Día 10: Fez y su medina

Día 10: Fez y su medina

La (des)ventura de llegar al riad

Cerramos la anterior entrada contando que el viaje en bus desde la bonita y azul Chefchaouen a Fez había transcurrido sin incidentes… hasta que llegamos sobre las 22h30. El bus nos deja en una estación muy lejana al centro y no tenemos ni idea de cómo encontrar nuestro alojamiento. En cuestión de segundos estamos rodeados de niños que nos piden dinero, hombres con taxis no oficiales atosigando y la calle completamente a oscuras.

Por suerte, aparece una pareja que había estado de excursión en Chefchaouen y volvía en nuestro mismo bus para regresar a su hotel de Fez. Les comentamos que vamos un poco perdidos, ya que pensamos que el bus pararía en otra estación, y nos comentan que ellos también creían que nos dejarían en algún lugar más céntrico. Pero afortunadamente, les enseñamos la reserva de nuestro riad… ¡y la chica nos dice que sabe dónde está!

Compartimos taxi hasta la Puerta Azul (Bab Boujloud), nos cobran 40MAD (4€ a todo el grupo) y de allí andamos apenas unos metros juntos, hasta el punto dónde se separan las dos calles principales de la medina: Talaa Kebira y Talaa Sghira. La chica nos dice que ellos tomaran Talaa Kebira, y que nuestro alojamiento se encuentra en un callejón a la izquierda de Talaa Sghira (unos 5-10 minutos). Pero apenas nos acaba de dar indicaciones ya tenemos a tres hombres increpándonos y diciendo que ya nos acompañan ellos, que la medina de noche es peligrosa. Intentamos separarnos del grupo por las buenas, dando las gracias, pero no. Les ignoramos y al cabo de unos minutos andando ya solo tenemos a uno de los tipos caminando a nuestro lado, preguntando que a qué hotel vamos, que va a ser muy difícil de encontrar y que andemos con cuidado porque por la noche hay muchos ladrones y borrachos (cuando el único que da miedito es precisamente él). Al final, cuando ya vemos carteles que indican hacia nuestro riad e intuyo que estamos cerca, me pongo nerviosa y le digo en francés que sabemos perfectamente donde vamos y que aunque me acompañe a la mismísima puerta no le voy a dar ni un dirham. No sé si hice bien o mal, pero funcionó y se marchó por el siguiente callejón.

Llegamos casi corriendo y tocamos a la puerta. Tardan apenas unos segundos en abrir pero se me hacen eternos. Casi se me sale el corazón por la boca. Nos abre un chico medio dormido que nos enseña la habitación y nos dice que ya haremos el check-in oficial por la mañana. Nos vamos a dormir con muy mal cuerpo y con una muy mala primera impresión de Fez.

Dar El Yasmine

Nos despertamos sobre las 8h y la verdad es que después de la experiencia de anoche, tampoco nos morimos de ganas de salir a ver la ciudad. Hacemos el check-in y pagamos nuestra estancia de tres noches en habitación doble por 67€. El chico medio dormido de anoche resulta ser encantador de día y nos sirve un desayuno espectacular: msemen, tortitas de pimiento rojo, otras tortitas de textura como más esponjosa, aceitunas, queso, mermelada, miel, pan, yogur, zumo de naranja, té y café. ¡Menudo banquete!

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¿Es difícil orientarse en la medina de Fez?

A pesar de todo lo que habíamos leído sobre Fez, a nosotros no nos resultó difícil orientarnos. Cogimos de referencia las dos calles que se separan desde Bab Boujloud, la Puerta Azul, Talaa Kebira y Talaa Sghira, y si nos metíamos por alguna calle adyacente siempre volvíamos a las vías principales. Nos perdimos dos o tres veces buscando lugares concretos, pero siempre acababa pasando algún que otro tour guiado y, entonces, sabíamos que no íbamos mal encaminados.

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¿Qué ver en la medina?

