Día 3: El Marrakech más imperial y la Mellah

Día 3: El Marrakech más imperial y la Mellah

Marrakech es más que el trajín de las mil y una callejuelas de su zoco que os contamos en nuestro primer día en esta maravillosa ciudad. Más allá del frenesí que se desencadena en la plaza Jemaa el Fna cada noche, la ciudad marroquí también ofrece auténticas joyas palaciegas, ruinas y vestigios de antiguas dinastías. Aquí os contamos qué ver al sur de Jemaa el Fna y en el barrio judío de la Mellah.

Rumbo al pasado

Nos levantamos temprano, pese al cansancio del día de ayer en Essaouira (¡menuda paliza de bus!) y después de un copioso desayuno marroquí, salimos dirección a Jemaa el Fna. Desde allí, seguimos hacia el sur por la calle Riad Zitoun Lakdim. Mientras andamos nos damos cuenta de que, a diferencia de nosotros, la ciudad no madruga: hay bastantes comercios cerrados y la gente parece no salir a la calle antes de las 10 de la mañana.

Pronto llegamos a la plaza Ferblantiers, una plaza de estética más bien moderna. Girando a la izquierda en la plaza, la calle vira y a escasos metros nos encontramos con el Palacio de la Bahía.

Palacio de la Bahía

La entrada al Palacio cuesta tan solo 10MAD (1€) y se puede visitar diariamente de 8h a 17h. El recinto data de finales del siglo XIX y actualmente se usa mayoritariamente para recepciones diplomáticas. La arquitectura del lugar es del todo ecléctica: cada patio y cada sala parecen estar hechos siguiendo una estética diferente. Las primeras estancias del complejo pertenecen al Pequeño Riad, un conjunto de salas de recepción alrededor de un magnífico patio con naranjos. A continuación, se pasa a un gran patio de mármol, rodeado de columnas y el recorrido termina en el Gran Riad, una serie de habitaciones privadas rodeadas de un coqueto jardín.

Bahia Palace

Ocasionalmente, el palacio acoge exposiciones en una sala adjunta al gran patio de mármol. En nuestro caso, nuestra visita tuvo lugar justo después de la Cumbre del Clima que se celebró en Marrakech en diciembre de 2016, por lo que pudimos ver una exposición fotográfica sobre los efectos del cambio climático.

La Mellah

Al sur del Palacio de la Bahía y al este de la plaza Ferblantiers que hemos dejado atrás se extiende la Mellah de Marrakech, el histórico barrio judío. La Mellah tiene hoy en día poco de judería ya que los habitantes del barrio son esencialmente musulmanes. Aún así, el ambiente del barrio es muy recomendable por su autenticidad y por el ambiente comercial, mucho más relajado que en el zoco. Para visitarlo, nosotros optamos por ir directos hacia el cementerio judío, para luego recorrer las calles más céntricas del barrio de vuelta a la plaza Ferblantiers, donde seguiremos con la visita a la parte más imperial de Marrakech. Encontramos el cementerio casi sin querer y un hombre sentado en un taburete en una tienda nos indica que para ver el cementerio, empujemos la puerta y entremos. Así lo hacemos y detrás de la puerta nos encontramos con un contraste sorprendente: cientos de tumbas de un blanco impoluto contrastan con el color ocre rojizo tan característico de Marrakech.

IMG_3062-min

Paseamos unos minutos y al dar media vuelta para salir nos sale un hombre de la nada, identificándose como el encargado del lugar. Nos pide si somos judíos y al contestarle que no, nos indica que debemos lavarnos las manos en una fuente por respeto y que el precio de la entrada es de 10MAD por persona (¡vaya, todo un detalle informar cuando vamos a salir!). Nos quedamos perplejos y aunque ya sabemos que en Marrakech nada es gratis del todo, decidimos no pasar por el aro. Le contesto al hombre en francés que no veo precios ni taquilla en lugar alguno, que nos vamos a lavar las manos (¡faltaría más!) pero que no iba a pagar, que si eso, que lo pusiera en la puerta. El tipo no pareció contento con la respuesta pero no discutió, así que imaginamos que más que una entrada, el hombre quería una propina por estar ahí. De hecho, justo al entrar al cementerio hay una hucha para contribuir al mantenimiento del mismo, junto con unos paneles que explican la historia del lugar, con lo que nadie debería pediros un pago personal, a menos que os haya ofrecido una visita guiada.

