Día 6: Kioto – Fushimi Inari, santuario Sanjusangendo, templo Heian y Camino de la Filosofía

Día 6: Kioto – Fushimi Inari, santuario Sanjusangendo, templo Heian y Camino de la Filosofía

Después de un día de invierno precioso en Nikko, volvimos a Tokio (2h) y de allí tomamos el shinkansen a Kioto (3h). Un trayecto largo después del que solo nos apetecía meternos en la cama. O en el futón, como fue el caso.

Dónde alojarse en Kioto

Como os hemos ido contando, el itinerario de nuestros días 5 y 6 se fue al garete cuando nos dijeron nada más recoger el JR Pass en el aeropuerto de Narita que no había plazas disponibles en el shinkansen a Kanazawa a la hora que queríamos. Por lo tanto, lo primero que hicimos fue cancelar el hotel de Kanazawa donde íbamos a alojarnos y en el último momento tuvimos que reservar una noche extra en Kioto, lo cual fue una auténtica odisea: todo estaba lleno o los precios por las nubes en fechas de Año Nuevo.

Al final, encontramos una oferta para la última habitación disponible en el Haruya Hostel, por 38€ la doble con baño. Los espacios del alojamiento están distribuidos entre una antigua casa de té y otras tres casas tradicionales a 15 minutos a pie de la estación central de Kioto. La experiencia de dormir en una casa de estas características fue espectacular. El futón viene casi con instrucciones de montaje, pero es muy sencillo. A mí me pareció cómodo éste y todos los días que dormimos en futón, aunque hay gente que lo encuentra incómodo. En este alojamiento en particular, el futón se coloca sobre un tatami tejido de paja y yo dormí fenomenal. Otra cosa a tener en cuenta al elegir este alojamiento es que al ser en una casa tradicional, las puertas son de papel shoji translúcidas y deslizantes, lo cual implica que cualquier ruido del pasillo se oye. En recepción incluso regalan tapones para los oídos por si cuesta conciliar el sueño en estas condiciones, aunque nosotros tuvimos unos vecinos de habitación respetuosos y no tuvimos la mínima molestia.

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Los demás días de nuestra estancia en Kioto escogimos Airbnb para alojarnos. Estuvimos en una casa a pocos minutos de la parada de metro de Gojo y con una parada de autobús a los principales atractivos turísticos de la ciudad a tan sólo unos metros en la calle principal. La estancia estuvo bien aunque era difícil entenderse con el abuelo propietario del inmueble: hablaba inglés, pero era bastante especial y poco dado a la conversación o a proporcionar información sobre la ciudad.

Cómo moverse en Kioto

Así como Tokio posee una red de metro espectacular, Kioto solo dispone de dos líneas de metro, que se unen entre sí en la estación central, y son poco útiles para visitar atractivos turísticos. Por ejemplo, es posible acercarse al castillo de Nijo pero para ir al Templo Dorado de Kinkaku-jo o Kiyomizu-dera habrá que confiar en otros medios de transporte. Para compensar, Kioto tiene una amplia red de autobuses y es la forma más conveniente y económica de llegar a todos lados. Hay pases de un día para viajes ilimitados por 500¥ (poco menos de 4€) que compensan a partir de 3 viajes al día (un viaje sale a 230¥). Se pueden comprar estos pases en la oficina de información al exterior de la estación central de ferrocarril de Kioto o en las máquinas justo enfrente de ésta.

El funcionamiento es sencillo, pero curioso: se entra al autobús por la puerta trasera y se baja por la delantera. El trayecto se paga al bajar, pagando el importe del billete sencillo o presentado el abono de un día. Hay bastantes frecuencias a todos lados, lo único que hay que tener en cuenta es cuando sale el último bus para trayectos nocturnos, por ejemplo, a la vuelta a vuestro alojamiento. Podéis descargaros un mapa con todas las líneas aquí.

Finalmente, para algunos destinos un poco más alejados, lo más conveniente es tomar el tren. Los trayectos más típicos (como el templo de los mil torii de Fushimi Inari o el bosque de bambú de Arashiyama) vienen cubiertos en el JR Pass. Como siempre para los viajes en tren, vuestro mejor amigo será Hyperdia, donde podéis consultar líneas y horarios.