Las vías principales, Talaa Kebira y Tala Sghira son más que los ejes de la medina. Ambas calles se separan en la Puerta Azul y discurren cuesta abajo en un sinfín de negocios, casas antiguas y alguna que otra mezquita. Nosotros decidimos realizar el recorrido bajando por Talaa Sghira para luego volver subiendo por Talaa Kebira.

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A un momento dado, Talaa Kebira da paso a zocos y foundouks (tradicionales talleres reconvertidos en almacenes comerciales).

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La plaza Nejjarine

Siguiendo Talaa Kebira pronto llegaréis a la plaza Nejjarine, donde además de la fuente del mismo nombre hay también un museo dedicado al arte y la artesanía de madera (aunque nosotros optamos por saltarnos esta visita).

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Desde allí, podéis adentraros más en el zoco siguiendo recto por el lado de la fuente, o volver hacía las vías principales girando por la calle a la derecha (vale la pena asomarse por lo menos a la calle, ya que allí se encuentran algunos talleres de los tradicionales tronos que usan los novios en las bodas marroquíes). O bien podéis elegir tirar a la izquierda y ver las famosas curtidurías de Fez.

Las curtidurías

Justo a la izquierda del museo, hay una especie de portal que da a un callejón de aquellos en los que no sólo no se os ocurriría meteros, sino que os alejaríais. Pero, justamente, el callejón lleva a una tienda de pieles desde la que se puede ver la curtiduría pequeña de Fes.

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A diferencia de las curtidurías de Marrakech, en Fez sí tiñen las pieles, dando lugar a un auténtico espectáculo de colores (y olores, aunque las hojas de menta que ofrecen ayudan a superarlo).

Evidentemente, cuando hayas terminado de disfrutar de las vistas tendréis que parar obligatoriamente en la tienda. Y si no compráis nada, tendréis a alguien esperando en el callejón del terror de fuera para que le deis una propina, así que si queréis comprar algo de piel, no es mala opción hacerlo en alguna de las tiendas con vistas (eso sí, siempre regateando).

Hay otras dos curtidurías en Fez. Las de más al norte de la calle Talaa Kebira no están en funcionamiento ya, por lo que no vale la pena visitarlas. En cambio, más al este de la ciudad están las curtidurías más grandes y famosas, las curtidurías Chouwara. Nosotros las encontramos un poco de casualidad, ya que nos metimos por media docena de callejones hasta que salimos a una vía más ancha y dimos de lleno con las curtidurías. De nuevo, la única manera de echarles el ojo es subir a la terraza de alguna tienda a cambio de una compra o de una propina (no deberíais pagar más de 10-20MAD).

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Plaza R’cif

Desde las curtidurías, decidimos darnos un paseo sin rumbo hacia la plaza R’cif, en una de las salidas de la medina antigua y antes de llegar a la plaza pasamos por una calle llena de puestos de fruta, verdura y carnicerías (incluso de carne de camello), donde encontramos más bien pocos turistas y muchos locales haciendo la compra.

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Finalmente llegamos a la plaza, que en sí no es gran cosa, pero por lo menos nos da para pararnos un rato y poner rumbo a algún sitio donde comer.

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Una hamburguesa peculiar en el Café Clock

Se nos ha pasado la mañana volando y, aunque nos supone un rodeo, con el hambre que tenemos, nos vamos al Café Clock, cerca de la Puerta Azul en un callejón escondido de Talaa Kebira (hay indicaciones a la entrada). Hemos comido casi cada día low cost y hoy decidimos darnos un gusto y comer un poco (no mucho) más caro en este restaurante conocido por servir… ¡hamburguesas de camello!

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Nos instalamos en una de las mesas de la terraza, desde donde nos damos cuenta de la cantidad de minaretes que hay en Fez (¡montones!), y pedimos una hamburguesa de camello y un plato vegetariano de taboulé, falafel y hummus para compartir, junto con una limonada a la menta y un zumo de naranja.

