Día 7: Fin de Año en Kioto

Día 7: Fin de Año en Kioto

En el séptimo día de nuestro itinerario de 12 días en Japón visitamos Kiyomizudera y los barrios tradicionales de Higashiyama, Gion y Pontocho. Pero además, era día 31 de diciembre y como manda la costumbre, había que celebrar la Nochevieja y la entrada al 2018. Desde el principio teníamos claro que no queríamos un festejo a lo occidental, sino que queríamos vivir la fiesta más local, ¿pero qué se hace en Japón para marcar la entrada al Año Nuevo? Seguid leyendo, que os contamos algunas de las costumbres más típicas a través de nuestra experiencia.

Los japoneses no celebran la Navidad como tal: la mayoría de la población es budista o sintoísta y, si eso, lo que hacen es celebrar la parte más capitalista de la Navidad con decoraciones luminosas por doquier y compras de regalos en los mayores centros comerciales del país. De hecho, si os fijáis en estas fechas en muchas tiendas tienen expuestas «bolsas de la suerte» (fukubukuro): bolsas de compra con contenido sorpresa de productos del local. Para atraer compradores, normalmente el precio incluye importante descuentos sobre el importe de los productos que contiene la bolsa.

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Por lo contrario, los japoneses sí celebran el Año Nuevo y es cuando la mayoría de japoneses retornan a sus ciudades y pueblos de origen a vivir las fiestas en familia, razón por la que no encontramos asiento en nuestro tren a Kanazawa, aunque esa es otra historia que ya os contamos en nuestra llegada al aeropuerto de Narita.

Qué comer en fin de año

Algunas de las comidas tradicionales de fin de año en Japón son los fideos soba toshikoshi, unos fideos particularmente largos y que simbolizan el deseo de una larga vida en el año entrante. Para platos más elaborados, muchos japoneses preparan o compran cajitas de comida con varios pisos y compartimentos que llaman osechi ryori, un placer para la vista y para el paladar, a juzgar por la variedad de ingredientes que incluyen. Sin embargo, el precio de estos sets de comida es muy elevado: los más baratos rondan los 10000¥ (77€) y aunque venden en supermercados, la mayoría se hacen por encargo.

La alternativa de bajo coste para cenar en fin de año es de lo más divertida , colorida y variada: acercarse a un templo que tenga un roten, el típico mercado de festival japonés y escoger entre la diversidad de platos que ofrecen a muy buenos precios.

Nosotros habíamos visitado el templo de Yasaka a primeras horas de la tarde y ya le habíamos echado un ojo a la comida de los puestos callejeros instalados en el santuario. Por ello, escogimos empezar nuestra celebración de Nochevieja cenando allí. Hay mucha variedad: tradicionales fideos yakisoba a la plancha, takoyaki (bolitas de pasta rellenas de pulpo a la plancha), pinchos de carne, pescado y marisco, frutas recubiertas de chocolate, mochis (pastelitos dulces de arroz con diferentes rellenos), dango (brochetas de bolitas de arroz dulce, de textura tirando a chicle y bastante pringosas, pero muy ricas) y un largo etcétera.

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Rituales de fin de año

Cuando terminamos de cenar y pasear entre los puestos del mercado, regresamos ante el pabellón principal del templo, donde vemos que se ha aglomerado un montón de gente y, como ovejas que siguen al rebaño, nos ponemos a esperar como todo el mundo, sin saber muy bien que va a pasar. Hay mucha expectación e incluso hay cámaras de televisión grabando. Al rato,se abre un pasillo entre la multitud para dar paso a una hilera de monjes sintoistas vestidos enteramente de blanco. Desfilan y entran al pabellón, que hace las veces de escenario. En el interior, van moviendo lo que nos parecen ofrendas y luego realizan una serie de ¿plegarias? La verdad es que no nos enteramos mucho del proceso, pero la gente alrededor está expectante y sacando fotos. Y luego, pues no pasa nada: los monjes salen del pabellón y el escenario se queda vacío sin más.