Qué ver en Kioto

Kioto es una ciudad realmente apasionante: con templos increíbles en cada esquina y algunos barrios tradicionales anclados en el pasado. Nosotros originalmente íbamos a pasar dos días y medio en la ciudad, que habíamos dividido en «templos de cerca y centro de la ciudad» (zona de Kiyomizu-dera, Gion y Pontocho), «templos de lejos» (Arashiyama, Templo Dorado, jardín zen del templo Ryoan-ji) y Fushimi Inari en una mañana. Al final, al tener un día entero adicional por nuestro cambio de plan improvisado, decidimos incluir otras atracciones que en principio habíamos descartado por falta de tiempo. Dedicamos nuestro primer día a Fushimi Inari para tener más tiempo para descubrir este increíble santuario y, luego, el templo Sanjusangendo, el templo Heian y el Camino de la Filosofía.

Fushimi Inari: el templo de los mil torii

Empezamos nuestra visita a Kioto andando hasta la estación central de Kioto, donde cogemos el tren a Fushimi Inari. Para llegar con el JR Pass, hay que coger la línea JR Nara y bajarse en la estación de Inari (toma de 5 a 10 minutos). Desde allí, se llega al templo en menos de 5 minutos andando. Nuestra idea es llegar bien temprano para poder disfrutar de los mil toriis sin apenas gente: colocar las atracciones que más os llamen la atención pronto por la mañana es imprescindible en Japón si queréis disfrutarlas más solos o tomar mejores fotos.

Una vez que accedemos al templo, pasamos de largo el pabellón principal y nos vamos directos a los torii para aprovechar que hemos llegado temprano. A la vuelta, ya dedicaremos tiempo a esta parte del complejo.

El principio del camino de torii no son uno, sino dos. En esta primera parte, las puertas bermellonas son más bajitas y está muy juntas, una estampa preciosa, sobre todo cuando puedes recorrer el pasadizo resultante prácticamente solo.

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Al terminar este primer tramo, empiezan los torii más altos y grandes en un sendero de subida al monte Inari. A medida que uno sube, los torii se encuentran más separados. La vuelta entera de subida y bajada es de unos 5km y puede recorrerse a buen paso en 1h aproximadamente.

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Por el camino, hay diferentes rellanos con pequeños templos y cantidad de altares repletos de ofrendas.

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Nosotros no realizamos el recorrido entero y al encontrarnos con un cruce en el camino, volvimos hacia la entrada principal del templo, ahora sí abarrotada de gente. El templo está dedicado a la diosa Inari, protectora del arroz y de los negocios. De hecho, los 32000 torii presentes en el templo son donaciones de los comerciantes de Kioto.

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El emisario de Inari es el zorro (kitsune), lo que explica la presencia destacada del animal en el santuario.

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En la parte baja del templo nos encontramos también con una especie de ritual de purificación en un escenario a la derecha del pabellón principal Honden. Algunas familias japonesas accedían al escenario, donde esperaban arrodillados la bendición de un monje sintoista, mientras unas chicas en kimono tocaban diferentes instrumentos. La fotografía no estaba permitida durante el ritual, aunque los curiosos, nosotros incluidos, se aglutinaban alrededor del escenario.

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Al salir del templo, nos encontramos con un entramado de calles de lo más animadas ya a estas horas. Son las 10h de la mañana y las tiendas de recuerdos (la mayoría objetos tradicionales) y puestos de comida ambulantes están en plena ebullición. Es un buen sitio para comprar, con mejores precios que las inmediaciones del templo de Kiyomizu-dera en Kioto, y también para picar algo. Nosotros nos comimos unas brochetas a 150¥ cada una (poco más de 1€) mientras paseamos por las distintas calles antes de volver a la estación de JR para retornar a la estación central de Kioto. Para este trayecto hay bastante frecuencia, pero como siempre en Japón, podéis consultar todos los horarios en Hyperdia.