Desde el cementerio, nos adentramos en la Mellah y pronto nos cautiva la sencillez del barrio, donde paseamos sin presión de los vendedores. De hecho, los puestos de mercado de la Mellah rebosan de gente local y venden mayoritariamente productos alimenticios. Muchos sonríen y pocos hablan idiomas extranjeros. Le compramos a un hombre medio kilo de dátiles por 10MAD (1€), después que nos diera a probar distintos tipos y solo alcanzáramos a entender «Merzouga» (una ciudad en el desierto de la que suponemos proceden los dátiles) mientras que en el zoco venden el kilo de la variedad más barata por 60MAD.

Mellah

Seguimos el recorrido y por casualidad damos con una de las dos sinagogas que existen todavía en la Mellah, aunque no sabríamos deciros cuál de ellas. Tampoco nos interesaba visitarla por dentro, así que seguimos andando hasta llegar de nuevo a la plaza Ferblantiers.

Comida

El mercado de la Mellah nos ha abierto el apetito, así que decidimos hacer una parada para comer antes de continuar descubriendo los monumentos imperiales de Marrakech (todavía nos quedan las visitas al palacio el Badi y a las Tumbas Saadíes). Después de la decepción de la cena de anoche, nos esmeramos a buscar una comida bien auténtica y nos acordamos que en la esquina del final de la calle Riad Zitoun Lakdim al llegar a la plaza Ferblantiers hemos visto un pequeño restaurante dónde cocinaban tajines en la entrada. Es hora de comer y ahora las mesas del pequeño local, están llenas de marroquíes y algún que otro turista.

Bab Mellah

Pintaba muy bien y la verdad es que comimos el mejor tajine de todo el viaje allí. Los pequeños, una ración individual, costaban 30MAD (3€) y los grandes, para dos, 60MAD (6€). Muy amable, el chico nos indica que nos sentemos y que el té viene incluido en el precio. Mejor imposible. Pedimos un tajine grande para compartir y dos ensaladas marroquíes y la comida nos sale por 80MAD en total, con el té a la menta ilimitado.

IMG_3124-min

El local no tiene nombre y al preguntarle al chico, se quedó pensando un rato hasta que bautizó el restaurante como Bab Mellah, que es el nombre de la calle que pasa por delante de la plaza Ferblantiers. Vamos, que no sirve de referente para encontrarlo, pero con las fotos y el mapa que os dejamos al final de la entrada, ¡seguro que dais con él!

Palacio el Badi

Con energías renovadas, nos dirigimos ahora al palacio el Badi. El palacio data del siglo XVI y, aunque está completamente en ruinas, el tamaño inmenso del patio ofrece una idea clara de la magnitud que debía tener el palacio en la época. El horario de visita es de 9h a 16h30, aunque los viernes solo abre por la tarde a partir de las 15h. La entrada cuesta 10MAD (1€), aunque si también queréis ver el minbar de la Koutubia, que se encuentra en una de las salas del palacio, tendréis que comprar un ticket en la misma taquilla por 10MAD adicionales (una vez dentro no se puede comprar). Nosotros optamos por visitar solo las ruinas.

El Badi

Uno de los atractivos del palacio son sin duda las cigüeñas, que dejan estampas tan peculiares como ésta:

IMG_3086-min

Tumbas Saadíes

Tras un rato entre los muros del Palacio el Badi, seguimos nuestra excursión hacia las tumbas Saadíes. Se trata de unas tumbas de la dinastia Saadí del siglo XVI. Cuando fueron sustituidos por una nueva dinastía, el sultán Mulay Ismail mandó tapiar la entrada al mausoleo. De hecho, no se descubrieron las tumbas hasta que a principios del siglo XX, los franceses sobrevolaron la zona para crear mapas de la ciudad. La entrada a las tumbas está algo escondida, en un pasillo que se abre en uno de los lados de la mezquita Moulay el Yazid. IMG_3141-min

La entrada cuesta 10MAD (1€) y se pueden visitar las tumbas por la mañana de 9h a 12h y por la tarde de 14h30 a 18h. El mausoleo consta de tres salas finamente decoradas (los sultanes no escatimaban en recursos). Para ver la sala central seguramente tengáis que esperar vuestro turno ya que, aunque no haya una multitud, tan solo puede verse desde el espacio de una puerta y se forman colas.