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El siguiente paso del ritual es el joya-sai en el que los mismos monjes encienden el primer fuego del templo y, desde ese primer fuego inicial, se encienden las linternas alrededor del templo. El fuego cumple varias funciones. En primer lugar, los japoneses se deshacen de los amuletos del año saliente quemándolos y compran nuevos para el año entrante en el templo. Hay puestos alrededor de los distintos altares y pabellones destinados a la venta de amuletos: algunos son específicos del templo, otros al animal del año que empieza (el 2018, dedicado al perro), otros al horóscopo y a la buena suerte en distintos ámbitos (dinero, trabajo, amor, casa, la buena fortuna, etc).

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En segundo lugar, el fuego de las distintas linternas quema sobre listones de madera en los que los creyentes han escrito sus deseos para el año entrante. Es en las llamas de ese mismo fuego que los japoneses encienden el extremo de un cordel. En el mismo mercado del templo hay varios puestos que venden cuerdas y también vendedores ambulantes a la entrada del santuario.

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La tradición es que los fieles se lleven el cordel encendido a casa y enciendan un fuego allí a partir del fuego sagrado del templo para traer buena suerte a la familia.

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Las 108 campanadas (Joya No Kane)

Sí, habéis leído bien: 108 campanadas marcan la entrada al Año Nuevo en los templos japoneses. Por suerte, no tienen la costumbre de comerse 108 takoyaki a cada tañido. Los 108 toques representan la liberación de los 108 deseos terrenales según el budismo. Prácticamente todos los templos disponen de una campana para este evento, pero el más vistoso de Kioto para presenciar la celebración es sin lugar a dudas el templo Chion-in, a escasos minutos andando del santuario Yasaka. Se trata del templo con la campana más grande de toda la ciudad y tocarla requiere el esfuerzo de 17 monjes budistas.

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Tal espectáculo requiere que los visitantes hagan cola temprano a la entrada del templo. Las puertas abren a las 23h y al cabo de poco empieza el ritual de las campanadas. Nosotros nos colocamos en la cola a las 21h45 pensando que íbamos sobrados y para nada. De hecho, hubo momentos que hasta pensé en salir de la cola e ir a otro templo a ver el ritual porque no avanzaba y temía que nos lo íbamos a perder. Cada vez que pensábamos que ya llegábamos la cola serpenteaba alargando la espera. Era desesperante porque podíamos oír retumbar la campana y no la veíamos. Perdimos la cuenta de las campanadas que llevaban y estábamos nerviosos de que terminaran antes de que llegáramos. Al final, hubo suerte y llegamos a tiempo a presenciar el evento.

Al tener la enorme campana frente a nosotros y ver el balanceo de los monjes, que saltan tirando de las cuerdas que sostienen un gran tronco de madera horizontal para tocarla, dejando caer todo el peso de sus cuerpos para ejercer la fuerza suficiente, no nos cabe duda de que la cola y el desespero han valido la pena. Entre campanada y campanada, los monjes repiten unos rezos que erizan la piel. Obviamente, por la afluencia de gente no puedes quedarte quieto ahí a mirar, sino que se ven unas cuantas campanadas y luego sales del recinto, dejando paso para que otros también puedan disfrutarlo.

Si preferís no hacer tanta cola, nuestra segunda opción era ir al templo Nanzen-ji, donde terminamos nuestra ruta de ayer por el Camino de la Filosofía. La campana del Nanzen-ji es bastante grande pero mucho más modesta que la de Chion-in: la diferencia es que aquí son los mismos visitantes los que tocan las campanadas.

Al bajar la cuesta de la salida del templo, encontramos algunos pequeños altares donde los japoneses hacen cola para el primer rezo del año.

La vuelta a casa

Son pasadas las 12h cuando regresamos de nuevo al templo de Yasaka, que se está vaciando. Hay policía en todos lados dirigiendo a la gente hacia las salidas y muchas calles están cortadas al tráfico. Salimos por Shijo Dori y al estar todo cortado, vemos que va a ser difícil dar con las paradas de autobús alternativas a estas horas. Consultamos la aplicación de Maps.me y, al ver que la casa de Airbnb donde nos alojamos queda a unos 20 minutos de donde nos encontramos, decidimos regresar a pie. Llegamos sobre la 1 de la madrugada y nos metemos en la cama, cansados pero satisfechos con nuestra experiencia de fin de año en Japón. Mañana nos despertaremos temprano para disfrutar del bosque de bambú de Arashiyama con calma y presenciar un hatsumode, la primera visita al templo del año.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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