Sanjusangendo

De regreso a la estación de Kioto salimos al frente del edificio, cruzando un vestíbulo que a nivel arquitectónico parece salir del futuro, y nos encontramos con la terminal de autobuses.

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Compramos un pase de un día en la máquina (todo muy intuitivo) y cogemos el primer bus a Sanjusangendo. Está todo perfectamente señalizado y hay colas ordenadas para tomar cualquiera de los buses. Incluso a las horas más concurridas, hay personal de la oficina de turismo para ayudar.

La entrada al templo de Sanjusangendo cuesta 600¥ (algo menos de 5€). El exterior del templo, rodeado por un jardín muy simple, es bastante sobrio. El atractivo principal del templo se encuentra en su interior: en el centro del recinto se alza una enorme estatua de mil brazos de la diosa Kannon. A la derecha e izquierda de esta figura se reparten simétricamente en filas y columnas 1000 tallas de madera prácticamente idénticas de la misma diosa. Al frente de todas estas esculturas, se encuentran las figuras de 28 dioses guardianes, presentes también a la entrada de muchos templos japoneses. No se permite la fotografía interior.

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Heian: el templo de Lost in Translation

Al salir de Sanjusangendo volvemos a la parada del autobús para irnos esta vez al templo Heian, cuyos jardines recorre Scarlett Johansson en la película de Sofia Coppola Lost in Translation (si no la habéis visto, es un filme que transmite a la perfección la dislocación cultural y el jet lag de una primera visita a Japón). Es casi hora de comer, pero no parece haber nada abierto cerca de la entrada del templo. Maldecimos el momento en que decidimos comernos solo una brocheta en Fushimi Inari y nos resignamos a visitar el templo primero y luego buscaremos un lugar donde comer.

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A pesar de que el templo Heian-jingu es una construcción moderna (originalmente, se erigió a finales del siglo XIX para conmemorar el 1100 aniversario de la fundación de la ciudad), pero un incendio en los años 1970 arrasó con casi la totalidad del recinto y tuvo que volver a construirse sobre las cenizas), el estilo imita el de las construcciones palaciegas del final del periodo Heian (siglos XI y XII).

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Sin embargo, lo más bonito del templo es el jardín. Mientras que la entrada al templo es gratuita, el acceso a los jardines tiene un coste de 600¥ (menos de 5€). Está claro que visitar un jardín en invierno luce bastante menos que en otras épocas del año. La mayoría de los árboles muestran sus ramas sin hojas y todo es más gris, pero el jardín del templo de Heian nos pareció bonito a pesar de todo. Nos gustó especialmente el estanco, con pequeños pilones redondos que permiten atravesar de una orilla a otra (y echarse un millón de fotos).

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Camino de la Filosofia

Son las 14h cuando salimos del templo Heian y en vista que parece que no hay restaurantes cerca (o están cerrados), decidimos coger el bus al siguiente punto del itinerario, al principio del Camino de la Filosofía al noreste de la ciudad, aunque esto signifique que nos ruja el estómago un rato más. No obstante, al llegar, no nos arrepentimos, pues la oferta de restaurantes aquí es bastante más amplia. Sin pensarlo mucho entramos a un local donde los precios parecen bastante aceptables y nos pedimos un tonkatsu (filete de cerdo rebozado) con curry japonés y un plato de cerdo al jengibre (que nos recuerda más a los sabores de China, que a los típicos japoneses). Al fin hemos llenado el estómago por 1530¥ (unos 12€).

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Nos quedan un par de horas de sol para disfrutar del Camino de la Filosofía, un sendero que discurre a lo largo de un riachuelo, cerca de casas tradicionales y flanqueado por cerezos que por las fotos que hemos visto es espectacular durante la floración. El camino en sí no es muy largo, tomará como media hora larga recorrerlo a buen paso. Sin embargo, el mayor atractivo de esta ruta son los templos que la rodean. Si vas sumando desvíos, puedes dedicarle al camino mínimo dos horas y hasta medio día si se visitan la mayoría de templos.

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Al principio de la ruta se encuentra el templo Ginkaku-ji, el Pabellón Plateado. Se trata de una casa de retiro reconvertida en templo zen. Se construyó a imagen y semejanza del Kinkaku-ji o Pabellón Dorado, en el noroeste de Kioto. No obstante, éste nunca fue cubierto de plata (¿se les debió terminar el dinero?). La entrada al recinto cuesta 500¥ (unos 4€), pero nosotros no entramos por falta de tiempo. En su lugar, paseamos por algunos altares y pequeños templos adyacentes antes de empezar el recorrido del Camino de la Filosofía.

A medida que vamos avanzando, vamos encontrando letreros que nos indican el desvío para algunos templos. Nos gustó mucho asomarnos al templo Honen-in, un pequeño templo cuyo acceso, gratuito, está flaqueado por dos montículos de arena, concebidos para la purificación de los que los atraviesen y cuyo pabellón principal tiene un tejado de paja recubierto de musgo. Por cierto, un templo que no pudimos visitar pero que es muy recomendable sobre todo para el otoño y el verano bien cerquita del Camino de la Filosofía es el templo Eikan-do.

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Al final del Camino de la Filosofía nos encontramos con el grandioso templo de Nanzen-ji.

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Nos da tiempo a rodear el templo y acercarnos al acueducto de la época Meiji (finales del siglo XIX) que pasa justo al lado. Incluso puedes andar sobre parte del acueducto y ver cómo todavía funciona. Al salir del recinto, ya ha caído la noche. Y tan solo son las 17h30 en Japón, pero así son los días de invierno aquí.

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Cambio de alojamiento, cena y a la cama

Como os hemos contado, no es muy tarde, pero desde aquí nos perdemos un poco para encontrar una parada de autobús. Como el día de hoy ha sido bastante improvisado y no lo teníamos en nuestros planes, andamos bastante a ciegas. Al final, entre el mapa de las rutas de autobús y la aplicación de móvil de Maps.me nos orientamos y damos con una parada (que no nos conviene porque no hay autobús directo a la estación, pero por lo menos nos permite subirnos a un bus a un lugar más céntrico para luego hacer transbordo.

Nos toca cambiar de alojamiento y nos mudamos del Haruya Aqua Hostel, que nos ha encantado, a nuestro Airbnb, a 10 minutos andando. Es la primera noche que no pasamos en un hostal y en la atención al cliente se nota. La chica de recepción, que ya fue extremadamente amable cuando nos recibió anoche, nos ha hecho una reverencia para despedirnos hasta que nos ha perdido de vista (y el tramo de calle para llegar a la esquina era largo). De hecho, queríamos usar la wifi del hotel para consultar la dirección exacta del Airbnb y ponerla en el buscador y hemos tenido que hacerlo al doblar la esquina, porque si no la reverencia no terminaba. Los japoneses, principalmente en el sector servicios, son formales a niveles a los que no estamos para nada acostumbrados.

Al final, hemos llegado a la casa de Airbnb y nos hemos instalado en la habitación. Tanto ayer como hoy, nos hemos encontrado con poca cosa abierta tan cerca del Año Nuevo en la zona en que nos alojamos. La mayoría de restaurantes de la estación de trenes y alrededores permanecían abiertos, pero la verdad que nos ha dado palo ir a ver qué encontrábamos y los dos días hemos salido al supermercado a comprar comida preparada. Veréis que la mayoría de supermercados tienen una sección de platos preparados: algunos están muy ricos (de hecho, hay gente que dice que el sushi de supermercado en Japón tiene una calidad más que aceptable, aunque no lo comprobamos) y otros más tirando a regular. En muchos establecimientos incluso hacen descuentos sobre el precio de los preparados antes de cerrar: muy buena opción para ahorrar unos yenes o para salir de un apuro si viajáis en días festivos como nosotros. La cena nos salió por menos de 800¥ (unos 6€) al día, los dos.

Después de cenar comentamos un poco nuestras opciones de celebración de fin de año, que ya es mañana, y nos vamos a dormir porque estamos agotadísimos y mañana habrá que aguantar por lo menos hasta las campanadas.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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