IMG_3134-min

Nosotros esperamos poco más de 10-15 minutos en la cola hasta que alcanzamos a ver la fastuosa sala.

IMG_3136-min

Puerta Bab Agnaou

Salimos de las tumbas Saadíes y salimos de las murallas de la medina a escasos metros para contemplar la magnífica puerta Bab Agnaou, antes de seguir caminando un rato por las calles de la Kasbah, que se extiende desde las famosas tumbas hasta el Palacio Real de Marrakech (que en sí no tiene mucho atractivo). IMG_3142-min

Estación de trenes de Marrakech

Al cabo de un rato, decidimos dar el tour por terminado y volvemos a salir de las murallas para tomar un taxi a la estación de trenes por 40MAD. En unos días, cuando regresemos de nuestras peripecias por el desierto, vamos a cambiar el paisaje del sur de Marruecos por el norte y nuestra intención es hacerlo en tren nocturno a Tánger. Normalmente habríamos comprado nuestros billetes por adelantado en la página oficial de trenes de Marruecos (en francés), pero al rondar las fechas de Año Nuevo, todavía no tenían el calendario del 2017 en la web, por lo que nos era imposible comprar desde casa.

IMG_3149-min

El trámite de comprar los billetes en taquilla fue muy fluido y en poco más de 15 minutos salimos de la estación con nuestros pasajes en litera. Os recomendamos que si vais a viajar de noche y queréis compartimento de literas compréis con antelación, porque solo hay un vagón de estas características. De hecho, compartimos cabina con dos chicos andaluces que habían viajado a Marruecos hasta en 14 ocasiones y era la primera vez que alcanzaban a viajar acostados. Cruzar el país durmiendo, de Marrakech a Tánger, nos costó 36€ por persona.

Jardines de la Menara

Es temprano todavía, así que decidimos ir andando desde la estación hasta los jardines de la Menara (¡no lo hagáis si hace mucho calor o si estáis cansados, porque hay que andar bastante! Mejor coged un taxi). Llegamos y recorremos los jardines entre olivos hasta llegar al pabellón y el estanque, depósito de agua para el riego de los jardines.

IMG_3164-min

Desde allí tenemos unas vistas fabulosas del Atlas nevado y aprovechamos para descansar las piernas, mientras van llegando turistas y marrakechíes a la par a ver caer la tarde.

Tanjia

Volvemos andando hasta Jemaa el Fna (otro trote de andar) y llegamos justo cuando cae la noche, aunque todavía es temprano para cenar. Nos damos una vuelta por la plaza y nos adentramos un poco en el zoco antes de dirigirnos a Chez Lamine Hadj Mustapha, un restaurante donde sirven el plato más tradicional de Marrakech, la tanjia (no confundir con el tajine). Para encontrar el lugar, desde la plaza Jemaa el Fna, buscad el zoco Ablouh (el de las aceitunas).

IMG_3183-min

O si tenéis un mapa, buscad el restaurante Mythe (un local de categoria) y Hadj Mustapha está en la calle de justo enfrente.

IMG_3485-min

¿Pero qué es la tanjia? La tanjia es un recipiente de barro en forma de jarrón y también es una forma de cocinar. Los ingredientes se meten en la tanjia y ésta se cuece a fuego lento en las brasas de un horno durante horas. La receta más tradicional es la que lleva cordero condimentado con comino, limón y Ras el-Hanout (una combinación de 35 especias). El resultado en Hadj Mustapha es una carne muy tierna aunque de sabor fuerte.

IMG_3179-min

La tanjia se sirve en raciones de 1/2kg o 1kg. Con medio kilo comimos los dos por 70MAD, más unas patatas 10MAD y el té 20MAD, un total de 100MAD (10€).

Y con este manjar damos por acabado nuestro tercer día en Marruecos y nos vamos a acostar temprano porque mañana toca madrugar (y mucho) para nuestra excursión de 3 días al desierto de Merzouga.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Marruecos



10 pensamientos sobre “Día 3: El Marrakech más imperial y la Mellah”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *