Día 8: Kioto – Bosque de bambú de Arashiyama, el pabellón dorado de Kinkaku-ji y el jardín zen de Ryoan-ji

Día 8: Kioto – Bosque de bambú de Arashiyama, el pabellón dorado de Kinkaku-ji y el jardín zen de Ryoan-ji

Primer día del año y hoy nos toca hacer ruta por lo que hemos denominado «templos de lejos» de Kioto, refiriéndonos a los templos más alejados del centro de la ciudad. Hemos dormido poquito por la celebración de la Nochevieja de ayer, pero empezaremos nuestra ruta por el bosque de bambú de Arashiyama pronto, para evitar posibles aglomeraciones y luego continuaremos hacia el pabellón dorado de Kinkaku-ji, el templo zen de Ryoan-ji y el templo de Ninna-ji. ¡En marcha!

Bosque de bambú de Arashiyama

Casi con las legañas en los ojos todavía, salimos temprano para ir a la estación de trenes de Kioto, desde donde cogeremos la línea de tren JR Sagano o JR Sanin y paramos en Saga-Arashiyama. El trayecto dura unos 15 minutos y en menos de 10 minutos más andando llegamos a la entrada del bosque de bambú.

Si esperáis encontraros senderos kilométricos rodeados de cañas de bambú, olvidaos. El bosque es relativamente pequeño y el camino que lo cruza es de no mucho más de 500 metros. Por las dimensiones, lo más común es que esté abarrotado de gente, por lo que nosotros lo colocamos a primera hora de la mañana para poder disfrutarlo con más tranquilidad.

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Dimos varios paseos por el bosque y echamos montones de fotos. Luego, regresamos a la entrada del bosque, donde hay un pequeño santuario llamado Nonomiya, cuyo acceso es gratuito. A estas horas ya hay cola frente al altar del templo para el hatsumode, la primera visita al templo del Año Nuevo, que habitualmente se realiza en los tres primeros días de enero. Normalmente, cuanto más grande y famoso sea el templo, más gente irá para el hatsumode. Por ejemplo, Fushimi Inari, el templo de los mil torii que visitamos en nuestra primera jornada en Kioto, es muy frecuentado para marcar esta ocasión. En cambio, el templo Nonomiya es más pequeño y el ambiente que se respira es mucho más familiar. Justo en la entrada han instalado una mesa con un gran recipiente de sake dulce, que suele ser sin alcohol, llamado toso y preparado especialmente para el Año Nuevo. La tradición dice que si tomas de este sake nadie de la familia enfermara en el año que empieza.

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Al terminar la visita, dejamos atrás la zona del bosque de Arashiyama y salimos de nuevo al área más urbana. A pesar de ser festivo, encontramos abierto un quiosco de comida y compramos un set de mochis, los famosos dulces de harina de arroz con distintos rellenos, que resultan ser deliciosos.

Después de este desayuno, que acompañamos de los ya típicos cafés de máquina expendedora, bajamos la calle hasta el puente Togetsukyo, un bonito puente de madera que cruza el río hacia una montaña. Nosotros no lo cruzamos pero uno de los atractivos del otro lado es el santuario de macacos japoneses en el parque Iwatayama (coste de la entrada: 550¥ los adultos, unos 4€).

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El pabellón dorado de Kinkaku-ji

Regresamos en tren a la estación central de Kioto y nos vamos a la estación de autobuses justo enfrente. Compramos el pase de un día por 500¥ (menos de 4€, toda la información sobre el transporte en Kioto la tenéis en nuestra primera entrada sobre la ciudad) y nos vamos dirección al templo Kinkaku-ji.

Llegamos sobre las 11h30 y está tan lleno de gente que tenemos que hacer cola para comprar la entrada (400¥, unos 3€). Por suerte, la cola avanza rápido y en apenas unos minutos ya estamos en el interior del recinto. Y ahí está, a una orilla del lago, el famoso pabellón dorado, cuyas tres plantas coronadas por un espléndido fénix reflejan su sobria perfección sobre el estanque.

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Además de la paz y tranquilidad que se respira con estas vistas a pesar del tumulto de gente que se congrega aquí en el primer día del año, el pabellón se encuentra ubicado en un precioso jardín con varias edificaciones tradicionales, como una casa de té, por el que vale la pena dar un paseo antes de la siguiente parada en el itinerario.

