Día 2: Excursión a Essaouira

Día 2: Excursión a Essaouira

Tras una noche de merecido descanso en Marrakech (la anterior dormimos, si es que pegamos ojo en el aeropuerto de Madrid), nos despertamos temprano en nuestro segundo día a Marruecos para irnos de excursión a una ciudad costera a la que muchos llaman «la Perla del Atlántico» (y con razón): Essaouira.

Gestionamos la excursión a través del riad y pagamos 200MAD por persona para pasar el día en Essaouira. Algunos viajeros han regateado hasta los 150MAD (que es, precisamente, lo mismo que vale la ida y vuelta en el bus regular a la ciudad).

Pero antes de irnos, nos espera un desayuno marroquí con el que alucinamos a medida que nos van trayendo platos. Es todo un festín y suele estar incluido en el precio del alojamiento o, en caso contrario, suele costar entre 20 y 25MAD (2-2,50€). Os deleitamos con la foto del festín: lo mejor son las crepes marroquíes, que ellos llaman msemmen: ¡riquísimas!

La performance previa a Essaouira

Son las 8 de la mañana y apuramos el desayuno porque es hora de irse y el chico del riad nos acompaña hasta la plaza Jemaa El Fna, dónde tienen que recogernos para la excursión. Llegamos y nos ponemos a esperar. El chico mira el móvil, juguetea con los gatos de la plaza, saluda a conocidos e incluso parece que hace amigos nuevos. Y nosotros a esperar.

Empiezan a llegar más viajeros y con ellos, suponemos que agentes de viajes. Uno de ellos, que imaginamos que era el que llevaba todo el cotarro se pone a llamar por teléfono a gritos. Le preguntamos al chico de nuestro riad qué está pasando y nos contesta que por lo visto hay un problema con las furgonetas y que no nos preocupemos, que enseguida llega una. Y termina la frase con la expresión favorita de los marroquíes y que oiríamos tantas otras veces: «Inshallah«.

Inshallah significa «si Alá quiere», pero creedme, cuando se trata de horarios en Marruecos, le cuesta decidirse y no entiende de prisas. Inshallah no son ni 10 minutos ni una hora: es un «ponte cómodo que esto va para largo». Marruecos va a otro ritmo, inshallah es una filosofía de vida, y adaptarse es parte de la aventura, por mucho que nos cueste a los que vivimos pendientes del reloj en nuestra rutina.

Son las 9 y cuarto y al fin llega la furgoneta, pero no termina la espera porque mientras ya estamos sentados, presenciamos un griterío y una discusión acalorada entre dos conductores y el que hemos identificado como el jefe. Una pareja, cansada de esperar, incluso se bajó del autobús y abrió otro frente en la discusión. Media hora más tarde, salimos por fin de Marrakech rumbo al mar.

Las cooperativas de argán

El viaje es largo: son 180km que el bus recorre en aproximadamente 2h30. Cuando falta media horita, realiza una breve parada en una de las muchas cooperativas de argán que hay en el camino. La mayoría de estas cooperativas son de mujeres, que os explicaran y os enseñaran el proceso de extracción del aceite de argán y os mostraran productos cosméticos y alimentarios que elaboran con el preciado líquido. La verdad es que desconocíamos totalmente la producción alimentaria y nos sorprendió muy gratamente el amlou, una pasta para untar a base de argán y almendra. De hecho, para los amantes de la Nutella, creemos que es un competidor a la altura.


¿Os suenan las instantáneas de las cabras trepadoras de Marruecos encaramadas a un árbol? Pues se trata del árbol de argán, así que si viajáis en primavera seguramente podréis ver esta estampa tan peculiar de camino a Essaouira.

El puerto de Essaouira

Llegamos a Essaouira a las 12h45 y el conductor nos cita de vuelta a las 17h en el aparcamiento. Hace un día precioso y tenemos algo más de cuatro horas para explorar el puerto y la medina a nuestro aire. Nada más bajar del autobús, la brisa del mar (y el inconfundible olor a pescado) nos lleva directos al puerto, donde tenemos una de las estampas más pintorescas de Essaouira: sus típicas barcas de pesca meciéndose al ritmo de las olas.

