicional traje multicolor de Puebla, que con algo de imaginación recuerda al típico sari indio.

Convento de Santa Rosa

A media tarde, nos quedan todavía algunas horas en la ciudad antes de tomar el bus nocturno a San Cristóbal de las Casas. Paseando por los alrededores de la avenida 5 de Mayo damos con una sorpresa inesperada en la calle 3 Norte: el convento de Santa Rosa. Si bien no teníamos prevista esta visita, decidimos entrar por 40 pesos (2€) cada uno. Fue todo un descubrimiento que nos llevó a la conclusión de que, a pesar de poder ser uno de los puntos fuertes de Puebla, está muy poco promocionado. De hecho, no recordamos haber leído nada en absoluto sobre este lugar cuando preparamos el viaje.

La visita al exconvento es guiada y, por la poca afluencia de visitantes, privada: estuvimos los dos solos y no vimos a nadie más visitar en todo el recorrido que duró como 1h. La visita empieza por la cocina más bonita de Puebla y nos atreveríamos a decir que de México. Totalmente recubierta de azulejos, en esta antigua cocina una monja inventó el mole poblano, una salsa a base de chocolate que es para nosotros de lo mejor que se puede comer en México.

El recorrido lleva por distintas estancias pertenecientes al convento, dedicado a Santa Rosa de Lima, en el que vivieron bajo estricto voto de silencio y pasaron apuros muchas novicias confinadas en sus celdas contra su voluntad. En la explicación de las guías no faltan historias de intentos de fuga y castigos. Incluso el edificio cuenta con características que hacían todavía más agobiante el encierro, como una sala con ventanales en forma de ojos, simbolizando que Dios siempre estaba vigilante.

El convento fue nacionalizado y reconvertido en cuartel, hospital psiquiátrico y, finalmente, en comunidad de vecinos en la que habitaron hacinados aproximadamente mil personas. En 1973, el convento se rehabilitó como Museo de Arte Popular donde podréis ver objetos religiosos, utensilios de cocina, árboles de la vida y trajes tradicionales de la región, entre otros. Junto con las explicaciones de la guía, la visita merece muchísimo la pena.

Cómo llegar a la estación CAPU de Puebla

Tras algunos paseos por las calles más céntricas y un rato refugiados de la lluvia en el Palacio Municipal y la adyacente galería, nos comemos unas cemitas en la Churrería (que ya hemos visitado por la mañana), recogemos las mochilas en el Hotel Frida y ponemos rumbo a la estación de autobuses. Para llegar a la terminal CAPU, nosotros cogimos una combi en la calle 12 por 6 pesos cada uno, porque así nos indicaron en la oficina de información. En todo caso, preguntad, porque Google nos daba indicaciones distintas y por ahí no pasaba ningún bus.

A las 22h tomamos el primer bus de ADO del viaje. ADO es la compañía que monopoliza la mayoría de trayectos en carretera en el sureste del país y, especialmente, en la península del Yucatán. Esperábamos mucho de esta compañía, pero se aprovechan de ser los únicos y el servicio es muy básico, sobretodo en cuanto a dormir en el bus. Dormimos de tira en el bus de Futura que nos trajo aquí desde Guanajuato, pero con ADO prácticamente no pegamos ojo en los tres trayectos nocturnos que realizamos con ellos (Puebla-San Cristóbal, San Cristóbal-Palenque y Palenque-Mérida). Muchas paradas intermedias, ruido (la peli del bus a todo volumen), asientos incómodos…

En Palenque coincidimos con gente que había sufrido robos en el bus la noche anterior. Está claro que no fueron precavidos al dejar dinero, móviles y cámaras en la parte superior de los asientos mientras dormían, al alcance de cualquiera, pero al mismo tiempo esto no pasaría si los buses no hicieran esas paradas intermedias en las que puede subirse cualquiera y volver a bajar, probablemente compinchados con los conductores. En nuestros trayectos no pasó nada de lo que nos enteráramos, pero nosotros siempre dormimos con todo lo de valor encima.

Lo volveríamos a hacer, claro. Pero el trato es mejorable. Por suerte, conseguimos todos nuestros billetes de ADO en línea durante unos días de promoción con descuentos de hasta el 75%. En concreto, este trayecto nos salió por 660 pesos, unos 30€. Hablamos con más detenimiento del transporte en nuestra entrada de preparativos.

¡Nos vemos en San Cristóbal de las Casas!

En resumen:

Itinerario de 24 días en México



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