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Un templo zen: Ryoan-ji

Al salir del recinto y tras un último vistazo al Kinkaku-ji, notamos que se empieza a sentir el hambre y pensamos que pararemos en algún lugar que nos apetezca de camino al templo zen de Ryoan-ji. Sin embargo, en la zona no abundan los restaurantes abiertos el 1 de enero (directamente, no vimos ninguno). Incluso cuando ya estamos a punto de llegar decidimos meternos por alguna calle cercana y nada, todo cerrado. Cuando creemos que no nos va a quedar más remedio que aguantar el hambre un rato más, nos acercamos al templo y justo en la entrada encontramos un pequeño local que aparte de vender recuerdos varios, tiene un mostrador de baos (panecillos rellenos, en este caso de carne) y nos compramos dos por 600¥ (unos 4,5€). No nos quedamos super a gusto, pero por lo menos es suficiente para ir tirando.

En apenas unos metros llegamos a la entrada y pagamos 500¥ cada uno para acceder. El templo zen de Ryoan-ji no es muy grande: nos descalzamos y en apenas unos pasos ya estamos en el edificio principal, la residencia del sacerdote budista principal del recinto, hecho en madera, con tatamis recubriendo el suelo y bonitos dibujos decorando los paneles de papel de arroz de las paredes.

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Pero Ryoan-ji es más conocido por su sobrio jardín seco. El jardín rectangular enfrente del pabellón en el que nos encontramos carece de vegetación, aparte del musgo: tan solo arena y catorce rocas esparcidas sobre la misma. El significado de la disposición de las piedras es un misterio indescifrable. Las interpretaciones son muchas y variadas: representan a un tigre atravesando un río con sus cachorros, la infinidad del Universo, el vacío, la incapacidad humana de ver… Sea como sea, el espacio invita a la meditación o, como mínimo, al silencio absoluto de los visitantes que lo observan.

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Finalmente, nos damos un paseo tranquilo por el jardín del templo. No sé si será por su sencillez o porque todo parece conjuntar armónicamente, pero los jardines japoneses rebosan belleza se miren por donde se miren.

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Templo Ninna-ji

Salimos de Ryoan-ji y, como ya hemos apaciguado el hambre, decidimos seguir andando hasta otro templo cercano bastante grande e importante, el Ninna-ji. De hecho, en durante muchos siglos fue tradición que el monje principal del templo fuera un miembro de la familia imperial japonesa.

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Vale la pena recorrer los 10 minutos de camino a pie desde Ryoan-ji para echarle un vistazo a los principales pabellones y la pagoda de cinco pisos de este templo menos conocido, pero no menos bonito. Además, el acceso es totalmente gratis.

Tentempié y cena

Habiendo visitado ya los templos más famosos de esta zona más alejada del centro histórico de la ciudad, vamos a la parada de buses justo enfrente del Ryoan-ji y esperamos el primer transporte que nos lleve de regreso a la estación central de Kioto.

Aquí decidimos hacer una parada en un famoso local de gyozas (empanadillas chinas), que se encuentra en el interior de la estación de trenes: 51 Horai. Es inconfundible por la cola que parece haber a todas horas. El local solo sirve comida para llevar y es ideal para un viaje en shinkansen (o si como nosotros, os habéis quedado con hambre en la comida). Encima, es baratísimo. Nos compramos una ración de gyozas y otra de una especie de ¿albóndigas? de carne por 600¥ (unos 4,5€) y después de devorar estos deliciosos bocados, regresamos a la casa de Airbnb a descansar. Ayer fue Nochevieja y, aunque no trasnochamos y sobre la 1h30 ya dormíamos, nada nos quita que hemos madrugado un montón y llevamos ya un puñado de días haciéndolo.

Tras una siesta reparadora, volvemos a las andadas. Hemos venido a Japón en los mismos vuelos y fechas que unos amigos nuestros, también de Mallorca. Cada uno por su cuenta y con su ruta, pero hoy hemos quedado para cenar y contarnos un poco cómo llevamos las andadas niponas. Quedamos justo delante del templo Yasaka, donde ayer celebramos la salida del año, y de allí vamos andando hasta la zona cercana al mercado de Nishiki en busca de un restaurante abierto en Año Nuevo. Si este mediodía ha sido una misión casi imposible, por la noche no lo es menos. Usamos la app de Maps.me para buscar restaurantes recomendados en la zona y prácticamente todos los que nos acercamos permanecen cerrados. Al final, encontramos un local especializado en okonomiyaki, esa especie de masa/tortilla japonesa con diferentes rellenos que ya probamos en Tokio. Nos pedimos tres okonomiyaki diferentes (aquí, muchos llevan queso fundido por encima, mmmm) y unos fideos yakitori (a la plancha), que no estuvieron nada mal por 2000¥ por pareja (unos 15€).

En resumen:

Itinerario: 12 días en Japón



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