Nuestro paseo por el puerto incluso nos regala simpáticas sonrisas de los pescadores.

Seguimos el camino hacia el bastión que se alza en el puerto. Nos piden 10MAD para subir a la parte alta de lo que llaman la Skala du Port y desde allí tenemos una espléndida panorámica del puerto al frente y de la ciudad blanca a nuestras espaldas.

Continuamos entre los cañones que flanquean la fortaleza.

Y finalmente, bajamos a la zona del muelle, dónde podemos ver decenas de puestos de mercado en los que se vende el pescado recién sacado del mar, además de pescadores arreglando sus redes o preparando anzuelos.

Comer

El hambre empezaba a hacer mella y decidimos ir a comer pescado a la brasa. Para ello, nos dirigimos a la plaza Moulay Hassan, justo a la salida del puerto. El pescado fresco está espectacularmente rico, además que a las carnes y pescados a la brasa son una debilidad para mí, pero es una turistada, por lo que a nivel de precio, vale la pena comparar qué os ofrecen los diferentes puestos. Después de dar toda la vuelta a la plaza, nos decantamos por uno en el que había mesas de marroquíes y turistas a la par (nº 22 – Côte d’Armor) y comimos calamar, dorada y sardinas, acompañados de ensalada marroquí, patatas fritas y bebida por 100MAD por persona.

La medina

Seguimos nuestro camino cruzando la plaza Moulay Hassan y nos adentramos en la medina de Essaouira, recorriendo la calle más céntrica, la avenida Sidi Mohamed Ben Abdellah y sus adyacentes. El ambiente de la medina es mucho más relajado que en Marrakech. Los vendedores, en su mayoría, no acosan al turista y puedes mirar a un lado y otro tranquilamente.

Parte del encanto de la medina de Essaouira es, sin duda alguna, el estado de conservación de sus edificios y el contraste de la blancura de las casas con el azul de sus puertas, ventanas y azulejos, que le da un aire todavía más marítimo a la ciudad.

Nos desviamos hacia el mar para dar con la Skala de la Ville, las murallas de la ciudad a las que, por mala suerte, no podemos acceder, ya que se encuentran en pleno proceso de restauración. Aún así, seguimos nuestro camino bordeando la fortificación y observando algún que otro artesano trabajando, hasta que llegamos de nuevo a la plaza principal a la entrada de la medina.

Nos queda una hora en la magnífica Essaouira y no se nos ocurre mejor manera de pasarla que tomando un delicioso té a la menta acompañado de alguna pasta.

Pâtisserie Driss

Paseando por la medina, habíamos reparado en un local no muy lejos de la plaza Moulay Hassan, la Pâtisserie Driss.

Nos dirigimos hacía allí y nos llevamos una grata sorpresa al descubrir que tiene un patio interior de lo más agradable y decorado con cuadros de artistas locales. Pedimos dos pasteles a la entrada, un y un café en la barra y nos instalamos en una de las mesitas en el exterior.

Los dulces nos encandilan y la atmósfera no puede ser más relajante. La merienda nos sale por 40MAD.

El regreso a Marrakech

Es hora de regresar y volvemos al aparcamiento, desde dónde disfrutamos de las vistas a la playa mientras esperamos el autobús que, a diferencia de la mañana, no se hace de rogar y sale bien puntual a las 17h.

Llegamos a Marrakech sobre las 20h. La carretera nos ha agotado y nuestro sexto sentido para las buenas comidas parece haber perdido fuelle con el cansancio. Después de lo bien que hemos comido al mediodía, nos paramos en cualquier lugar de camino al riad, en la calle Dabachi, donde la cantidad fue regular, la comida pobre y el precio, lo mismo que habríamos pagado en otro sitio por un mejor servicio: unos 140MAD por unas brochetas, una pastilla de pollo, ensalada marroqui y agua. El lugar se llama Chez Abdou et sa Maman, aunque nosotros lo rebautizamos como la Casa de Abdou y la Madre (que lo parió) y aconsejamos evitarlo. Tendríamos que haber vuelto a Chez Chegrouni, dónde cenamos fabulosamente la noche anterior.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Marruecos



5 pensamientos sobre “Día 2: Excursión a Essaouira”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *