Día 7: Marrakech de «relax», hammam y comida por una buena causa

Día 7: Marrakech de «relax», hammam y comida por una buena causa

Relajarse en Marrakech es difícil, aunque no misión imposible. Y después de 3 días de paliza de excursión al desierto de Merzouga es justamente lo que necesitamos. Hoy nuestro itinerario nos llevará a un hammam tradicional (una experiencia auténtica, sorprendente y para nada la idea de relajante que teníamos) y a comer de la cocina de Amal, una asociación para mujeres en riesgo de exclusión, a las que se les enseña a cocinar y desenvolverse en un restaurantes, para que puedan acceder a una profesión y mantener a sus familias. ¡Empezamos!

Riad Dar Soukaina

Anoche llegamos agotados de nuestra excursión al desierto de Merzouga y caímos rendidos sin cenar siquiera. Esta vez, cambiamos de riad y no nos alojamos en el mismo en que estuvimos los tres primeros días. Nuestra elección para la última noche en Marrakech fue el Dar Soukaina, cerca de la calle comercial Dar el Bacha, al norte de los zocos. Fue bastante difícil de encontrar porque, a parte de estar en un callejón al final de otro callejón, era de noche.

¡Consejo! Para este o cualquier otro alojamiento en Marruecos, mucho ojo si llegáis de noche: serán muchos los que se ofrezcan a acompañaros hasta vuestro hotel para luego pediros dinero y, aunque lo más probable es que no os pase nada, puede haber situaciones incómodas si dais menos de lo que esperan. Nuestro consejo es que siempre negociéis el precio antes de aceptar cualquier servicio en Marruecos, para evitar disgustos.

Encontramos el Dar Soukaina en Booking a un precio de 25€ la habitación doble y resultó ser un acierto en comodidad, limpieza y amabilidad del personal, además de tener un patio precioso. Nuestra única decepción fue el desayuno, que en comparación con el que nos sirvieron en el Riad Venise, no estaba tan rico.

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Hammam tradicional

Marrakech está repleto de hammams que ofrecen servicios acordes a la idea que tenemos de un spa. Pero a nosotros nos interesaba la experiencia real: el hammam marroquí de barrio al que acuden hombres y mujeres por separado a exfoliarse y relajarse a la vez que socializan.

¿Dónde podéis encontrar un hammam auténtico?

Hay en todos los barrios, normalmente cerca de una mezquita. Nosotros visitamos un hammam cercano a la mezquita de Bab Doukkala. Os dejamos marcada la localización en el mapa resumen y la foto de la entrada al hammam:

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Los hammams tradicionales pueden tener dos salas separadas por sexos o horarios para hombres y mujeres. En general, los hombres tienen reservadas las mañanas y las noches, mientras que las mujeres pueden ir por las tardes. Nosotros fuimos a mediodía, de modo que Joan pudo entrar durante la última hora para hombres (a las 12h) y yo a la primera para mujeres (a las 13h), mientras el otro se daba un paseo por la parte más al norte de los zocos.

¿Qué necesito para el hammam?

Para entrar a un hammam solo necesitáis un guante exfoliante (o kessa) y jabón negro (o beldi, «de la tierra»), de textura pastosa y hecho a base de aceitunas y aceite de oliva. Encontraréis en cualquier tienda del zoco alrededor de un hammam. Como orientación, os diremos que un buen puñado de jabón y un guante nos costó 16MAD (1,60€).

Además, también tendréis que llevar ropa interior para cambiaros y chanclas.

¿Qué puedo esperar de la experiencia?

Quizás es mejor empezar por qué no podéis esperar de un hammam tradicional. Pues ni privacidad, ni masajes relajantes ni el ambiente de un spa occidental. Si vais a un hammam tradicional, podéis esperar salas algo dejadas, grifos y cubos de agua por doquier y una exfoliación (en francés, gommage) algo violenta. Eso sí, saldréis de allí como nuevos.

Yo no lo recomendaría a cualquiera, así que antes de decidir si es una experiencia para vosotros, os recomiendo que sepáis exactamente que os vais a encontrar.

El proceso empieza en una sala fría, donde os quedáis en ropa interior para pasar a una sala templada, donde os mojáis el cuerpo con agua tibia. Luego, pasáis a una sala caliente,  con bastante vapor (aunque tampoco agobiante), donde os podéis sentar relajadamente y untaros de jabón negro. Una vez bien cubiertos de jabón, volvéis a la sala templada, donde podréis escoger entre exfoliaros vosotros mismos o que alguien lo haga por vosotros a cambio de un precio ajustado. Tened en cuenta que la exfoliación es muy, muy en profundidad. En principio, os quitan las células muertas de la piel. A la práctica, yo creo que algunas células vivas mueren en el proceso y que, si no les pones freno, también te arrancan una pequeña parte de tu ser.

Cuando termina el gommage, os indicaran que volváis a la sala caliente y os tumbéis sobre el suelo de mármol (primero de espaldas, luego a un lado, a otro y sobre la barriga). No sé si es la sensación del calor sobre la piel exfoliada o el alivio de que ya no te frieguen más, pero esta parte es definitivamente la más relajada de la experiencia.

Finalmente, cuando hayáis terminado, volvéis a salir a la sala fría, donde podéis descansar un poco, recuperar la temperatura normal y comprobar lo suave que está vuestra piel antes de salir.

Precio

La entrada a un hammam os costará aproximadamente 10MAD (1€), más entre 5 y 20MAD  (0,50 y 2€) según les convenga para que os guarden las cosas en la sala fría. La exfoliación, si os la hace alguien, sale por unos 50MAD (5€).

Norte del zoco y Rue Mouassine

Como ya hemos mencionado, el hammam tenía horarios distintos para hombres y mujeres, por lo que cada uno se dio un paseo por su cuenta por el norte del zoco. En concreto, yo recorrí la calle Sidi Abdel Aziz, dónde se encuentra el bazar de Mustapha el Glaoui, una suerte de cueva de Ali Baba con objetos de decoración de diseño de estilo oriental (¡vale la pena echar un vistazo!), y desde allí a la Rue Mouassine hasta la mezquita y la fuente del mismo nombre.

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Mucha gente se pregunta si recorrer los callejones de Marrakech es seguro para una mujer sola. Yo os aseguro que me sentí igual de segura que andando por cualquier calle de Europa. Tan solo hay que usar un poco el sentido común, no meterse por callejones poco transitados e ir con cuidado con vuestros efectos personales, pero esto vale tanto para hombres como mujeres.

La cocina de Amal

De vuelta al hammam para reencontrarnos, andamos con nuestra piel suave (y algo sensible todavía por las friegas) hacia la puerta Bab Doukkala y salimos de la medina antigua con destino a la organización Amal, una asociación que forma a mujeres en riesgo de exclusión en restauración (cocina y servicio) para que puedan valerse por sí mismas en el futuro.

Desde Bab Doukkala, el paseo para llegar a Amal habría sido de unos 30 minutos si no hubiéramos dado un rodeo inmenso por tenerlo mal marcado en el mapa. En fin, por lo menos nos da la oportunidad de ver lo diferente que es la vida en la parte moderna de Marrakech. Fuera de las murallas de la ciudad antigua, el ambiente cambia. El enjambre de callejones deja paso a calles anchas y rectas, la ropa de los viandantes es mucho más occidental (se nota especialmente en las mujeres) y se encuentran restaurantes y bares de todo tipo y cocina más internacional.

Finalmente, y después de preguntar en un hotel que encontramos de casualidad, llegamos a Amal.

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Nos sentamos en un patio muy agradable y pedimos dos entrantes (una ensalada con queso de cabra rebozado y briouatesuna masa rellena – de pollo), un tajine de verduras como principal para compartir,  , limonada a la menta y pastel de vainilla y chocolate por unos 130MAD (13€). Riquísimo y por una buena causa.

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Roti d’Or

Y prácticamente saltamos de la comida a la cena, ya que pasamos la tarde repitiendo el recorrido que hicimos el tercer día de nuestro viaje por las calles más tranquilas de la Mellah hasta llegar a la Plaza Jemaa el Fna (nos acercamos a la plaza Ferblantiers en taxi por 30MAD), donde nos damos un último paseo entre el gentío.

Aún es temprano (19h), pero tenemos un tren nocturno que sale a las 20h45 hacia Tánger y para no tener que correr, vamos a cenar a un pequeño local cerca de la gran plaza, el Roti d’Or de la calle Kennaria. Se trata de un restaurante de comida rápida dónde sirven hamburguesas, burritos, falafel y shawarma a muy buenos precios.

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Nosotros nos pedimos una hamburguesa doble y un shawarma de pollo con patatas y arroz más bebida por 70MAD (7,5€). Baratísimo, raciones grandes (yo tuve que terminármela en el tren porque no podía más) y muy rico. ¡No os despistéis, que cierran temprano, sobre las 20h30!

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Estación de trenes: ¡nos vamos a Tánger!

Volvemos al Dar Soukaina, donde nos guardan las maletas y enseguida nos dirigimos a la estación de taxis que se encuentra en la calle el Gza (a menos de 2 minutos) para que nos lleven a la estación de trenes. El chico del riad nos recomienda que paguemos entre 30 y 50MAD (entre 3 y 6€) por el taxi, pero cuando llegamos solo hay uno que nos pide 60MAD (7€) con la excusa de que ya es de noche y nos es totalmente imposible negociar porque es el único, así que no nos queda más remedio que acceder y al poco tiempo ya estamos en la estación, con los tickets para viajar en litera que compramos con antelación.

Nos subimos al tren y enseguida encontramos nuestro compartimento de cuatro literas, que compartimos con dos chicos andaluces muy amables y que ya han visitado Marruecos, ¡hasta 14 veces! Les comentamos nuestro plan de trasladarnos desde Tánger al pueblo azul de Chefchaouen en bus y, como expertos en el país, nos recomiendan que vayamos en taxi compartido, que sale al mismo precio y se llega en hora y media (en lugar de las 2h y media que tarda el bus si todo va bien, inshallah), un consejo que seguiremos mañana al llegar a Tánger. Sale el tren y al poco rato ya nos entra el sueño. El vagón está el silencio y nos acostamos a descansar.

En resumen:

Itinerario: 12 días en Marruecos



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