Qué ver en Auray, Carnac y la península de Quibéron en la Bretaña francesa

Qué ver en Auray, Carnac y la península de Quibéron en la Bretaña francesa

Nuestro segundo día de ruta en coche por la Bretaña francesa fue de lo más variopinto. Empezamos por el pequeño pueblo portuario de Auray. A continuación, nos trasladamos a la prehistoria visitando los alineamientos megalíticos de Carnac. Terminamos la jornada con una combinación de acantilados salvajes y playas en la península de Quibéron.

Se pueden recorrer todos estos lugares en un día de verano, con buen tiempo y madrugando. Si no es el caso, os recomendaríamos dedicarles al menos un día y medio o dos.

Dónde aparcar en Auray

El aparcamiento es todo un tema en esta ruta por Bretaña. Las carreteras son fáciles de transitar y no hay peajes, pero encontrar sitio donde dejar el coche es complicado (o caro). En Auray, además de los aparcamientos de pago, hay también muchos aparcamientos gratuitos señalizados y a 5 minutos andando del centro. Nos pareció relativamente fácil aparcar, aunque a la vuelta al coche sí había muchas más plazas ocupadas. Otra zona, aunque más alejada, donde podéis intentar dejar el coche si no habéis tenido suerte sería cerca del cementerio.

Qué ver en Auray

Auray es un núcleo de costa cuyo encanto reside principalmente en su pequeño centro histórico y el puerto. Nuestro paseo empieza en la plaza de la República, donde se ubica el ayuntamiento.

Seguimos por la vía más bonita del centro, la rue du Château, que desciende hacia el puerto. En nuestro caso, fuimos tan temprano que no estaban las tiendas abiertas y no se había disipado todavía la niebla matutina, dándole a esta calle empedrada un aire encantador.

Puerto de Saint-Goustan

Pronto llegamos al puente de arcos de piedra de Saint Goustan que lleva al puerto pesquero. Podéis pasear por calma por la plaza del Saint Sauveur o por el muelle Franklin, donde cada día se instalan puestos de artesanías. El nombre del muelle no es un capricho, sino que nos traslada a un hecho histórico. Y es que Benjamin Franklin desembarcó en Saint Goustan en 1776 cuando acudió a pedir ayuda a Francia para ganar la independencia de los Estados Unidos.

De regreso al centro, nos desviaremos a la izquierda en lugar de subir de nuevo por la rue du Château. De este modo, ascenderemos por las rampas del Loch y obtendremos vistas preciosas del puerto de Saint Goustan desde las alturas.

Cómo visitar Carnac

La siguiente parada del día, a solo 15 minutos en coche, nos lleva al monumento más extenso de la prehistoria en el mundo. Los alineamientos de Carnac son hileras de menhires que cubren casi 4km de largo. Se calcula que los megalitos más antiguos se colocaron alrededor de 5000aC. Como ocurre con Stonehenge en Inglaterra, no se sabe a ciencia cierta el motivo de estos monumentos, aunque se les supone alguna función ritual o religiosa.

En realidad, se trata de tres conjuntos de alineamientos, que se pueden recorrer gratuitamente a pie por un sendero señalizado o ir desplazándose en coche de uno a otro. Para preservar el suelo y proteger el monumento, los alineamientos están vallados. Se pueden ver perfectamente así, pero si queréis verlos desde el otro lado de la barrera, se puede contratar una visita con guía en la Maison des Mégalithes (centro de visitantes) por 11€.

Sea como sea, la visita empieza en la Maison des Mégalithes, donde hay una pequeña exposición histórica y fotográfica del sitio arqueológico. A continuación, se puede empezar el recorrido por los alineamientos del Ménec, justo enfrente del centro: 1099 piedras ordenadas por tamaño (desde los 4m a los 90cm) en 11 hileras a lo largo de algo más de 1km.

Los siguientes alineamientos son los de Kermario (donde los menhires son más grandes aún) y Kerlescan. Entre estos dos conjuntos se encuentra el cuadrilátero de Manio, donde podréis ver un menhir solitario de 7m de altura: el Gigante de Manio.

Os dejamos este enlace con un mapa del sitio como referencia. Os lo pueden dar en papel también en la Maison des Mégalithes.

Dónde comer en Carnac

Andar entre tantos milenios de historia abre el apetito, sobre todo si, como nosotros, visitáis los alineamientos de Carnac cerca del mediodía. Justo entre los alineamientos de Ménec y Kermario, encontraréis Chez Céline, una casita con terraza donde se sirven galettes saladas y crêpes dulces a precios módicos.

La península de Quibéron de norte a sur

Aunque no estaba entre nuestros planes, aprovechando que hace un día estupendo, decidimos pasar la tarde recorriendo la península de Quibéron. Debéis tener en cuenta que, para esta parte del itinerario, las carreteras son estrechas y que suele haber atascos notables a principios y finales del día.

Recorrer la península no tiene pérdida. Primero, pasaréis por la carretera que cruza el estrecho istmo, con una larga playa y el fuerte militar de Penthièvre que os quedará a la derecha.

A partir de este punto, solo tenéis que desviaros de la carretera principal y seguir hacia los caminos que bordean la costa oeste de la península: la más escénica y salvaje. Como referencia, podéis buscar plage du Fozo. Una vez allí, no hay pérdida, ya que siempre se va bordeando la costa.

Veréis que hay muchos pequeños aparcamientos en ruta. Nuestra recomendación es que vayáis parando y recorráis algunas distancias a pie, ya que los aparcamientos más cercanos a los puntos de interés suelen estar llenos. Por ejemplo, desde la playa du Fozo, se puede ir andando a la punta del Percho o a la playa de Port Blanc y su arco.

Las siguientes playas donde vale la pena parar son las de Port Rhu y Port Bara. Aunque estén a rebosar y haya gente en el agua, el baño está prohibido en las playas Côte Sauvage. No hay vigilancia ni socorristas y el peligro está realmente en el tiro de las olas debido a las fuertes mareas. Si la prohibición y el frío glacial del Atlántico no os desalientan, tenedlo en cuenta al bañaros.

La carretera de la Côte Sauvage deja atrás los acantilados y termina en el castillo de Turpault, justo a la entrada del pueblo de Quibéron, su puerto y su larga playa de arena.

En Quibéron, podéis aparcar y daros un paseo por el bulevar que bordea la playa. Es el sitio ideal donde reponer fuerzas a media tarde con un crêpe de caramelo salado (el típico relleno de la región) o probar las niniches, unas piruletas vintage. El sabor tradicional es también el caramelo, pero las hay para todos los gustos. Se venden en la Maison d’Armorine, a primera línea.

Otros destinos en la Bretaña francesa

Si estáis planeando una ruta de una semana en coche en la Bretaña francesa, no os perdáis nuestra sugerencia de itinerario en una semana. Mientras en la entrada anterior visitamos Vannes y Rochefort-en-Terre, podéis leer sobre la próxima etapa de nuestro viaje (Pont-Aven, Concarneau y Locronan) en la siguiente.

En resumen:

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