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Estuvo todo muy rico, aunque hay que admitir que la hamburguesa de camello tiene un sabor (y un olor a carne) muy fuerte y que entendemos las reticencias de muchos a probarla. La comida nos salió por 220MAD (22€).

Madrasa Bou Inania

El Café Clock debe su nombre a un curioso reloj hidráulico que se encuentra justo delante del callejón del restaurante. Podéis leer sobre su funcionamiento aquí, aunque veréis que en nuestra foto le faltan las vasijas de agua, ya que se encontraban en proceso de restauración.

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Calle abajo y justo al lado de donde se encuentra el reloj, se encuentra la puerta de la madrasa Bou Inania. Aprovechamos para visitarla y después de pagar 10MAD (1€) de entrada, accedemos a esta antigua escuela coránica. Como ya nos pasó con la madrasa Ben Youssef en Marrakech, ésta también nos deja admirados por la riqueza de sus detalles.

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Además, lo que más nos llama la atención es que la sala de oración está abierta al patio, motivo por el que, a pesar de estar abierta de 9 a 18h, permanece cerrada para los no musulmanes durante el rezo.

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Tumbas Merenidas

Después de recorrer un poco la calle Talaa Kebira al salir de la madrasa, queríamos ir a la plaza Seffarine, la univeridad Qurayine y el mausoleo de Mulay Idriss, pero es invierno y el sol se pone temprano. Y como a la práctica este va a ser nuestro único atardecer en Fez (mañana nos vamos a Volúbilis y Meknés; y pasado tenemos un vuelo que tomar), no podemos perdernos subir a las tumbas Merenidas que se alzan sobre el perfil de la ciudad de los mil minaretes.

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Salimos de las murallas de Fez el-Bali y nos dirigimos bordeando la carretera hacia las tumbas, dejando atrás la antigua fortaleza en ruinas de Borj Nord. Se tarda unos 15-20 minutos en llegar, aunque si se prefiere, un taxi os deja en las mismísimas tumbas por muy poco. Las tumbas en sí son también un conjunto de ruinas y las vistas a la medina, patrimonio de la UNESCO, son impresionantes. Al atardecer se concentra bastante gente aquí y no es para menos. Descansamos un rato y antes de que anochezca del todo, ya estamos de vuelta a la Puerta Azul.

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La sopa harira de Chez Rachid

Son las 7 de la tarde y aunque es temprano, para evitarnos el mal ambiente de las calles de la medina después de nuestra experiencia nocturna de ayer, decidimos que no es mala idea ir a cenar. Muy cerca de la Bab Boujloud, la Puerta Azul, se aglutinan una serie de restaurantes muy pequeños, con apenas unas mesas en la calle, entre los cuales os recomendamos Chez Rachid.

Habíamos leído buenas críticas en Tripadvisor y como es temprano y nos ven dudosos, nos ofrecen el menú con entrante, principal y bebida a precio rebajado (50MAD, 5€ por persona). Ya convencidos, pedimos una sopa harira (a base de verdura y caldo de cordero) cada uno, un tajine de pollo, unas salchichas merguez y un . ¡La sopa resulta ser todo un acierto, tan buena que al día siguiente quise repetir pero al ser viernes el restaurante estaba cerrado!

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Después de la cena, nos compramos dos dulces en la pastelería de enfrente por 10MAD (1€) como postre  y nos vamos directos al Dar El Yasmine a descansar. Son solo las 20h30, pero las calles ya empiezan a estar despejadas, casi todas las tiendas están cerradas y el ambiente se vuelve ya un poco turbio. Ni punto de comparación con la vida nocturna de algunas calles de Marrakech. Ayer tuvimos una mala experiencia, pero no hay nada que no se solucione si uno se adapta a las costumbres del lugar: si en Marruecos se quedan las calles vacías a una cierta hora, significa que ya no hay nada que hacer y lo mejor es tomar ejemplo y retirarse también.

En resumen:

Itinerario: Marruecos en 12 días



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